¿Qué significa la secundaria para quienes la cursan?

Por Patricio Díaz

Cuando se transitan las aulas y los pasillos de las escuelas secundarias, se escuchan conversaciones entre estudiantes y se es testigo de sus reacciones a la aplicación de la normativa vigente: “Yo tengo diez materias, me importan tres, en las otras siete sobrevivo”, “Lo aburrido es que es siempre el mismo método: explicación, actividad, nota y explicación, actividad, nota… eso cansa”,  “Ese tiempito de ir al baño o llevarle una cosa al preceptor es como que descomprime, te resetea”, “La secundaria es el uniforme, las reglas y el comportamiento. Si cumplís con eso, ya está”, “Las faltas son para gastarlas”.

En la búsqueda de intentar comprender sus conductas, las y los docentes se preguntan frecuentemente: ¿Cuál es el o los motivos por los cuales las y los adolescentes manifiestan que se aburren en la escuela? ¿Por qué durante las horas de clases buscan salir del aula con distintos pretextos? ¿Por qué razón es cada vez más común que lleguen al receso invernal con la mitad de las faltas permitidas? ¿Cómo se explica que durante los actos escolares se los ve charlando, escuchando música con los auriculares o interactuando con sus celulares? ¿Por qué es común que se retiren antes de la jornada escolar?

El sistema educativo fue muy funcional a la sociedad, motor del desarrollo y del progreso durante buena parte del siglo pasado en el que nacieron, se formaron e insertaron laboralmente abuelos, padres y docentes de los y las estudiantes de hoy.  La educación formal, tal como hoy se la conoce, con la concurrencia a clases de lunes a viernes, a determinados horarios y aulas y durante un determinado tiempo; instrumentada por ciclos y con un sistema de evaluación y certificación, es una herramienta emergida de la modernidad para dar respuesta a sus problemáticas: disciplinar, organizar y controlar la vida urbana e industrial, difundir el conocimiento científico y construir identidad nacional.

Hoy el sistema educativo enfrenta los desafíos de una sociedad posindustrial, en donde el empleo dejó de ser la forma preponderante de trabajo. Globalizada, con enormes y veloces flujos de mercadería, personas, información; sociedades cruzadas por la inteligencia artificial y en las cuales los sectores más dinámicos de la economía son los servicios y las finanzas; con Estados Nacionales más desdibujados frente al poder transnacional.

A esta situación mundial, se suma en nuestro país la falta de visión consensuada del rumbo y de estrategias educativas, lo cual ha llevado en las últimas décadas a que cada vez que hay cambios de gobiernos nacionales o provinciales se hagan modificaciones no menores en el sistema educativo, que además no siempre han sido instrumentadas en todo el territorio, ya que, por ejemplo, la reforma educativa de los años noventa no fue implementada en todas las provincias del país.

En la actualidad, la escuela no es el único lugar de acceso al conocimiento, los y las docentes no son los exclusivos portadores de él, y el libro papel ya no es el soporte central de la información con la que se trabaja en las aulas. Entonces, a partir de las preguntas formuladas anteriormente y del nuevo contexto histórico, la pregunta que se nos impone es: ¿qué significa la escuela secundaria para quienes hoy la están finalizando en esta Argentina en crisis, y en este mundo en el que se presentan profundas incertidumbres?

Una institución en crisis

Del debate sobre cómo es y cómo debería ser la escuela secundaria participan todos los actores que de alguna manera están vinculados a los establecimientos educativos y a la formación que en ellos se imparte: madres y padres, docentes, medios de comunicación, especialistas, sindicalistas, funcionarios públicos y políticos opositores, y actores de la esfera económica productiva.

Cuando se habla de educación, de la situación por la que atraviesa la escuela secundaria, de la “crisis de la educación”, suele referenciarse a los contenidos y planes de estudio; a la formación, vocación y sueldos docentes, a las carencias o déficit de los edificios escolares; a las situaciones sociales de las familias y a los contextos sociales de los y las estudiantes. Se habla hasta del clima escolar en referencia a la convivencia entre estudiantes, a las normas de disciplina, a lo “duro” o “blando” de las sanciones; de lo capacitado o entrenado que egresan los y las estudiantes para proseguir sus estudios o ingresar al mundo laboral, de la necesidad de masificar el uso de las tecnologías de información y comunicación en las escuelas; del desafío del sistema educativo de adecuar sus ofertas y metodologías a unas nuevas generaciones que viven y son atravesados por la inmediatez de las redes sociales y la accesibilidad a la información con solo oprimir un botón.

La necesidad de reformar contenidos, las cargas horarias, las formas de evaluar, las normas de desempeño de los y las adolescentes en las instituciones, son aspectos recurrentes en esos debates, pero poco se habla de cómo viven los y las estudiantes sus trayectorias escolares, como son impactados por la relación con los y las docentes, los pares y la institución a la cual concurren y sobre todo qué significados y sentidos asignan a ese tránsito que atraviesan en su preadolescencia y adolescencia, aspectos que podría ser útiles tener en cuenta a la hora de pensar modificaciones en el sistema.

Cursar la secundaria en otro mundo, otra realidad

Tras dos años de trabajo teórico y de campo presenté Las narrativas de los adolescentes sobre sus trayectorias en tres escuelas públicas de Junín. Un estudio sistémico acerca de los significados que otorgan los estudiantes de sexto año. El trabajo de investigación fue la tesis final de la Maestría en Pensamiento Sistémico, cursada en la Universidad Nacional de Rosario, con una beca del Programa de Fortalecimiento de Recursos Humanos para el Desarrollo de Actividades Científicas y Tecnológicas del Instituto de Posgrado de la UNNOBA.

La investigación se prepuso identificar y comprender las significaciones que tiene la escuela secundaria para ellos y ellas, cómo vivieron y viven esa escolaridad y el grado de utilidad que le encuentran. Casi cincuenta adolescentes fueron consultados, en diversas circunstancias y contextos, en entrevistas individuales y conversaciones grupales, en los pasillos, luego de actos escolares o situaciones de exámenes.

Contrariamente a lo que sucede en el mundo adulto, en el imaginario de muchos/as docentes y en las normativas vigentes, en donde la escuela secundaria está concebida como una etapa de formación académica y adquisición de conocimientos y habilidades necesarias para la incorporación a la vida adulta, al mundo del trabajo o para continuar los estudios superiores, los hallazgos de esta investigación exponen que estos y estas adolescentes viven la escuela secundaria como una etapa obligatoria, que muchas/os no elegirían y que tienen poca utilidad.

La viven, también, como un espacio que les permite socializar, pero también enfrentarse a situaciones de injusticia y de conflictos relacionales; una experiencia de la que destacan la conexión con las y los docentes que no juzgan sus opiniones, como condición del aprendizaje.

La investigación, que contó con la dirección de la Dra. Josefa García de Ceretto, se llevó adelante con una metodología cualitativa, entrevistando en forma individual y grupal a estudiantes del último año del ciclo secundario, en tres escuelas públicas de Junín. El foco de la tesis estuvo puesto en los relatos en tanto estructuraciones narrativas orales de las vivencias, las experiencias, las formas particulares de transitar y vivenciar un momento de la vida adolescente.

El trabajo estuvo motivado por la inquietud docente de conocer más sobre cómo viven las y los estudiantes esta etapa de sus vidas y saber más sobre las condiciones de recepción del mensaje docente e institucional, con la convicción de que estos conocimientos puedan impulsar prácticas reflexivas que permitan revisar creencias, valores y prácticas para identificar situaciones que deben ser modificadas o reformuladas.

¿Para qué puede servir saber esto?

El trabajo de campo dejó en evidencia que las y los adolescentes se expresan libremente y sin tapujos cuando se construyen espacios de confianza en el cual se dan conversaciones libres, y con docentes a quienes se les reconoce el interés de establecer comunicaciones, sin juzgar. Si bien los hallazgos de este trabajo constituyen aportes generales que atraviesan a distintos grupos adolescentes, son una muestra de la diversidad de significaciones acerca del nivel secundario y de las diferentes formas de transitar y vivir hoy la secundaria.

Tener en cuenta estas significaciones identificadas, creemos que contribuye a una mejor comprensión de las acciones, pensamientos y expresiones de las y los adolescentes que están a punto de egresar. En tanto, el trabajo puede ser un insumo importante al momento de planificar las clases, ya que invita a reflexionar sobre la práctica docente, porque aporta información sobre las condiciones en las cuales se recibe el mensaje de educadores e instituciones.

 


 

*El autor es docente de nivel secundario y en la UNNOBA. Licenciado en Comunicación Social (UNLP); Magíster en Pensamiento Sistémico (UNR). Actualmente, estudia el Doctorado en Comunicación Social en la UNR.