Casitas del Saber: una experiencia que acerca a los chicos a la Universidad

El dispositivo funciona en espacios comunitarios desde los cuales se ofrecen actividades educativas y de contención a niños que viven en contextos de vulnerabilidad social.

Las Casitas del Saber son un dispositivo creado desde la Universidad para brindar actividades formativas y de contención social a niños que habitan en contextos de vulnerabilidad social. El objetivo es ofrecerles propuestas que complementen su escolaridad y les permitan tomar contacto con la Universidad desde edades tempranas. El programa funciona en Pergamino y Junín y es fruto de la articulación con la comunidad de la región.

Diego Batalla, secretario de Extensión de la UNNOBA, e Ivana Coronel, prosecretaria de Extensión, se refirieron a esta iniciativa y coincidieron en que es una propuesta que se sustenta en el concepto de “aportar a la educación continua y vincular a los niños con la Universidad desde edades tempranas”.

Ivana Coronel recordó que las Casitas del Saber se iniciaron en Junín con el espíritu de ofrecer un espacio educativo de contención a los niños y mencionó que a partir del año 2016 comenzaron a funcionar en Pergamino, en el marco de un convenio con el Municipio local y el padrinazgo de una empresa de medicina prepaga que facilitó el mobiliario para el armado del espacio de trabajo en el Salón de Usos Múltiples del barrio Trincavelli.

Con respecto a las actividades que se realizan, Coronel precisó que hay una oferta de talleres que se dictan a contraturno del horario escolar. Desde el punto de vista pedagógico, las propuestas abarcan diversas áreas del conocimiento, apoyo escolar e idioma inglés.

Vincular a la comunidad universitaria

En Pergamino, y con el propósito de enriquecer la iniciativa, se agregaron actividades quincenales de las que participan docentes, estudiantes y graduados de la UNNOBA. “El año pasado hicimos un trabajo importante con la Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y Ambientales en el marco del cual docentes, alumnos y graduados asistieron a Casitas del Saber para compartir actividades con los chicos. Fue una experiencia muy provechosa. Lo mismo hicimos con integrantes de las carreras de Diseño, en una tarea que estamos fortaleciendo y además se sumaron grupos de voluntariado”, mencionó la prosecretaria de Extensión.

El secretario de Extensión de la UNNOBA, por su parte, destacó el valor que tiene el programa en términos de articulación con distintas instituciones de la región. “Casitas del Saber va en consonancia con la política de la Universidad de impulsar iniciativas con contrapartes, por ejemplo los municipios y organizaciones no gubernamentales”, remarcó.

Así, sostuvo que este trabajo consensuado abarca desde la elección del lugar donde llevar el programa, hasta los contenidos. “Las Casitas del Saber funcionan en contextos de vulnerabilidad social y su misión es brindar conocimientos y acercar a los chicos a nuevos saberes que les permitan desarrollar capacidades”, refirió Diego Batalla.

En este punto, consideró que el dispositivo contribuye a la permanencia de los niños en el sistema formal de educación: “El apoyo escolar que se les brinda, los cursos de idioma y los talleres son herramientas que los ayudan a permanecer en el sistema y avanzar en su escolaridad”.

Además observó que “crece el interés no solo de los chicos sino de los docentes que participan del programa y de los actores sociales que están involucrados en su funcionamiento”, lo que a su juicio demuestra que “hay una apropiación del proyecto”.
Respecto de ello mencionó que se trabaja activamente con las áreas de Desarrollo Social de los municipios, que colaboran en la identificación de las necesidades de cada lugar donde funciona el dispositivo académico. “La génesis del programa Casitas del Saber es la misma tanto en Pergamino como en Junín, pero en cada lugar el trabajo gana una impronta diferente, producto de las singularidades de la comunidad donde está inserto”.

Acercarlos a la Universidad

Tanto Diego Batalla como Ivana Coronel coincidieron en remarcar que el gran desafío del programa es lograr su permanencia en el tiempo. “Hacia adelante la tarea es darle sustentabilidad, encontrar el financiamiento para sostener las Casitas del Saber que están funcionando y ampliarlas. Somos optimistas respecto de esta posibilidad porque el compromiso de la Universidad está, y también el de las instituciones con las que trabajamos para llevar adelante la propuesta”, destacó el secretario de Extensión.
“El objetivo central es poner en el horizonte de las posibilidades a la Universidad como actor protagónico del desarrollo educativo de los chicos”, añadió Coronel.

Ambos reforzaron la idea de que esta experiencia es una invitación a que “los chicos de la región, desde edades tempranas, puedan vincularse con la Universidad y tenerla como opción en el futuro”.

Sembrar en terreno fértil

El ingeniero Carlos Sosa pertenece a la Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y Ambientales (ECANA) de la UNNOBA y coordinó la participación de docentes, no docentes, estudiantes y graduados en actividades del Programa Casitas del Saber en el barrio Trincavelli de la ciudad de Pergamino.

“A veces la gente se pregunta por qué una universidad se involucra en un programa como éste, dedicado a chicos. Esto ocurre porque la visión de la UNNOBA es amplia y va más allá de la formación académica de futuros profesionales: busca insertarse en la comunidad para responder a necesidades reales, en este caso, acercando propuestas que garanticen el acceso a la educación de los chicos y su contacto con la Universidad en edades tempranas”, opinó.

En ese sentido consideró que el programa es “muy pertinente” porque “desde las primeras etapas de su formación los chicos se vinculan con la Universidad, lo que permite, independientemente de conceptos técnicos que se les puedan brindar, despertarles inquietudes y abrirles un horizonte de manera que puedan crecer sabiendo que la educación les brinda herramientas para desarrollarse y vivir mejor”.

Sosa comentó que se realizaron actividades vinculadas a las carreras que ofrece la ECANA, tanto en agronomía como en genética y anticipó que el compromiso es poder plantear alguna propuesta para el trabajo en el área de Alimentos. “Hicimos actividades prácticas como un germinador y preparamos el suelo para la creación de una huerta; además se generaron propuestas para el trabajo con insectos”, detalló.

En este punto, destacó el compromiso de docentes y no docentes de la ECANA, entre los cuales mencionó a los profesores Juan Peña y Miguel Lavilla y al personal de campo Eliano Salvucci y Marcelino Sierra.

En lo que atañe a la respuesta de los chicos que asisten a Casitas del Saber, refirió que “se mostraron muy interesados por cada una de las actividades” y mencionó que también tuvieron la oportunidad de conocer la Universidad y sus laboratorios. “En todo momento se valieron de su curiosidad para aprender cosas nuevas”, añadió.

A título personal Carlos Sosa confesó que “como universitario la experiencia de participar de Casitas del Saber fue muy enriquecedora”: “Sentí que estábamos devolviendo a la sociedad parte del esfuerzo que hizo en la formación de cada uno de nosotros como universitarios. Quienes nos formamos en la universidad pública asumimos un compromiso muy importante cuando participamos de este tipo de propuestas que producen una gran satisfacción pero también representan una enorme responsabilidad”.

“Los chicos están ávidos de conocimientos y de formación. Y cuando hablo de esto no me refiero solo a lo académico, sino al respeto por sus inquietudes y a la transmisión de valores”, planteó. Y prosiguió: “La humanidad enfrenta dilemas que exceden lo técnico y resolverlos va a requerir de ciudadanos formados y comprometidos. Iniciativas como Casitas del Saber nos permiten ir sembrando en un terreno fértil. La tarea es acompañarlos para que sigan desarrollando sus inquietudes y facilitar que, cuando crezcan, la Universidad sea para ellos una opción cierta”.

LAS QUE ESTÁN EN MARCHA

Actualmente funcionan cinco Casitas del Saber en la región. Dos en la ciudad de Junín (barrio San Antonio y barrio Villa del Parque), a lo que se suman otras dos en Agustín Roca y Agustina (partido de Junín). En Pergamino hay una Casita del Saber que funciona en el barrio Trincavelli. El diseño institucional está ideado para permitir la participación de niños de 3 a 12 años, aunque en algunos casos como el de Pergamino, asisten chicos de 6 a 12 años. Las Casitas funcionan a contraturno del horario escolar.

“LOS CHICOS SON LOS MEJORES CIENTÍFICOS QUE CONOZCO”

Ada Nazar es graduada de la licenciatura en Genética de la UNNOBA y becaria de Investigación y Transferencia de la Universidad. Llegó a Casitas del Saber luego de haber participado en un taller para la formulación de proyectos de Extensión. “Mi tarea consistió en llevar adelante una clase en la que, luego de un intercambio de conocimientos acerca de biología, los chicos extrajeron ADN de una fruta y observaron con lupas y microscopios desde insectos hasta cromosomas humanos. Gracias a la gestión de la universidad, la clase se pudo llevar adelante en el laboratorio de docencia de la UNNOBA”.

Con respecto a la respuesta de los chicos, resaltó que se mostraron fascinados con lo que vieron en el laboratorio y con el hecho de haber podido realizar ellos mismos los experimentos. “Son los mejores investigadores que conozco y los más felices, porque son curiosos natos, permeables a nuevos conocimientos. Además, su búsqueda de respuestas no está sesgada por dogmas”.
En su carácter de graduada de la UNNOBA, Ada Nazar también hizo su balance personal de la experiencia y destacó: “Sentí la satisfacción de hacer que la rueda siga girando: devolver algo de lo que recibí durante mi formación, recibir más y esperar a que, en al menos uno de ellos, se haya despertado una vocación que se puede cultivar estudiando”.

ENSEÑAR PRIMEROS AUXILIOS A LOS MÁS CHICOS

Anabela Mateo es estudiante de la Licenciatura en Enfermería de la UNNOBA y participó de actividades en Casitas del Saber en el marco de un proyecto de voluntariado. “Fuimos a trabajar con los chicos sobre primeros auxilios para brindarles información sobre cómo se debe actuar ante quemaduras, convulsiones, ahogamiento y atragantamiento. También les enseñamos técnicas de reanimación cardiopulmonar. Fue una experiencia productiva tanto para ellos como para nosotros. El contacto con los chicos fue increíble, estaban llenos de curiosidad. Y a nosotros nos permitió volcar en una experiencia comunitaria lo que aprendemos en la Universidad. Les enseñamos cómo detectar el pulso y, al descubrirlo, las caritas fueron de picardía y asombro. Realmente fue una experiencia de acercamiento inolvidable. Los voluntariados contribuyen a acercar la Universidad a la comunidad. Nos permiten salir del ámbito universitario y estar en contacto con la sociedad”.