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La modalidad virtual en el contexto de la pandemia. Dos historias de vida, orgullo y sacrificio UNNOBA.

Por Luciano Toledo

Caía la tarde. A 30 kilómetros de Junín, en una zona rural del noroeste de la Provincia de Buenos Aires, él se acomodaba frente a la computadora para rendir un parcial de la materia Topografía. Hacía días que la conectividad de internet fallaba, y eran pocos los datos que llegaban al celular.  Se puso nervioso, pero no lo dudó. Apoyó una escalera a la pared y subió al techo de su casa, necesitaba buscar señal. Cuando el archivo marcó “enviado”, Pablo Regés, estudiante de Ingeniería Agronómica, pudo respirar en paz.

Pero la historia de Pablo con la educación arranca mucho antes de la virtualidad en contexto de pandemia. En esa zona rural, la escuela mas cercana quedaba a unos 15 kilómetros y los días de lluvia, por el barro y la distancia, la camioneta se encajaba y no podía asistir. Entre todos los cursos no superaban los cuarenta estudiantes. En aquel ambiente de contención fue forjando su futuro, el abanderado Regés.

El padre se encargaba de las tareas agropecuarias mientras Pablo juntaba los huevos de las gallinas, para que la madre pueda preparar el pan. Por las noches se iluminaban con velas y lámparas a kerosene. Desde chico relacionado a las labores rurales, aun desconocía que se estaba forjando entre esas tareas el primer universitario de la familia. Pablo investigó desde su computadora y, junto al apoyo de la directora de la escuela secundaria, decidió anotarse en Ingeniería Agronómica: “La UNNOBA me brindaba una posibilidad que desconocía, con una oferta amplia y cerca de mi casa”. Antes de terminar el nivel secundario, ya estaba realizando el curso de ingreso a la Universidad, “para ir adquiriendo ritmo y conocimiento académico”, en palabras de Regés.

En el 2017, año en que finalizó sus estudios en la escuela, su hermano Javier terminaba el nivel primario. Fue anotado para ingresar a la Secundaria UNNOBA, y salió sorteado. Los hermanos pasaron de una vida rural al aire libre, a un departamento en la ciudad de Junín. “Fue muy duro el primer tiempo, nos mudamos solos y me costó mucho la adaptación, pasé de la naturaleza a estar entre cuatro paredes”, recuerda.

A través de la Secretaría de Bienestar pudo obtener las becas de transporte, y la que corresponde al programa Primer universitario de la familia. “Es un aporte y una ayuda que facilita el día a día en la Universidad”, comenta.

Con el ímpetu incansable y una buena base de formación secundaria, Pablo Regés encaró la nueva etapa con un alto nivel de exigencia, que lo llevó a la frustración: “Yo quería llevarme por delante la carrera, la desmotivación me llevó a querer abandonar, pero el apoyo de mi familia hizo que siga estudiando. Me había decepcionado al no poder aprobar todas las metas que me había propuesto, tuve que cambiar el pensamiento y bajar la exigencia”.

El día que conoció el Campo Experimental Las Magnolias de la UNNOBA y sus instalaciones, a través de la asignatura “Realidad Agropecuaria”, sintió que algo lo relacionaba con su origen, con su esencia. “Sentí que volvía a mi hábitat, a mi lugar. Fue la primera relación con la naturaleza dentro de la Universidad. Entendí que la carrera me iba a demandar el tiempo que necesitara para aprender, entender y relacionar los distintos temas de las materias”.

El 19 de marzo Pablo Regés junto a su familia cenaban frente al televisor en el departamento de Junín, cuando el presidente Alberto Fernández anunció el DNU, que fijaba un aislamiento social, preventivo y obligatorio por tiempo indeterminado. Al otro día juntó todo el material bibliográfico, cuadernillos, fotocopias y la computadora y volvió al campo, su lugar. “Sentí que estaba preparado para enfrentar la nueva modalidad”, recuerda.

La primera experiencia de Pablo con el entorno virtual había sido en el curso de ingreso semipresencial que ofrece la UNNOBA. Cada quince días asistía a la cursada, pero durante la semana resolvía los cuestionarios en formato múltiple choice, a través de la plataforma virtual. Pero los tiempos y el contexto de pandemia la Universidad implementó el Plan de Continuidad Académica, que garantizaba la enseñanza y el aprendizaje mediante el entorno virtual a los estudiantes de todos los niveles (https://plataformaed.unnoba.edu.ar/).

Pablo Regés (estudiante de Ingeniería Agronómica) junto a su familia y el rector de la UNNOBA.

En la zona rural, el servidor de internet más cercano a la casa de Pablo está en el pueblo de Agustina, a unos 15 km.  Al momento de rendir un parcial de la materia “Topografía”, la conectividad era baja, y no podía subir el examen a la plataforma. Pablo se comunicó con el docente y le hizo saber su situación, le dieron la posibilidad de enviarlo por correo electrónico. Fue ahí que decidió buscar señal en la parte mas alta de la casa, el techo. “Lo más importante de todo: ¡el examen lo aprobé!”, relata.

Pablo Regés destaca a su trabajo con la virtualidad como positivo, más allá de las dificultades propias de su conexión. Participó en los dos encuentros en los que los estudiantes de Junín y Pergamino relataron su experiencia con la virtualidad, para poder evaluar las acciones realizadas en el primer cuatrimestre y planificar las estrategias necesarias para gestionar mejoras.  El primero, en el que también participó el rector Tamarit, fue organizado por el Centro de Estudiantes . El segundo, fue una actividad de Secretaría Académica de la UNNOBA y del área de Educación Digital. Además, en la misma línea sugirió pequeñas mejoras sistemáticas, que se solucionaron: “Siento que  fui escuchado, y que se resolvió mi inquietud. Para mí no solo es orgullo, sino honor formar parte de la UNNOBA, que nos escuchen y ayudemos a generar cambios positivos en base a lo que planteamos”, agrega.

Hoy tanto Pablo como su hermano Javier, que cursa por videoconferencia las clases de la Secundaria UNNOBA, se turnan para el uso de la computadora y el celular que disponen para enfrentar la virtualidad. La empresa proveedora de internet, le sugirió a la familia algunas mejoras  técnicas, “cambiamos la antena y mejoramos la señal, ahora tenemos todo el material adecuado para encarar el segundo cuatrimestre”, aporta Regés.

Pablo destaca a la UNNOBA como un segundo hogar y, ante todo, remarca el apoyo de su familia y de la Universidad para poder solventar sus estudios: “La escucha, el apoyo y la contención son continuos. En este mundo nuevo y distinto para mí, me abrieron las puertas de la institución y me brindaron todas las herramientas que yo necesito para formarme y seguir estudiando”.

El esfuerzo de Julieta

El viernes 27 de marzo ella pensó en vivir un fin de semana completo, celebrar su cumpleaños y recibirse de Licenciada en Genética. Pero una semana antes se decretaba el Aislamiento social, preventivo y obligatorio. La beca doctoral interna CONICET, le exigía el 30 del corriente mes, como fecha límite para poder recibirse. Obtuvo la extensión del plazo, y con el apoyo de la UNNOBA, en medio de un contexto de incertidumbre, le llegó la confirmación: Julieta Belén Grosso iba a rendir, pero de modo virtual.

Julieta nació en la ciudad de Pergamino y por cuestiones de amistad, al finalizar la primaria, decidió continuar sus estudios en la Escuela de Educación Secundaria Agraria N° 1 “Ingeniero Arg. Lorenzo R. Parodi”. No tenía relación con el mundo agropecuario, pero al descubrir la biología y la biotecnología empezó a perfilar su futuro, que se terminó de cerrar cuando realizó una pasantía en INTA Pergamino sobre el mejoramiento genético de las plantas. Había una idea concreta y una oportunidad: la UNNOBA ofrecía en su ciudad la Licenciatura en Genética. Y en 2016 ingresó a la Universidad.

Hija única, a la primera universitaria de la familia, todo lo relacionado al estudio le resultaba fácil de resolver. Así y todo, ingresar a la UNNOBA le resultó un cambio significativo: “Venía acostumbrada a una gran carga horaria y pude encontrar un espacio con un fuerte compromiso por formar profesionales de calidad. Y entendí que debía aprender para saber, ante todo, y no para aprobar”.

Julieta destaca que no importa el ámbito de trabajo, “a mí me gusta la Genética”. Primero pensó en perfilar su búsqueda hacia las plantas, pero con la biología celular y molecular comenzó a visibilizar determinadas funciones, que llegaron a conmoverla y ayudaron a ratificar su elección: la reproducción asistida.

La cursada finalizaba y llegaba el momento de pensar en el trabajo de tesis. Leyó, investigó y decidió perfilar la búsqueda en la elaboración de un kit de diagnóstico para medir el éxito de la reproducción asistida en las parejas que están en la búsqueda de tener un hijo. “Muchas veces las parejas se frustran porque las técnicas llevan a un proceso de fracasos, donde generalmente se descarta a la mujer. Y lo que necesitamos saber es si en el hombre el espermatozoide es de calidad y puede generar un embrión, entonces buscamos los distintos factores que llevan a esa infertilidad”, explica.

El Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario (IDISER), en una vinculación de trabajo con el ámbito público/privado, le brindó los insumos y el espacio necesario para llevar adelante el trabajo de tesis. Julieta adelantó materias del año 2019, finalizó la cursada y se mudó a Rosario. Le quedaban ocho finales cuando surgió la posibilidad de presentarse para una beca doctoral. El problema era que tenía que recibirse antes del 30 de marzo. Entonces se puso a estudiar precipitadamente para poder cumplir con todos los requisitos.

Julieta en la defensa de su trabajo final de Grado a través de la plataforma virtual de Educación Digital de la UNNOBA.

“Me pasé todo enero y febrero en Rosario dentro del laboratorio, sin vacaciones, preparando los finales y la tesis”, recuerda. Pero la notificación que confirmaba la obtención de la beca aún no había llegado. Y al tener pocos antecedentes laborales, solo ayudantías en cátedras, su expectativa era baja. Hasta que una tarde, en medio del calor del verano, la directora de la tesis le mostró la lista de los seleccionados, y ahí estaba su nombre: Julieta Belén Grosso. “Ni bien vi mi nombre fue todo felicidad. Pero duró unos minutos, porque tenía que sentarme a estudiar, procesar datos y ponerme a escribir”, recuerda.

Trabajaba en el laboratorio cuando escuchó sobre un virus y una enfermedad, COVID-19, que acechaba a gran parte del mundo. Se declaró la cuarentena, y corrían fuertes rumores de una posible suspensión del transporte de larga distancia: “Yo aun esperaba recibirme presencialmente, así que enseguida viajé a Pergamino, con la ilusión de poder rendir”. Pero todo plan inicial se vio modificado. Julieta iba a rendir la defensa de la tesis, pero de modo virtual.

En el Barrio Maiztegui, ubicado en las periferias de la ciudad, la conectividad tiene un alcance irregular y la señal de telefonía celular llega baja. “Todo carga lento, y requiere de paciencia”, dice Julieta, que días antes de rendir llamó al servicio técnico para intentar resolver los problemas. Cambiaron de proveedor y todo mejoró. Pero se acercaba la fecha y nuevamente la conectividad volvía a fallar.

En menos de tres días armó la presentación. La practicó, la directora de tesis le hizo las devoluciones y realizó las modificaciones pertinentes. Temiendo la peor situación posible Julieta decidió unos días antes, instalarse en la casa de sus tíos, en el centro de la ciudad.

Sin alteraciones en la conectividad, el reloj marcó 14:30, y llegó la hora de rendir. De pantuflas frente a la computadora con los directores y el jurado, defendió su trabajo final: Evaluación de tiARNs como potenciales nuevos biomarcadores seminales con utilidad pronóstica en tratamientos de reproducción asistida.

Hizo la defensa, le pidieron que cierre la plataforma, se desconectó y tuvo que esperar unos minutos para la devolución. No recuerda si fueron diez minutos o media hora. Pero en ese tiempo de nervios e incertidumbre luego de la exposición, tuvo una idea, hacer una videollamada con sus compañeras de carrera, esperaba la resolución con el teléfono abierto. Pasó la ansiedad, superó los nervios y se volvió a conectar. En otra habitación de la casa, con carteles a su nombre, esperaba su familia. Con un diez (10) y a través de la plataforma virtual de Educación Digital, Julieta Belén Grosso egresó como Licenciada en Genética.

Ella eligió la UNNOBA, y hoy la destaca por su calidad docente, la organización y el acompañamiento: “Ya sea en la presencialidad como en la modalidad virtual, siempre me sentí contenida. Desde mi propia experiencia puedo afirmar que la UNNOBA tiene todo el potencial para ser una de las mejores universidades del país”.


Diseño: Laura Caturla