Por Ana Sagastume

Una encuesta sobre intención de voto intenta realizar una especie de “fotografía" simultánea de las conductas probables de la sociedad en el cuarto oscuro, con la meta de predecir los resultados de un escrutinio futuro. Pero ni el tiempo, ni los actores coinciden del todo, entre algunas de las muchas dificultades que pueden mencionarse.

Para empezar, se realiza en un momento previo a la contienda electoral y son tantos los acontecimientos que pueden suceder en apenas unos pocos días y ser capaces de modificar las conductas de la ciudadanía, que ningún resultado de los sondeos puede asegurarse como invariable

Otro problema atañe a la "muestra", es decir, a la porción de la población a la que efectivamente se encuesta y que, idealmente, debería representar a la totalidad del "universo". La pregunta que constantemente se hacen los profesionales es: ¿la parte representa al todo? ¿Se ajustó la muestra en función de los cambios demográficos que la población global sufrió en los últimos años?

Finalmente, existe otro grupo de problemas: las personas que, por algún motivo, no manifiestan sus verdaderas preferencias, aquellas que deciden no responden al encuestador pero que, sin embargo, van a votar; el denominado “voto vergüenza”, entre algunas de las muchas variables que pueden dar lugar a resultados erróneos.

Elecciones presidenciales de 2019, Junín. Foto: Facundo Grecco.

Tal como sintetizan Roger Jowell, Barry Hedges y otros colaboradores: “En ningún otro campo de la investigación por encuesta los profesionales deben pasar por un examen tan inmediato de exactitud. La mayoría no pasa nunca por ninguna prueba. Si lo hicieran, sin duda muchas encuestas también fallarían. Hay tantas cosas que pueden salir mal con las encuestas que es asombroso que alguna vez salgan bien, y sin embargo lo hacen”. (1)

Una de las elecciones en las que el conjunto de las encuestadoras de Argentina parece haber fallado "al unísono" fueron las presidenciales de 2019. Mientras que en las PASO la mayoría subestimó el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández por sobre la de Macri-Pichetto, en las elecciones generales hicieron lo contrario: lo sobrestimaron. Fue tan estrepitoso el fracaso de las consultoras argentinas más importantes que los profesores Ernesto Marcelo Miró (UNNOBA) y José Eduardo Jorge (UNLP) decidieron realizar un trabajo para analizar el porqué de tamaña falla. "Los errores fueron tan evidentes, exagerados y extendidos que nos motivaron a que realizáramos este ensayo", comenta Miró.

El trabajo, titulado “La falla de las encuestas en las elecciones argentinas de 2019. Un análisis en perspectiva comparada internacional”, plantea: "El desempeño de las encuestas electorales en la Argentina alcanzó en 2019 su punto más bajo desde la recuperación de la democracia en 1983. Los errores fueron mucho mayores que los observados en los últimos años en democracias maduras, donde se habla de una crisis de este tipo de sondeos". (2)

Las PASO se llevaron adelante el 11 de agosto de 2019. Las predicciones de las consultoras fueron tomadas de Clarín (1/8/2019, 2/8/2019, 11/8/2019) y Página 12 (2/8/2019).

En definitiva, el trabajo sirve hoy para indagar en la confiabilidad que tienen las encuestadoras en la Argentina y en las líneas de acción que deben emprenderse para mejorar la calidad de las informaciones que proveen, teniendo en cuenta que, de acuerdo a Miró, “las encuestas políticas tienen una importancia central en el funcionamiento de las democracias modernas”.

Por qué fallaron las encuestas en 2019

Una de las causas centrales de lo que los autores denominaron “yerro generalizado” fue el empleo de muestras no representativas, es decir, que no representaban al conjunto del electorado.

Este problema puede tener su origen en la dificultad de combinar distintas modalidades de acercamiento a la población y construir con ello una muestra que representa la totalidad del universo. Lo que es un hecho es que, en la actualidad, la tradicional encuesta domiciliaria se complementa con la encuesta online y la telefónica (a fijos y móviles).

"El problema que están teniendo muchas encuestadoras es que no pueden acceder a todos los domicilios", justifica Miró y completa: "Te encontrás, por ejemplo, con sectores medios y medios altos que viven en edificios inteligentes, o en barrios cerrados a los que no podés acceder. También existen sectores de recursos bajos que residen en barrios peligrosos a los que, muchas veces, los encuestadores no pueden ingresar. Son tres formas de encuestar, cada una con una metodología diferente".

Además de los errores muestrales, Jorge y Miró consideran que el incremento de la tasa de no respuesta de los últimos años puede haber sido significativo en los yerros de las encuestadoras. Miró se explaya: “La decisión de las personas de no responder a una encuesta puede explicarse de distintas maneras: desconfianza al sistema político, o temor por su compromiso con un actor determinado. Este fenómeno, que siempre estuvo presente, se acrecentó a niveles muy altos en Argentina. Sin embargo, esas personas que no responden a una encuesta, probablemente vayan a votar. Entonces, eso te genera un sesgo importante".

Excusas y explicaciones

Ante la evidencia del yerro de las PASO en 2019, buena parte de las encuestadoras intentaron justificarse. Algunas adujeron que los denominados “indecisos” inclinaron su voto, a último momento, a favor del Frente de Todos. Otras interpretaron que el "voto vergonzante", a favor del Frente de Todos, podría haber llevado a que parte del electorado oculte sus preferencias ante los encuestadores. El trabajo de Jorge y Miró desestima estos planteos, los cuales, de acuerdo a su investigación, no cuentan con evidencia alguna. Pero, además, resultaría una hipótesis improbable, porque en las elecciones generales el yerro de las encuestadoras se dio en la dirección opuesta, por una sobrestimación de la fórmula Fernández-Fernández. Las explicaciones respecto del “voto vergonzante” y del voto de los indecisos caerían, entonces, por su propio peso.

Una hipótesis plausible de por qué las encuestadoras se equivocaron masivamente es la denominada “conducta de manada”, que ocurre cuando las consultoras ajustan sus sondeos u omiten difundirlos si sus resultados no coinciden con el consenso existente. El trabajo sostiene: “Aunque no produce necesariamente un aumento del error, ya que las firmas pueden aglomerarse alrededor del resultado correcto, esta práctica tiende a reducir de modo artificial la variabilidad de las encuestas, creando así una falsa confianza en el desenlace electoral y amplificando la sorpresa si este difiere del esperado”.

“El efecto manada existió”, asegura Miró y remarca: “La mayoría de las encuestadoras se dejaron influir por el contexto y esto es gravísimo”.

Las elecciones generales se realizaron el 27 de octubre de 2019. Las predicciones de las encuestadoras fueron tomadas de Clarín (9/10/2019, 13/10/2019, 16/10/2019, 18/10/2019, 27/10/2019) y Página 12 (19/10/2019). Ver fuentes completas en trabajo publicado

En concreto, el trabajo recupera algunos testimonios de firmas que, "al obtener que se desviaban del discurso dominante de paridad entre las dos principales coaliciones, juzgaron que sus datos ser erróneos referencias y, ante el riesgo de quedar expuestas, ajustaron sus resultados".

Hacia una mejora de la calidad

Miró sostiene que los yerros en las encuestas se explican por la ausencia en Argentina de estándares de calidad, así como por la falta de control, ya que “todo el mundo publica encuestas”. “Una encuesta bien hecha es cara, y no todos están dispuestos a hacer la inversión que requiere”, añade.

Para asegurar la calidad de los datos y predicciones, sería preciso, de acuerdo a Miró, lograr una autorregulación de la industria de las encuestas en Argentina: “Esto permitiría establecer parámetros sólidos en relación a la muestra y que haya un control, una auditoría sobre el trabajo de cada encuestadora”, considera.

El trabajo de Miró y Jorge sostiene, además, que la existencia de una asociación profesional podría, a la vez que fijar normas de calidad, establecer un código de ética. Dos ejemplos de este tipo de entidades son: la American Association for Public Opinion Research y la British Polling Council. Estas asociaciones fijan en ambos países (Estados Unidos y Reino Unido) “estándares de calidad y difusión de datos de los sondeos y de las organizaciones que los realizan, para promover la transparencia y confiabilidad de los resultados”.

Miró también pone el ejemplo de consultoras oficiales, como el Centro de Investigaciones Sociológicas en España: “Es un organismo muy prestigioso que indaga, mayormente, sobre la confianza pública hacia las instituciones y dirigentes. Estas cuestiones son muy relevantes, ya que, si estamos en un momento de confianza institucional, la gente va a responder mucho mejor que si estamos en un momento de desconfianza”.

En definitiva, el trabajo subraya que “si las firmas comerciales no se autorregulan por medio de una asociación profesional, el público, la política y otros usuarios tienen razones para dudar de la transparencia y confiabilidad de los datos”.

Otro punto que, desde la perspectiva de Jorge y Miró, podría contribuir a mejorar la calidad de las encuestas en Argentina sería el desarrollo de un campo de investigación en las universidades sobre comportamientos electorales y opinión pública. “Necesitamos equipos que trabajen en la investigación social empírica y que analicen los resultados pasados, por ejemplo, por qué las encuestadoras se equivocaron. También, que puedan acceder a la base de datos de las empresas y les ayuden a mejorar las muestras. Porque las encuestas siguen siendo una herramienta central de la política. Eso es indudable”, asegura.

—¿Por qué el trabajo plantea un vínculo entre encuestas y democracia, sugiriendo que una mejora en la calidad de los sondeos contribuiría en una mejora del sistema democrático? ¿De qué le sirve a la ciudadanía conocer las predicciones en cuanto al voto?

—En tiempos que no son electorales, las encuestas de opinión pública sirven para evaluar la recepción de las políticas públicas por parte de los ciudadanos. En el sistema de comunicación política, la encuesta es la única forma que tienen la dirigencia política, los medios de comunicación y los periodistas de conocer cómo la ciudadanía percibe la aplicación de determinadas políticas a lo largo de una gestión, el grado de consenso, las condiciones de vida, etc. Cuando no hay elecciones, la única forma que tiene la opinión pública de hablar, de contestar, es a través de los sondeos. Por eso, es muy importante que funcionen bien, porque los actores políticos, gremiales, sindicales y empresariales van tomando decisiones en función de lo que dicen. En este círculo de la conversación política, la vuelta de los discursos públicos a la dirigencia son las encuestas: es la única herramienta. Entonces, para el funcionamiento de la democracia es muy importante que las encuestas funcionen bien.

Encuestadores y periodistas

La pérdida de confianza en la industria de las encuestas se debe también, de acuerdo a lo que plantean Jorge y Miró, "a la dificultad que encuentran las encuestadoras, medios y analistas para reconocer y comunicar la incertidumbre asociada a las estimaciones y pronósticos electorales" . "El argumento de que las encuestas están en crisis en todo el mundo no está respaldado por la evidencia empírica", aseguran.

Para mejorar la calidad de la información es necesario, entonces, avanzar en la "alfabetización estadística". Como plantean Cristopher Prosser y Jonathan Mellon: “Encuestadores, pronosticadores y periodistas necesitan lograr un equilibrio comunicando tanto la información real que proveen los sondeos como la incertidumbre que los rodea”.(3)

Los autores del artículo “La falla de las encuestas en las elecciones argentinas de 2019. Un análisis en perspectiva comparada internacional” son docentes universitarios e investigadores. José Eduardo Jorge es profesor en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. En tanto, Ernesto Marcelo Miró es profesor de Comunicación en la carrera de Diseño de la UNNOBA.

Se puede descargar artículo completo de JE Jorge y EM Miró, aquí

Diseño: Laura Caturla


Referencias

(1) Jowell, R., Hedges, B., Lynn, P., Farrant, G. y Heath, A. (1993). Las elecciones británicas de 1992: el fracaso de las urnas. The Public Opinion Quarterly, 57 (2), 238-263.

(2) Jorge, JE y Miró, EM (2021). La Falla de las Encuestas en las Elecciones Argentinas de 2019. Un Análisis en Perspectiva Comparada Internacional (El fracaso de las encuestas en las elecciones argentinas de 2019. Un análisis en perspectiva comparada internacional). Contreras, Claudio (Eds.).

(3) Prosser, C. y Mellon, J. (2018). ¿El crepúsculo de las urnas? Una revisión de las tendencias en la precisión de las encuestas y las causas de los errores en las encuestas. Gobierno y oposición, 53 (4), 757-790.

Arquitectura de la pospandemia

Por Ana Sagastume

Los nuevos conocimientos sobre los modos en que se contagia y prolifera el virus que causa la enfermedad COVID-19 impactan no solamente en las interacciones humanas, sino también en el modo en que concebimos los espacios seguros. De esta forma, la ventilación natural y la posibilidad de interacción con distancia física parecen ser las condiciones básicas que deben ofrecer los lugares compartidos.

Aunque las pautas parecen claras —espacios ventilados y en los que sea posible estar a distancia de otro/a—, los hábitos no siempre se transforman al mismo ritmo que las certezas producidas por la ciencia. Así, mientras que algunas instituciones, comercios, empresas se adaptaron o reacondicionaron sus ámbitos colectivos a partir de nuevas normativas establecidas para el cuidado comunitario, otras no dieron respuesta a los aspectos relevantes del nuevo confort saludable. Quizás lo hacen con la ilusión de que el mundo vuelva a ser el mismo, previo a la pandemia. O bien, porque la inversión necesaria supera las posibilidades o intenciones.

Para el arquitecto Miguel Ángel Vecino, la pandemia no impuso nuevas condiciones a la arquitectura, sino que puso en valor viejas prioridades en el diseño de espacios: "Todos los espacios tienen que tener un aprovechamiento energético, tienen que poder ser ventilados, tienen que tener una conexión con el contexto, por una cuestión de salud y también de relación comunitaria".

Según Vecino, docente en las carreras de Diseño de la UNNOBA, algunas construcciones previas a 2020 fueron guiadas mayormente "por un interés especulativo, regido por lo económico, en detrimento de la flexibilidad y del uso apropiado de los espacios". Ese es el motivo central por el cual esas construcciones poseen dimensiones insuficientes para el desarrollo de necesidades básicas: "Se especula con el manejo de espacios mínimos, de alta prestación en renta inmobiliaria, pero que no agregan valor a la calidad de vida de las personas. Lo que la pandemia nos pone a considerar es la necesidad de espacios para un desarrollo cotidiano saludable. El imaginario de la salud, de aire puro y bienestar vuelven a tener relevancia".

La especulación inmobiliaria propicia la construcción de espacios reducidos, en detrimento de la calidad de vida de las personas que allí residen.

Inversamente, Vecino rescata algunas edificaciones que, aunque fueron concebidas en el pasado, se diseñaron a partir de una "idea menos especulativa y más beneficiosa para la finalidad con la que fueron proyectadas” y que, por lo tanto, resultan más útiles que otras que "insinúan novedades y superficialidades vacías". Entre tantas, ejemplifica la de una clínica de Pergamino, diseñada por el arquitecto Mario Roberto Álvarez, en la década de 1940, con espacios amplios por donde circular y buena ventilación al exterior, reuniendo las condiciones necesarias actuales para el cuidado comunitario. "Posee una planta funcional, adaptable a funciones variadas en el tiempo y en armónica relación de usos y espacios. La intención y el buen uso de los recursos disponibles, junto a un buen proyecto, siempre redundan en una mejor arquitectura para todos", considera.

En cambio, para Vecino, cuando lo que guía el accionar es exclusivamente la dimensión económica, "ocurren problemas": "Sin dudas, forma parte, pero también se tienen que tener en cuenta otras variables: bienestar, sanidad, relación con el otro, cultura, sociedad", plantea el docente de las asignaturas Historia de la Cultura e Historia del Diseño de la UNNOBA

Clínica de Pergamino, construida en la década 1940, que reúne los requerimientos actuales para el cuidado comunitario.

Sin embargo, la dimensión económica no es la única que explica la existencia actual de construcciones inapropiadas para prevenir contagios y mantener interacciones seguras. Existen edificaciones lujosas y, hasta hace poco, modernas, que hoy parecen de un tiempo muy lejano. Se trata de viviendas o edificios para oficinas que poseen amplias aberturas para maximizar el aprovechamiento de luz solar, pero en los que la ventilación tiene poca importancia. En su lugar, conciben la existencia de sistemas de refrigeración para enfrentar el calor durante la época estival. Este conjunto de condiciones pueden, precisamente, acrecentar el riesgo de contagio de enfermedades infecciosas, entre ellas la COVID-19.

Pero, ¿desde qué lugar estos espacios fueron imaginados si, como plantea Vecino, la arquitectura no cambió con la pandemia, sino que puso en vigencia principios que ya existían? Vecino analiza: "Esas arquitecturas, irónicamente, aisladas sobre sí mismas, tienen una relación interior-exterior ficticia en cuanto a intercambio. Son espacios de tendencia, que solo resuelven cuestiones de estética, estandarizadas en su resolución técnica como en su lenguaje arquitectónico, pensadas en función de otras condiciones, no es que no están pensadas". "Son las condiciones que impuso la cultura de la imagen", sintetiza.

Estética vs. funcionalidad. Las construcciones que apuntan a maximizar el aprovechamiento de luz solar y ponen foco en el aspecto estético, pueden dan lugar a edificios con problemas térmicos, con fuerte dependencia de equipos de aire acondicionado.

Por otra parte, este tipo de edificaciones vidriadas cuya confortabilidad interna depende exclusivamente del empleo de aires acondicionados tienen otra desventaja: al consumir mucha energía eléctrica, contribuyen a acrecentar el efecto invernadero y el calentamiento global. "Hay que entender que el empleo de este tipo de tecnología impacta en el cambio climático", advierte Vecino. No obstante, el docente no apunta a eliminar los equipos de climatización, sino a racionalizar su uso. En ese sentido, la arquitectura juega un rol importante, ya que permite planificar el diseño de espacios que sean eficientes energéticamente.

Sin dudas, son muchos los espacios que deben adaptarse a partir de la evidencia científica. En el mismo sentido, se impone, según Vecino, la necesidad de revisar la reglamentación vigente para la construcción, revalorizar normativas ya existentes, así como controlar que todas ellas se cumplan. "Hay construcciones, por ejemplo, que hoy se producen con alto impacto ambiental o que no tienen ventilación directa al exterior", remarca y añade: "Además, las personas deben comprender que no hay que construir en todo el espacio disponible, ya que el espacio libre cumple un rol fundamental al equilibrar el espacio construido. Es una compensación lógica".

El bosque vertical es una tendencia en la construcción que aporta muchos beneficios a sus residentes y a las ciudades mismas. Foto: edificio en Milán, Italia, cuyo bosque vertical posee más de 700 árboles, 11.000 plantas y 5.000 arbustos.

Para Vecino, es necesario repensar colectivamente lo que en la actualidad constituyen los "espacios apropiados" en la búsqueda de producir "mejor vida" y no mayores réditos económicos. "No dejaría librado al mercado o a los poderes hegemónicos este tema tan importante. Yo debo poder decidir sobre el espacio que quiero, en la medida en que todos lo hagamos, que todos podamos definir o discutir sobre lo colectivo y lo individual. Es decir que el espacio sea bueno para mí, pero también para los demás", plantea. En ese sentido, el profesional considera que el abordaje debe ser interdisciplinar: "La arquitectura debe recostarse en otras disciplinas para resolver este problema entre todos los involucrados".

Tendencias en la construcción de viviendas

La dilución de las barreras que separaban "lo público" de "lo privado" parece ser una de las transformaciones más significativas que produjo la pandemia en relación a los espacios. "Los dormitorios dejaron de ser íntimos y se transformaron, por ejemplo, en un espacio áulico, el living en un gimnasio y el patio en un lugar de intercambio, por ser un espacio más seguro. En nuestro imaginario está todavía la idea de lo privado y lo público, pero justamente la COVID hizo repensar y relocalizar esos lugares", explica Vecino.

A la vez, para el arquitecto y docente "hay rincones de la casa que fueron redescubiertos en esta pandemia, o que tienen nuevos usos, a partir de nuevas necesidades". Lo que se impone, entonces, es la concepción de espacios de manera tal que sean flexibles y adaptables a circunstancias cambiantes. "Puedo tener un espacio que sirva para teletrabajar, pero también para concentrarme y leer un libro", ejemplifica. De cualquier forma, hay valores que, para Vecino, deben permanecer en la búsqueda de que los espacios habitables promuevan el bienestar humano, entre ellos, la optimización de la luz solar y la vinculación con la naturaleza.

Esas condiciones que mencionó Vecino no son exclusivas para las viviendas, sino que se amplían a los espacios de trabajo y lugares públicos: "Había una tendencia productiva que se basaba en comprimir, copiar y repetir, y hoy nos volvemos a replantear que los espacios deben ser singulares, pero también adaptables y genéricos".

Flexibilidad y capacidad de adaptación parecen ser las características centrales de la "arquitectura de la pospandemia". Vecino sugiere que estas cualidades que se expresan, materialmente, en las construcciones, dan cuenta de una profunda transformación en nuestros vínculos y en nuestra percepción subjetiva: "Yo creo que esto de reacondicionarnos, de repensarnos, son cuestiones que se van a tornar cada vez más habituales. Me parece que el ver que uno puede cambiar es algo que llegó para quedarse".

Miguel Ángel Vecino es docente en las carreras de Diseño de la UNNOBA y coordinador regional del Instituto de Investigación, Desarrollo e Innovación del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires.

 

La posibilidad de permanecer con distancia física es una de las nuevas condiciones que deben tener los espacios compartidos.

Diseño: Laura Caturla


Parasitar y enfermar

Por Ana Sagastume

Las enfermedades transmitidas por ectoparásitos —tales como pulgas, garrapatas, piojos y ácaros— están aumentando significativamente en la actualidad, probablemente, como consecuencia de la sostenida intromisión de los seres humanos en ecosistemas naturales.

Desde el Centro de Bioinvestigaciones (CeBio) de la UNNOBA, la doctora Juliana Sánchez se dedica a estudiar a los ectoparásitos, pequeños organismos que residen en otros animales y pueden ser vectores de enfermedades infecciosas. Es un hecho que las enfermedades transmitidas por ectoparásitos van en aumento. Una hipótesis sobre las causas está relacionada con la continua invasión de humanos en territorios que contienen animales silvestres que son reservorios de virus y bacterias”, sostiene.

Juliana Sánchez está a cargo del Laboratorio de Biodiversidad, Ecología y Epidemiología de Ectoparásitos de Mamíferos.

Así y todo, los estudios sobre aspectos epidemiológicos de los ectoparásitos son “prácticamente inexistentes en Argentina”, a excepción de las investigaciones sobre garrapatas. De ahí la importancia de abrir líneas de investigaciones específicas, como es el caso del laboratorio que dirige Sánchez, dedicado al estudio de la “biodiversidad, ecología y epidemiología de ectoparásitos de mamíferos”.

Aunque el dato resulte sorprendente, el parasitismo constituye la estrategia más diseminada en el planeta por parte de los organismos para sobrevivir. Mientras muchos parásitos sólo implican un leve perjuicio para sus hospedadores, otros pueden provocarle la muerte. En particular, los ectoparásitos se caracterizan por ser pequeños organismos que se encuentran por fuera de otro animal (en el pelo, plumas o piel) y se benefician de éste.

Algunos parásitos se alimentan de la sangre (hematófagos) del anfitrión en algún momento de su ciclo vital (por ejemplo, las pulgas en la etapa adulta), mientras que otros lo hacen a lo largo de toda su vida (por ejemplo, las garrapatas). Es en ese momento cuando pueden transmitir enfermedades a los animales que los hospedan, incluidos los humanos.

Sánchez estima que a partir de la aparición de la COVID-19, enfermedad que se considera que surgió por la interacción de humanos con especies silvestres, es que los estudios de las zoonosis (enfermedades transmitidas por animales a humanos) comenzarán a cobrar relevancia a nivel mundial. En ese sentido es que considera que “dentro de las ectoparasitoris hay todavía muchas cuestiones para pensar y prestarles atención”.

Ectoparasitosis en establecimientos ganaderos

Una de las líneas de investigación desarrolladas desde el laboratorio del CeBio está dirigida a estudiar las enfermedades transmitidas por ectoparásitos de roedores en establecimientos ganaderos del norte de la provincia de Buenos Aires (tesis doctoral de Melanie Ruiz, becaria del CeBio). Este trabajo es realizado junto al grupo que dirige el doctor Regino Cavia (investigador del CONICET), del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. “Principalmente observamos que predominan las ratas en estos establecimientos, lo cual constituye un problema, porque este roedor es reservorio de un montón de enfermedades”, advierte Sánchez, licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias Naturales.

La tesista doctoral Melanie Ruiz (centro) de la UNNOBA, junto a Regino Cavia (izq.) y Rodrigo Alonso (der.), de la Fac. de Cs. Exactas y Naturales de la UBA (foto de 2019).

El circuito de la rata se inicia cuando acude a los establecimientos ganaderos para alimentarse. “El alimento del ganado les viene bárbaro —comenta la investigadora adjunta del CONICET—. Este tipo de ratas son sinantrópicas, es decir, que están donde está el humano, se benefician con todo lo que las personas puedan dejarle a la vista”.

En ese “paseo” en búsqueda de comida, la rata, que “hospeda” diversos ectoparásitos (pulgas, ácaros y piojos), los “traslada” hacia los establecimientos ganaderos. Allí, estos pequeños organismos aprovechan para “mudarse” a otros animales, como mamíferos domésticos o ganado, de quienes se siguen sirviendo para vivir. Esto no sería un problema mayor, si no fuera porque los ectoparásitos, al succionar la sangre, son capaces de trasmitir enfermedades infecciosas. “Puede ser también que una persona entre a un galpón y sea picada por una pulga que estuvo previamente en la rata, o puede ser que esa pulga que estuvo en la rata pase al gato y el gato esté en contacto con el humano en su casa. Todos esos circuitos se dan en este tipo de establecimientos rurales”, amplía Sánchez.

Entre las bacterias halladas en los vectores y animales se encuentran las especies del género Rickettsia, capaces de causar enfermedades en el humano conocidas como “fiebre manchada” y “tifus”. También hallaron Mycoplasma, que afecta directamente al cerdo, causándole anemia y limitando el crecimiento del animal. “En muchos casos los lechones o los fetos se mueren”, agrega la investigadora de CITNOBA y CeBio.

La bacteria Mycoplasma fue hallada tanto en los piojos que parasitan cerdos, como en la sangre de los cerdos mismos. “Una hipótesis que manejamos es que el piojo sea un vector mecánico de la bacteria. Es decir, el piojo pica a un cerdo y cuando pica a otro cerdo, al haber quedado la bacteria en su tracto bucal, se lo pasa al animal. Es como si fuera por contaminación. Aunque también puede ser que la bacteria cumpla un ciclo dentro del piojo y que ese piojo lo transmita directamente a cerdos. En ese caso actuaría como un vector biológico. Eso aun lo tenemos que determinar”, especifica.

Una de las condiciones que favorecieron la proliferación de ectoparasitosis fueron las transformaciones que hubo en el modo de explotación ganadera, la cual tendió a ser más intensiva. “Ahora hay mucho más hacinamiento, y si hay más hacinamiento hay más posibilidades de contagio entre los animales. A diferencia de los animales que son criados a campo, los que están hacinados tienen más posibilidades de albergar mayor cantidad de ectoparásitos”.

El estudio dirigido por Sánchez involucró un aspecto ecológico, buscando determinar qué factores incidían en la presencia y abundancia de ectoparásitos, entre ellos, la temperatura, el clima y las características de los hospedadores. “Encontramos que, a mayor abundancia de ratas, mayor presencia de ectoparásitos; esto tiene que ver con que hay una mayor posibilidad de contacto entre los roedores. También determinamos que las estaciones cálidas propician mejores condiciones para la proliferación y supervivencia de los ectoparásitos”, comenta.

Los resultados plantean recomendaciones puntuales a los productores: disminuir el número de roedores y desparasitar a los animales, especialmente en las estaciones cálidas y, con mayor frecuencia, en los establecimientos en los que exista mayor hacinamiento. “El objetivo de estos proyectos es aportar información para el bienestar de la población”, resume la investigadora del CONICET.

Perros y fiebre manchada

Otra de las líneas de investigación desarrollada desde el Laboratorio de Ectoparásitos de la UNNOBA apuntó al estudio de los organismos que parasitan animales domésticos. “Con perros y gatos tenemos una relación muy cercana y pueden ser ellos una vía de contagio y circulación de enfermedades. Da la impresión de que no estamos enterados de esto, ni en las conductas que se dan a nivel individual ni en las políticas a nivel municipal”, informó Sánchez.

El estudio estuvo dirigido a determinar la presencia de ectoparásitos (como pulgas y garrapatas) y bacterias patógenas, en perros de Junín y Pergamino que habitan tanto en zonas urbanas, semiurbanas y rurales (tesis de Licenciatura en Genética de Facundo Zanocco, dirigida por Juliana Sánchez y codirigida por Diana Acosta, becaria del CONICET en CeBio). Los resultados fueron inquietantes: hallaron la presencia de bacterias del género Rickettsia, que pueden transmitir una enfermedad conocida como fiebre manchada leve. “El ectoparásito (pulga o garrapata) actúa como vector del patógeno (la bacteria). Mientras al animal hospedador (perro) no se enferma, el humano, sí”, describe la investigadora.

Si bien la fiebre manchada leve, en esta latitud, no es grave, tampoco existen registros fidedignos de su real incidencia en la región. “Son, en general, enfermedades que comienzan con síntomas muy similares a los de la gripe, entonces pasan desapercibidas. Cuando aparecen estas fiebres manchadas leves no terminan en algo complicado, pero existen fiebres manchadas en el norte de nuestro país que llegan a ser letales, lo cual está relacionado con otro tipo de vectores”, señala.

Resulta alentador para el campo de investigación en ectoparasitosis que, en 2019 el Ministerio de Salud de la Nación haya resuelto que las enfermedades provocadas por Rickettsia, tal como las fiebres manchadas, sean “de notificación obligatoria”, lo cual asegura contar, en un futuro, con datos más concretos sobre la incidencia de la enfermedad en la provincia. “Nosotros siempre nos acercamos a los médicos para dar cursos o charlas, e informarles que está circulando este patógeno. Esta resolución del Ministerio colabora con nuestros objetivos, porque antes estas enfermedades no quedaban registradas. Desde ahora vamos a poder hacer un relevamiento y conocer a cuántas personas afectan”, plantea.

Para prevenir la transmisión de las enfermedades a través de los animales domésticos, las recomendaciones son las mismas que con respecto al ganado: “Desparasitar y tener en cuenta que durante el verano es cuando más proliferan los ectoparásitos. Es decir, cuando hace más calor es cuando más hay que desparasitar”.

Las becarias doctorales Melanie Ruiz y Diana Acosta, junto a Facundo Zanocco (tesista en Genética) en el laboratorio del CeBio (foto de 2019).

Diseño: Laura Caturla


La omisión en la Constitución y la institucionalidad

Por Pablo G. Petraglia

Director de la Escuela de Ciencias Económicas y Jurídicas

Profesor de Derecho Constitucional y Derecho Público (UNNOBA)


El reciente fallo de la Corte Suprema en el caso “Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires c/Estado Nacional (Poder Ejecutivo Nacional)” trajo mucho para decir desde el derecho constitucional. El tema de la presencialidad o no en las escuelas es el que dominó la agenda pública, pero en la doctrina especializada fueron la emergencia y sus límites y la conceptualización de la CABA como “ciudad constitucional federada”.

Sin embargo, existe otra cuestión que no es menor y que debe resaltarse. Toda la polémica y las divergencias fácticas podrían haberse solucionado en un ámbito que la propia Constitución Nacional trae como escenario.

El Decreto de Necesidad y Urgencia N° 125/2021, en el art. 3, detalla y describe qué entidades políticas integran el AMBA, Área Metropolitana de Buenos Aires, conformada por la CABA y partidos de la provincia de Buenos Aires.

En tanto, en el texto constitucional existe una división del poder en territorio estableciendo cuatro figuras: el estado federal, referenciado más fácil como “la Nación” o “el estado nacional”; las provincias, que conservan todo el poder no delegado expresamente al estado nacional; los municipios que son autónomos, conforme el alcance y contenido que les brinda cada Constitución Provincial; y la CABA con la autonomía que le otorga el art. 129.

La reforma de la Constitución en 1994 trajo la incorporación, en el art. 124, a la “región”. Dice: “Las provincias podrán crear regiones para el desarrollo económico y social y establecer órganos con facultades para el cumplimiento de sus fines y podrán también celebrar convenios internacionales en tanto no sean incompatibles con la política exterior de la Nación y no afecten las facultades delegadas al Gobierno federal o el crédito público de la Nación; con conocimiento del Congreso Nacional. La ciudad de Buenos Aires tendrá el régimen que se establezca a tal efecto”. La región no es un nuevo ente político, sino un espacio geográfico, humano, social, económico en donde las entidades políticas puedan coordinar y desarrollar gestiones en común.

Estaba en manos de las provincias y de la CABA, ya que su Estatuto se lo permite, generar dichos ámbitos para crear regiones y articular políticas públicas en conjunto.

No debe haber zona de nuestro país con más necesidad de coordinar políticas públicas comunes que la CABA y todo lo que la circunda: el Gran Buenos Aires. Si hay una “región” bien clara en toda la geografía nacional, esa es el AMBA.

El gran problema es que el AMBA no tiene jerarquía para ser una "región" constitucionalmente hablando. Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda en voto conjunto del fallo citado expresan que no se puede otorgar al “AMBA” trato de “región” como sujeto constitucional del sistema federal argentino y que no puede ser entendido como la constitución de una “región”, en los términos del art. 124 de la Constitución Nacional.

El AMBA es definido por un decreto, cuando del propio texto constitucional plantea que la creación debe ser por el impulso de las provincias (y en el caso de la CABA). Si el AMBA se hubiera constituido como región, se podría haber creado un organismo que regulara coordinadamente, y lograra, en definitiva, poner en práctica el federalismo de concertación, a la luz de los principios de “buena fe” y “lealtad federal”.

La ausencia del uso de esta herramienta de manera eficaz y asidua para resolver cuestiones es otra de las tantas anomalías de nuestra práctica institucional que degradan la calidad de la democracia.

Lamentablemente, no es la única omisión y falencia en el ejercicio de nuestra Carta Magna. Enumeramos algunas:

  • Desde el texto primigenio de 1853/1860, en tres artículos de una Constitución de cientos diez, se disponía establecer el juicio por jurados. Son contadas las provincias que lo han regulado, desde hace muy poco tiempo, y solo para casos graves.
  • En 1957 se introdujo el derecho a la participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; aún permanece sin reglamentación legal.
  • La reforma de 1994 estableció en la Disposición Transitoria Sexta que el nuevo régimen de coparticipación debía sancionarse antes del final de 1996. El plazo se encuentra ampliamente vencido sin que se haya aprobado hasta ahora la nueva ley.
  • Desde 2009 no hay Defensor del Pueblo nombrado.
  • La Auditoría General de la Nación se rige por una ley previa a su elevación a jerarquía constitucional
  • El Consejo de la Magistratura de la Nación funciona con una ley de 2006 ya que su reforma de 2013 fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema
  • El Ministerio Público ha sido pobremente regulado en el art. 120 y de allí la problemática que lo aqueja. En este caso es bueno recordar que el dictamen de la minoría en la Convención Constituyente de 1994 traía un texto más preciso y riguroso y que hubiera evitado las actuales polémicas.
  • El pacto de 1853/1860 de representación en las Cámaras del Congreso que implicaba igualdad en el Senado y en proporcionalidad a la población en Diputados se haya vulnerado de manera escandalosa. En septiembre y noviembre vamos a ir a las urnas para elegir a nuestros representantes con la foto que se obtuvo en el Censo de 1980 y con la distribución de bancas para la Cámara de Diputados que hizo Bignone.

La Constitución también es un programa de gobierno. Las omisiones hablan mucho de cómo nos llevamos con la institucionalidad y qué han hecho (o dejado de hacer) nuestros dirigentes con el rumbo que marcó el pueblo soberano en ejercicio del poder constituyente.

Conforme la teoría desarrollada por Daron Acemoğlu y James Robinson, los países que fracasan son los que tienen débiles instituciones. Será condición para no caer en ese listado cumplir el mandato constitucional, o reformarlo si vemos que no se pudo hacerlo en un plazo razonable. La indefinición institucional atenta contra los deseos plasmado en el Preámbulo que son de una vigencia perenne: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidad la paz interior proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad. Esta hoja de ruta sigue intacta, habrá que mejorar los instrumentos. Solo así honrará a la República.

 

Diseño: Laura Caturla


Ensayando sabores nuevos

Por Ana Sagastume

Ya sea para realzar el sabor de una comida, para enmascarar el sabor de un plato insulso o para apreciarlo en toda su singularidad, el queso constituye uno de los productos más empleados en las mesas argentinas. De hecho, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, casi el 90% de los establecimientos lecheros del país se dedican a su fabricación.

Pero ¿de qué manera, a partir de ese material fluido y resplandeciente, se obtiene ese otro producto sólido y de tonos diversos que van del blanco al naranja, pasando por una infinidad de amarillos? ¿Cómo se logra el "milagro" fisicoquímico, descubierto por la humanidad, mucho antes de que la ciencia pudiera explicarlo, y que tiene la virtud de alargarle la vida a algo que estaba pronto a caducar?

En rigor, el queso no es más que leche coagulada o cuajada. Valentina Crosetti, ingeniera en Alimentos de la UNNOBA, especifica: “Lo que tienen en común todos los quesos, ya sean de blandos, semiduros o duros, de vaca, oveja o cabra, es el proceso de coagulación. Eso ocurre porque la leche tiene una proteína, la caseína, que al añadirle un coagulante (enzima) o un ácido, la precipita. De esta manera, por un lado queda el coágulo con la mayor parte de caseína, que luego de un cuidadoso proceso de maduración se transformará en queso. Por el otro el suero, en forma de un líquido verdoso, lo cual se separa y reutiliza”. Precisamente, como la caseína quedó concentrada mayormente en el “coágulo” mediante el proceso de cuajado, puede decirse que el queso tiene mayor valor proteico que la leche.

De izquierda a derecha: Agustín Sola, Valentina Crosetti, María José Torres y Leticia Baccarini, integrantes del Laboratorio de Alimentos de la UNNOBA. Foto: Facundo Grecco.

En este momento, Valentina Crosetti participa de un proyecto de investigación de la UNNOBA que tiene por meta explorar el empleo de insumos no tradicionales para el desarrollo de quesos de pasta blanda (dirigido por Julio Lima y codirigido por Agustín Sola). Este proyecto se lleva adelante en el Laboratorio de Alimentos de la UNNOBA, donde Crosetti ya comenzó a desarrollar los experimentos que constituyen su tesis doctoral sobre coagulantes y fermentos alternativos en quesos de pasta blanda (dirigida por María Gabriela Grigioni, investigadora en INTA-CONICET Castelar, y codirigida por María José Torres, docente e investigadora de UNNOBA).

¿Por qué se optó por quesos de pasta blanda para el proyecto y no por los de pasta dura o semiblanda? “El queso es uno de los principales productos consumidos en Argentina —justifica Valentina— y, entre ellos, el cremoso o Cuartirolo es uno de los más importantes”. “Se usa para la pizza, en las milanesas, en las galletitas... siempre nos salva”, sintetiza de modo ocurrente la ingeniera y por fuera del “guión” académico.

Descubriendo el poder de los coagulantes vegetales

Tradicionalmente, para la elaboración del queso se empleó como “cuajo” o “coagulante” una parte  del estómago de la cría de la vaca, oveja o cabra que contiene renina, es decir, un conjunto de enzimas que “rompen o cortan” proteínas. Entre ellas la principal es la quimosina. “Todos tenemos proteasas en el estómago, que son las enzimas que rompen la cadena de aminoácidos que conforman la proteína, facilitando la digestión. El ternero consume leche y tiene las proteasas para digerir sus proteínas, entre ellas la que corta la caseína y se usa para coagular la leche ”, explica Valentina Crosetti.

Obtener este cuajo es un proceso complejo y además tiene un alto costo, por eso la industria comenzó a emplear otros métodos para obtener coagulantes. Por ejemplo, a través del cuajo microbiano o quimosina recombinante. “Como la demanda de quesos va creciendo en el mundo, hay que buscar alternativas más rentables y fáciles de obtener. Ahí es cuando surgen los cuajos microbianos”, señala Crosetti, quien es docente en la carrera Ingeniería y Tecnicatura en Alimentos.

La flor de alcaucil es empleada para cuajar la leche y convertirla en queso.

En la UNNOBA dieron un paso más: están explorando el empleo de otro tipo de un coagulante no tradicional, obtenido a partir de la flor del alcaucil que se cultiva en el Campo Experimental de la Universidad. “Cada vez es más común, la búsqueda de productos diferenciados. De esta manera, al emplear un coagulante de otro tipo, se puede lograr un queso con una característica sensorial distinta a lo que ya conoce, es decir, darle un valor agregado”, asegura. “Además, hoy en día están muy en auge los productos obtenidos de forma natural. Entonces, las ventajas son varias: por un lado se le da valor a productos que habitualmente se desechan y no se usan para la industria, como es el caso de la flor madura de alcaucil, y, al mismo tiempo, se ofrece un producto con características sensoriales y nutricionales distintivas”, resume.

El antecedente principal para investigar las posibilidades que brinda la flor de alcaucil lo constituye el uso extendido de la flor de cardo como coagulante en países como España, Grecia y Portugal. “Hace varios años que se usa el cardo para coagular la leche de cabra. Incluso hay quesos que tienen denominación de origen. Entonces, desde el equipo que conformamos en el Laboratorio de Alimentos pensamos que habría indicios para considerar que el alcaucil, que es de la familia del cardo y que también tiene este poder coagulante, se podría utilizar para desarrollar quesos con características diferentes a los que se comercializan”, rememora.

Y no se equivocaron. A través de ensayos, probaron que el queso obtenido con este coagulante natural (flor de alcaucil) poseía características satisfactorias, similares a otros industriales. “Comparamos las propiedades funcionales del queso elaborado en el laboratorio, con el de marcas líderes, el cual es logrado con coagulantes microbianos o de animales”, cuenta.

De esta manera, el equipo concluyó que el queso con coagulante de flor de alcaucil poseía buena derretibilidad, es decir, tenía la capacidad de moverse hacia los lados cuando se calienta en el horno (de manera similar a otros quesos industriales). También tenía un buen nivel de pardeamiento, esto es, que se oscurecía al ascender su temperatura. “Es algo valorado, ya que en apariencia el producto parece más apetitoso”, grafica la ingeniera. Por último, también determinaron que tenía escasa liberación de aceite. “La grasa del queso debería fundirse al ser sometida al calor. Está aceptada cierta liberación de grasa, pero no en exceso”, comenta.

Foto: Facundo Grecco.

Pero el camino de la investigación no es lineal, ni está libre de escollos. Implica la puesta en marcha de ensayos y experimentos que dan lugar a aciertos y errores. Tanto unos como otros permiten avanzar en el conocimiento, aunque son los primeros los más preciados para su aplicación en la industria.
Mediante los ensayos sucesivos, detectaron un defecto sensorial a corregir. “Fuimos aumentando, paulatinamente, el volumen de la leche empleada. Comenzamos de a poco y cuando llegamos a los 2 litros de leche para la elaboración de queso, notamos que el producto tenía un dejo amargo”, relata Crosetti.

Químicamente, esto se explica por la “capacidad proteolítica” de los coagulantes, que consiste en la potencialidad de cortar la proteína de la leche (caseína) en varios lugares. “Lo que tiene que tener un coagulante para que sea bueno, además de esa capacidad para cuajar, es poca actividad proteolítica. Porque si la proteína tiene muchos cortes, esto puede dar como resultado un sabor amargo”, puntualiza la ingeniera. En resumen, a mayor capacidad proteolítica, mayor sabor amargo.

En efecto, mientras el cuajo animal y microbiano tienen baja actividad “proteolítica”, lo que implica que el proceso de coagulación esté controlado, los cuajos vegetales pueden continuar cortando la proteína y dar como resultado ese sabor amargo no buscado. “Lo que estamos ensayando, entonces, es el ajuste de otros parámetros del proceso de elaboración, tales como la temperatura, la sal y el contenido de agua, para que en determinado momento puedan inactivar a la enzima y ésta no continúe cortando a la proteína, generando ese sabor no deseado”, adelanta.

Sin dudas, el aspecto sensorial es una parte crucial de los ensayos experimentales. “Apuntamos a lograr un sabor intenso, con una textura distinta respecto de los quesos que ya conocemos”, imagina la ingeniera de la UNNOBA.

Los ensayos demostraron que el queso obtenido a partir del extracto de alcaucil poseía características similares a los quesos comerciales.

Simultáneamente a que continúan los ensayos para lograr un sabor diferenciado, el equipo está evaluando el método más apropiado para la conservación, transporte y uso del coagulante vegetal. “Lo que estamos ensayando es cómo vamos a conservar el coagulante, si lo vamos a congelar, o si lo podemos convertir en un polvo deshidratado”, anticipa la docente.

La investigación tiene por meta la transferencia de conocimientos, especialmente, dirigida a pequeños y medianos productores. “Nos parece que si cuentan con ingredientes alternativos, pueden obtener un producto diferenciado en el mercado”, sostiene Crosetti y añade: “Estamos pensando en PyMEs artesanales que son las que quizás más necesitan un 'empujón' o ayuda, pero estaríamos abiertos a quien le interese. La idea sería generar conocimiento técnico para poder asesorar en todo el proceso y brindar servicios desde la Universidad. Es decir, nosotros estamos recorriendo todo un camino a través de experimentos, entonces pretendemos evitar que la PyME tenga que volver a transitarlo”.

Azúcar devenida en ácido

Además del cuajo, existe otro elemento fundamental que contribuye en que el “milagro fisicoquímico” ocurra, es decir, que la leche se convierta en queso. En otras palabras, un ingrediente que ejerce un rol crucial en esa conversión: el fermento. “Lo que hace un fermento es bajar el pH de la leche, que es similar al agua, casi neutra. Lo que buscamos es que ese pH sea óptimo para la enzima (coagulante) que vamos a usar. Porque, por así decirlo, hay enzimas que para cumplir su función se sienten más cómodas a cierto valor de pH”, detalla.

En rigor, los fermentos no son enzimas, sino microorganismos. Su tarea consiste en convertir a la lactosa de la leche, en ácido láctico. Esto permite dar comienzo al proceso de coagulación. Crosetti describe: “En inglés a los fermentos se los llama starter, porque dan inicio al proceso. Van bajando el pH y, cuando éste llega a cierto valor, se añade el coagulante. Imaginate del 6.8 al 6.4 de pH... todo ese camino lo recorre el fermento, que va consumiendo la lactosa y formando el ácido láctico”.
Posteriormente a la coagulación que da forma al queso, el fermento sigue actuando y bajando el pH. En otros términos, haciendo más ácido el producto, llegando a 5.4 de pH. Esto ejerce una función importante en la conservación del queso, tal como aclara la ingeniera: “En valores bajos de pH, disminuye el riesgo de que crezcan microorganismos perjudiciales. Entonces, es una manera de prevenir que el producto sea atacado por bacterias patógenas”.

Los fermentos más usados en la industria son “bacterias lácticas, benéficas, no perjudiciales para la salud”. Como alternativa a este uso tradicional, el grupo está experimentando con una cepa de levadura de cerveza que tiene la particularidad de no generar fermentación alcohólica. “Estamos realizando ensayos para determinar si contribuye a acidificar la leche, cumpliendo la misma función que cumplen las bacterias lácticas en el queso o si puede tener algún otro beneficio como fermento secundario”, especifica. Esta línea de investigación fue recientemente incorporada y orientada por la doctora Leticia Baccarini, docente de UNNOBA e integrante del Laboratorio de Alimentos.

Como en el resto de los ensayos realizados por el equipo del laboratorio, uno de los objetivos centrales del equipo de investigación apunta a lo sensorial : “Queremos determinar si resulta mejor usar la levadura de cerveza sola o combinada con bacterias lácticas, dando lugar a la generación de metabolitos que brinden un beneficio al aroma o sabor. Estamos apuntando a obtener un producto con características sensoriales y fisicoquímicas diferentes a los productos tradicionales que uno ya conoce”.

 

Diseño Laura Caturla


Doctorados en pandemia

Por Ana Sagastume

Tienen alrededor de treinta años, son de la zona y ya alcanzaron el máximo grado académico que una Universidad puede otorgar. Son las nuevas doctoras y los nuevos doctores de la UNNOBA, quienes obtuvieron su título en el contexto inusual que impuso la pandemia.

De esta forma, la Universidad dio un paso hacia ese horizonte planteado como aspiración máxima: excelencia académica. Porque estas jóvenes doctoras y doctores, también son docentes que forman e inspiran a estudiantes de la UNNOBA que ingresan con la ilusión de convertirse en profesionales. Gastón Crupi, director de Relaciones Internacionales, informa que, precisamente, una de las dimensiones que se tienen en cuenta para calificar a las Universidades es la cantidad de docentes que alcanzaron el máximo grado académico: “Uno de los ítems que miden los ranking internacionales de Universidades es la cantidad de docentes que obtuvieron doctorados”.

Pero el aporte a la sociedad de estos jóvenes, no se limita a asegurar la calidad de los equipos docentes, sino que también se vincula con los nuevos conocimientos que fueron capaces de generar en su tarea de investigación para la región y para el país. En efecto, para obtener un doctorado es necesario demostrar que se efectuó una contribución significativa en determinada área de conocimiento. La secretaria de Investigación, Desarrollo y Transferencia, Carolina Cristina, considera: “Este esfuerzo tiene muchísimo valor, no solo para quienes se doctoraron, que dieron un paso fundamental en su crecimiento profesional, sino para la Universidad misma que produjo nuevos conocimientos valiosos para la sociedad”.

Uno de los nuevos doctores aportó nuevos conocimientos sobre los cultivares de trigo.

Así, en el entorno enriquecedor de un equipo de investigación, dos doctoras generaron nuevos saberes en el campo de salud humana a partir de hallazgos en el comportamiento de los tumores; otras dos, en el mejoramiento de las pasturas destinadas al ganado; dos doctores realizaron aportes en la producción agropecuaria; en tanto, otra de las doctoras lo hizo con la meta de aprovechar residuos industriales y mejorar el funcionamiento de motores.

Mejores pasturas para la ganadería

Los suelos altos, menos susceptibles a inundarse, son los más codiciados para los productores agrícolas porque aseguran un mayor rendimiento. De esta manera, la ganadería en el país tendió a desplazarse a los suelos más bajos, en cuencas y depresiones, los cuales comparten un mismo problema: la salinidad.

Agostina Affinito, ingeniera agrónoma de la UNNOBA y ahora doctora en Ciencias Agrarias (UNR), explica con claridad el problema: “Al expandirse la agricultura, la ganadería se desplazó a suelos con este tipo de limitantes. Por eso resulta necesario generar cultivares de forrajeras que puedan adaptarse a estas condiciones y que, al mismo tiempo, presenten buena calidad y productividad”.

Agostina, quien nació y vive en Pergamino, se abocó al estudio de lotus, una leguminosa que permite reemplazar a otras, como la alfalfa, que no se adaptan a suelos salinos: “Trabajé desde el punto de vista molecular para determinar por qué lotus tolera la salinidad, es decir, qué mecanismos de tolerancia emplea”. Su estudio demostró la importancia de una proteína transportadora que se encarga de "secuestrar" al sodio, haciéndolo menos tóxico.

Con tan solo 30 años, Agostina considera que a partir de la investigación, realizada con una beca CITNOBA-CONICET, bajo la guía de Antonio Díaz Paleo y Adriana Andrés, “se podrían generar en un futuro cultivares que sean más tolerantes a la salinidad combinando técnicas biotecnológicas y del mejoramiento genético tradicional”.

Mariela Acuña comparte varias cosas con Agostina: vive en Pergamino, se doctoró en Ciencias Agrarias en la UNR y es docente de la UNNOBA (de “Mejoramiento Genético”, de la Licenciatura en Genética, y del “Taller de Formación en la Investigación”, de Ingeniería Agronómica). Pero la coincidencia más importante es que partieron de un mismo diagnóstico y problema: el empleo de especies forrajeras en suelos con exceso de sales. En su caso estudió al agropiro alargado cuyo uso está muy extendido en este tipo de suelos.

Mariela investigó qué genotipos de agropiro alargado se comportaban mejor en suelos con exceso de sales. “Entre otros parámetros, evalué la relación potasio-sodio. En una planta expuesta a exceso de sodio, éste compite con el potasio e intenta desplazarlo para poder ingresar. Si hay mucho sodio dentro de la planta, entonces la intoxica y esa hoja termina muriendo. Por eso es importante mantener elevada esta relación potasio-sodio”, especifica. En consecuencia su investigación se abocó a determinar qué parámetros y variables eran importantes a la hora de seleccionar genotipos que toleraran este tipo de “estrés abiótico”.

En suma, el aporte de su investigación en el campo de las Ciencias Agrarias podría dar lugar a emplear parámetros más eficientes al momento de seleccionar genotipos para obtener cultivares altamente productivos en esos ambientes, en el marco de programas de mejoramiento de la especie”. Su tesis de doctorado, dirigida por Adriana Andrés y realizada a partir de una beca INTA, fue seleccionada para la Jornada Doctoral Franco-América Austral realizada en el mes de noviembre.

Salud: más conocimiento sobre tumores

Fiorella Spinelli tiene 32 años, nació en Lincoln y, hasta hace muy poco, los alumnos de la Escuela Secundaria “Presidente Domingo F. Sarmiento” tuvieron el privilegio de tenerla como docente de Ciencias Naturales. Ahora los destinos la llevaron muy lejos: se encuentra en la Universidad de Nantes, Francia, con una beca postdoctoral en el Centre de Recherche en Cancérologie et Immunologie Nantes Angers.

Para doctorarse, bajo la dirección de Laura Alaniz, Fiorella estudió el denominado “microambiente tumoral”, es decir, “aquellas células, moléculas y vasos sanguíneos que rodean al tumor”. “Más específicamente —explica— trabajé con una molécula que se llama ácido hialurónico e investigué como modula no solo a las células tumorales, sino también a las células inmunológicas que se encuentran en el tumor y que muchas veces contribuyen a su progresión”. En rigor, las células tumorales, por lo general, secretan señales que “manipulan” a las células del sistema inmune y las obligan a participar del crecimiento tumoral”.

Una parte de su tesis doctoral involucró el estudio de ácido hialurónico químicamente modificado. “En ensayos preclínicos, el ácido sulfatado demostró tener un rol antitumoral y antiangiogénico en cáncer de mama. Si bien son necesarios más estudios, estos resultados son de gran interés ya que permitirían en un futuro complementar y aumentar el éxito de los agentes antiangiogénicos e inmunológicos en las quimioterapias actuales para cáncer de mama”, describe Fiorella, quien realizó el primer año del doctorado con una beca de estudios de la CIC y el resto con una beca doctoral del CONICET.

Fiorella Spinelli se encuentra realizando una residencia posdoctoral en Nantes, Francia.

Como Fiorella, Gianina Demarchi, de 31 años, se doctoró en Ciencias Biomédicas por la UNR. Nacida en Casilda, Santa Fe, Gianina se mudó a Pergamino para estudiar licenciatura en Genética y luego a Junín, para desarrollar sus tareas en el CIBA, ámbito donde realizó su tesis doctoral.

Bajo la dirección de Carolina Cristina, Gianina estudió a un grupo de proteínas y componentes de las células y su entorno, involucradas en el desarrollo de tumores de la glándula hipófisis. “Nuestro trabajo aporta nuevos conocimientos sobre la función de estas moléculas en el desarrollo de esos tumores y en su tratamiento quimioterápico. Las moléculas demostraron una activa participación en las distintas condiciones, por lo que podrían ser un posible blanco de estudio en la búsqueda de nuevos tratamientos para los pacientes con tumores hipofisarios resistentes y agresivos, complejos de tratar eficazmente”, considera Gianina, quien realizó su doctorado con una beca del CONICET para desarrollar en CITNOBA.

Gianina imagina que con tiempo, y si esta línea de investigación siguiera su curso, se podría “contar con nuevas alternativas para los casos que no tienen tratamiento efectivo, aportando nuevas herramientas para lograr una mayor esperanza y mejor calidad de vida para estos pacientes”.

Producción porcina de mejor calidad

Contar con nuevos conocimientos vinculados a la producción porcina resulta una meta atractiva en el contexto mundial actual, ya que China, una de las economías más importantes del mundo, es la principal consumidora de esta carne. Carlos Figueroa, de 31 años, realizó en su tesis aportes en esa línea a partir de una beca doctoral CITNOBA (CONICET-UNNOBA-UNSADA).

Nacido en Pergamino, Carlos se graduó como licenciado en Genética de la UNNOBA y el ámbito en que desarrolló sus investigaciones fue el Centro de Bioinvestigaciones (Pergamino), bajo la dirección de Mariano Merino (director) y Gabriela Fernández (codirectora).

En principio, este genetista encontró que mientras la producción porcina mundial se manejaba con híbridos mejorados a partir de unas pocas razas de cerdo, los pequeños productores de la región poseían una “mayor variabilidad genética y combinaciones que no se encontraban en la genética actual”. De esta manera esos pequeños productores podrían funcionar como “reservorios de variabilidad genética”. “Estas evidencias podrían dar lugar a acciones de conservación de algunas razas 'criollas' que se encuentran en peligro de extinción”, plantea el nuevo doctor en Ciencias Veterinarias (UNR). “Esas razas criollas son muy poco frecuentes en Argentina y, menos aún, en la zona donde se desarrolló el estudio”, remarca.

Carlos Figueroa junto al director de su tesis , Mariano Merino (centro), y Ángel Patitucci (izq.) colaborador en su tesis y docente de la UNNOBA.

Por otra parte, su investigación también demostró la frecuencia de una mutación genética en cerdos conocida como “gen halotano”, la cual produce una enfermedad hereditaria grave (hipertermia maligna). Esta enfermedad, además de disminuir la calidad de la carne, conduce a muchos cerdos a la muerte. “Esta investigación podría dar lugar a trabajos mancomunados entre sectores privados y públicos, para tratar de erradicar completamente la mutación y generar un claro beneficio a los productores porcinos”, plantea Carlos Figueroa, quien se desempeña en la UNNOBA como docente de “Genética de Poblaciones” y “Biodiversidad y Recursos Genéticos”.

Genes involucrados en la floración de trigo

Thomas Pérez Gianmarco tiene 30 y se doctoró este año en Ciencias Agropecuarias (UBA), bajo la dirección de Fernanda González. Nacido en Pergamino, se mudó varias veces en su infancia y adolescencia: a Santa Fe, México, Brasil. En su juventud, los destinos lo trajeron nuevamente a Pergamino, donde culminó su carrera de Ingeniería Agronómica en la UNNOBA. Pero siguió viajando y en la actualidad reside en Lleida, España, donde también realizó experimentos para su tesis doctoral en el Laboratorio de Ecofisiología Vegetal de la Universitat de Lleida, los cuales complementó con los que había realizado en INTA-Pergamino.

Como becario del CITNOBA, Thomas basó su tesis intentando comprender la relación entre ciertos genes del trigo y la respuesta de la planta a los cambios del ambiente (fotoperíodo) al que se expone. “Por respuesta entendemos, por ejemplo, los cambios en el rendimiento potencial”, aclara Thomas.

A pesar de que el tema puede resultar difícil para no entendidos, Thomas pone empeño en comunicarse y para ello, le incorpora ciertos atributos humanos a los vegetales, como el poder de decisión. “La decisión más importante que toman las plantas en su vida es tal vez la de cuándo florecer—dice el nuevo doctor—. El ambiente que la rodea en ese momento determina su éxito en dejar descendencia. Eso a nosotros nos interesa, porque cuando las plantas son cultivos de granos, su éxito hace al rendimiento de esos cultivos. Para tomar esta decisión, las plantas se informan del ambiente que las rodea mediante distintas señales. Una de ellas es el largo de los días, o sea, fotoperíodo. El trigo, por ejemplo, adelanta su floración o espigazón, y su ciclo a medida que los días se hacen más largos. Pero no todos los cultivares responden de igual manera a cambios en la longitud del día. Esta respuesta es una característica determinada por un grupo de genes para los que hay variabilidad entre los cultivares”.

En la actualidad, Thomas Pérez Gianmarco reside en Lleida, España. 

Thomas cree que, en un nivel práctico, el conocimiento que aporta su tesis “puede ayudar a diseñar nuevos cultivares de trigo, mejor adaptados a un ambiente particular o de mayor rendimiento potencial, con base a la información genética”. “Con esta información se podrían disminuir el número de ensayos a campo en diversos años y localidades, para ahorrar así tiempo y recursos en la obtención de nuevos cultivares”, considera.

Aprovechar los residuos del biodiésel

Eugenia Chiosso tiene 31 años. Nacida en la localidad de Chacabuco, estudió Ingeniería en Alimentos en la sede Junín de la UNNOBA. En su tesis, que le permitió obtener el doctorado en el área Química de la UNLP, trabajó a partir de uno de los residuos industriales obtenidos en la producción de biodiésel: el glicerol. Lo hizo mediante una beca del CONICET “para temas estratégicos”.

“Como la producción de biodiésel aumentó considerablemente en los últimos años, se generó una sobreoferta de glicerol, lo que causa una disminución en su precio. Esto también constituye una oportunidad para desarrollar nuevos productos que tengan al glicerol como materia prima”, fundamenta Eugenia, docente en la UNNOBA de "Bioingeniería y Bromatología", en la carrera Ingeniería en Alimentos.

Bajo la guía de Mónica Casella (directora) y Andrea Merlo (codirectora), Eugenia trabajó a partir de la reacción química conocida como “eterificación”, de la cual se pueden obtener “éteres de glicerol”. Esos "éteres" pueden ser usados como aditivos para combustibles de petróleo o biodiésel, mejorando así el funcionamiento de un motor.

Abrazos prepandemia. Eugenia Chiosso junto a  su directora de tesis, Mónica Casella (a la derecha), y su codirectora, Andrea Merlo (a la izquierda).

Además, Eugenia desarrolló catalizadores, que funcionan como “asistentes” en la eterificación. “Llegué a preparar un catalizador sólido de manera sencilla, rápida y económica en cuanto a tiempo y costo de materiales”, cuenta. Y añade: “Ese material que conseguí tuvo buen desempeño con las muestras de glicerol que nos dio la empresa Biobin SA”. En la actualidad, Eugenia pertenece al Grupo de Investigación en Biomasa y Medio Ambiente (GIBiMA) de la UNNOBA.

Doctorarse en pandemia

La secretaria de Investigación, Carolina Cristina, valoró el esfuerzo personal que estos universitarios realizaron: “Un doctorado es un paso importantísimo en el desarrollo de un profesional, que les demanda mucho empeño y sacrificio”. A esta situación, de por sí estresante para quienes se estaban doctorando, se le sumaron las condiciones particulares que impuso la pandemia: “El cierre de un doctorado es muy complejo, desgastante. Involucra un intercambio constante entre director y tesista para la elaboración de los manuscritos finales. Ese ida y vuelta, tan necesario, que muchas veces requiere de revisión de materiales del laboratorio, no se pudo hacer de manera presencial, lo que complejizó aún más el proceso de cierre”.

A Cristina le tocó vivir de cerca esta situación, ya que fue directora de una de las tesistas (Gianina Demarchi). “Nos costó mucho cerrar el doctorado porque, al mismo tiempo, nos estaba absorbiendo la pandemia”, cuenta Cristina quien, como directora del CIBA y junto a Gianina, Fiorella (Spinelli) y un grupo de profesionales, estaban abocados al diagnóstico de COVID-19 en la región. “Había momentos en los que había que abstraerse como fuera de la emergencia sanitaria para poder avanzar”, recuerda.

Recuerdos previos a la pandemia, cuando el equipo de investigación de Carolina Cristina (centro) podía reunirse en su totalidad. A la izquierda de la doctora Cristina, Gianina Demarchi.

Cristina remarca que un doctorado es “un logro conjunto, no solo del becario, sino de todo un equipo de investigación”. En esa línea, felicitó a “cada una de las doctoras y doctores, directoras, directores,  codirectores y codirectoras, porque realizaron un aporte muy valioso para el desarrollo de la Universidad y la región”.

Diseño: Laura Carturla


Ciencia en la mira

Por Ana Sagastume

Somos relatos. Y, entre los relatos actuales, la ciencia siempre parece ser la protagonista, ya sea como salvadora de una humanidad en peligro que necesita encontrar la vacuna para retornar a su normalidad perdida, o bien como “cómplice” que genera un virus o sostiene el “invento” de la pandemia, obligando a las personas a confinarse en sus hogares y evitar los contactos cercanos, a partir de un “plan” pergeñado por los poderosos para ejercer el control sobre las personas.

Lo cierto es que ni la idea de una ciencia redentora o la de una ciencia “salvaje” que actúa contra la humanidad, son completamente nuevas. Existe desde hace tiempo, una “leyenda rosa” de la ciencia que la muestra triunfante frente a sus enemigos (los prejuicios o los dogmas) para traer al mundo felicidad y progreso. Mario Heler, doctor en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, la representó irónicamente como una “Cenicienta reivindicada” quien, tras sufrir “humillación, maltrato y hostigamiento” se convirtió en “una reina: la reina de los saberes”.

Pero existen también un conjunto de movimientos surgidos a partir de los impactos negativos de la ciencia, como las bombas de Hiroshima y Nagasaki en 1945 o la experimentación en humanos en los campos de exterminio de Auschwitz en 1940, que reflexionaron acerca de otras consecuencias del quehacer científico. Estos movimientos bregaron por una ciencia menos soberbia, capaz de dialogar con otros actores sociales y preguntarse por las consecuencias que sus innovaciones tenían para los seres que habitaban el planeta.

A partir de las dos bombas atómicas que estallaron en 1945, se suscitaron toda una serie de reflexiones acerca de los límites de los avance científico-tecnológicos.

“Somos relatos, integrados en una trama de historias que nos ayudan a dar sentido a lo que vivimos”, adhiere  al planteo inicial la profesora María del Huerto Revaz, quien se ocupa, dentro de la UNNOBA, de suscitar entre los estudiantes la reflexión acerca de la ciencia. Estudiantes que con frecuencia llegan a la formación universitaria con ideas previas fuertemente arraigadas en la sociedad, como por ejemplo, la garantía de verdad que representa la práctica científica. Desde la materia “Epistemología y Metodología de la Ciencia”, entonces, la profesora de Filosofía, junto a su equipo docente, intentan poner en discusión la “trama de relatos que se han construido respecto de la ciencia y de la comunidad científica”. Es decir, intenta realizar un aporte crítico en la formación de los futuros profesionales genetistas, agrónomos, abogados o contadores, entre otros.

Para referirse a la paradoja que mencionamos, María del Huerto cita a la ensayista Beatriz Sarlo cuando interroga: “'¿Qué tan claro es que la experiencia ha muerto? ¿Qué tan claro es que este cientificismo, que era una marca cultural, ha desaparecido?' Porque, por un lado, se cuestiona la ciencia, pero a la vez se espera de ella la cura de la pandemia; parece que estamos resucitando experiencias”.

Quizás los diferentes relatos, las diferentes experiencias que convocamos, intenten constituirse en un “refugio” frente al desconcierto que vivenciamos al percibirnos “a la intemperie”, una de las metáforas que María del Huerto emplea para referirse al estado interno que produce la ruina de las creencias sobre las que hemos construido nuestras vidas. Por el contrario, la profesora considera a la situación actual como “una franca invitación a pensar nuevos modelos de racionalidad”, es decir, nuevos relatos.

Algunos discursos de la sociedad ponen en duda la existencia misma de la pandemia.

— ¿Cuándo el saber científico se erige como un modelo explicativo hegemónico que permite comprender la realidad natural y social?

—Nosotros ubicamos el momento, habitualmente, entre los siglos XVI y XVII, cuando el ser humano siente que el mundo que hasta el momento lo había estado amparando lo deja “a la intemperie”. Siente esto porque vive situaciones que ponen de manifiesto que las creencias y opiniones en las que había confiado ciegamente no se corresponden con las experiencias vitales que atraviesa: desde la concepción que tenía del cuerpo, hasta del mundo que lo rodea. Respecto del cuerpo, por la introducción de la Nueva Medicina, con Andrea Vesalio entre otros. En el orden del mundo, por su expansión a partir del denominado "descubrimiento de América", los adelantos técnicos y la revolución científica protagonizada por (Nicolás) Copérnico, (Johannes) Kepler, Galileo (Galilei), (Isaac) Newton. Podríamos pensar que las personas de aquel momento se preguntaron: ¿En quién vamos a confiar? ¿Confiaremos en quienes nos han mantenido ciegos durante tanto tiempo, o en quienes ponen en evidencia esa ceguera? No olvidemos que el "brazo armado" de esta incipiente ciencia fue la tecnología, la cual se plasmó muy concretamente en la vida cotidiana. En el siglo XVIII, esta ciencia se legitima con la llegada de la Ilustración. Creo que (Immanuel) Kant lo expone claramente cuando dice que el lema que resumiría aquellos tiempos es “atreverse a pensar por uno mismo” y no bajo la autoridad de la antigua filosofía o de la religión. Años más tarde, serán el positivismo y el neopositivismo los movimientos que terminarán por "consagrar" a la ciencia. Estos movimientos consideran que el poder racionalizante de la ciencia y la tecnología nos permiten ordenar el mundo. Entonces hablan de una suerte de "mesianismo" de la ciencia que irá enriqueciéndose con la idea de progreso. Se cree que solo de la mano de la ciencia se avanza y cualquier otra cosa que no sea ciencia es un pasatiempo o una pérdida de tiempo. Para sintetizar, durante todo este período se instala progresivamente una visión cientificista que termina siendo la marca de nuestra cultura.

Galileo Galilei representó el enfrentamiento entre los dogmas y la nueva ciencia que emergía en el Renacimiento.

—Ese modelo de racionalidad que impone el positivismo va a ser criticado por algunos pensadores de la Escuela de Frankfurt en el siglo XX, quienes también cuestionan la separación entre ciencia y filosofía que habría tenido lugar con la modernidad y que, según dicen, limitó la capacidad reflexiva de los seres humanos y le obturó la posibilidad a la ciencia de pensarse a sí misma.

—Sin duda en la modernidad el modelo de racionalidad hegemónico es el cientificista, en el que la ciencia tiene un valor instrumental. Pero también es cierto que es en la misma modernidad que ha habido una suerte de movimiento subterráneo o clandestino que también preparó a nuestro tiempo para el ejercicio de la crítica. Ese movimiento intenta "levantar los caídos", por decirlo en términos de Bertrand Russell. (Blaise) Pascal es un ejemplo de esto porque, al tiempo que este modelo de ciencia se imponía lo escuchamos decir: "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Luego, (Georg) Hegel, (Karl) Marx, (Friedrich) Nietzsche y toda una serie de pensadores ponen de relieve los “bajo-fondos”, la materialidad y las influencias de esa racionalidad. Es ese movimiento que nos deja en las puertas de una cultura que puede contarse de otra forma. Porque, sin dudas, nuestra cultura la podemos relatar como legado del cientificismo y la solemos calificar como narcisista, nihilista, con vocación de muerte. O bien, podemos ver, a la luz del segundo movimiento clandestinamente trazado en la modernidad, como una cultura que hace espacio a la pluralidad, a la crítica, al pensamiento complejo. En ese marco podemos encuadrar los aportes de la Escuela de Frankfurt.

Max Horkheimer y Theodor Adorno, dos exponentes de la Escuela de Frankfurt (1965).

—Podríamos caracterizar, con el positivismo, esta ciencia como omnipotente, capaz de resolver todos los males. ¿Con qué acontecimientos se establecen las fisuras de esta creencia o imaginario sobre el saber científico?

—Esa confianza que se deposita ciegamente en la ciencia choca a mediados del siglo XX con una serie de acontecimientos que motivan sospechas respecto del poder de la ciencia para resolver los conflictos de la sociedad. Las guerras mundiales, el agotamiento de los recursos naturales, la polución, los envenenamientos farmacológicos y otras cuestiones producen un desencantamiento de la ciencia a partir de la conciencia de los daños que ésta puede causar. Todo eso produce una suerte de descrédito hacia el saber científico. Recuerdo en el año 1999 UNESCO organiza un congreso en Budapest con el lema "Científicos, la ciencia ha terminado". Ya no es un contrato firmado a modo de “cheque en blanco” a una ciencia que no podía asumir conciencia ética, política o social. Después de Auschwitz, nada será vivido de la misma manera; más bien será valorado como un gran cuento. La sobremodernidad va a instalar la desconfianza sobre aquellas certezas.

—En la actualidad, al mismo tiempo que se le exige a la institución científica que resuelva el problema de la pandemia a través del diseño de una vacuna eficaz, también emergen toda una serie de discursos que cuestionan la validez del saber científico. Me refiero a planteos que, en las redes sociales, principalmente, ponen en duda la existencia del virus y de la pandemia, que exponen toda una serie de teorías conspirativas, en línea con algunos movimientos contemporáneos, como los de los terraplanistas o los antivacunas, que cuestionan ciertos conocimientos científicos aceptados. ¿La ciencia está atravesando una crisis en relación a la confianza de la sociedad?

—Me parece que la situación actual nos convoca al pensamiento de una manera urgente. Hay algunas categorías que nos ayudarían a pensar lo que ocurre. Entre los pensadores herederos de la Escuela de Frankfurt nos encontramos con Michel Foucault que se encargó muy bien de plantearlo a partir del concepto de biopoder. Este parentesco oscuro o siniestro entre la ciencia y la política, la ciencia y la economía, todos estos elementos nos hacen notar que la práctica científica lejos estaba de responder al celebrado “código mandarín”: mente clara y manos limpias. En verdad, tenía las manos algo oscurecidas, en el sentido de que había respondido a intereses económicos y políticos. Creo que esta sospecha, de alguna manera, habría que celebrarla porque nos interpela, por ejemplo, frente a disyunciones excluyentes como la que menciona: "o estamos con la vacuna, o estamos en contra de la vacuna", "o estamos con los de la Tierra es redonda, o estamos con los de la Tierra es plana". Nos convoca a estar alertas frente a este tipo de disyunciones excluyentes, en el sentido de "es esto o es aquello". Por otro lado, lo incierto de la situación nos impulsa a refugiarnos en lo conocido y a esperar de esto que hemos conocido, la respuesta. Aun cuando nos demos el permiso de pensar bajo el "síndrome de Frankestein", parafraseando a Mary Shelley; como dicen algunos epistemólogos contemporáneos: "Yo seré su creación, pero soy su amo". Es decir, hemos creado una ciencia y una tecnología que pueden tornarse en nuestra contra. Es un desencantamiento que nos impulsa a seguir buscando el refugio seguro que nos ha construido la ciencia y la tecnología; porque quedarse “a la intemperie” no es algo que deseemos vivir. Sin embargo, me parece que estamos en el mejor momento para pensar otros modelos de racionalidad que salgan al encuentro del tercero excluido.

—En este encuentro del tercero excluido, la filosofía tendría un rol crucial.

—Claro. La filosofía es un ejercicio de pensamiento que nos conduce a hablar en contra de las palabras. Un ejercicio que necesita enredarse con lo concreto y hablar en disonancia, desde el ejercicio de una desconfianza crítica que nos permita interpelar lo dado y que sea capaz de convivir con el conflicto, ya que la conflictividad define lo humano: es una marca de lo humano.

Aun con la evidencia que proporcionan imágenes satelitales, los terraplanistas cuestionan que la Tierra tenga forma esférica, una afirmación sobre la que la Astronomía no duda.

—Entonces, usted sugiere que ese desencantamiento de la ciencia dentro del ámbito intelectual y científico, ampliado a la sociedad, es el que habría posibilitado el nacimiento de estos movimientos que cuestionan el rol de la ciencia, como los terraplanistas, los antivacunas e incluso los anticuarentena.

—Yo creo que sí. Detrás de ese cuestionamiento, que celebro, existe la posibilidad de construir o fraguar culturas nuevas. Me gusta simbolizar a las mujeres y hombres que habitamos esta cultura como cazadores furtivos de identidades. Es decir, hay una identidad que se nos escapa, que todavía no terminamos de definir, pero tras la cual corremos. Esa conflictividad que trae consigo el movimiento anitcuarentena y antivacuna, de sospecha en relación a la tecnociencia, va tras las huellas de una construcción de identidad y, con ello, del ser público y de lo común, que tienen que ser nuevos.

—Insisto. ¿Usted cree, verdaderamente, que habría que celebrar la aparición de estos movimientos anticientíficos que niegan verdades aceptadas como la forma esférica de la Tierra o el rol de las vacunas en la salud de la humanidad?

—La pregunta me recuerda a las ideas de (Paul) Feyerabend. Él sostiene que un buen científico es el que se hace lugar para el "todo vale". Aquel que tensa las hipótesis y teorías vigentes y aceptadas, por el simple hecho de que su aceptación no es más que el resultado de haber habituado miradas. Entonces, las tensa al punto tal de buscar lo contrario para generar, en términos hegelianos, la instancia de superación. La presencia de lo contrario, según este anarquista epistemológico, es la oportunidad que tendrían que asumir los científicos como una instancia de madurez de su práctica. Cuestiones que nos llevarían a ver el espacio que tiene la ética en el marco de la ciencia.

—En relación precisamente a la ética, Markus Gabriel cuestiona la creencia de que el progreso científico y tecnológico puedan impulsar de por sí el progreso humano y moral. En ese sentido, plantea que sin progreso moral no hay verdadero progreso. Entonces, la crisis que atravesamos que llevó a los países a proteger a sus mayores o a los grupos que pueden ver impactada su economía doméstica ¿puede ser una oportunidad para pensar un nuevo modo de vivir? ¿Un “nuevo orden” en que, como dice Gabriel, la solidaridad no se despierte a partir del conocimiento médico y virológico, sino a a partir de la conciencia filosófica? Él plantea que la única salida a la globalización suicida es "una pandemia metafísica, es decir, una unión entre pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos".

—Coincido con Gabriel en que la situación en que nos coloca la pandemia nos puede conducir a pensar en una nueva humanidad, por decirlo en términos bastante ligeros. Al mismo tiempo, descreo de las lecturas románticas de la pandemia: las que confían en que esta situación nos depositará en medio de una humanidad que haya recuperado su supuesta y originaria "solidaridad". El planteo puede resultarnos interesante como “techo esperable”, pero está alejado de la condición del ser humano en la actualidad. Como cualquier otra, las construcciones humanas no irrumpen abruptamente en las culturas, sino que se van constituyendo tanto más rápido y fecundamente en la medida en que podamos escuchar mayor cantidad de voces. En eso sí creo que la ciencia, la tecnología, la filosofía, el arte tienen mucho para decir y mucho para aprender recíprocamente. Confío en esta sinfonía, en esta convergencia, en esta ecología de voces, como dice (Boaventura) de Sousa Santos. La ecología de pensamientos nos permitirá construir temporalidades, productividades y reconocimientos identitarios distintos.

—En estos desafíos que nos plantea la situación actual, la filosofía tendría, entonces, mucho que aportar.

—Yo creo que sí, pero también tiene mucho que aprender. La situación de "intemperie" afecta a todo el pensamiento racional que fue tras las huellas de causas que nos permitían el dominio de la naturaleza. En ese sentido es donde coloco la interpelación que propone la pandemia, no solo para la ciencia sino también para la filosofía. Una interpelación para todas las producciones y materializaciones con las que el ser humano ha ido expresándose hasta el momento y que requieren de una revisión.

—En la actualidad, la filosofía tiene un rol más importante en el espacio público que lo que tenía antes. Los presidentes y políticos tienen asesores filósofos. También hay divulgadores filósofos en distintos medios de comunicación.  Pareciera, entonces, que ocupa un lugar mucho más importante en la práctica política que lo hacía antes. ¿Es algo que debemos celebrar o se está haciendo un uso instrumental de ella, en el sentido de servir a determinados intereses y colaborar en la manipulación?

—El lugar que se le hace, muchas veces, tiene que ver con lo que refiere (Milan) Kundera o (Richard) Sennet, esto es, el declive del ser humano público. ¿Dónde ha quedado la voz que puede hacer un ejercicio de oposición frente a la política entendida como una gestión de estatalidad que se vuelve en contra del ser humano mismo? Creo que las interrogaciones filosóficas pueden contribuir en la construcción de lo político, en la medida en que se comprometen con una fuerza que pugna por responder a aquel viejo texto que retomaba Platón de Sócrates del Oráculo de Delfos, referido al conocerse a sí mismo, para ocuparse de sí y de los otros. La filosofía en el orden práctico se despliega de la mano de la de Ética, como reflexión consciente acerca de los valores y fines sobre los que edificamos la política, en tanto gestión del bien común. El antiguo mandato de los sabios griegos no se reduce al conocimiento de uno mismo, sino que valora este conocimiento como instrumento para ocuparse de los demás. Cuidar de uno mismo y de los otros. En ese sentido, y solo en ese sentido, la filosofía puede contribuir a la construcción de lo común, a la recuperación del ser público.

Ricardo Forster y Alejandro Rozitchner, dos exponentes del vínculo entre filosofía y política.

 


María del Huerto Revaz se desempeña en la UNNOBA como investigadora y docente en materias de distintas carreras: Epistemología y Metodología de la Investigación, Bioética para agrónomos y genetistas, Filosofía para Enfermería. También dicta Talleres de Filosofía en PEPSAM para adultos mayores.

Diseño: Laura Caturla


¡A prepararse para el verano!

Por Ana Sagastume

A inicios de 2020, cuando la COVID-19 parecía un fantasma de un país lejano, muchos sanitaristas señalaban que la epidemia del dengue era más preocupante en Argentina que el mismo coronavirus. Sin embargo, aunque la pandemia haya echado por tierra los pronósticos de muchos científicos y políticos en el mundo, el dengue no ha dejado de ser una enfermedad de relevancia sanitaria.

Este verano vivimos la epidemia de dengue más grande en Argentina. Inclusive, llegó a zonas de la provincia de Buenos Aires a las que antes no había llegado”, advierte Victoria Luppo, profesional en el Laboratorio de Virología del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio Maiztegui” (INEVH), ubicado en la ciudad de Pergamino. Cintia Fabbri, doctora en Ciencias Biológicas e investigadora del Instituto, coincide con Luppo respecto de la magnitud y contextualiza: "Este año ha sido la mayor epidemia de dengue en el país desde su reemergencia. En 2019 fue muy importante la epidemia en Latinoamérica, lo que se vio reflejado en lo que pasó en Argentina".

Luppo, quien cursó la Maestría en Zoonosis en la UNNOBA, cuenta que en Argentina el dengue apareció en 1997 "en las provincias que limitan con Bolivia, Paraguay y Brasil". Recién en 2009 llegó a zonas más templadas, como la provincia de Buenos Aires. "Se corrió un poco de lo que era NOA o NEA y en 2016 llegó ser todavía más grande, con una gran incidencia en CABA", describe.

La particularidad que tuvo la última epidemia de dengue en el país es que, además de proliferar en lugares templados, involucró tres de los cuatro serotipos de la enfermedad. “Cada serotipo es un virus distinto de dengue —especifica Luppo— y en los últimos brotes veníamos observando fundamentalmente serotipo 1 (DEN-1). Este año no solo creció el número, llegando a tener más de 80 mil casos sospechosos denunciados en el sistema de salud, con más de 45 mil confirmados, sino también con tres serotipos: 1, 2 y 4 (DEN-1, DEN-2 Y DEN-4)”. En la misma línea, Fabbri observa: “Eso no ha sido lo habitual respecto de lo que sucedía en años anteriores en los que Argentina tenía un serotipo predominante y, en forma aislada o minoritaria, otro”.

Dado que las personas que ya desarrollaron la enfermedad a partir de un serotipo tienen más probabilidades de manifestarla en forma grave si se contagian con otro serotipo, la convivencia de varias secuencias del virus mantiene a los científicos del INEVH en alerta. “El dengue, en general, es una enfermedad leve. Sin embargo, si una persona que tuvo dengue 1, se contagia con el serotipo 2 o 4, tiene riesgos mayores”, informa Fabbri. Luppo coincide pero matiza: “Cuando hay infección con serotipos diferentes, hay un mayor riesgo de cuadros graves, aunque no siempre es así”.

Otra vez primavera

Una persona viaja a un país limítrofe y se enferma de dengue. Al regresar a Argentina, es picada por una hembra del tipo Aedes aegypti, la cual extrae proteínas de su sangre, necesarias para la vida de sus larvas. Con esta picadura contrajo el virus del dengue y, al picar a otra persona, la contagia de dengue también. Esta persona, a su vez, es picada por otra mosquita que actúa como vector para contagiar a otra persona… y así. Este es el modelo que, según los especialistas, cada año se repite y da lugar a un nuevo ciclo de dengue en el país.

La hembra del Aedes aegypti necesita proteínas de la sangre para desarrollar sus larvas.
La hembra del Aedes aegypti necesita proteínas de la sangre para desarrollar sus larvas.

Argentina no es un país endémico del dengue. La introducción arranca por una persona virémica que genera un ciclo de replicación. Otra posibilidad es que Argentina empiece a ser considerada, como la mayoría de los países de la región, un país endémico, sobre todo en las regiones del norte del país”, puntualiza la doctora Fabbri.

“Decimos que no somos endémicos en Argentina, aunque hay algo de duda en ello —sugiere Luppo—. Si bien no se habla de endemicidad en Argentina, hay regiones y provincias, como Formosa y Misiones, que siempre están en continuo estudio para determinar si es que se corta la transmisión o no”.

El mosquito del dengue tiene hábitos diurnos. En verano es cuando la epidemia se expande.

La zona centro del país cuenta con la ventaja de que las temperaturas bajas de invierno impiden la proliferación del mosquito. Sin embargo, el vector Aedes aegypti reinicia su ciclo cada año, cuando las temperaturas así se lo permiten, es decir, con cada primavera. “Ahora es cuando tenemos que empezar a prepararnos, ya que no tenemos casos y deberían iniciarse las medidas de acción, prevención y concientización”, considera Luppo.

Hábitos del mosquito, hábitos humanos

El mosquito Aedes aegypti es un insecto urbano que desarrolla sus larvas en aguas limpias y estancadas. Se lo puede encontrar en floreros, macetas, recipientes de animales y cualquier tipo de receptáculo a la intemperie que permita acumular agua. Los terrenos baldíos y los basureros al aire libre también son ámbitos propicios para su proliferación, ya que la irregularidad de sus superficies favorece la acumulación de agua de lluvia.

Si se quiere combatir el dengue, entonces, es necesario reducir los espacios en que su vector, el mosquito, desarrolla su vida. Tanto el Estado municipal como los individuos tienen responsabilidades al momento de evitar que la enfermedad se propague. “Tenemos que procurar mantener limpios nuestros patios, evitando la posibilidad de que exista agua estancada. A su vez, el municipio tiene la responsabilidad de mantener los espacios públicos limpios”, plantea Luppo.

La limpieza de los terrenos y el "descacharrado" son medidas claves para prevenir el dengue. Foto: Facundo Grecco.

Fabbri considera que “más que preocuparse hay que ocuparse”. “Hay que ocuparse de generar hábitos en la población y de registrar esas acciones humanas que permiten que el mosquito prolifere y las epidemias sean cada vez más grandes. El municipio tiene que ocuparse de que los espacios públicos estén limpios, que no tengan basura y el césped no esté alto. Las gomerías no deben dejar las gomas al aire libre porque también ellas pueden ser lugar de criadero de mosquitos”, enumera Fabbri.

Otra de las medidas que puede tomar el municipio para controlar el avance de la enfermedad es la de realizar fumigaciones periódicas. En tanto, tener mosquiteros en las ventanas de los hogares constituyen acciones apropiadas para evitar el ingreso del mosquito en los domicilios particulares. En definitiva, para controlar la enfermedad es necesario controlar a su agente transmisor. “El mosquito ya llegó a esta zona del país, por eso lo que hay que hacer es disminuir su proliferación todo lo que se pueda”, resume Luppo.

Hay que prestar atención a los desechos que sean susceptibles de acumular agua. Foto: Facundo Grecco.

Otros virus y otros moquitos

Cintia Fabbri advierte que si bien el dengue es la enfermedad transmitida por mosquitos más conocida, no es la única a prevenir. “La fiebre amarilla es otra enfermedad transmitida en forma urbana por Aedes aegypti. En los últimos años fue muy grande su proliferación en Brasil, llegando al sur de ese país. Por eso, en el último verano hemos estado muy alertas por una posible introducción a Argentina, ya que la fiebre amarilla es una enfermedad más severa que el dengue, alcanzando tasas de letalidad más altas”, remarca Fabbri, quien en el INEVH se ocupa del diagnóstico de molecular de arbovirus.

La ventaja que tiene fiebre amarilla respecto del dengue es que cuenta con una vacuna “muy efectiva”. “El problema es que no toda la gente está vacunada”, aclara Fabbri y añade: “Tenemos que estar muy alertas cuando empiece la temporada estival, porque habiendo llegado hasta el sur de Brasil, tenemos un riesgo alto de introducción al país”.

"Somos el centro de referencia de arbovirus. Formamos parte de una red de laboratorios que están estratégicamente ubicados en todo el país" (Victoria Luppo, profesional del INEVH).

Otro mosquito que circula en la región es del género culex. Fabbri describe: “Es un mosquito que tiene el hábito de picar a humanos, como el Aedes, pero también a otros animales, como pájaros. Es más pequeño  y suele picar a la noche o al amanecer, cuando hay más oscuridad, a diferencia del Aedes que pica de día”.

Una de las enfermedades que transmite el culex es la encefalitis de San Luis. Fabbri indica en relación a este mosquito: “Es un agente que en general no produce grandes brotes epidémicos. El primero se vio en Córdoba en 2005. De ahí en más se detectaron otros brotes epidémicos: en AMBA, Santa Fe y Córdoba. En Pergamino, en 2015, tuvimos un pequeño conglomerado de casos. Como es un virus que en general no causa epidemia, un pequeño número de casos se lo considera un brote epidémico”. En tanto, Luppo subraya: “Es algo que hay que prestar mucha atención, ya que hubo un fallecido en Pergamino”.

Cintia Fabbri trabaja en el INEVH desde 2002 en el diagnóstico de arbovirus. Además, desarrolla tareas de investigación, desde una perspectiva genética, de las enfermedades producidas por arbovirus en Argentina.

Otra enfermedad causada por el mosquito del género culex es la transmitida por el virus “West Nile” o Virus del Nilo Occidental. Fabbri historiza: “Es un virus originario de África que llegó a Estados Unidos en el año 2000 y comenzó a descender hacia el sur, produciendo brotes epidémicos con muchas muertes y casos de encefalitis. En Argentina fue detectado por primera vez en 2006, a partir de la muerte de caballos”.

Afortunadamente, el virus del Nilo Occidental no ha hecho estragos en humanos de la región, como sí lo hizo en Estados Unidos. Sin embargo, los profesionales y científicos del INEVH se mantienen atentos ante un posible avance de la enfermedad denominada “fiebre del Nilo Occidental”.

En suma, para evitar la propagación de estas enfermedades (dengue, fiebre amarilla, encefalitis de San Luis o virus del Nilo Occidental) hay un único camino: controlar a los agentes transmisores, los mosquitos. “Si bien el dengue tiene un alto impacto en la región, controlar la proliferación de mosquitos es importante para combatir a varias enfermedades”, sintetiza Luppo.


Foto portada: Parque Natural Laguna de Gómez de Junín (Facundo Grecco)

Diseño: Laura Caturla


Ciencia en tiempos de pandemia

Por Ana Sagastume

Todo comenzó con una sopa de murciélagos, dicen unos. No, dicen otros, fue un pangolín.

Los animales domésticos y de criadero no transmiten la enfermedad, aseguran de un lado. Los gatos y hurones sí se infectan, siendo capaces los visones de transmitirla a los humanos, alertan del otro.

El virus no es de transmisión aérea, dicen algunos. El virus puede persistir en el aire algunas horas, replican otros.

Unos consideran que SARS-CoV2 sobrevive en las superficies durante algún lapso tiempo, al acecho de que algún humano distraído haga contacto físico con ellos. En tanto, otros ponen distancia de esos y señalan que no existen pruebas concluyentes de que el coronavirus pueda transmitirse por el contacto de la piel humana con superficies infectadas.

Mientras la sociedad le pide a los científicos verdades irrefutables para mitigar la angustia que produce la incertidumbre por un futuro en el que la misma existencia y la vida social parecen peligrar, la ciencia está muy lejos de brindar esas respuestas tranquilizadoras.

Foto: Agencia Télam.

Rolando Rivera puede considerarse un científico con todas las letras. Premiado internacionalmente, investigador principal del CONICET, doctor en Bioquímica, ya lleva más de tres décadas dedicado a la actividad científica. “La ciencia no tiene la verdad revelada.  ¡Y menos ahora!”, asegura el fundador del Centro de Bioinvestigaciones (CeBio) de la UNNOBA. “No se puede tener un conocimiento cabal de una enfermedad en seis meses, es imposible. Es más lo que no sabemos que lo que sabemos. Son más las preguntas que nos hacemos que las que podemos responder. Es muy probable que el año que viene se cuente con la vacuna, pero las preguntas que quedarán sin responder van a ser muchas”, fundamenta.

Así y todo, diariamente aparecen en los medios de comunicación noticias de los últimos hallazgos que parecen dar una respuesta definitiva que permita, de ahora en más, transitar por un terreno sólido y confiable. “Se combinan dos fuerzas catástroficas: los que quieren saber ya cómo son las cosas, algunos periodistas y políticos, y los que no saben pero les encanta decir que ya lo saben, que son algunos científicos”, dice Rivera Pomar con el atrevimiento que lo caracteriza y cierta incorrección. Su mensaje también va destinado a la propia comunidad, la científica: “Soy muy crítico de los medios de comunicación porque dicen cosas que no saben, pero soy mas crítico de algunos de mis colegas a los que les ponés un micrófono adelante y te quieren convencer de que tienen la cura del mundo, y vos sabés que no”.

“Aunque se le pide a la ciencia respuestas definitivas, no tenemos nada de eso. La ciencia es un proceso de construcción de afirmaciones y refutaciones que va avanzando en el conocimiento”, insiste Rivera. “Todas las evidencias muestran que la evolución existe, pero no hay una Ley de la evolución”, ejemplifica, plasmando, de esta manera, una visión de que para él la ciencia es, la cual parece alinearse con la del epistemólogo Karl Popper quien sostenía que el conocimiento científico no avanzaba confirmando nuevas leyes, sino, más bien, descartando hipótesis que contradecían la experiencia. Desde esta perspectiva, una afirmación científica planteada en base a un experimento persiste hasta tanto otro experimento u observación la contradiga.

Por otra parte, quizás la ansiedad generada por la falta de certezas que en la actualidad brinda la ciencia frente a la pandemia pueda explicar la proliferación de teorías conspirativas o la negación de la existencia misma de la crisis, en línea, por ejemplo, con movimientos que cuestionan los hallazgos y logros de ciencia, como el movimiento "antivacunas" o los “terraplanistas”. Rivera es taxativo y se pone del lado de su comunidad (científica): “La malaria es la enfermedad infecciosa que más muertes causa en el mundo, sin embargo hoy hay más muertes por COVID-19 que por malaria. O sea, no es una pavada. De todas maneras, si una persona común adhiere a teorías conspirativas es entendible, porque no conoce, pero me parece alarmante cuando algunos jefes de Estado niegan la pandemia”.

Por qué algunas personas no se enferman

A medida que la ciencia se hace preguntas, va generando hipótesis que son conjeturas de por qué o cómo suceden los fenómenos. Eso da lugar a la puesta en marcha de ciertos dispositivos (controlados y consensuados por la comunidad científica), como experimentos, que van permitiendo generar conocimientos nuevos. Estos saberes suscitan, a su vez, nuevas preguntas e hipótesis en un camino infinito hacia la búsqueda de la verdad, “la cual nunca se encuentra definitivamente, aunque nos seguimos aproximando”, dice Rivera. Esa sería la tarea científica de acuerdo a la visión de muchos investigadores, como la del fundador del CeBio.

Centro comercial de Junín. Foto: Facundo Grecco.

En relación a la pandemia que hoy aqueja al mundo, existen algunas respuestas probables a problemas planteados y, también, nuevas preguntas. Por ejemplo, algunos estudios científicos recientes determinaron que, aproximadamente, el 80% de personas que adquieren la COVID-19 son asintomáticas (aunque ese valor varía dependiendo del número de personas analizadas). Es decir, no muestran síntomas de la enfermedad aunque son capaces de transmitir la enfermedad a otros.
Una de las preguntas que nos podríamos hacer sería: ¿por qué algunas personas enferman y otras no? Hay varias hipótesis de por qué sucede esto: “Una de ellas -explica Rivera- plantea que se debe a la cantidad de virus que la persona recibe. Si es baja, entonces el virus tarda más en replicarse y finalmente, cuando lo hace, le dio tiempo a la respuesta inmunológica. El virus, en este caso, se retira lentamente ante una reacción inmunológica progresiva”.

Otra hipótesis plausible es que esto esté relacionado con las características genéticas de cada individuo. “Como todos los problemas graves de la enfermedad se dan por un exceso de reacción inmunitaria, lo que puede pasar es que determinadas personas que no tengan una reacción inmunitaria tan 'salvaje', por decirlo de alguna manera, no desarrollen la enfermedad”, ilustra Rivera.

Centro comercial de la ciudad de Junín. Foto: Facundo Grecco.

Sin embargo, el investigador del CeBio considera apropiado reemplazar el interrogante por otro que permitiría producir mejor evidencia: “Me parece que la pregunta sería al revés. No por qué hay gente que no muestra síntomas sino por qué hay gente que sí, ya que los que tienen síntomas son menos. En otros términos, por qué algunas personas parecen ser más sensibles al virus”. Aquí entran todas las personas que tienen factores de riesgo, como los mayores y las personas con patologías crónicas (hipertensión, obesidad, diabetes, etc.). “También podemos incluir a las personas con Síndrome de Down, tal como lo postuló el investigador argentino Joaquín Espinosa, que trabaja en la Universidad de Colorado, quien plantea que como estas personas tienen una respuesta inmune exacerbada, pueden llegar a producir una inflamación tal que generan el colapso de los alvéolos del pulmón”, agrega el investigador.

Un enigma que a algunos científicos les inquieta en este momento es la existencia de personas a las que el virus les persiste durante un tiempo prolongado, más allá de lo habitual (por ejemplo, dos meses), sin mostrar síntomas de enfermedad. Esto fue probado en un caso sin síntomas en Wuhan, aunque se están iniciando estudios en otros lugares con casos similares. “¿Ese virus que permanece muestra algún cambio genético que lo hace más persistente y menos patógeno en cuanto a la producción de la enfermedad? ¿Esa persona puede, potencialmente, seguir contagiando?”, se pregunta Rivera, quien en la UNNOBA se desempeña como profesor titular de “Genética del Desarrollo” en la carrera Licenciatura en Genética.

Foto: Agencia Télam

Virus que desaparecen

Se sabe también que muchas enfermedades infecciosas fueron erradicadas o controladas por el descubrimiento de una vacuna, como por ejemplo, el sarampión o la Polio. Sin embargo, la humanidad padeció otras enfermedades que, simplemente, desaparecieron. ¿Por qué esto sucede?, es otra de las incógnitas. Nuevamente, la respuesta de Rivera plantea varias hipótesis posibles: “Nadie puede saber por qué sucede esto, pero sucede. La hipótesis más aceptable, en mi opinión, es que cuando el virus ha afectado a muchas personas, se adquiere una inmunidad, entonces cuando va a infectar nuevamente, la probabilidad que una persona la adquiera es menor”.

—¿El virus se recluye?
— El virus se muere. Si la persona que lo porta no puede infectar a otro porque éste es inmune, entonces el virus deja de existir.

Otra pandemia. Se considera a la "Gripe Española" de 1918 como una de las más devastadoras de la historia. 

Esto es lo que probablemente sucedió con la mal denominada “gripe española”, hace cien años. “En aquel momento se infectaron dos tercios del planeta, entonces el virus tuvo menos probabilidad de seguir infectando”, comenta Rivera.

Otra conjetura que podría explicar por qué ciertas enfermedades infecciosas desaparecen es que el virus mute y que, en esa mutación, se haga menos efectivo, es decir, menos patógeno. “Que el virus infecte no quiere decir que sea patógeno”, aclara Pomar. “Todos estamos llenos de virus, convivimos con virus, lo que sucede es que solo algunos de ellos son patógenos. Somos un ecosistema que camina, con un montón de bichos dando vuelta, que son parte de uno. Entonces puede ser que los virus muten a una forma más infectiva pero menos patógena. Estamos llenos de bichos, pero te agarró el patógeno, y... zas”, bromea Rivera.

Proyecto conjunto entre la UNNOBA y la UNJu

La línea de investigación que Rivera venía desarrollando antes de la pandemia estaba relacionada con el Mal de Chagas a partir de su insecto transmisor, la vinchuca. Sin embargo, las medidas de aislamiento obligatorio lo obligaron a suspender muchas de las actividades regulares que antes realizaba. Así, por un contacto fortuito con la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) vislumbró la posibilidad de contribuir desde su conocimiento a la situación de crisis provocada por la pandemia, a partir de su saber en virología (específicamente, su tesis de doctorado giró en torno al virus Junín).

El Instituto de Estudios Celulares, Genéticos y Moleculares de la (UNJu) y el Ministerio de Salud de la Provincia de Jujuy estaban desarrollando en ese momento varios proyectos en torno a la pandemia, pero no contaban con un especialista en virología. Rivera encontró allí una manera en la que el CeBio de la UNNOBA podía colaborar.

Foto: www.periferiaciencia.com.ar

La directora del Instituto Nancy Hernández contextualiza la situación actual de la provincia norteña en relación al coronavirus: “Jujuy tuvo una cuarentena muy estricta desde sus comienzos. Se controlaron las fronteras muy rápidamente. Esa medida inmediata nos permitió que no tengamos circulación de virus”. Uno de los programas que ha implementado el Ministerio de Salud de Jujuy, junto con la UNJu y con la colaboración de la UNNOBA, es el Plan C 360º. “El programa se llama así porque es universal, se testea a toda la provincia”, ilustra Hernández y luego explica el procedimiento: “Es un muestreo aleatorio basado en la cantidad de población del censo 2010. Ese número determinó que debían testearse una determinada cantidad de casas. En cada una se hace un test rápido a un individuo y a un 10 por ciento de los test negativos se le realiza un segundo test, con la Técnica de ELISA, para corroborar el resultado y poder determinar la eficiencia de los test rápidos”.

Los muestreos en la provincia se van repitiendo cada dos semanas. “Como sabemos exactamente los lugares donde estamos testeando, si en algún momento aparece un caso positivo, vamos a poder tomar medidas sanitarias para atacar la infección y evitar que comience a haber circulación”, fundamenta la doctora Hernández.

Además de testear la presencia del virus en la persona, también estudian la “huella” que eventualmente pudo haber dejado el virus en el cuerpo. En otras palabras, test inmunológicos que determinan la existencia de anticuerpos contra el virus, teniendo en cuenta que la gran mayoría de infectados con SARS-CoV-2 no presentan síntomas (aproximadamente un 80%). Esta acción apunta a conocer la “profundidad de la epidemia en una región” y realizar un mapeo epidemiológico que permita establecer focos posibles de infección, previendo la posibilidad de que exista una segunda ola infecciosa.

El proyecto “Estudio de la seroprevalencia de SARS-CoV-2 en la provincia de Jujuy”, dirigido por la doctora Hernández, está financiando por el Consejo Federal de Ciencia y Tecnológica, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Secuenciación genética

Rivera comenta que uno de las ideas de colaboración con Jujuy es estudiar a pacientes asintomáticos, en especial algunos casos en que el virus tuvo una presencia en el cuerpo del paciente más allá de lo habitual. En ese sentido, se apunta a determinar qué cepas virales estén circulando en la provincia y si, eventualmente, existe alguna relación entre el genoma viral y la sintomatología (leve) que este tipo de pacientes presentan.

Rivera investigaba el Mal de Chagas a partir de su insecto transmisor, la vinchuca.

Otra de las líneas de investigación a la que apunta Rivera es la de “secuenciar el genoma de los virus encontrados en Jujuy” para determinar la velocidad en que el virus muta, así como deducir la procedencia de la cepa. “De esta manera, será posible conocer cuál fue el origen, si ese virus antes de pasar por Buenos Aires estuvo en Europa o Estados Unidos, y ver todos los cambios que tuvo ese virus en todo ese trayecto. La idea sería entender si esa mutación lo hace más o menos infectivo”.

Rivera considera que Argentina debe avanzar en la secuenciación genómica del virus SARS-CoV-2. “En el país ya se secuenciaron tres cepas en el Instituto Malbrán, lo cual es muy bueno, pero no es suficiente”, opina y agrega: “Tendrían que ser cientos. Nosotros en la UNNOBA tenemos el equipamiento para hacerlo, podríamos tener la capacidad de secuenciar casi 100 virus cada tres días a un costo relativamente bajo”.

—En relación a la capacidad técnica, ¿el CeBio podrían estar trabajando con casos del conurbano y de CABA?
—Por supuesto y con las Regiones Sanitarias correspondientes a Junín y Pergamino.

En ese sentido, Rivera mencionó un proyecto de “colaboración internacional en el que están tratando de secuenciar los genomas de la mayor cantidad de virus posibles para tener una idea de cuán rápido cambia”.

 

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La violencia invisible hacia los mayores

Por Raquel Castro

Directora del Programa de Educación y Promoción de la Salud de los Adultos Mayores (PEPSAM) de la UNNOBA.

 

El maltrato hacia las personas mayores continúa siendo un tema tabú en nuestra sociedad. Si bien ha comenzado a tener mayor visibilidad como problema en el mundo, aún faltan estudios y planes concretos de acción.

Se prevé que entre 2015 y 2030 habrá un importante aumento de la población de mayores de 60 años, lo cual puede llevarnos a predecir un posible aumento de casos de abusos y maltratos hacia ellos, si es que la sociedad no avanza en la toma de conciencia sobre la problemática. La comunidad internacional debe prestar atención al tema ya que afecta no solo la salud sino los derechos humanos de millones de personas alrededor del mundo.

Esta problemática en general pasa inadvertida por temor a la exposición pública, miedo a las represalias, a perder el estatus familiar o el afecto (ya que en la mayoría de los casos son familiares cercanos o cuidadores), ante lo cual no se suele pedir ayuda

La OMS define como maltrato a la persona mayor a “la acción única o repetida, o la falta de respuesta apropiada” que lleva a producir “daño o angustia a una persona anciana”. Esto tiene lugar “dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza”.

En la sociedad actual, nos encontramos con diferentes formas de violencia. La directa es la más visible, la cual se manifiesta a través de agresiones que pueden ser: psicológicas (insultos, humillaciones, desvalorización, críticas, manipulación de la voluntad, etc.), físicas (golpes, empujones, puñetazos, etc.), económicas y financieras (venta o apropiación del hogar, cobro y uso de la jubilación sin consentimiento), sexuales, o de pérdida de libertad (institucionalización sin consentimiento).

Existe, sin embargo, una violencia menos visible, inserta en nuestra cultura. Prejuicios, estigmatización y discriminación circulan de manera naturalizada. Esto puede verse reflejado en la homogeneización del trato a los mayores: “todos son vulnerables, seniles, infantiles, enfermos, pasivos, etc.” 

Otra forma de violencia se da a través de los sistemas institucionalizados de los que dependen los mayores y no les proveen de insumos necesarios, medicamentos, prótesis, etc. Otro ejemplo son las largas filas que deben hacer muchos, durante horas, esperando para cobrar su jubilación.

En el contexto actual de la pandemia, la discriminación por edad se ha hecho más notoria por las disparidades en la protección social y de atención médica, o la ausencia de reconocimiento de la capacidad de una persona para la toma de decisiones por el solo hecho de ser mayor. Los expertos en derechos humanos de la ONU han advertido sobre estos aspectos, considerando que no debe haber excepciones cuando necesiten servicios de salud, debiendo ser respetadas las garantías fundamentales de los mayores.

Hacia un paradigma de derechos

El Preámbulo de la Convención Interamericana sobre la Protección de Derechos humanos de las Personas Mayores de 2015 señala que tienen “los mismos derechos humanos y libertades fundamentales que otras personas”, incluido el de no verse sometidas a discriminación fundada en la edad ni a ningún tipo de violencia. Además, se reconoce el derecho a “seguir disfrutando de una vida plena, independiente y autónoma, con salud, seguridad, integración y participación activa en las esferas económica, social, cultural y política de sus sociedades”. Por eso, se plantea “la importancia de facilitar la formulación y el cumplimiento de leyes y programas de prevención de abuso, abandono, negligencia, maltrato y violencia contra la persona mayor”.

Como sociedad debemos fomentar la cultura del buen trato a través de la educación, la sensibilización y la visibilización. No podemos pensar a los mayores como un colectivo homogéneo, basado en el criterio de edad, desconociendo sus singularidades y posibilidades.

Es una cuestión que nos compete a todos, cualquiera sea la edad. Los mayores, a su vez, deben empoderarse haciendo respetar y reconociendo los derechos que tienen como ciudadanos.

Diseño: Laura Caturla

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