Diálogo, trabajo en equipo y por proyectos: cómo es la Escuela Secundaria de la Universidad

Está orientada en Ciencias Exactas y Naturales, con pocas materias y amplia carga horaria. El arte, el deporte y los idiomas tienen un espacio específico, como parte de la formación integral del estudiante.

Desde que la Universidad anunció la creación de una escuela secundaria en la ciudad de Junín la noticia se esparció como un viral de los nuevos tiempos. Rumores y preguntas, familias sorprendidas, alumnos con ojos encendidos. Es que la educación secundaria es desde siempre un terreno de múltiples demandas y tensiones, entonces la creación de oferta educativa genera expectativas de todo tipo.

En febrero de 2018 se inició el ciclo lectivo de la Escuela Secundaria de la UNNOBA, con sesenta alumnos, divididos en dos cursos de primer año. La matrícula se irá completando con el paso de los años hasta llegar a los seis que constituyen el nivel secundario.

Para conocer algunas de las características de este proyecto y explorar el ideario que lo sostiene, El Universitario dialogó con Pilar Traverso, prosecretaria Académica de la Universidad, y con Juliana D’Andrea, a cargo de la coordinación académica de la Escuela.

La aventura educativa

Un primer aspecto a considerar es qué motiva a la Universidad a incursionar en un proyecto de este tipo. “En primer lugar hay que tener en cuenta en qué momento del desarrollo de la Universidad nace la idea de una escuela secundaria. Este proyecto ya lleva más de cuatro años desde las primeras conversaciones. Surge cuando la UNNOBA ha alcanzado cierto grado de desarrollo en cuanto a su oferta académica y luego de trabajar fuertemente en la articulación entre niveles, con la consolidación de proyectos con las escuelas de la ciudad, como la EES N° 5, y con muestras y actividades para estudiantes, como es TEC-UNNOBA”, señalan.

“En este escenario, de ya estar con un pie en el secundario, es que surge este proyecto”, enfatizan desde la Secretaría Académica. Y agregan: “Por supuesto que como a la escuela secundaria se le pide de todo, hay una problemática a resolver. Debe preparar para la universidad, para el mundo del trabajo, terminar la instancia formativa y socializadora. Es un nivel muy exigido y además no hay que olvidar que en Argentina la escuela secundaria es obligatoria, lo que reconfigura el mapa educativo”.

Modelo para armar

-En Argentina existen otras escuelas que dependen de universidades, ¿qué relación tuvieron con esas experiencias y qué aspectos consideraron para el armado de este proyecto?

-Muchas escuelas universitarias en Argentina tienen la impronta de la formación de la élite, plantean su acceso a través de un examen. Eso implica que van a entrar los mejores, y generalmente los mejores son los que tuvieron las mayores oportunidades económicas, porque para esos exámenes existe toda una industria paralela de centros de preparación. Nunca estuvo en nuestro horizonte ese tipo de modelo, sino el de una escuela a la que pudieran acceder todos aquellos que quisieran hacerlo y que estuvieran dispuestos a hacer el esfuerzo, con jornada extendida y todo su modelo de enseñanza. Cuando nos convoca el rector, nos plantea el desafío de no hacer ni una escuela de élite ni una escuela más. Así fue que decidimos implementar el ingreso por sorteo, teniendo en cuenta la relación varón-mujer y garantizando las vacantes de las escuelas de gestión pública.

Aunque la Escuela Secundaria Presidente Domingo Faustino Sarmiento de la UNNOBA está anclada territorialmente en la provincia de Buenos Aires, no depende de su jurisdicción educativa, por lo tanto el marco curricular establecido se desprende de los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) establecidos a nivel nacional. “Por supuesto que tenemos mayor afinidad con los diseños curriculares de la provincia, porque es donde estamos insertos, y porque además debe garantizarse la movilidad de los estudiantes por la infinidad de situaciones familiares que puedan surgir”, explican las funcionarias. Agregan que de modo administrativo la Escuela depende de la Secretaría Académica de la Universidad, y que la máxima autoridad responsable de la institución es el rector de la UNNOBA.

Innovación en el aula

-¿Qué impacto esperan que tenga en la formación de los alumnos la orientación en Ciencias Exactas y Naturales de la Escuela?

-La escuela secundaria tiene que tener en su ciclo superior una orientación, eso es parte de los lineamientos nacionales. A ese lineamiento le agregamos un diseño curricular simple y muy flexible, por competencias y por proyectos, no con una infinidad de espacios curriculares sino con pocas materias, con mucha carga horaria en cada espacio y con un trabajo muy fuerte sobre las competencias básicas, fundamentalmente de lengua y matemática.

-¿La relación con la Universidad implicará reforzar la función propedéutica de la enseñanza, esto es propiciar la continuidad en los estudios superiores?

-La aspiración es que todos los graduados de la Escuela sean luego estudiantes universitarios, pero es algo que no se limita a esta escuela en particular, es una voluntad del sistema universitario que cada vez más estudiantes secundarios lleguen a los estudios superiores, aunque esto no va en desmedro de las otras funciones de enseñanza de la escuela secundaria.


-¿Cómo piensan desarrollar las innovaciones en el nivel pedagógico?

-Hay dos aspectos que son condición de posibilidad de la innovación. El primero es el trabajo en equipo. En el marco de la discusión de un equipo, de poner en práctica distintas estrategias, de poder hacer el seguimiento del material que se produce, es que puede pensarse la innovación. El otro aspecto es el acompañamiento de la trayectoria del estudiante durante los seis años, porque es muy diferente a la responsabilidad aislada sobre un curso que empieza en febrero y termina en diciembre, ya que después se olvida porque le toca a otro. Una organización que abarca la responsabilidad de los seis años permite tanto recuperar lo bueno que se hizo como también corregir a partir del conocimiento de lo realizado. Esas son las condiciones de posibilidad de la innovación, no es algo que tenga que ver sólo con aspectos de la tecnología.

-De todos modos, es un cambio que implica un desafío enorme para los docentes, romper esa tradición educativa del trabajo individual.

-Pero además está el hecho de que el saber no esté compartimentado: sale una materia y entra otra. El sistema muchas veces no propone que se entienda que es un mismo estudiante el que está ahí, al que le van pasando los profesores por delante. Por eso también pensamos una estructura edilicia que va a facilitar romper con esto: el alumno va a entrar al aula de cierta materia y va a transitar todo el edificio. Por ejemplo, en esa aula va a cursar Lengua y va a encontrar al equipo docente, tendiendo a reconocer al equipo y no sólo a una persona. Cada lugar, cada aula, tiene sus características propias y está adaptada al espacio de conocimiento que allí se trabaje, con distintos recursos según las decisiones de los docentes para darle al espacio una impronta.

-¿Esto incluye también cambios en el mobiliario?

-¡Sí! Los estudiantes no están sentados en filas ni en bancos individuales uno atrás de otro, sino que existen mesas grandes para promover el trabajo en grupo, con ruedas para permitir el movimiento, de modo que el aula no tiene una configuración fija, porque no todas las actividades son iguales. Es lo que muchos docentes, mediante un esfuerzo enorme, tratan de hacer en otras escuelas con los recursos que tienen. No estamos, ni mucho menos, inventando el trabajo en grupo, pero la diferencia es que acá se pensó el edificio a partir de una forma de trabajo.

Además de contar con aulas temáticas o por “asignatura”, la Escuela tiene un espacio dedicado al comedor, ya que “al ser de jornada extendida se prevé un desayuno y un almuerzo dentro del horario escolar”. Otro aspecto edilicio a destacar es que cuenta con su propio espacio polideportivo, de modo que las actividades deportivas se realizan sin necesidad de salir del predio escolar.

Hacia una formación integral

-Dentro de la oferta curricular estarán teatro y música, son decisiones poco convencionales, ¿cómo llegan a esta elección?

-Se trata de dejar de pensar en la educación del estudiante sólo de los hombros para arriba. Para eso está la formación artística, que tiene que dialogar también con lo deportivo. Lo artístico va a ir cambiando a lo largo de los años, se incorpora música y plástica, luego tendrán teatro, y la posibilidad de optar por estos espacios a medida que la escuela vaya creciendo. El valor de la formación artística está definido por ser un espacio de creación, en el que se permita desarrollar todo el potencial creativo. Y también está la educación en lenguas extranjeras, como aspecto integral, pero en su aspecto formativo y no en su valor instrumental en tanto lengua para el comercio o para el intercambio profesional. Pensar el valor formativo que tiene aprender una lengua extranjera implica la flexibilidad que aporta a nivel cognitivo, la capacidad de pensar en más de un código, desde una concepción del mundo diferente a la propia.

Por último, desde la Secretaría Académica, Pilar Traverso y Juliana D’Andrea destacaron que la problemática de la deserción escolar será un punto clave para abordar de modo permanente: “Queremos trabajar con la alerta temprana. La deserción va dando signos, los chicos no dejan la escuela de un día para el otro, hay señales para tener en cuenta. Ver por qué faltan, qué podemos hacer y abordar el problema del rendimiento”. Por eso plantean trabajar desde un equipo de tutores que, junto a los equipos de docentes, realizarán los seguimientos de manera conjunta. “La idea es que tanto profesores como tutores estén alerta. Aspiramos a que haya mucho diálogo entre los equipos de las distintas materias para abordar los problemas de los alumnos”, expresaron.