Puentes entre pantallas

Por Fernando Graffigna, María Belén Chilano, María Luz Muraciole y Yanina Frezzotti*
El equipo de profesionales que conformamos el nuevo Centro de Investigación y Prevención de Riesgos Digitales (CIPRED) hace años que venimos trabajando con niños, niñas y adolescentes de nuestra región. También con docentes, familias y profesionales. Entre ambos grupos, lamentablemente, encontramos una brecha que comienza a tornarse impostergable.
Detrás de las encuestas, los talleres, los grupos de discusión y las entrevistas que hemos realizado, siempre aparece la misma historia dolorosa: chicos y chicas que soportan riesgos y violencias facilitadas por las tecnologías durante meses, o incluso años, sin contárselo a ninguna persona adulta; situaciones de acoso, control, humillación o abuso en plataformas digitales que prefieren callar por temor a la respuesta del entorno. “No quería preocupar a mis viejos”, “Me daba vergüenza”, “Pensé que no me iban a creer”, “Tenía miedo de que me sacaran el teléfono”. Estas frases se repiten con una frecuencia que inquieta. Mientras tanto, las personas a cargo del cuidado seguimos pensando que “eso de las redes” es un tema menor, una cuestión de “exceso de pantallas” o simplemente “cosas de chicos”.
Esta desconexión es uno de los mayores problemas que enfrentamos hoy. Existe una desigualdad generacional profunda en la comprensión de lo que significa crecer en la era digital, donde las fronteras entre lo público y lo privado se redefinen todo el tiempo. Los adolescentes no están “un rato” en internet: ahí construyen su identidad, sus vínculos afectivos, su reputación social y gran parte de su vida emocional. Es donde viven, se muestran, sufren, aman, se comunican, se divierten y se critican. Para ellos, lo virtual no es un complemento de lo real; es parte constitutiva de su realidad.

Los adultos, en cambio, muchas veces observamos ese mundo desde afuera, con desconfianza, con desconocimiento o con una mezcla de ambas. Esa distancia genera un vacío de cuidado peligroso. Cuando algo grave ocurre —acoso sistemático, difusión de imágenes íntimas, grooming, control en el noviazgo—, los jóvenes no encuentran fácilmente a quién acudir. Y el silencio se vuelve su principal estrategia de supervivencia.
Frente a esta realidad, cobra pleno sentido la creación del CIPRED (UNNOBA), en el ámbito del Instituto de Política y Gobierno (IPG), un espacio pensado para tender puentes concretos entre el mundo de los adultos y el de las nuevas generaciones. Así, el Centro nace con la convicción de que la universidad pública debe cumplir un rol activo y comprometido: producir conocimiento riguroso sobre lo que realmente está ocurriendo, formar a docentes, familias y profesionales, y generar herramientas útiles que ayuden a cerrar esa distancia. No queremos solo investigar para difundir artículos científicos entre un público académico. Queremos conocer para intervenir, para capacitar, para escuchar mejor y para acompañar de manera más efectiva.
Porque creemos que necesitamos crear espacios de escucha auténtica, donde los jóvenes sientan que pueden hablar sin ser inmediatamente juzgados o castigados. Necesitamos adultos (padres, docentes, referentes) que estén dispuestos a entender cómo funcionan las dinámicas digitales actuales antes de pretender regularlas, de la misma manera que en generaciones anteriores nuestros padres debían saber conducir si querían enseñarnos. Y por último, necesitamos estudios que no se queden en los diagnósticos alarmistas, sino que entreguen respuestas concretas y contextualizadas a nuestra región.
El CIPRED busca exactamente eso: combinar investigación de calidad con acción territorial. Articular saberes jurídicos, educativos, psicológicos y comunicacionales. Trabajar junto a escuelas, fiscalías, municipios y organizaciones sociales. Y, sobre todo, poner en el centro la voz propia de infancias, juventudes y otros grupos vulnerables para que dejen de ser invisibles. Porque cuidar en la era digital ya no es solo una cuestión de límites o de control parental. Es, fundamentalmente, una cuestión de presencia, comprensión y confianza.

De esta forma, la creación del CIPRED representa una apuesta institucional importante: la decisión de la universidad de no mirar para otro lado frente a uno de los fenómenos sociales más relevantes de nuestro tiempo. Es también una invitación abierta a toda la comunidad: a docentes, familias, profesionales y jóvenes a sumarse, a participar, a construir juntos. Porque mientras haya alguien sufriendo en silencio, nuestra responsabilidad como sociedad sigue pendiente.
En conclusión, es hora de acortar distancias. Es hora de tender puentes.
*Fernando Graffigna, director del CIPRED. Abogado y especialista en cibercrimen. Secretario de Fiscalía de Cámara y titular de la Ayudantía Fiscal especializada en Delitos Conexos a la Trata de Personas, Ciberpedofilia y Grooming del Ministerio Público Fiscal de la Provincia de Buenos Aires (Departamento Judicial Junín).
María Belén Chilano, codirectora del CIPRED. Abogada y doctoranda en Derecho con especialidad en Derecho a la Intimidad.
María Luz Muraciole, a cargo del área de Educación del CIPRED. Licenciada en Psicopedagogía y responsable de la Escuela Municipal de Robótica de la Municipalidad de Junín.
Yanina Frezzotti, a cargo del área de Investigación del CIPRED. Doctora en Comunicación y directora del equipo multidisciplinario “Juventudes y pantallas”.