Mujeres y teletrabajo

Ellas combinan trabajo remoto, con las tareas del hogar, la atención de hijos y las demandas de aprendizaje escolar.

Por Danya Tavela

Vicerrectora de la UNNOBA y miembro actual de la CONEAU. Secretaria (2017-2018) y subsecretaria de Políticas Universitarias (2015-2017) de la Nación. Docente de grado y posgrado

La situación que el mundo vive a partir de la pandemia trajo consigo cambios diversos en la cotidianeidad, muchos de los cuales habrán llegado para prolongarse o instalarse de manera definitiva en nuestras rutinas. Las modificaciones que se producen en los ámbitos sociales, políticos y económicos impactan sobre nuestras familias, la educación, el trabajo y en nuestra vida social.

En estas circunstancias lo que conocemos como teletrabajo, home office o trabajo remoto se perfila como la modalidad laboral para las instituciones y empresas de todas partes del mundo que puedan llevar adelante su actividad a través de esta alternativa.

Home office es la modalidad que han adoptado empresas e instituciones de todo el mundo.

Es menester destacar que esta modalidad no puede implementarse de forma generalizada, sino por el contrario debe aplicarse en aquellos sectores donde sea posible. A su vez debe garantizar las mejores condiciones para las trabajadoras y trabajadores, respetando las condiciones en las que se encuentran ya que además tienen que establecer sus propias pautas de ubicación, buenas prácticas y rutinas.

Desde la organización es necesario garantizar el respeto hacia el horario y dejar con claridad establecidos los resultados esperados. Además, ambas partes deben conocer y contemplar las normas formales e informales que regulan el trabajo, las expectativas  y los resultados esperados.

Se observa, no obstante, que el teletrabajo como nuevo espacio se inaugura sin contemplar la realidad actual de la mujer y su rol en el cuidado de la familia y del hogar. Además, en el marco del aislamiento social obligatorio, reduce sus posibilidades de dedicación “exclusiva”, al menos durante algunas horas al trabajo, y de tener ámbitos o espacios separados (trabajo y vida familiar), lo que al menos a priori define una nueva desigualdad sobre la que debemos profundizar el análisis y su estudio.

Las mujeres que hoy enfrentan este desafío combinan trabajo remoto, en un gran porcentaje, con las tareas del hogar, la atención de hijos y las demandas de éstos de aprendizaje escolar.

 

Esto obedece a varias razones, algunas de ellas culturales, otras referidas al tipo de trabajo desarrollado, pero también a condicionamientos propios autoimpuestos, obtenidos por siglos y siglos de educación y cultura basadas en la desigualdad de género. Es importante pensar y reflexionar sobre cómo las mujeres podemos administrar y liderar este proceso de cambio y sostener los derechos adquiridos. Garantizar la distribución igualitaria de tareas, fomentar la cooperación y colaboración intrafamiliar y establecer rutinas adecuadas de trabajo, resultan fundamentales ya que también atribuyen al equilibrio físico emocional necesario en estos tiempos.

Estamos ante una oportunidad: la oportunidad de aprender y diseñar un nuevo espacio de trabajo que podrá ser muy útil también en otras etapas de nuestras vidas ya que, para quienes tienen las condiciones tecnológicas y las competencias puede servir para achicar condiciones de desigualdad en un mundo incierto y diverso.

Esta modalidad obligó a diseñar espacios para el teletrabajo que resultaron funcionales, tanto que en algunos casos pueden ser  cambios definitivos en la geografía hogareña.

No obstante, frente a la incertidumbre que nos plantean estas nuevas formas no debemos olvidar que un alto número de mujeres son discriminadas en sus accesos laborales, que sigue existiendo una profunda brecha salarial y de desarrollo de carreras profesionales y que, fundamentalmente, las condiciones de aislamiento obligan a mujeres y niños a convivir en situaciones de abuso y violencia física.

Los resultados de estudios realizados en países donde el aislamiento está comenzando a flexibilizarse señalan que las mujeres, frente a esta nueva modalidad, han dispuesto mayor tiempo para las tareas domésticas o del cuidado de niños, que descansan menos horas que en sus rutinas habituales y que han perdido posiciones respecto de la corresponsabilidad de tareas hogareñas.

En nuestro país aún estos datos se encuentran en etapa de recolección e incluso incipientes análisis parecen descubrir situaciones similares. El estudio de estas variables permitirá obtener conclusiones y dará pie a las medidas y garantías que deberemos exigir las mujeres en este nuevo método de trabajo.

 

Esta experiencia funcionará como una suerte de ensayo para saber si las mujeres pueden seguir creciendo profesionalmente trabajando desde sus casas.

A nivel mundial, la crisis ha demostrado que las mejores decisiones fueron tomadas por líderes mujeres, quienes han podido administrar y controlar la pandemia en sus países para el bienestar de sus sociedades. Por ejemplo, Angela Merkel no dudó en contarle a su población que el 70 por ciento de los ciudadanos contraerían la enfermedad y promovió pruebas masivas, obteniendo mejores resultados que en muchos países. También fue rápida la respuesta de Jacinda Ardern,  primera ministra de Nueva Zelanda, quien decidió de manera temprana cerrar su país y llamó al autoaislamiento, con sólo seis casos, junto con la prohibición de la entrada de extranjeros.  Por su parte, Sanna Marin, la jefa de Estado más joven del mundo, posicionó a Finlandia entre los países que tienen a los influencers de distintas edades como voceros para difundir información científica sobre los efectos de la pandemia.


Diseño: Laura Caturla