En un mundo atravesado por asimetrías económicas, sociales y culturales, hay posiciones en la comunidad científica que sostienen que la ciencia debe ser tomada como una actividad que no es imparcial, ya que está impregnada de valores y conceptos variables. “La ciencia no es neutra, puede ser buena o mala, y eso depende de quiénes la desarrollan, quiénes se adueñan de ella, quién la controla, quién la aplica y con qué fines”, analiza el doctor Víctor Penchazade, médico especialista en Pediatría, Genética, Salud Pública y Bioética.
En ese contexto, considera que la aplicación de la ciencia en general y de la genética en particular debe tener una estrecha vinculación con los derechos humanos y su cumplimiento.

El reduccionismo y el determinismo genético son “dos ideologías conservadoras y retrógradas que han contaminado y manchado a la Genética, y muchas de esas manchas todavía quedan”.

Es así como existió, y en algunos casos sigue existiendo, lo que se llama “racismo eurocéntrico” para la clasificación de razas humanas, la discriminación racial, la justificación de la esclavitud y hasta para los genocidios, a partir de conceptos que después fueron heredados por la Genética. En rigor, según Penchazade “basados en tergiversaciones de la Genética”. E ilustra: “El Holocausto en la Alemania nazi, que ellos llamaban ‘higiene racial’, fue apoyado por los principales genetistas alemanes de la época. Estas tergiversaciones también se expresan en varios de los conflictos del siglo XX, como los de Guatemala, la ex Yugoslavia, Ruanda y muchos otros”.

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Víctor Penchazade, médico especialista en pediatría, genética, salud pública y bioética.

 

Reduccionismo y determinismo

Según su mirada, el origen ideológico de estas aberraciones es el reduccionismo genético, cuyo “primo” es determinismo genético. “Son dos ideologías conservadoras y retrógradas han contaminado y manchado a la genética, y muchas de esas manchas todavía quedan”, sentencia.

El reduccionismo genético establece que la principal explicación de la salud, la conducta, los fenómenos sociales y los estilos de vida está en los genes. O que, en última instancia, los fenómenos humanos pueden ser reducidos al efecto de los genes.

El determinismo genético, en tanto, define que un rasgo humano está influenciado por genes y eso se lo considera, prácticamente, como una característica fija, a la que no se pueden cambiar.

Según esta corriente, alguien que naciera con algún problema que le dificultara el aprendizaje sería un individuo sobre el cual no se justificaría gastar dinero del Estado para su educación. “Eso es lo que ocurrió en Estados Unidos durante toda una época en la que el determinismo genético prácticamente era el que determinaba las políticas educacionales, muy teñidas, por supuesto, de racismo”, ejemplifica Penchazade, remarcando que las mayores víctimas de esto eran las poblaciones afrodescendientes.

Imagen: Creative Commons – pxhere.com.

 

Factores ambientales

Penchazade es muy crítico de esta posición ya que, asegura, todas las características humanas están influidas por múltiples factores, tanto genéticos como de contexto: “Están los determinantes sociales y económicos, los factores emocionales y ambientales, y por supuesto los genes, sin los cuales, no existimos”.

La ratificación de esto es que existe la epigenética, una disciplina que aborda “la manera de cómo el medio ambiente modula la expresión de nuestros genes, las activa, los inactiva”. En este caso, lo medioambiental contempla lo emocional, lo económico, lo social, lo químico, lo físico, lo infeccioso, y demás.

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En ese marco, Penchazade advierte que hay nuevas expresiones del reduccionismo genético que se traducen en “la exageración de las explicaciones genéticas de la salud y la conducta; ultra simplificación y distorsión por parte de los medios de comunicación masiva de hallazgos científicos; promesas de curaciones rápidas de las enfermedades por medio de la alta tecnología genética; distorsión de prioridades en enfoques de prevención, tratamiento e investigación”.

Derechos

Frente a este escenario, el riesgo es que una actividad científica tan importante como la Genética pueda servir de escudo para justificar la vulneración de derechos. Y en ese sentido, Penchazade considera que algunos de ellos pueden ser quebrantados “cuando se exagera los beneficios potenciales de la genómica”. Entre ellos, enumera: “Derecho a que el ser humano y su conducta no sean reducidos al efecto de sus genes; derecho a no ser discriminado o estigmatizado por características genéticas (una constante durante el siglo XX); derecho a no ser discriminado por el origen étnico; derecho a la autonomía reproductiva; derecho a la salud y a no ser discriminado por enfermedades raras, caras o ‘preexistentes’; derecho a la privacidad de los datos genéticos personales”.

 


Por Sebastián Martino

Imagen de portada: Thierry Ehrmann, en Flickr (Creative Commons).