Recursos genéticos: conservar hoy lo que se precisará mañana

Crece el espacio que se necesita para producir, lo que genera un desplazamiento de especies que se pierden. Los bancos de germoplasma juegan un rol determinante.

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Los profesores Marcelo Ferrer, docente de Recursos Genéticos en la Licenciatura en Genética que se dicta en la UNNOBA, y Raquel Defacio, ayudante de esa asignatura, señalaron la conveniencia de invertir en la conservación y uso responsable de los recursos genéticos.

“Cuando hablamos de recursos genéticos estamos encuadrando las especies vegetales que usamos para alimentarnos en forma directa o indirecta como las forrajeras, además de otros usos como textiles (algodón), y esta fracción de la biodiversidad está en riesgo porque a medida que crece la población mundial también crece el espacio que se necesita para vivir y para producir. Esto genera un desplazamiento que a su vez provoca que muchas especies se vayan perdiendo”, explicaron.

“Esta misma situación presentan los recursos zoogenéticos y los recursos genéticos microbianos”, advirtió Ferrer.
“A través del mejoramiento genético y las herramientas biotecnológicas se da lugar a híbridos de alta productividad que van reemplazando a las variedades poco productivas de los agricultores”, agregó el docente.

La ingeniera agrónoma Raquel Defacio señaló que, debido al aumento de la demanda y a las exigencias del mercado, las especies se vuelven más uniformes y se terminan utilizando especies mejoradas que desplazan a las poblaciones locales.

Reservas de calidad

Los docentes de la UNNOBA explicaron que los bancos de germoplasma se ocupan de la conservación de los recursos genéticos de especies de importancia: “Allí se hace reserva de genes ante la inminencia de la pérdida genética que producen los cambios en los sistemas productivos”.

Marcelo Ferrer señaló que Argentina es pionera en esta materia y mencionó que el Banco de Germoplasma de la Estación Experimental de INTA Pergamino, responsable del cultivo de maíz y especies forrajeras de la región pampeana, hace este trabajo hace 44 años.

“A nivel institucional, el INTA formó una Red de Bancos de Germoplasma, pensados como reserva para afrontar cambios a nivel climático y de adaptación de ciertos cultivos, donde la genética juega un papel central para el mejoramiento”, apuntó el docente.
Con respecto a cómo funcionan, la ingeniera Defacio explicó: “En el Banco de Germoplasma de INTA Pergamino se conservan materiales de maíz que a lo largo de la historia han cultivado los productores del país y que a medida que avanzaron la genética y los híbridos fueron dejando de cultivarse. Los materiales se mantienen, evalúan y si se detectan características superiores, cómo de hecho ha ocurrido, salen líneas para la formación de híbridos comerciales”.

“Esta es una de las formas en que el material de los bancos se transfiere al sistema productivo”, señaló la docente y planteó que “la genética juega un rol importante al volver los recursos genéticos a la comunidad”.

“También hay formas de transferencia más directa, algo que no es tan común en esta región, pero en otras zonas donde se hace agricultura de subsistencia determinados materiales se piden directamente al banco, cumpliendo con una serie de requisitos”, añadió.

“Los bancos de germoplasma son reservas que aportan seguridad alimentaria, ya sea para devolver el material al agricultor como para asegurar que genes con determinadas características no se pierdan. Pero de ningún modo son ‘kioscos’ a los que los productores van a buscar semillas”, aclaró Ferrer.

El docente indicó que el material que se almacena es limitado: el máximo es un kilo y medio de semillas de maíz (entre 5 y 12 mil semillas) y los intercambios que se hacen cumpliendo estrictos requisitos no superan las 500 semillas.
“El material es de libre disponibilidad. El INTA conserva el 96 por ciento de los recursos genéticos, esa es una garantía de que es un patrimonio de todos y no es un almacén en el que cualquiera pide genes”, insistió Ferrer.

Invertir en futuro

Los docentes de Licenciatura en Genética alertaron que en el país “no hay fondos especiales para recursos genéticos”.
Como contrapunto pusieron el ejemplo de Estados Unidos, donde los recursos genéticos y la seguridad armamentística tienen el mismo estatus debido a que ambos se consideran estratégicos para la seguridad nacional. “Esto en Argentina no pasa”, marcaron.
“Se habla de la importancia de los recursos genéticos, pero en la realidad no hay fondos suficientes para la conservación. No tenemos la concepción que tienen los grupos más ancestrales en el uso de los recursos naturales”, planteó Ferrer.

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Cambiar la mirada

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Marcelo Ferrer y Raquel Defacio plantearon la necesidad de revertir “la visión cortoplacista que se impone en Argentina”.
“Si bien se habla de sustentabilidad todavía es difícil aplicar este concepto en la práctica”, apuntó Ferrer y puso el ejemplo del arrendamiento de la tierra para señalar que “hay un desinterés por el cuidado del suelo y otros recursos involucrados si se considera que actualmente los campos son ‘alquilados’ por una sola temporada”.
“Los grandes tomadores de decisiones tienen una visión productivista, falta una mirada de largo plazo”, apuntaron los docentes.
Por último, coincidieron en la esperanza de que los nuevos profesionales adquieran mayor conciencia. En este punto celebraron que la UNNOBA sea la única universidad del país que tiene al tema de los recursos genéticos como asignatura obligatoria en la formación de grado en la Licenciatura en Genética.