Facundo Manes tiene razón: “Conocimiento y desarrollo”

En su visita a nuestra Universidad, el Dr. Facundo Manes concluyó sus palabras con una sentencia para la reflexión: “Así como exigimos democracia en los 80, debemos ahora exigirle conocimiento a nuestros dirigentes”.

edit1Por el doctor Guillermo R. Tamarit, rector de la UNNOBA

En su visita a nuestra Universidad, el Dr. Facundo Manes concluyó sus palabras con una sentencia para la reflexión: “Así como exigimos democracia en los 80, debemos ahora exigirle conocimiento a nuestros dirigentes”.

En los ya lejanos años de 1980 el candidato Raúl Alfonsín apelaba a la consigna de la hora, “Democracia o dictadura”, la cual resultaba la síntesis, no ya de una propuesta electoral sino de un estilo de vida. No sólo resumía la salida del horror de la dictadura militar con sus muertes y desaparecidos, la destrucción del empleo, la salud, la educación, los derechos y las libertades básicas sino, a la vez, la propuesta de la participación popular, la elección de representantes, la restitución de los derechos y garantías constitucionales, la vigencia de la república, entre muchas otras reivindicaciones.

Y aunque aún falte mucho por recorrer, en particular lo que refiere a la vigencia de la ley y el desarrollo de las instituciones republicanas, nos encontramos frente a un nuevo y trascendente desafío: el de exigir conocimiento para poder aspirar a constituir la sociedad que los argentinos merecemos.

El conocimiento está asociado a la educación: mejores niveles de escolarización habilitan al mejor desenvolvimiento personal y colectivo. Además está vinculado a la calidad del trabajo: quienes tienen conocimientos para incorporar a los procesos productivos reciben mejores ingresos por tareas menos hostiles. El conocimiento, a través de la incorporación de tecnología a los procesos productivos, propende al desarrollo de economías complejas en bienes y servicios que brindan mejores oportunidades para sus participantes.

El conocimiento y el desarrollo de la cultura logran empatías colectivas que mejoran las performances sociales por los grados de pertenencia y confianza entre los integrantes de la comunidad. El pasado, el presente y, sobre todo, el futuro en común se constituyen en un intangible determinante para la prosperidad de la sociedad.
El conocimiento brinda mayores posibilidades de lograr niveles crecientes de la autonomía de la voluntad de los individuos para que desarrollen libremente distintos estilos de vida.

Es difícil establecer una relación directa entre conocimiento y calidad de vida. Sin embargo, una aproximación resulta del índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Este considera la esperanza de vida al nacer, los niveles de educación y el ingreso de PBI per cápita. En el mapa de la ilustración podemos observar la correlación entre los países desarrollados (aquellos que incorporan conocimiento a todas sus dimensiones sociales) y los niveles de calidad de vida alcanzados.

Por lo que podemos afirmar que los países con mejor calidad de vida de su población son los que incorporan conocimiento a sus procesos económicos, políticos y sociales.

Facundo Manes tiene razón.


Textual Facundo Manes – Conferencia 31/07

“A los argentinos nos separa el pasado y el presente, pero nos une el futuro. ¿Y qué futuro? El conocimiento. Para desarrollarse Argentina necesita cuidar el cerebro de los argentinos. La pobreza produce un impuesto cognitivo, genera una hipoteca para el futuro. Es un problema que no solo pasa por la desnutrición, sino también porque la pobreza atrapa a las personas en un círculo del cual no pueden salir: las personas pobres están pensando en el día a día, no pueden enfocar su cerebro a largo plazo. El cerebro, además de nutrirse, tiene que tener estímulo afectivo y cognitivo. Eso es responsabilidad de todos (…). Como exigimos democracia en los 80, debemos ahora exigirle conocimiento a nuestros dirgientes. Una sociedad basada en el conocimiento. Debemos pensar más allá de nuestra vida biológica. No vamos a ver la Argentina que soñamos, nos vamos a morir todos antes. Probablemente ni nuestros hijos puedan verla. Pero no es importante ver la Argentina que soñamos, eso sería narcisismo. Lo importante es luchar por la Argentina que soñamos”.