Calidad en la educación superior: un desafío para las universidades y el Estado

El Estado debe garantizar el derecho a recibir educación de calidad, ampliando su cobertura y evaluando. Las universidades deben procurar responder a las necesidades de la sociedad y apuntar a la mejora continua.

Por el doctor Guillermo R. Tamarit
@RectorUNNOBA

La Declaración de la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRES), celebrada en Cartagena de Indias (Colombia) en el año 2008, definió a la educación superior como “un bien público y social, un derecho humano y universal, y un deber del Estado”. En esa línea los Estados tienen el deber fundamental de garantizar este derecho: “Los Estados, las sociedades nacionales y las comunidades académicas deben ser quienes definan los principios básicos en los cuales se fundamenta la formación de los ciudadanos y ciudadanas, velando para que ella sea pertinente y de calidad”.

De esta manera, la declaración responsabiliza al Estado como garante del derecho a la educación superior e introduce la noción de responsabilidad compartida a la hora de determinar los principios básicos de esa educación y a la hora de velar por su calidad y su pertinencia.

El Estado, como garante del derecho a la educación superior, debe brindar formación a los ciudadanos, procurar la expansión de su cobertura e implementar estrategias que aseguren el acceso. También debe garantizar la calidad de la oferta educativa que se brinda. Las políticas educativas de cada nación constituyen una condición necesaria para favorecer el acceso a la educación superior y para lograr formación con inclusión, tanto en lo que respecta a la cobertura como a la calidad. Por lo tanto, el Estado debe fortalecer los mecanismos que aseguren la calidad. Es preciso resaltar, no obstante, que en el marco de las políticas del Estado, las instituciones universitarias -a través de la producción del conocimiento, de la formación de los ciudadanos y de su respuesta a las necesidades del entorno- constituyen el eje y el motor de la transformación de las sociedades en las que se insertan. En otros términos, son las responsables primarias de la calidad de la educación que imparten.

Las universidades, entonces, cumplen un papel fundamental. Es responsabilidad de ellas constituirse en espacio de construcción del conocimiento para dar respuesta a las necesidades de la sociedad. En ese sentido, el ejercicio de su autonomía es una condición necesaria para el desarrollo académico. Pero esa autonomía implica, a su vez, la responsabilidad de cumplir con la misión de la institución, con calidad, con pertinencia y compromiso social. Esa responsabilidad va más allá de cumplir con el proceso periódico de acreditación o evaluación que exige o propone el Estado, de acuerdo con las leyes de cada país. Es necesario que las instituciones de educación superior den continuidad a los procesos de análisis, revisión, reformulación y mejora continua, con una mirada crítica y en una prospectiva que se oriente a la consolidación de sus programas, su investigación, sus actividades de vinculación con el medio. De esta forma será posible brindar una formación que dé respuesta a los problemas de la sociedad en la que se inserta la institución y contribuya con su desarrollo, que trabaje en la ampliación de la frontera del conocimiento, favorezca el acceso, la inclusión de alumnos, su permanencia y su graduación y promueva la formación continua de sus docentes.

En el caso de la UNNOBA la búsqueda de calidad resulta de acciones concretas, como nuestra tarea de trabajar en la evaluación institucional, las acreditaciones de carreras, el mejoramiento de las actividades de gestión administrativa y académica, la formación continua de nuestros docentes e investigadores, nuestros programas de acceso, permanencia y egreso dirigidos a nuestros estudiantes, la formación a lo largo de la vida y el despliegue de actividades de compromiso social.

No solo debemos empeñarnos en que los sectores de la sociedad que aún no llegan a la universidad puedan hacerlo, sino que es determinante que lleguen a instituciones de calidad, para que quienes realicen el esfuerzo de estudiar, puedan realizar su mejor aporte, tanto para su desarrollo individual como para contribuir al bienestar de la sociedad.