Yo, enfermera

Por Luciano Toledo

No recuerda cuántas, pero fueron muchas. Durante su niñez, cada vez que presentaba un cuadro por enfermedad respiratoria o crisis convulsiva, la internaban.  Inyecciones, cables, suero, el sistema sanitario le llamaba la atención. Ella reconoce una sensibilidad hacia el sufrimiento y un acercamiento inconsciente. Hoy, Luciana Molina tiene 34 años, es docente y licenciada en Enfermería.

Nacida en Los Toldos, su padre era panadero y realizaba acciones solidarias. Cuando llegaba la fecha de Reyes, su madre preparaba regalos para los vecinos, y le decía: “Por más que uno haga un aporte pequeño, puede cambiarle el día a otra persona”. El reconocimiento del "otro" como sujeto social, era algo natural. Su idea inicial fue estudiar Medicina, no pudo instalarse en Buenos Aires, y eligió Junín. En 2005 comenzó a cursar Enfermería, y confirmó su futuro: “Al conocer la carrera pude ver el abordaje del usuario, su familia y la comunidad con una perspectiva holística. Descubrí la parte social, psicológica y cultural”.

En su paso por la formación no realizó simulación previa en laboratorio. Las primeras prácticas fueron en contacto con el sujeto inserto en su contexto comunitario, la elaboración de entrevistas, la obtención de datos socio-sanitarios y la realización de análisis. Descubrió otra área de competencia: la investigación.

Al recibirse dio los primeros pasos en la función asistencial del área de Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Municipal de General Viamonte, donde además llevó a cabo su tesis de grado "Capacitación en servicio para la posterior formación de un servicio en Neonatología". "El objetivo era trasladar los conocimientos adquiridos a mi ciudad para permitir mejorar la calidad de atención en los recién nacidos”.  En la institución se desempeñó como Supervisora General de Enfermería hasta el 2020.

Era enero y estaba de vacaciones. Esperaba volver a Argentina y en el Aeropuerto de San Pablo vio que los medios hablaban de protección y campañas de prevención por un virus que acechaba a Asia y parte de Europa. “Ahí me dije: 'acá hay algo raro'. Pero escuchaba al ministro de Salud de la Nación y pensaba que era una gripe, que no nos iba a impactar tanto. Lo menosprecié, lo minimicé”.

Con el primer caso que se presentó en Los Toldos, Luciana ya no trabajaba en el Hospital, realizaba funciones de gestión en una institución privada de la ciudad. Pero al poco tiempo el número aumentó. “Los primeros contagios que se produjeron en el equipo de salud se dieron por varios factores, entre ellos pacientes que ingresaban por otro diagnóstico y presentaban sintomatología posterior y personal de salud que prestaba servicio en ambas instituciones, privada y pública”, recuerda.

Una semana antes de contagiarse Luciana Molina alertó a las autoridades. Notó falencias en la comunicación y en el manejo. Y los pacientes, que después arrojaron resultados positivos, terminaron contagiando. Ante la necesidad, comenzó a atender y a ayudar al personal de enfermería. Entró a terapia intensiva con el equipo de protección personal (EPP), y tuvo contacto con pacientes de piso. A los pocos días sintió un leve dolor corporal, que lo asoció al estrés, hasta que apareció la fiebre. “Aislé a mi pareja y quedé sola en casa, yo me controlaba, tenía tensiómetro, saturómetro de oxígeno… Pero cuando quería levantarme de la cama, me caía, me faltaba el aire. Tuve un desmayo por deshidratación, astenia y terminaron internándome. Me desmayé cuando fui a hacerme los análisis, en el hospital. Quedé internada un par de horas, pero estuve 12 días en la cama, porque solo podía levantarme para ir al baño”.

Luciana Molina (izq.) tiene... años
Luciana Molina (izq.), con 34 años, se contagió de COVID en la práctica de su profesión. Después de un mes de su recuperación, aun siente malestares físicos.

El alta clínica se la dieron a los 17 días, pero seguía con dolor articular y dolor de espalda: “Tenía mucho cansancio, que aún, habiendo pasado un mes desde que me enfermé, sigue estando. No tengo el mismo ritmo que antes. El cansancio perdura por un mes o dos meses, más o menos. A veces hace afecciones cardiológicas o cardiopulmonares. Esa es la incertidumbre en realidad, porque no se sabe qué es lo que te produce (la COVID) y en qué te puede afectar.”

Luciana Molina destaca que durante la pandemia el profesional de enfermería, como todo el equipo de salud, no recibe la contención psicológica acorde a lo que vive a diario. “En el interior de la provincia y en las localidades chicas no hay Unidades de Cuidados Críticos con gran número de camas, y tampoco personal calificado para llevar a cabo este tipo de cuidado intensivo que requiere el paciente con COVID-19. Esto conlleva a que el personal de salud, ante la demanda, deba atender pacientes con el regular conocimiento que se requiere para este tipo de casos. Así, aumenta el nivel de estrés, sumado al incremento de la carga horaria, la ausencia de vacaciones, y la muerte de los pacientes. No estamos acostumbrados a ver morir sin poder hacer nada, estamos acompañando a morir, lo cual es muy duro para el enfermero y el equipo de salud”.

Si bien reconoce el seguimiento personal y el acompañamiento de los pacientes, la licenciada Molina se replantea la necesidad de arriesgar su vida. “Yo siempre pienso que la pandemia es así, uno tiene que arriesgar la vida por el otro sin ser reconocido. Uno no busca el reconocimiento social, pero nosotros tenemos uno de los sueldos más bajos en salud, y el personal de enfermería está arriesgando su vida y la de su familia. Eso también es lo que me replanteaba cuando estaba enferma. La conciencia social es muy importante. Yo hace seis meses que no abrazo a mi mamá, el resto de la gente no lo ve así, porque no lo vive a diario, no entiende la gravedad de la situación”.

"Uno no busca el reconocimiento social, pero nosotros tenemos uno de los sueldos más bajos en salud, y el personal de enfermería está arriesgando su vida..."

La carrera docente de Luciana comenzó con una ayudantía. Actualmente, dicta clases en cinco materias de las carreras de Enfermería.  Reconoce la necesidad de generar conocimiento científico y atribuye esta falencia a las condiciones laborales a las que está sujeto el personal de enfermería: “Generalmente la enfermera, al tener bajo sueldo, lo que hace es realizar funciones asistenciales. Al prestar jornadas de 36 a 48 horas semanales, no podemos dedicarnos a la investigación solamente. Por eso, hay muy poca producción por falta de tiempo y falta de financiación”.

Mientras solo el 2% de los enfermeros dentro de la provincia de Buenos Aires están reconocidos como profesionales de la salud, el resto son contemplados como técnicos o administrativos. Luciana resalta que la enfermería es una de las profesiones más complejas al momento de la formación: “Una se forma como persona y  como profesional, es una disciplina que realmente te completa. Todo el tiempo estás ante desafíos, tratando de resolver las cuestiones personales y la atención de los pacientes”.

Molina destaca que la UNNOBA apuesta al crecimiento de la ciencia y la tecnología, y apoya a las profesionales, docentes, alumnas y alumnos. “La exigencia hace a la excelencia. Yo fui la primera egresada de la carrera. Fui la primera enfermera universitaria y la primera licenciada”, rememora.

La docente brinda una perspectiva sobre la particular enseñanza que debe asumir la Enfermería: "Siempre nos estamos formando, y debemos transmitir ese cuidado humanístico. Es lo que trato de brindarle siempre a ese personal que tengo a cargo, a ese alumno: una nueva visión de enfermería, para que ese profesional sea independiente y que realmente tenga autonomía y responsabilidad en la función que va a cumplir”.

La enfermera incansable 

Ella era una niña cuando lo veía levantarse temprano y salir de la casa con el ambo. Marcelo era enfermero, y todas las mañanas se levantaba para ir a trabajar. Eso a ella le fascinaba, ver a su padre en ambulancia, prestar servicio en un centro de emergencia médica. Enseguida entendió lo que quería ser. Muchos años después, Evangelina, en una residencia de adultos mayores, concretó su sueño: ser enfermera y trabajar con su padre.

Evangelina Chavero, con su futuro confirmado, eligió una secundaria que tuviera una orientación biológica, para adquirir conocimientos previos. En el año 2010, junto a nueve compañeras, comenzó a cursar la carrera de Enfermería en la UNNOBA. “Fue un período de formación muy personal, se dio una relación íntima y cercana con los profesores”, agrega.

Tres años después obtuvo el título de Enfermería Universitaria, pero continuó estudiando para acceder a la licenciatura. Con dificultades en la bibliografía y escasez de datos, presentó la tesis: "La adaptación del adulto mayor en la institución geriátrica". Paralelamente dio sus primeros pasos en el ámbito laboral, asistente de salud en una institución privada, Evangelina comenzó en la profesión junto a su padre. “Estaba trabajando como en mi casa", aporta.

Pero su papá quería que ella creciera laboralmente. A los 23 años ingresó en el Hospital Interzonal de Agudos San José de la ciudad de Pergamino. Pasó por la sala de unidad coronaria, terapia intensiva, y actualmente tiene a cargo la coordinación de servicio de la guardia de emergencias. “Cuando entré al hospital era muy joven, me costó, pero con el tiempo me volví más fuerte. Reconforta e impulsa el reconocimiento de los pacientes, el agradecimiento por todo lo que hacés por ellos”.

La primera noticia que Evangelina escuchó sobre COVID-19 fue en el sur de Brasil. Era el mes de febrero y aún no se hablaba de la posibilidad de que el virus llegue a nuestro país. Pero el lunes 30 de marzo, por un cuadro de neumonía bilateral, ingresó al hospital un caso sospechoso. Una semana después la Secretaría de Salud del Municipio de Pergamino en un parte lo comunicó: se confirmaba el primer caso de COVID-19 en la ciudad.

Con el incremento de los casos se puso en alerta al personal de salud. Evangelina continuaba en el hospital al frente de la guardia de adultos. Los pacientes que presentan un cuadro sospechoso ingresan por la guardia respiratoria, de ahí son derivados a la "Sala COVID", que está especialmente preparada para este tipo de casos. “En este contexto en la guardia recibimos a los llamados 'pacientes grises', que pueden presentar síntomas relacionados al coronavirus. Por eso trabajamos con todos los protocolos y medidas necesarias para evitar el contacto directo”, explica.

La licenciada en Enfermería destaca que no todos los enfermeros saben o pueden estar en una terapia, “en una unidad cerrada donde se prestan cuidados a pacientes críticos, que corren riesgo de vida". "Se requiere de una capacitación, y no todos la tienen, es algo que habilita la licenciatura o lo avala la práctica de años”, considera.

Actualmente en la "Sala COVID" del Hospital San José de Pergamino los enfermeros realizan una rotación horaria. “Los turnos son de cinco días laborables y cinco de descanso. Si un personal de enfermería se infecta, se aísla a un grupo, pero el otro sigue trabajando, y la guardia no queda sin servicio”, especifica.

Laboratorio de Experiencias Cínicas Simuladas del IADH

Pero más allá de los cuidados y los protocolos, un sábado de septiembre Evangelina comenzó a sentirse algo cansada, percibió dolores en el cuerpo y las articulaciones: “Era un tipo de dolor que nunca había tenido, no era una fatiga muscular común”. Al otro día una tos seca, rara, comenzó a manifestarse y dio aviso a Epidemiología del hospital. Inmediatamente pasaron a hisoparla.

El 13 de septiembre la docente de la UNNOBA dio positivo para COVID-19. “Durante diez días presenté casi todos los síntomas, excepto dificultades respiratorias. Tuve fiebre elevada, tos, congestión y dolor muscular”, detalla. Dentro del grupo de servicio de la guardia, Evangelina fue la primera trabajadora de salud en dar positivo. Días después, otra compañera del área comenzó a manifestar los mismos síntomas.

El 2019 había comenzado para Evangelina Chavero con una propuesta que jamás esperaba, y no estaba en sus planes: la docencia. La directora del Instituto Académico de Desarrollo Humano de la UNNOBA (IADH) María Mónica Lázaro le propuso una ayudantía de cátedra y comenzó en las materias Enfermería Comunitaria y Enfermería Básica. “Fue menos de un año de modo presencial, porque el contexto de pandemia hizo que las clases se realizaran con la modalidad virtual, y tuve que aprender a manejar plataformas, cuestionarios, y todo un nuevo proceso de trabajo y adaptación”, comenta.

Si bien en la actualidad los estudiantes de Enfermería realizan las prácticas en el Laboratorio de Experiencias Cínicas Simuladas, con mecanismos de simulación a lo que un paciente real, en el marco de la virtualidad Evangelina Chavero lamenta que sus estudiantes no hayan tenido este año prácticas profesionales, “algo que te ayuda realmente a decidir si querés o no ser enfermera, esa confirmación que sólo te da el contacto directo con el paciente”.

Chavero hoy tiene 28 años, está cursando la Especialización en cuidados críticos, y destaca la importancia fundamental y la posibilidad que le brinda la UNNOBA: “Yo pude estudiar viviendo con mi familia, en mi casa, sin tener que irme a vivir a otro lado”, agrega.  Actualmente se encuentra cursando una Especialización en cuidados críticos que brinda la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). Al momento de pensar su futuro destaca el hecho de seguir creciendo como profesional dentro de la Enfermería. “Cuando finalice la formación en cuidados críticos voy a cursar la Especialización en Docencia Universitaria, porque el rol de la enfermera, además de la atención, es mantenerse en un proceso de capacitación constante”.


 

Diseño: Laura Caturla


Conectados

Por Luciano Toledo

Caía la tarde. A 30 kilómetros de Junín, en una zona rural del noroeste de la Provincia de Buenos Aires, él se acomodaba frente a la computadora para rendir un parcial de la materia Topografía. Hacía días que la conectividad de internet fallaba, y eran pocos los datos que llegaban al celular.  Se puso nervioso, pero no lo dudó. Apoyó una escalera a la pared y subió al techo de su casa, necesitaba buscar señal. Cuando el archivo marcó "enviado", Pablo Regés, estudiante de Ingeniería Agronómica, pudo respirar en paz.

Pero la historia de Pablo con la educación arranca mucho antes de la virtualidad en contexto de pandemia. En esa zona rural, la escuela mas cercana quedaba a unos 15 kilómetros y los días de lluvia, por el barro y la distancia, la camioneta se encajaba y no podía asistir. Entre todos los cursos no superaban los cuarenta estudiantes. En aquel ambiente de contención fue forjando su futuro, el abanderado Regés.

El padre se encargaba de las tareas agropecuarias mientras Pablo juntaba los huevos de las gallinas, para que la madre pueda preparar el pan. Por las noches se iluminaban con velas y lámparas a kerosene. Desde chico relacionado a las labores rurales, aun desconocía que se estaba forjando entre esas tareas el primer universitario de la familia. Pablo investigó desde su computadora y, junto al apoyo de la directora de la escuela secundaria, decidió anotarse en Ingeniería Agronómica: “La UNNOBA me brindaba una posibilidad que desconocía, con una oferta amplia y cerca de mi casa”. Antes de terminar el nivel secundario, ya estaba realizando el curso de ingreso a la Universidad, “para ir adquiriendo ritmo y conocimiento académico”, en palabras de Regés.

En el 2017, año en que finalizó sus estudios en la escuela, su hermano Javier terminaba el nivel primario. Fue anotado para ingresar a la Secundaria UNNOBA, y salió sorteado. Los hermanos pasaron de una vida rural al aire libre, a un departamento en la ciudad de Junín. “Fue muy duro el primer tiempo, nos mudamos solos y me costó mucho la adaptación, pasé de la naturaleza a estar entre cuatro paredes”, recuerda.

A través de la Secretaría de Bienestar pudo obtener las becas de transporte, y la que corresponde al programa Primer universitario de la familia. “Es un aporte y una ayuda que facilita el día a día en la Universidad”, comenta.

Con el ímpetu incansable y una buena base de formación secundaria, Pablo Regés encaró la nueva etapa con un alto nivel de exigencia, que lo llevó a la frustración: “Yo quería llevarme por delante la carrera, la desmotivación me llevó a querer abandonar, pero el apoyo de mi familia hizo que siga estudiando. Me había decepcionado al no poder aprobar todas las metas que me había propuesto, tuve que cambiar el pensamiento y bajar la exigencia”.

El día que conoció el Campo Experimental Las Magnolias de la UNNOBA y sus instalaciones, a través de la asignatura "Realidad Agropecuaria", sintió que algo lo relacionaba con su origen, con su esencia. “Sentí que volvía a mi hábitat, a mi lugar. Fue la primera relación con la naturaleza dentro de la Universidad. Entendí que la carrera me iba a demandar el tiempo que necesitara para aprender, entender y relacionar los distintos temas de las materias”.

El 19 de marzo Pablo Regés junto a su familia cenaban frente al televisor en el departamento de Junín, cuando el presidente Alberto Fernández anunció el DNU, que fijaba un aislamiento social, preventivo y obligatorio por tiempo indeterminado. Al otro día juntó todo el material bibliográfico, cuadernillos, fotocopias y la computadora y volvió al campo, su lugar. “Sentí que estaba preparado para enfrentar la nueva modalidad”, recuerda.

La primera experiencia de Pablo con el entorno virtual había sido en el curso de ingreso semipresencial que ofrece la UNNOBA. Cada quince días asistía a la cursada, pero durante la semana resolvía los cuestionarios en formato múltiple choice, a través de la plataforma virtual. Pero los tiempos y el contexto de pandemia la Universidad implementó el Plan de Continuidad Académica, que garantizaba la enseñanza y el aprendizaje mediante el entorno virtual a los estudiantes de todos los niveles (https://plataformaed.unnoba.edu.ar/).

Pablo Regés (estudiante de Ingeniería Agronómica) junto a su familia y el rector de la UNNOBA.

En la zona rural, el servidor de internet más cercano a la casa de Pablo está en el pueblo de Agustina, a unos 15 km.  Al momento de rendir un parcial de la materia "Topografía", la conectividad era baja, y no podía subir el examen a la plataforma. Pablo se comunicó con el docente y le hizo saber su situación, le dieron la posibilidad de enviarlo por correo electrónico. Fue ahí que decidió buscar señal en la parte mas alta de la casa, el techo. “Lo más importante de todo: ¡el examen lo aprobé!”, relata.

Pablo Regés destaca a su trabajo con la virtualidad como positivo, más allá de las dificultades propias de su conexión. Participó en los dos encuentros en los que los estudiantes de Junín y Pergamino relataron su experiencia con la virtualidad, para poder evaluar las acciones realizadas en el primer cuatrimestre y planificar las estrategias necesarias para gestionar mejoras.  El primero, en el que también participó el rector Tamarit, fue organizado por el Centro de Estudiantes . El segundo, fue una actividad de Secretaría Académica de la UNNOBA y del área de Educación Digital. Además, en la misma línea sugirió pequeñas mejoras sistemáticas, que se solucionaron: “Siento que  fui escuchado, y que se resolvió mi inquietud. Para mí no solo es orgullo, sino honor formar parte de la UNNOBA, que nos escuchen y ayudemos a generar cambios positivos en base a lo que planteamos”, agrega.

Hoy tanto Pablo como su hermano Javier, que cursa por videoconferencia las clases de la Secundaria UNNOBA, se turnan para el uso de la computadora y el celular que disponen para enfrentar la virtualidad. La empresa proveedora de internet, le sugirió a la familia algunas mejoras  técnicas, “cambiamos la antena y mejoramos la señal, ahora tenemos todo el material adecuado para encarar el segundo cuatrimestre”, aporta Regés.

Pablo destaca a la UNNOBA como un segundo hogar y, ante todo, remarca el apoyo de su familia y de la Universidad para poder solventar sus estudios: “La escucha, el apoyo y la contención son continuos. En este mundo nuevo y distinto para mí, me abrieron las puertas de la institución y me brindaron todas las herramientas que yo necesito para formarme y seguir estudiando”.

El esfuerzo de Julieta

El viernes 27 de marzo ella pensó en vivir un fin de semana completo, celebrar su cumpleaños y recibirse de Licenciada en Genética. Pero una semana antes se decretaba el Aislamiento social, preventivo y obligatorio. La beca doctoral interna CONICET, le exigía el 30 del corriente mes, como fecha límite para poder recibirse. Obtuvo la extensión del plazo, y con el apoyo de la UNNOBA, en medio de un contexto de incertidumbre, le llegó la confirmación: Julieta Belén Grosso iba a rendir, pero de modo virtual.

Julieta nació en la ciudad de Pergamino y por cuestiones de amistad, al finalizar la primaria, decidió continuar sus estudios en la Escuela de Educación Secundaria Agraria N° 1 "Ingeniero Arg. Lorenzo R. Parodi". No tenía relación con el mundo agropecuario, pero al descubrir la biología y la biotecnología empezó a perfilar su futuro, que se terminó de cerrar cuando realizó una pasantía en INTA Pergamino sobre el mejoramiento genético de las plantas. Había una idea concreta y una oportunidad: la UNNOBA ofrecía en su ciudad la Licenciatura en Genética. Y en 2016 ingresó a la Universidad.

Hija única, a la primera universitaria de la familia, todo lo relacionado al estudio le resultaba fácil de resolver. Así y todo, ingresar a la UNNOBA le resultó un cambio significativo: “Venía acostumbrada a una gran carga horaria y pude encontrar un espacio con un fuerte compromiso por formar profesionales de calidad. Y entendí que debía aprender para saber, ante todo, y no para aprobar”.

Julieta destaca que no importa el ámbito de trabajo, “a mí me gusta la Genética”. Primero pensó en perfilar su búsqueda hacia las plantas, pero con la biología celular y molecular comenzó a visibilizar determinadas funciones, que llegaron a conmoverla y ayudaron a ratificar su elección: la reproducción asistida.

La cursada finalizaba y llegaba el momento de pensar en el trabajo de tesis. Leyó, investigó y decidió perfilar la búsqueda en la elaboración de un kit de diagnóstico para medir el éxito de la reproducción asistida en las parejas que están en la búsqueda de tener un hijo. “Muchas veces las parejas se frustran porque las técnicas llevan a un proceso de fracasos, donde generalmente se descarta a la mujer. Y lo que necesitamos saber es si en el hombre el espermatozoide es de calidad y puede generar un embrión, entonces buscamos los distintos factores que llevan a esa infertilidad”, explica.

El Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario (IDISER), en una vinculación de trabajo con el ámbito público/privado, le brindó los insumos y el espacio necesario para llevar adelante el trabajo de tesis. Julieta adelantó materias del año 2019, finalizó la cursada y se mudó a Rosario. Le quedaban ocho finales cuando surgió la posibilidad de presentarse para una beca doctoral. El problema era que tenía que recibirse antes del 30 de marzo. Entonces se puso a estudiar precipitadamente para poder cumplir con todos los requisitos.

Julieta en la defensa de su trabajo final de Grado a través de la plataforma virtual de Educación Digital de la UNNOBA.

“Me pasé todo enero y febrero en Rosario dentro del laboratorio, sin vacaciones, preparando los finales y la tesis”, recuerda. Pero la notificación que confirmaba la obtención de la beca aún no había llegado. Y al tener pocos antecedentes laborales, solo ayudantías en cátedras, su expectativa era baja. Hasta que una tarde, en medio del calor del verano, la directora de la tesis le mostró la lista de los seleccionados, y ahí estaba su nombre: Julieta Belén Grosso. “Ni bien vi mi nombre fue todo felicidad. Pero duró unos minutos, porque tenía que sentarme a estudiar, procesar datos y ponerme a escribir”, recuerda.

Trabajaba en el laboratorio cuando escuchó sobre un virus y una enfermedad, COVID-19, que acechaba a gran parte del mundo. Se declaró la cuarentena, y corrían fuertes rumores de una posible suspensión del transporte de larga distancia: “Yo aun esperaba recibirme presencialmente, así que enseguida viajé a Pergamino, con la ilusión de poder rendir”. Pero todo plan inicial se vio modificado. Julieta iba a rendir la defensa de la tesis, pero de modo virtual.

En el Barrio Maiztegui, ubicado en las periferias de la ciudad, la conectividad tiene un alcance irregular y la señal de telefonía celular llega baja. “Todo carga lento, y requiere de paciencia”, dice Julieta, que días antes de rendir llamó al servicio técnico para intentar resolver los problemas. Cambiaron de proveedor y todo mejoró. Pero se acercaba la fecha y nuevamente la conectividad volvía a fallar.

En menos de tres días armó la presentación. La practicó, la directora de tesis le hizo las devoluciones y realizó las modificaciones pertinentes. Temiendo la peor situación posible Julieta decidió unos días antes, instalarse en la casa de sus tíos, en el centro de la ciudad.

Sin alteraciones en la conectividad, el reloj marcó 14:30, y llegó la hora de rendir. De pantuflas frente a la computadora con los directores y el jurado, defendió su trabajo final: Evaluación de tiARNs como potenciales nuevos biomarcadores seminales con utilidad pronóstica en tratamientos de reproducción asistida.

Hizo la defensa, le pidieron que cierre la plataforma, se desconectó y tuvo que esperar unos minutos para la devolución. No recuerda si fueron diez minutos o media hora. Pero en ese tiempo de nervios e incertidumbre luego de la exposición, tuvo una idea, hacer una videollamada con sus compañeras de carrera, esperaba la resolución con el teléfono abierto. Pasó la ansiedad, superó los nervios y se volvió a conectar. En otra habitación de la casa, con carteles a su nombre, esperaba su familia. Con un diez (10) y a través de la plataforma virtual de Educación Digital, Julieta Belén Grosso egresó como Licenciada en Genética.

Ella eligió la UNNOBA, y hoy la destaca por su calidad docente, la organización y el acompañamiento: "Ya sea en la presencialidad como en la modalidad virtual, siempre me sentí contenida. Desde mi propia experiencia puedo afirmar que la UNNOBA tiene todo el potencial para ser una de las mejores universidades del país”.


Diseño: Laura Caturla


Compromiso y vocación

Por Luciano Toledo

Salía a las 8 de la mañana para ir a la escuela y volvía a las 8 de la noche. Abrazado a su madre, cruzaban la ruta. Las afueras de la ciudad aún estaban a oscuras, solo la luz de la moto alumbraba el camino hacia la casa. Una casa sin habitaciones, y un camino difícil que, con esfuerzo y dedicación, se iría abriendo paso al primer universitario de la familia: Lucas Benjamín Cicerchia.

“Vivía rodeado de fierros, de máquinas”, recuerda el Ingeniero en Informática y docente de la UNNOBA. Su padre era comerciante, vendía y reparaba calculadoras, máquinas registradoras e impresoras fiscales, además de sistemas de software para empresas. Lucas pasaba las tardes en el taller. Armaba y desarmaba, jugaba con la electrónica, arreglaba lo que podía.

Cuando terminó la secundaria y llegó el momento de decidir, la opción estaba entre el Profesorado de Matemáticas o la Ingeniería Electrónica. Junto a un amigo decidió viajar a San Nicolás a estudiar en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional). Pero el desarraigo y la falta de adaptación lo hicieron repensar. “Siento que no fue una decepción, porque sabía que ese año arrancaba la UNNOBA con una oferta académica en Ingeniería en Informática, y una línea fuerte en el procesamiento de señales. No lo dudé y me volví”, comenta. Otra vez en su ciudad, el horizonte se aclaraba ante un nuevo comienzo: “Arranqué cuando arrancó la UNNOBA".

Mientras estudiaba, comenzó a trabajar. Un convenio de la Universidad con la empresa CLAROLAB le permitió poner en práctica el aprendizaje. Al tiempo se mudó a Pergamino y desarrolló un software  interno para el bingo de la ciudad. Entre computadoras y tragamonedas, participó en el armado de un sistema de gestión que se replicó en la Lotería de la Provincia, como mecanismo de control. Pero al pasar los días, encerrado y solo en el garaje del bingo, después de un año y medio, decidió volver. “Porque en esta labor nunca podés trabajar solo. Vos sabés dónde está la falla de tus sistemas, pero lo tiene que ver otra persona, alguien que busque el error, que no conozca la programación", sostiene.

Rindió el último final, realizó la defensa del trabajo y en el 2011 terminó la carrera. La primera ayudantía fue en la materia de Análisis Matemático Vectorial, ahí tuvo el primer contacto con la docencia, una vocación que siempre le interesó: “Yo me formé para poder formar a otra gente, no para saber más". Pero fue Javier Charne, docente en las cerreras de Informática y responsable de Infraestructura Tecnológica en la UNNOBA, quien le permitió romper cierto pánico, afianzarse y perder el miedo al aula. “Esa es una formación personal que se replica también en el ámbito laboral, al momento de exponer ante un jefe, o ante la gente que no comprende el lenguaje de la ciencia y la informática. Lograr que las complejidades se entiendan desde lo simple", afirma.

En el año 2014 se abrió la “Convocatoria PRITT NOBA” de proyectos de investigación y Lucas Benjamín consideró la importancia de detectar problemas reales, con anclaje en la región, que brinden una solución al sector agropecuario. Presentó el desarrollo de una plataforma para el censado de los ensayos de maíz, que por medio del montaje de cámaras permitía obtener información acerca de los cultivos y evitar el trabajo manual, ante el desarrollo de una plataforma robótica.

Aplicación de procesamiento de imágenes e inteligencia artificial a imágenes satelitales.

Eran los primeros pasos en la investigación. Él sabía que no quería programar o desarrollar un sistema: quería resolver problemas. Los números, las máquinas y la perseverancia siempre estuvieron presentes. Primero obtuvo una beca de la CIC (Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires), y hoy tiene una beca CONICET que le permite desarrollar su trabajo en el procesamiento de imágenes.

Cicerchia es el egresado número 3 de la carrera de Ingeniería en Informática de la UNNOBA, actualmente trabaja en el ITT (Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología). Cuando se declaró la pandemia, desde el Instituto, se enfocaron en los diferentes aportes que podían hacer a la sociedad, y así notaron que uno de los problemas principales era el limitante de los respiradores.

Lucas Benjamín se presentó, entonces, a una convocatoria de proyectos del Ministerio de Ciencia y Tecnología para replicar y validar con la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) un modelo de prototipo abierto.

En la misma línea se encuentra trabajando en la presentación a una convocatoria del Ministerio de Desarrollo Productivo, en el modelo de un arco termómetro para el HIGA (Hospital Interzonal General de Agudos de Junín) en conjunto con el área de vinculación tecnológica para solucionar la toma de temperatura corporal, sin necesidad de exponer al personal de la salud. “Es sumamente necesario automatizar el proceso. Este es un trabajo interdisciplinario. Mi función es el procesamiento de imágenes, el trabajo con cámaras térmicas, el relevo de costos y la precisión de los sensores de temperatura”, aporta.

Lucas Benjamín Cicerchia, lleva 15 de sus 34 años dedicados a la UNNOBA, y no es solamente testigo, sino partícipe de su crecimiento. Hoy es docente en las materias Procesamiento de imágenes y Arquitectura de Computadora. Es consciente del valor agregado que tiene trabajar para las instituciones públicas: “Yo debo devolverle a la sociedad el esfuerzo que hace para sostener a las instituciones que nos permiten formarnos, poder hacer lo que nos gusta, y además formar a futuros estudiantes. Es parte de una cadena de aprendizaje, enseñanza y devolución”.

La número uno

Entre los años 2006 y 2011 en la secundaria del Colegio Parroquial San José de Junín, si había que hacer un afiche o dibujar en el pizarrón, la llamaban a ella. Porque ella sabía de manualidades. Aunque también sabía sobre injusticia y desigualdad. Alfonsina Robles se destacaba. Pero lo que aún no sabía, era que el destino le iba a ofrecer las herramientas para cambiar esas diferencias, para intentar al menos, modificar la realidad.

La mayor de cuatro hermanos, de madre docente y familia unida. Su padre se dedicó muchos años a la fabricación de indumentaria deportiva, tenía un taller y un local. Y ahí andaba ella, observando todo. “Siempre fui curiosa, me interesaba saber cómo se hacían las cosas”, recuerda Alfonsina, para quien el acceso temprano a la tecnología, era parte de la normalidad. Porque además su tío arreglaba teléfonos, y en ese otro taller de objetos desarmados, había una aventura y otra gran atracción.

No le gustaba sentarse adelante, prefería el fondo, aunque siempre sacaba las mejores notas. En quinto año de secundaria obtuvo la primera medalla que se otorgaba al mejor alumno. Se cerraba una etapa, y ella aún no sabía qué estudiar. Al egresarse en la modalidad de Ciencias Naturales decidió realizar el taller semipresencial de la carrera Genética en la UNNOBA. “Pero era una ciencia dura, exacta. Si bien sentía que lo podía hacer, no era lo que quería”, recuerda. Pero una tarde su abuela, que navegaba por internet, le avisó que existía una carrera llamada: Licenciatura en Diseño Industrial, que se dictaba en la ciudad de Pergamino.

Esta oferta académica le resultaba una combinación precisa entre la investigación, la ciencia y la manualidad. Alquiló una piecita en una pensión, y al tiempo se mudó con una amiga. Fue entonces cuando empezó a aparecer eso que tanto le gustaba: el diseño de producto de perfil social. “Había mucho para decir con algo físico, que no era un objeto artístico, y aunque no dejara una remuneración considerable, estaba pensado desde la transformación".

Porque el ojo social estuvo siempre. Alfonsina notaba, en primaria y secundaria, esas pequeñas pero ciertas diferencias, en el uniforme, en los libros, los útiles escolares. Por eso en cuarto año de la carrera, cuando le tocó diseñar un vehículo mediante la reutilización de los rodados secuestrados por la policía, lo pensó para cartoneros. El vehículo reunía todos los procesos de trabajo que realiza el cartonero, con una prensa que permitía el producto final ya ensamblado.

Kit de máscara de protección facial de distribución gratuita

Ya conocía el impacto de la desigualdad, ahora confirmaba la capacidad de transformación que tenía en sus manos. Ella avanzaba, y la carrera también. Porque Alfonsina Robles es la primera egresada de la Licenciatura en Diseño Industrial. El 17 de diciembre del 2018, a las corridas, sin un cartel con su nombre ni fiesta de egresados, y con un 10 en la libreta, se recibió.

Para la tesis de grado debió buscar una problemática real que pueda ser solucionada mediante un producto, y pensó en una conservadora y refrigeradora para medicamentos en zonas de difícil acceso y sociedades de bajo desarrollo. Analizó el trabajo de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y de la ONG "Médicos sin fronteras", y notó las dificultades en las campañas de vacunación, ya que la falencia estaba en la última etapa donde se pierde la cadena de frío, por falta de la conexión eléctrica. Mediante paneles solares fotovoltaicos que cargan la batería, elaboró un sistema de refrigeración y conservación.

Hoy Alfonsina es investigadora becada de la UNNOBA, trabaja en el desarrollo de producto aplicado a la salud a través de la tecnología de fabricación digital para el IDI (Instituto de Diseño e Investigación), con prótesis y órtesis en impresión 3D, productos personalizados respecto de la anatomía humana. Aunque cuando era chica le espantaban aquellos pilones de hojas para corregir que traía su madre, también es docente en las materias Taller rotativo de diseño industrial y Dibujo Técnico.

Cuando se enteró del estallido mundial por la pandemia COVID-19, Alfonsina manejaba la impresora 3D del Club Social de Innovación de Pergamino. Vio que la empresa de software libre "Prusa", había liberado un modelo de protectores faciales para proteger a los profesionales de la salud. Si bien pensó que al igual que los barbijos, nunca llegaríamos a necesitarlas, pero notando el impacto de la pandemia en otros países, su inquietud y compromiso la impulsaron a llevarlas adelante.

Con el apoyo del Municipio, la Fundación por Pergamino y la Fundación UNNOBA, se realizó la muestra, y funcionó. Se imprimieron, mediante fabricación 3D, 500 máscaras. La Universidad le propuso, mediante un proceso de inyección, llevarlas a una escala industrial. Con la colaboración de la empresa INDELPLAS de Junín y MB de Pergamino, comenzó la fabricación. Se inyectaron más de 60 mil máscaras que fueron entregadas al laboratorio Roemmers.

Mediante la elaboración de distintas piezas que se vinculan, se trabajó con una tecnología aplicada a prototipos, que en la urgencia se volvió vital. “Porque la tecnología tiene impacto siempre y cuando se pueda replicar en todos lados. Tiene que ser equitativa, sino se sigue ampliando la brecha digital, y nosotros tenemos una responsabilidad en ese sentido”, sostiene.

Alfonsina destaca la importancia de la UNNOBA en su vida, pero ante todo el hecho de brindar oportunidades. “Es una universidad pública con perfil regional, rol social, trascendencia e impacto. Es exponencial su crecimiento, y hoy tiene un nombre”, agrega la docente e investigadora que nunca perdió la seguridad en sí misma. “Si podés, por qué no lo vas a hacer. Y eso se lo debo a mi familia, la confianza. El apoyo que necesitás siempre, en todo lo que se emprende.

El técnico persistente 

En el barrio El Picaflor siempre había un campito cerca. Pero él no jugaba al fútbol, como todos sus amigos. El neumonólogo le recomendó que, mejor, practique natación. Porque el asma tiene recaídas, y cada tanto terminaba en el hospital. El oxígeno, las inyecciones, los corticoides. Se acuerda de los pinchazos, cada vez que le sacaban sangre. Él dice que la decisión no fue consiente. Pero Gastón Villafañe se curó, y hoy es Técnico de Laboratorio.

La casita tenía una huerta, un gallinero y un palomar. Las puertas estaban abiertas de par en par. En esa infancia de libertades creció Gastón, que a los 9 años perdió a su padre, de oficio joyero, por un infarto repentino. De madre docente, pasaba las tardes con su hermana y sus abuelos.

Pasó por un colegio estatal y por otro privado: “Viví las dos realidades, y saqué mis conclusiones”. Egresó como Perito mercantil, pero en las cuestiones bancarias e impositivas, había algo que no le convencía. Para buscar su futuro, iba todas las tardes a la casa de su tía, donde había un teléfono y llamaba a las universidades, para ver qué podía estudiar. El fútbol le gustaba pero no lo podía jugar, y para estar cerca, decidió estudiar kinesiología. Antes de terminar la secundaria ayudaba en la rotisería familiar. Apareció la posibilidad de Rosario, y se fue a vivir con dos amigos.

Pero con las dificultades económicas de la familia, sumado a una carrera demandante para hacerla trabajando, solo pudo completar dos años de formación. Con 23 años volvió a Junín, y empezó de cero. Mientras vendía publicidades para una guía comercial, se enteró que un instituto privado con orientación en salud, tenía la oferta de la carrera en Técnico de Laboratorio: “Yo no tenía idea lo que era un laboratorio”, recuerda Gastón. Aunque el previo entrenamiento de la vida universitaria, le facilitó la cursada.

La química y la física lo hacían dudar, pero al momento de relacionarse con lo clínico, realizar análisis y evaluar y cerrar el diagnóstico de un paciente, encontró su lugar. Aun sin terminar la carrera le avisaron que en la Clínica La Pequeña Familia necesitaban un Técnico de Laboratorio, y ahí tuvo el primer trabajo oficial. “Comencé a relacionarme con la terapia intensiva, la internación y la muerte”, recuerda.

El primer día en terapia vio a personas entubadas y con respiradores, enseguida se acordó de su abuelo, y sintió que ese era su lugar, que tenía que estar ahí. Y fueron 18 los años en la clínica: "Llegué como un joven de 26 años, y me fui casado y con tres hijas mujeres".

Ya recibido. Desgastado por las guardias de madrugada y la convivencia con la muerte, la carga psicológica se hacía difícil de soportar. Cuando la idea de alejarse comenzó a dar vueltas por su cabeza, leyó en un diario de la ciudad que la UNNOBA buscaba un Técnico de laboratorio. Sin esperanza pero con decisión, mandó un correo y se sentó a esperar.

Dejó la clínica privada y el contacto humano, para ingresar a una planta de biodisel en el Parque Industrial: “Clima de industria, frío, petroleros, conflictos gremiales. No había nada de romántico, el corazón lo tuve que dejar afuera". Pasó de la química clínica aplicada a la biología, a la química inorgánica.

Esa novedad distante, con otros valores, mas la falta de convencimiento en la relación laboral,  lo impulsaron a tomar una nueva decisión. Volvió a escribir otro mail, porque esperaba ansioso novedades de la UNNOBA. Hasta que una tarde, abrió el correo electrónico, y la respuesta ahi estaba: “Te esperamos mañana”, y allá fue.

Aun trabajando en la planta de biodisel, entró en reemplazo de la bioterista del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA). Después de dos meses, quedó fijo. Gastón nunca había visto un bioterio (un área, generalmente cerrada, para guardar y criar animales o plantas para observación o investigación) y si bien conocía su manejo por haberlo estudiado, y aunque al principio le daba aversión el olor, no lo dudó. Él sentía que era un lugar para crecer, “y la verdad prioricé otras cuestiones, porque la comodidad mata al amor, pero cuando el amor gana te da otras cosas. Y así empezó mi historia en la UNNOBA”, recuerda.

CIBA (Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas)

Comenzó a hacer cursos y a formarse paralelamente con el trabajo del bioterio, y le empezó a gustar. “En la Universidad estás obligado al aprendizaje constante”. Hoy Gastón colabora en la línea de oncología, e infectología/virología y comportamiento. Trabaja con las distintas cepas de ratones para cada línea de investigación. Ante cada experimento animal, prepara las condiciones necesarias.

A mediados de enero del 2020, Gastón se encontraba en Mar del Plata, cuando vio en las noticias que un virus de origen chino, había pasado a Europa. Cuando la amenaza del COVID-19 se hizo real y llegó al país, desde el CIBA decidieron frenar todos los experimentos que estaban en marcha, y repensar la situación. La directora de Investigación, Desarrollo y Transferencia de la UNNOBA, Carolina Cristina lo llamó en medio de la incertidumbre, y le dijo que desde del Ministerio de Salud pensaban descentralizar los testeos, y que el laboratorio cumplía con todos los requisitos.

“Me di cuenta que este es el lugar donde tengo que estar. No iba a decir que no, me sentí en la obligación, porque es lo que me toca hacer", afirma Gastón, quien recibe las muestras desde el hospital, dentro del vaso protector, con los dos hisopos de las muestras de garganta y nariz. Luego realiza un procesamiento de purificación y limpieza del virus, en una cabina de seguridad y con los equipos y el acondicionamiento necesario.

Gastón Villafañe sabe que la UNNOBA es el cierre laboral en su vida, que llegó para quedarse. “Quiero seguir mejorando, continuar la formación e ir aprendiendo todo lo nuevo. Hoy vemos lo que significa tener una Universidad pública en una ciudad como Junín, y ésta es una apuesta presente, que se verá reflejada en las generaciones futuras”.

Diseño: Laura Caturla


Una perspectiva antropológica sobre la pandemia

Por Luciano Toledo

La presencia progresiva de textos de divulgación en los medios de comunicación, las relaciones de poder frente al estado de excepción, instituciones no gubernamentales y sin fines de lucro en la creación de protocolos y el trabajo de una ministra de seguridad nacional con una formación específica: ¿qué tienen en común? La antropología, una disciplina de pensamientos y acciones considerada un "saber híbrido" que emerge  como una herramienta fundamental para entender y analizar el nuevo mundo creado a partir de la pandemia.

Esta ciencia particular contiene distintas formas de focalizar los estudios que, en principio, se entienden como una clasificación de análisis complejos sobre los problemas humanos. Virginia Sabao, licenciada en Antropología y docente de la UNNOBA, afirma que en esta disciplina las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades necesitan permanecer en un diálogo o una articulación que no sería deseable suspender. “Porque es el método de trabajo que hoy reclama la coyuntura”, sostiene Sabao, doctoranda en Antropología.

Hay ciertos eventos, situaciones, o acontecimientos históricos importantes que, en el campo de esta ciencia, reclaman un esfuerzo. “Un compromiso con esos principios de trabajo analítico y de intervención que presentan al enfoque de complejidad como sello característico. Y a la cooperación como metodología fundamental de trabajo. Así, se me ocurre pensar que el fenómeno de las pandemias en la historia, puede recortarse como uno de estos acontecimientos”, afirma.

Sabao, docente en la UNNOBA en la carrera de Abogacía, nos introduce en el mundo de los estudios antropológicos actuales y sus preocupaciones fundamentales, los abordajes integradores  que la disciplina aporta para analizar e intervenir en relación a la pandemia del COVID-19, especialmente en la Argentina y en la zona de influencia de la UNNOBA.

Desinformación y psicosis colectiva

La presencia de los especialistas y las intervenciones en los medios de comunicación, es una de las características que hoy destaca a la antropología, y a las Ciencias Sociales en general. Pero Sabao resalta también la importancia de determinados estudios  que redireccionan los aparatos de producción del conocimiento como centros de investigación, cátedras o asociaciones que hacen foco sobre los discursos que emergen en el desarrollo de la epidemia: “Narrativas de alarmismo, asociadas a prácticas de desinformación y también racismos”.

Según Sabao, la crisis sanitaria que se crea en contextos de pandemia permite visibilizar prejuicios habituales y prácticas discriminatorias que agravan el estado de situación ya existente. Se expresan nítidamente mediante los métodos y estrategias discursivas de los grandes medios de comunicación y digitales. “Estos enunciados comunicacionales tienden a recortar a un sujeto o un grupo como blanco particular de prácticas estigmatizantes, discriminatorias o degradantes.  Y emergen discursos tóxicos que colocan a ese ‘otro’ como problema o amenaza. La violencia psicológica y física anti-asiática es un emergente que se advierte como problemático”.

Este tipo de crisis exacerba los sentimientos de temor en la población y agudiza los prejuicios, actos de rechazo o discriminación social por raza, clase, género, nacionalidad. Surge así el problema de una ‘psicosis colectiva’ que, en gran medida, es efecto de los mensajes que emiten los medios de comunicación. “Esa construcción de la información oculta, sin embargo, los problemas más profundos en el contexto de la pandemia. Es decir, que la información impide el análisis de las causas fundamentales, de la declaración de cuarentena obligatoria y el requerimiento del aislamiento”, afirma Sabao, quien dicta en la UNNOBA "Antropología Jurídica y Política" y "Perspectivas socioculturales sobre ciudadanía".

Exclusión, disciplina y autodisciplina

Para entender el modo en que el ser humano se vuelve objeto de estrategias de control (gubernamentalidad: desde el dominio de los cuerpos y las almas, hasta el control de las poblaciones) en el contexto de una pandemia, es interesante recuperar los estudios de Michel Foucault. A esta focalización que los estados modernos establecieron sobre el control y normalización de la vida biológica, Foucault, la entiende como biopolítica o biopoder. El biopoder, entonces, introduce una contradicción fundamental entre un sistema de leyes y códigos, y los dispositivos disciplinarios o aparatos de seguridad, que, en apariencia, llevan adelante el cumplimiento de las leyes, pero en realidad lo hacen de modo distorsionado.

Dispositivos como la prisión u otras instituciones panópticas, rebasan y sustituyen en forma práctica los principios jurídicos establecidos.

En el contexto de expansión del virus SARS-CoV-2 se hace evidente una profunda crisis sanitaria, que implica la declaración de emergencia. El decreto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, instala la excepcionalidad. Esta figura jurídica sostiene la obligación de aislamiento y sustenta el ejercicio del gobierno. La licenciada Sabao afirma que los temas que hace tiempo había trabajado Michel Foucault, en torno a las pestes del siglo XVIII, reaparecen: exclusión, disciplina y autodisciplina. Lo hacen determinando la separación de ciertos grupos respecto de la población e instalando dispositivos de represión de las prácticas que impliquen la violación de las normativas de aislamiento. “Y observando, incluso, que los agentes sociales internalizan estos dispositivos de control sobre los individuos particulares y sobre la población como un todo, basados en la convicción de que estas actuaciones permitirán atravesar la pandemia reduciendo la mayor cantidad de daños”, agrega.

La licenciada Sabao destaca el abordaje que actualmente orienta a las políticas de seguridad, con la designación de Sabina Frederic al mando del Ministerio de Seguridad de la Nación: “En principio, resulta interesante, el hecho de que exista una antropóloga experta en temas de seguridad conduciendo dicha cartera, ya que acontecimientos como los que actualmente vivimos disparan condiciones favorables para que, bajo la figura jurídica de la excepcionalidad, el derecho regular se ponga en entredicho y comiencen a crearse ‘zonas liberadas’ o de ‘límites difusos’ a la acción represiva del Estado”.

Sabina Andrea Frederic, antropóloga y profesora, actual ministra de Seguridad de la Nación Argentina

El enfoque de una antropóloga que entiende el accionar de las fuerzas de seguridad en función del marco de los derechos vigentes y de una perspectiva de derechos humanos, “implica una interesante experiencia para la Argentina, aunque, por otro lado, puede reavivar las tensiones que al interior de estos cuerpos existen en relación a definir el sentido de su propia gestión o gobierno”, sostiene Sabao.

 Varias aristas de un mismo problema

El trabajo de Alejandro Grimson, quien dirige el Programa “Argentina Futura” dependiente de la Jefatura de Gabinete de Presidencia de la Nación, es otro de los ejemplos de la presencia multifacética y activa de los profesionales de la Antropología en el diagnóstico, relevamiento y diseño de estrategias de intervención social. “Este plan de salida de la situación de cuarentena, articula puntos de vista de las ciencias sociales y la epidemiología e impulsa un profundo debate intelectual en relación al Estado, al futuro mapa político y a la emergencia de nuevas subjetividades, luego de la experiencia de aislamiento”, aporta Sabao.

Parte del Cuerpo Médico Forense (EAAF) en el Cementerio de la Chacarita, visualizando las condiciones de bioseguridad.

La Comisión de Ciencias Sociales de la Unidad Coronavirus COVID-19 del MINCyT-CONICET-AGENCIA, coordinada por Gabriel Kesler e integrada por profesionales de diversas disciplinas (incluida la Antropología), es otro de los trabajos a destacar. Esta comisión implementó el Relevamiento del impacto social de las medidas del aislamiento en marzo de este año. Esto implicó una descripción detallada del estado de situación de los sectores populares en el contexto de la cuarentena. La licenciada Sabao formó parte del equipo de 501 investigadores de todo el país que realizaron las entrevistas a referentes sociales, que trabajan en asentamientos precarios. "Este  es un dispositivo fundamental para la toma de decisiones de gobierno, respecto de la continuidad del aislamiento", señaló.

Por último, es necesario destacar el trabajo de organizaciones de la sociedad civil como, el Equipo Argentino de Antropología Forense, que ha recuperado fuertemente el carácter de la disciplina en la recuperación de identidad de personas desaparecidas. Esta organización, candidata al Premio Nobel de la Paz, ha elaborado un protocolo para el tratamiento de los cuerpos de las personas fallecidas en el contexto del COVID-19, “a fin de preservar y respetar la dignidad de las personas fallecidas y de sus familiares”. A su vez, el Colectivo GUIAS, organización autoconvocada de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, desde el año 2006, trabaja en la identificación de restos de individuos de pueblos originarios retenidos en el museo, para su posterior restitución. Es un grupo que está en comunicación directa con las comunidades Wichís, para denunciar las condiciones en que se hallan durante la cuarentena.

La licenciada Virginia Sabao destaca la importancia que otorga la mirada antropológica al monitoreo de las condiciones de vida y la concreción de los derechos de las personas, en un contexto de crisis, así como a las importantes prevenciones que deben establecerse respecto a la gestión territorial. “La Antropología, en el contexto de la pandemia mundial de COVID-19, evidencia la eficacia del carácter abarcativo  de sus abordajes, los cuales refieren siempre a varias aristas de un mismo problema, para poder intervenir”, afirma.

 La UNNOBA constituye un espacio muy importante en el contexto de esta pandemia, ya que el Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA) de Junín forma parte de la red nacional que realiza los testeos. La realización de la Encuesta sobre el Bienestar Emocional de la Población en el contexto de la Pandemia de la COVID 19, impulsada por el Instituto de Política y Gobierno (IPG), a una población de mayores de 18 años, es otro de los aportes institucionales. "A su vez, sería interesante, agregar algún tipo de trabajo desde las ciencias sociales en general y la antropología en particular que incluya estrategias de relevamiento de mayor profundidad, para así acceder a una información cualitativa y por lo tanto más cargada de significación para los agentes contactados", concluye Sabao.

Diseño: Laura Caturla


Adultos mayores en cuarentena

Por Luciano Toledo

La plaga no está hecha a la medida de la humanidad, por lo tanto, se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar”, escribió Albert Camus en el libro, La Peste. Aunque ambientada en el siglo XX, la obra está inspirada en la epidemia de cólera que sufrió la ciudad de Orán (Argelia) en 1849. Pero la peste hoy, es real y universal: COVID-19. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaró pandemia, y tenemos que permanecer en cuarentena. Debemos cuidarnos a nosotros mismos. Pero, ¿cómo cuidar a los adultos mayores?

Números y consejos 

Las personas de más de 60 años, especialmente las mayores de 80, son la franja vulnerable que forma parte del grupo de riesgo, junto a embarazadas, pacientes con enfermedades respiratorias e inmunodeprimidas, diabéticos y personas con enfermedades cardíacas. Según el informe de la OMS, de contraer la infección, tienen más probabilidades de padecer una enfermedad grave por el debilitamiento del sistema inmunológico.

El último Informe de Estadísticas Vitales, publicado por la Dirección de Estadística e Información (DEIS) del Ministerio de Salud, reportó que en 2018 murieron 31.916 personas por neumonía e influenza (enfermedades virales de menor capacidad de contagio que el COVID-19), de las cuales 13.246 fueron mayores de 85 años, lo que indica el 41,05% de las defunciones y representa la segunda causa de muerte dentro de la franja etaria.

"Es clave dosificar la información que se recibe de forma constante y abrumadora, y evitar la sobreexposición a las noticias”

Las recientes proyecciones del INDEC registran que más de 6 millones de habitantes de nuestro país son personas  mayores de 65 años (15,54%), siendo 43% varones y 57% mujeres. Raquel Castro, directora del Programa de Educación y Promoción de la Salud de Adultos Mayores de la UNNOBA, sostiene que el distanciamiento obligatorio provoca sensaciones de angustia e incertidumbre más allá de la edad que se tenga, pero particularmente representan un gran desafío para los mayores.

El temor a lo desconocido, la falta de información frente a una nueva enfermedad, el aislamiento y la desconexión con los demás puede desatar cierto estrés, “y esto genera sentimientos de desamparo y tristeza . Por ello es indispensable la comunicación con los afectos”, sugiere Raquel Castro, quien es licenciada en Psicología y magíster en Gestión de Servicios Gerontológicos.

En esa línea, la funcionaria y docente de Psicología Evolutiva en la carrera de Enfermería destaca la importancia de mantener el diálogo con personas de confianza, que puedan compartir sus emociones y preocupaciones. “Es clave dosificar la información que se recibe de forma constante y abrumadora, y evitar la sobreexposición a las noticias”, agrega.

Raquel Castro,  directora del PEPSAM y prosecretaria de Extensión.

En el caso de adultos mayores con patologías previas, como demencias o deterioro cognitivo, pueden presentar un agravamiento de los síntomas, ponerse más irritables, ansiosos y retraídos. Por eso, la directora de PEPSAM aconseja brindarles información sencilla y clara. “De ser necesario, siempre es útil recurrir a profesionales de la salud mental” afirma.

El miedo asociado a la enfermedad y la muerte es una sensación que atraviesa a todas las personas. En ese sentido, es importante saber que los mayores cuentan con fortalezas y recursos a nivel de lo psíquico. “Es muy importante que puedan apoyarse en sus experiencias previas de vida, el haber atravesado situaciones complejas y difíciles, que han podido sobrellevar y superar”, sugiere Castro, y agrega que el temor al contagio y a la muerte, en muchos casos, está más ligado al temor de que les suceda algo a sus familiares, que a ellos mismos.

La soledad y la comunicación

Un estudio reciente del Centro de Investigación Pew (que brinda información sobre problemáticas, actitudes y tendencias que caracterizan a los Estados Unidos y el mundo) realizado en más de 130 países, indica que el 16% de los adultos de 60 años o más, viven solos, y el 3% vive en geriátricos. La directora del PEPSAM sostiene que al adulto mayor que vive solo, es primordial ofrecerle ayuda, ya que muchas veces no la pide. Además de exigir y extremar las medidas de prevención, higiene y desinfección en residencias geriátricas.

La ternura humana

Hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana”, es otra de las frases del libro La Peste. Y ante un escenario de emergencia mundial, tanto la solidaridad como el egoísmo muestran su cara más cruda, y primaria. Raquel Castro sostiene que es fundamental para los mayores acercarse a las redes de apoyo, tanto formales como informales a través de los programas específicos para la compra de medicamentos, alimentos o para solicitar contención emocional. “En otros casos es la familia y/o vecinos quienes pueden brindar la asistencia necesaria”, agrega.

"Es importante transmitir a nuestros mayores, que el estar aislados no implica estar solos"

El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires lanzó el programa “Mayores cuidados”, orientado a brindar asistencia telefónica, realizar compras en farmacias y comercios de proximidad y el paseo de sus mascotas, durante el aislamiento preventivo y obligatorio. En un primer registro se anotaron más de 1000 adultos mayores y 25.000 voluntarios. “Es importante transmitir a nuestros mayores que el estar aislados no implica estar “solos”, como así también que esta situación es transitoria”, sostiene.

El cuerpo y la mente

Atravesar este tiempo como una oportunidad puede contribuir a pensarlo desde otra óptica. Raquel Castro asegura que es muy recomendable mantenerse activos y realizar tareas y actividades que despierten interés, leer, mirar películas y practicar juegos de mesa. “Es muy importante establecer una rutina flexible de actividad física, acorde a las posibilidades de la persona y del espacio en que se encuentra, así como una buena dieta. Pueden caminar, mover los brazos, hacer ejercicios de yoga, bailar. Pequeños movimientos que puedan poner en práctica”, agrega.

Los informes de la OMS muestran que la población mundial está envejeciendo a pasos acelerados. Entre 2000 y 2050, la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando del 11% al 22%. Este grupo pasará de 605 millones a 2000 millones. Y la alteración demográfica se verá más acelerada en países de bajos/medianos ingresos.

Acciones desde la Universidad

En el marco del aislamiento social preventivo y obligatorio, la UNNOBA, a través de su Programa  (PEPSAM), se propone acompañar a los adultos mayores de toda la comunidad, proporcionándoles una serie de actividades de participación e interacción con el objetivo de que puedan estar comunicados y activos en su hogar. "Desde las distintas áreas con las que cuenta el Programa (Salud, Socio-cultural, Artística y Tecnológica), surgirán las distintas propuestas educativas y recreativas, las cuales serán vehiculizadas a través de distintas redes sociales y medios de comunicación", sostiene Raquel Castro, quien también es prosecretaria de Extensión.

“La única manera de luchar contra la peste es la honestidad  --dice el doctor Rieux, personaje de La Peste--  ¿Qué es la honestidad? No sé lo que es en general. Pero en mi caso sé que consiste en hacer mi trabajo”. El nuestro es quedarnos en casa, y cuidar a los adultos mayores.

 

Diseño: Laura Caturla


Buen provecho

Por Luciano Toledo

25 de diciembre y 1 de enero. Después de dos noches de festejos, podemos amanecer bajo los efectos del exceso de comida y bebida, que pueden llevarnos a una eventual intoxicación. Pero, ¿la culpa es de la cantidad? La licenciada en Tecnología de los Alimentos Rita Casella y la ingeniera en Alimentos Valentina Crosetti se preguntan: ¿qué cocinamos y cómo lo hacemos? En la charla sobre Seguridad Alimentaria que llevaron adelante en la Universidad, brindaron diferentes tips y herramientas necesarias para evitar la contaminación de alimentos y atender al cuidado preventivo, que tiene impacto directo en la salud y en la sociedad.

En los últimos años hubo un cambio considerable en lo que respecta a los alimentos. Mientras antiguamente las producciones eran menores y estacionales y permitían un mejor control, en la actualidad, gracias a las nuevas tecnologías, fue posible triplicar la cantidad que se produce. Esto podría dar como resultado una producción sin calidad, que además afecte a la inocuidad de los alimentos. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) además de hacer foco en el cuidado y el consumo buscan generar una mayor  seguridad alimentaria a través de la prevención.

Rita Casella, docente de "Introducción a la Tecnología de los Alimentos" y "Desarrollo de nuevos productos" en la carreras Ingeniería de Alimentos de la UNNOBA.

Alimentos seguros

Los alimentos seguros son aquellos que están libres de contaminantes. En ese sentido, existen 3 tipos de contaminantes: biológicos (bacterias, virusparásitos…) físicos (vidrios, plásticos, pelos) y químicos (productos de limpieza, fertilizantes). Hay bacterias presentes en todas las superficies, pero no las vemos. Resulta difícil reconocer si un alimento está contaminado por organismos invisibles, cuando se ve saludable en sus características sensoriales y no presenta alteraciones. Pero después del consumo, dentro del organismo, se desencadena el ciclo de infección e intoxicación. Entonces, la única forma de trabajar es en la prevención.

De acuerdo a las especialistas, como consumidores dentro de la cadena podemos exigir, decidir y reeducar. Pero al momento de producir en el hogar debemos tener en cuenta que la contaminación se  puede producir de forma directa (alimento contaminado + alimento sin contaminar), y de forma indirecta (alimentos sin contaminar + utensilios sucios). Crosetti y Casella nos ofrecen diferentes recomendaciones (sobre almacenamiento, elaboración, conservación y distribución) para evitar intoxicaciones y enfermedades.

A tener en cuenta

Lavado de manos: las manos tienen millones de bacterias en ellas. Las especialistas recomiendan que el tiempo que dure el lavado sea igual a lo que tarda uno en cantar el feliz cumpleaños. Debe lavarse palma con palma, entre los dedos, detrás de las manos, pulgares, detrás de los dedos, uñas y muñecas. Posteriormente enjuagar y secar. Recién después de que la mano esté limpia, se debe aplicar el desinfectante (alcohol en gel).

Limpieza de superficies: de la misma manera que se indicó para las manos, el principio es primero limpiar y luego desinfectar. La limpieza quita la suciedad y los restos orgánicos visibles, en tanto, el desinfectado disminuye la carga microbiana. No desinfectar, sin antes haber limpiado. También es importante aclarar que, para evitar reacciones químicas, no se deben mezclar cloro y detergente.

Esponja y repasadores: la esponja suele contar con una gran cantidad de carga microbiana, lo mismo que los repasadores. Por lo tanto, se recomienda cambiar la esponja con frecuencia. Es preferible, además, dejar secar la vajilla al aire y no usar repasadores, ya que el arrastramiento favorece la proliferación bacteriana.

Contaminación cruzada: evitar la contaminación entre los alimentos crudos y los listos para consumo, lo cual puede darse por usar las mismas tablas o utensilios. Por ejemplo, si usamos la misma tabla o cuchilla para cortar la carne cruda y verduras de la ensalada, ésta última recibirá todas las bacterias de la primera. Es recomendable, entonces, el uso diferencial de tablas y lavar frecuentemente las cuchillas. Tener en cuenta que las tablas plásticas son más fáciles de higienizar, ya que la madera es un material absorbente. También estar atentos a las grietas que se generan durante el uso de las tablas, ya que las bacterias se pueden alojar en su interior.

El orden en la heladera: privilegiar el orden de productos.  En la parte superior acomodar lo que está listo para el consumo (por ejemplo, comida cocida). En tanto, lo crudo (por ejemplo, carne fresca) debe ubicarse en la parte inferior ya que los jugos que se liberan son potenciales contaminantes. Las verduras, en tanto, deben ubicarse en el compartimiento aparte. Se recomienda lavarlas previamente, luego escurrir el agua y  guardar.

Valentina Crosetti, Ingeniería en Alimentos de la UNNOBA e integrante de un grupo de investigación como becaria.

Almacenamiento: consumir primeramente aquello que presenta un vencimiento cercano y ubicar los productos de manera tal que lo más accesible sea lo más cercano a vencerse.  Chequear las fechas de vencimiento de los alimentos antes de su compra y revisarlas con frecuencia.

Zonas de peligro y seguras: el principal factor que contribuye a las Enfermedades Trasmitidas por Alimentos (ETA) es la temperatura de conservación incorrecta. Por eso, es importante respetar las zonas de temperatura segura, en las que es menor el riesgo que ocurra la multiplicación de las bacterias. Los alimentos fríos se deben mantener a una temperatura de 5º ó menor, mientras que los congelados se deben mantener totalmente congelados hasta su cocción. En general, la zona de peligro es  de 4 a 65°C, cuyo promedio es de 37°C (máximo peligro). Esto indica que respetar la cadena de frío es tan importante como respetar la cadena de calor. Los alimentos recalentados deben mantenerse a una temperatura mínima de 57º (durante el menor tiempo posible), hasta su utilización. Durante la conservación en caliente, nunca debe añadirse producto fresco al producto existente y preferentemente se debe trabajar con porciones pequeñas. A su vez, durante la producción y elaboración de alimentos, también es importante respetar las temperaturas adecuadas de cocción, enfriamiento y recalentamiento. Las temperaturas antes expuestas sólo hacen referencia a las temperaturas  de conservación. Por lo general la temperatura es el factor más importante para controlar los microbios, sin embargo en algunas ocasiones es posible utilizar el control del tiempo. Por esta razón se recomienda, en el supermercado, recoger por último los productos refrigerados y acudir inmediatamente al hogar.

Lavarse las manos con agua jabonosa permite arrastrar la suciedad y disminuir las intoxicaciones por alimentos. Es una práctica fundamental para la salud que debe ser llevada adelante por quienes cocinan y  por los comensales.

Carnes: se recomienda descongelar, en la heladera (4°C), para evitar la proliferación de bacterias que tiene lugar a temperatura ambiente. No se recomienda descongelar con agua caliente. De hacerlo, se debe prevenir que no existan grandes diferencias de temperatura entre el agua y la carne. Tener en cuenta que por la presión que se genera podemos contaminar el lugar de trabajo, al salpicar. Se recomienda congelar en porciones pequeñas.

Pescados: ¿tiene olor a mar o rancio? ¿La carne es firme o no? ¿La piel es firme o se desescama? Estos son los indicios para reconocer si el pescado es saludable o no.

Bajo ningún punto de vista se recomienda consumir comidas que tengan como ingrediente huevo crudo (como mayonesa casera o mousse de chocolate), ya que  el huevo puede tener bacterias, como la salmonela, que recién mueren a los 63ºC.

Huevos: seleccionar huevos que no presenten grietas, rajaduras o restos de excremento, al momento de la compra. No se recomienda lavar el huevo antes de guardar, ya que la cáscara tiene una cutícula que lo protege y que se pierde con el lavado, por ser soluble en agua. Al perder la protección, los poros del huevo quedan expuestos al ingreso de bacterias y la contaminación exterior. Si se desea lavar la cáscara, hacerlo únicamente antes de usar el huevo (y no antes de almacenar). Una práctica eficaz es sumergir al huevo en una solución de vinagre y agua durante diez minutos. Por otra parte, una técnica para reconocer la calidad del huevo es sumergirlo en agua: si flota, está podrido. Cuando se almacena se recomienda ubicarlo en un compartimento separado en la heladera, sin contacto con alimentos listos para consumo. Bajo ningún punto de vista se recomienda realizar recetas con huevo crudo (por ejemplo, mayonesa). La salmonella es una bacteria que puede estar presente en el huevo y recién muere a una temperatura mayor de 63ºC.

Frutas y verduras: pueden resultar más peligrosas que la carne ya que se consumen crudas y vienen de campo o huertas, donde pueden estar en contacto con los animales. Además, se trasladan en camiones y están expuestas al rayo del sol. Por lo tanto, es necesario estar atentos a los modos de manipulación, por los microorganismos y restos de agroquímicos que puedan tener.  Se recomienda lavar con agua y, para desinfectar, agregar vinagre o cloro de grado alimenticio (no en exceso para evitar intoxicación química).

Plagas: evitar la presencia de moscas, ratones, palomas que puedan infectar nuestra cocina. No verter productos químicos como insecticidas o productos para fumigar en las zonas de elaboración de comida, ya que también nos podremos intoxicar. Evitar el exceso de residuos en la cocina. Sacar diariamente la basura para no generar el desarrollo de plagas. No realizar la quema de los residuos, ya que esto genera un impacto al medioambiente. Ventilar, ya que la oscuridad y el encierro favorecen al desarrollo de plagas. El “orden y la limpieza” son los mejores mecanismos de prevención.

En las Fiestas

Es muy habitual que en Navidad y Año Nuevo haya más comida de la cuenta. Casella ilustra: "Como la heladera no da a basto y se pretende que la bebida esté fría, solemos sacar los alimentos que vamos a consumir".  El problema es que muchos de estas comidas tradicionales suelen tener mayonesa (vitel toné, ensalada rusa, pionono) y en un ambiente cálido las bacterias proliferan rápidamente y otras pueden generar toxinas, capaces de intoxicarnos. "A las bacterias les gusta la mayonesa tanto como a nosotros", bromea Crosetti y añade: "Ellas proliferan a temperatura ambiente, a mucha velocidad". Por eso, la profesional recomienda "mantener y respetar las temperaturas de refrigeración".

Como consumidores debemos estar activos y atentos, y de ser necesario reclamar sobre nuestros derechos, porque tenemos el poder y el deber de exigir. Pero al momento de producir debemos llevar adelante el cuidado y las recomendaciones adecuadas, y ser responsables en nuestro espacio de trabajo con la manipulación segura de los alimentos. "Nunca ha habido un caso de Enfermedad Transmitida por Alimentos (ETA) que no hubiera podido evitarse", enfatiza Rita Casella.

Diseño: Laura Caturla


Ellas cuidan tu salud

Por Luciano Toledo

Ella sabe que la parte humana es fundamental. Que hay que tener compromiso, no esperar nada a cambio. Y ante todo aportar en la suma de voluntades. Ella se llama Sol, que en lengua Wichi, se escribe Hwalá. Así la llamaban en la Comunidad del Paraje Santa Rosa, en el corazón del Chaco salteño, cuando junto a un grupo de seis mujeres, llevaron adelante trabajos de Educación para la salud (EPS), por medio de un proyecto de extensión que surgió desde la Universidad.

Una necesidad permanente

María Sol Addante, estudiante de la carrera de Licenciatura en Enfermería, es la impulsora del proyecto y autora de un trabajo final de grado que permitió conocer el diagnóstico cualitativo y etnográfico, además de la situación sociosanitaria de la comunidad, para generar las propuestas de EPS y la selección de los temas a abordar, con el fin de promover actitudes y hábitos de autocuidado y de promoción de la salud. El desafío final era el viaje a Salta.

Con actividades solidarias extrauniversitarias de participación en diferentes ONG que trabajan con comunidades vulnerables, Addante se había involucrado en tareas que permitían visualizar necesidades básicas insatisfechas. Aprendió lo que es esencial: la mirada humana para ver la realidad ajena, y dice: “El interés siempre está por conocer el adentro, la experiencia, el pensamiento, pero apuntado desde el lado de la salud”. Y así el trabajo de tesis se volvió un sueño concreto que contó con el interés de docentes, no docentes y otras instituciones. “De esa suma de voluntades coincidentes, surge este proyecto”.

Se gestó a partir de la convocatoria del año 2017, comenzó a aplicarse en merenderos de la ciudad de Junín, y luego de la experiencia piloto y junto al marco de referencia previa, la docente en Enfermería María Mónica Lázzaro asumió la dirección y le pusieron nombre al proyecto de extensión: Yo cuido mi salud II, Comunidad Wichi, Impenetrable Chaqueño, Salta.

María Belén Addante (izq.), junto a enfermeras del Centro de Salud del Paraje "La Unión".

Rifas, comidas y donaciones se sumaron al presupuesto otorgado por la Universidad.  Formaron redes cooperativas y junto a organizaciones copartícipes, viajaron a Salta. “No nos encontramos con una realidad triste, sino diferente”, dice la estudiante de Enfermería y remarca los modos de aceptar su realidad lejos de una postura resignada, sino ligada a otro tipo de disfrute y valores de vida, desde otras condiciones sociales y culturales. “Nos llevamos la sorpresa de ver que no hay sufrimiento de base, saben disfrutar y viven felices”, agrega.

Los destinatarios directos del proyecto fueron niños de edad preescolar y escolar que residen en el Paraje, y sus familias. Los conceptos básicos de cuidado se adaptaron a las creencias autóctonas, para estar al alcance de la realidad y las posibilidades de la comunidad. Fue esencial la convivencia de ambos saberes y prácticas: “La experiencia consistió en convivir con la comunidad durante tres días, lo que permitió comprender y valorar su cultura. Conocer sus problemáticas relacionadas con la salud, la satisfacción de las necesidades básicas, el trabajo, la vivienda, el ambiente. Y así pensamos juntos las posibles soluciones”, agrega Addante.

Cuando la llamaron por su nombre, Hwalá, en lengua Wichi, Sol sintió que de cierto modo ya formaba parte de la comunidad. Se sintió revitalizada, feliz. Sabe que el objetivo se cumplió pero que nacieron nuevas metas, a corto y largo plazo. Porque para ella el compromiso es una necesidad permanente.

Niño de la comunidad Wichi con el kit de cuidado bucal.

Características socioculturales

El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 arrojó la cifra total de 50.419 wichís en las provincias de Chaco, Formosa y Salta. Y según los números publicados por el INDEC, el 49,1% de los hogares del departamento de la Comunidad Santa Rosa poseen necesidades básicas insatisfechas. El 88% de la población es rural y habita en viviendas con pisos de tierra y techos de paja, sin acceso a agua segura. No poseen red de cloacas ni gas natural, y presentan elevados índices de analfabetismo y trabajo infantil, a lo que se le suman situaciones de desnutrición y enfermedades asociadas a la pobreza.

Pero antes de viajar, Marcela Durán, trabajadora administrativa del Instituto Académico de Desarrollo Humano (IADH), imaginaba una cosa, y encontró otra.  Ver el día a día del trabajo de Addante y Lázzaro, le hizo vivir el "efecto contagio", y se sumó al equipo de trabajo que viajó a Salta.  “No viajé como no docente, viajé como persona”, dice.

La Comunidad se sostiene con una infraestructura endeble, de casas de barro y paja, y la iglesia es el espacio en común que tienen y respetan como influencia externa. “Lo que para nosotros eran residuos, es alimento para ellos”, dice Marcela Durán y explica que como invitados de su Comunidad debían comer en primer turno, y lo que quedara en los platos sería la comida de los originarios.

El orden patriarcal refleja su construcción dentro de la Comunidad y la mujer se caracteriza por su sumisión. “Es algo que está bien instalado, aunque evitamos abordar demasiado en cuestiones de género, ante un posible choque que impida actividades a futuro”, agrega la representante del IADH.

Marcela Durán, trabajadora no docente del Instituto Académico de Desarrollo Humano

Dentro de las problemáticas sociosanitarias que presenta la Comunidad Santa Rosa, se observan el inicio sexual precoz, muchas veces consumado por familiares cercanos (aceptado según creencias culturales), el embarazo adolescente relacionado con la falta educación sexual y reproductiva, y las mujeres multíparas  (con, al menos, cinco partos), sin planificación familiar ni conocimientos de métodos anticonceptivos.

Marcela Durán entendió que el modo de acercamiento en la Comunidad debía ser gradual, “milímetro a milímetro, para ganar de a poco la confianza y la aceptación. "Es difícil, por el descreimiento hacia los políticos y los sistemas formales de gobierno”, agrega.

Conocimiento científico, conocimiento ancestral

“Siempre tuvimos claro en tener la mente y el corazón abierto, para poder aceptar al otro como es y no querer cambiarlo”, plantea María Mónica Lázzaro, docente en Enfermería y secretaria Académica del IADH. Para la directora del proyecto, dentro de la Enfermería es fundamental la atención primaria de la salud, es decir el cuidado a las personas sanas. “Además de hacer docencia en atención primaria desde la teoría, a la Enfermería comunitaria hay que llevarla a la práctica, y el viaje fue una oportunidad única para sumar desde la experiencia propia, y transmitir cuidados transculturales”, agrega.

Entre las actividades realizadas por el equipo se llevaron adelante mediciones antropométricas, evaluación del estado de salud general, examen oftalmológico y examen bucodental. Las acciones de Educación se enfocaron en la higiene del cuerpo, cuidado de la intimidad, higiene bucal, concientización sobre inmunizaciones, prevención del embarazo adolescente y cuidados del recién nacido.

La licenciada Lázzaro destaca el protagonismo de la Enfermería en el centro de salud más cercano a la Comunidad y su toma de decisiones como promotores de la salud de la población. Reconoce, también, que existen políticas o programas impulsados desde el Estado e implementados a través de los diferentes Centros que incluyen, por ejemplo, métodos anticonceptivos, aunque sin el acompañamiento necesario que se ajuste a la realidad de la comunidad particular . “Hay que llevar la educación al medio cultural que te dirigís con las respectivas características y pensar estrategias integradoras”, sostiene.

María Mónica Lázzaro junto a integrantes de la comunidad Wichi

La Comunidad mantiene una alimentación basada en harinas, carne de cerdo y carne vacuna, ya que las condiciones del clima y la aridez del suelo no favorecen el desarrollo de huerta. Consecuentemente, la ingesta de frutas y verduras es limitada. Estas son las causas que llevan a un diagnóstico que presenta variaciones en el crecimiento y desarrollo, presencias de caries, alteraciones de la piel (por el ambiente), diarreas y parasitosis  (por la ausencia de agua potable), así como alteraciones hepáticas (por la alta ingesta de grasas).

Para realizar las evaluaciones y el diagnóstico se trabajó desde el vínculo y el diálogo entre pares. Y en cada una de las actividades no solo dejaron un saber, sino también los elementos para poder llevar adelante el cuidado correspondiente. “Nuestro conocimiento científico debió consensuar con la sabiduría ancestral”, añade Lázzaro.

Kits entregados a la Comunidad Wichi por las representantes del Proyecto "Yo cuido mi salud". Infografía: Laura Caturla.

La ciencia de comunicar

Por Luciano Toledo

Apelar a la creatividad, ser originales y contar con las herramientas necesarias. Hoy se ha vuelto indispensable acortar las distancias entre la comunicación y los destinatarios de aquellos mensajes que buscan transmitir los avances del mundo de la ciencia y la tecnología. La docente universitaria y periodista científica Claudia Mazzeo brindó, en un taller de la UNNOBA, un número de herramientas para que la información que se genera en los centros de investigación o en las universidades no quede solamente en los laboratorios.

Si tomamos como ejemplo a los economistas, cuando en diferentes medios los especialistas se expresan sobre el tema, presentan tecnicismos que dan por sentado un conocimiento colectivo. Esto es un error común: el lenguaje se carga de palabras herméticas que maneja sólo la comunidad de las finanzas, es decir, los que están dentro de la misma actividad. En ese sentido, la periodista especializada en ciencia, tecnología y ambiente, sostiene: “A veces pareciera que el periodismo científico está centrado en lo que solemos llamar las ciencias duras, es decir, aquellas que tienen que ver con la biología, la salud y otras, cuando en verdad las ciencias sociales también son objetos del periodismo científico, o deberían serlo. Muchos temas, y no solo de Economía, necesitan que sean bajados al llano para que podamos entender a qué aluden y qué significan esos términos que los expertos manejan con tanta fluidez”.

Claudia Mazzeo, periodista especializada en Ciencia, Tecnología y Ambiente.

El mecanismo que utiliza el periodista científico, a diferencia de lo que mucha gente piensa, no es el de traducir al experto, ni al paper (documento en que presenta los hallazgos de una investigación), sino seguir un proceso más complejo que se conoce como recontextualización de la ciencia. “Es probable que en un paper no encontremos contenido de interés para la sociedad. Veo qué se desarrolló, pero no obtengo la información de por qué, a qué población va a impactar, a quién le va a cambiar la vida, en cuánto tiempo, cuánto va a salir cuando se venda. Esas son respuestas que no están en un paper", sostuvo Mazzeo en una entrevista en UNNOBA Radio.

Los comunicadores, entonces, no deben circunscribirse a la búsqueda de los investigadores, porque no habría una respuesta a la pregunta que tal vez sea la que más peso tenga en la comunicación de la ciencia: para qué. “Y es ahí donde debemos poner el énfasis”, agrega la especialista y magíster de la UBA en Gestión del Agua.

Anteriormente, la comunicación de la ciencia estaba basada en un modelo teórico que se conoce como modelo del déficit, “de lo que hace falta”.  Claudia Mazzeo plantea: “Se partía de la base de una información que partía del experto al vulgo, del que sabía al que no. Hoy ha quedado superado por visiones más ricas que buscan incluir diferentes saberes ya que cada uno de nosotros podemos ser expertos en un tema y no saber nada de otro”.

Para que la información no quede reducida solamente a centros de conocimiento, pueda salir y  alcanzar a la sociedad, se necesita de un desafío doble: científicos que tengan la capacidad de comunicar y periodistas que cuenten con las herramientas para dar a conocer los avances científicos. “En ambos casos se busca complementar aquello que falta: un periodista va a tratar de adquirir más herramientas que vengan de la metodología científica, tratará de aprender cómo avanza la ciencia, cuáles son sus códigos. Un investigador, lo que va a hacer es adquirir herramientas de la comunicación: cómo se hace una síntesis o qué significa que ponga un título a mi trabajo de investigación”, agrega Mazzeo.

Pero ante el afán de poder comunicar la ciencia y hacerla entretenida o fácil, a veces los medios sacrifican el verdadero trasfondo de la investigación científica y lo simplifican a un punto tal que priorizan el espectáculo, el show. De esta manera la comunicación de un tema de investigación puede transformarse en, por ejemplo, un stand up, en donde lo prioritario pasa a ser divertir y entretener. “Es por eso que el debate está en el límite entre ser entretenido, novedoso, ameno o provocador, o convertirse en un clown de la ciencia”, sugiere.

Por la terminología, el enfoque o la jerga, la ciencia se vuelve difícil de comprender para quienes no son parte de ella. En esa línea, la UNNOBA, gracias al impulso de la Dirección de Comunicación (a través del proyecto Com.ciencia) y la Secretaría de Investigación, Desarrollo y Transferencia, está siendo pionera en poder reflexionar sobre qué herramientas les faltan a los investigadores al momento de comunicar y cómo hacerlo apropiadamente. Mazzeo destaca: “Creo que la UNNOBA está adelantándose a otros espacios académicos para deliberar y poder encontrar soluciones que lleven a lo que esperamos todos: que la sociedad esté más informada, que toda esa masa de conocimiento que se genera pueda ser alcanzada”.

Claudia Mazzeo dictó un taller  para periodistas (en Junín) y un taller para investigadores (en Pergamino).

Pero el desafío no se presenta solamente en el terreno del lenguaje, porque también existe una serie de conflictos que se desarrollan entre los propios investigadores. Mazzeo comenta que no siempre es bien recibido por sus pares el investigador que aparece en un medio, porque su propia comunidad le hace pagar esa postura. “Incluso, algunos que han comunicado la ciencia en los medios en forma fluida y continua, pareciera que los han hasta desclasado, les cambiaron su profesión, ya no los consideran más investigadores porque están en la televisión contando ciencia.  Eso influye muchas veces de manera negativa en el modo de comunicar del investigador. Cuando habla en los medios, lo hace para sus colegas. ¡Pero para eso están los journals!”.

Y destaca el modelo Adrián Paenza (periodista y doctor en Matemática) como un ejemplo a seguir: “Él volcó a sus conocimientos sobre la Matemática con resultados fantásticos. Me parece que es un modelo que serviría, pero es algo que le sirvió a él, y habría que ver si es trasladable a otras personas que tienen esa misma vocación”.

Argentina lleva más de treinta años en la formación de periodistas científicos. A fines de los años ochenta, el químico Enrique Belocopitow emprendió la tarea de formar profesionales que pudieran actuar como interlocutores entre los investigadores y la sociedad.  Asimismo, en 2007 se fundó la Red Argentina de Periodismo Científico,  que apela a diferentes estrategias para asumir el desafío de fomentar la capacitación profesional y la reflexión crítica sobre la relación entre ciencia, medios y sociedad. Claudia Mazzeo sostiene que en un país donde el sistema científico-tecnológico ha sido ampliamente favorecido en el contexto de América Latina, aunque más no sea a intervalos, “el periodista científico, además de acercar al investigador con los potenciales beneficiarios del conocimiento, se plantea otros objetivos, como poder indagar sobre los múltiples aspectos que hacen al conocimiento, alertando también sobre las posibles incongruencias del sistema, abordando conflictos de interés y controversias”.

En palabras de Albert Einsten, no basta con que los resultados de las investigaciones sean conocidos, elaborados y aplicados por unos cuantos especialistas. “Si los conocimientos científicos se limitan a un pequeño grupo, se debilita la mentalidad filosófica de un pueblo, que camina así a su empobrecimiento espiritual”.

Fotos: Adrián Gilardoni
Infografías: Laura Caturla


Testimonio inclusivo

Por Luciano Toledo

Egresades”, se lee en grandes letras sobre buzos y camperas. Página 12 publica notas con la “X”, sube notas con la “E”. La Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, permitió su uso en cualquier práctica académica. A fines de 2018 se aprobó la primera tesina en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Y  La facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aceptó el uso del lenguaje inclusivo en todas sus modalidades como recurso válido en producciones de grado y posgrado. Fue una investigadora argentina, Delia Suardíaz, quien analizó por primera vez en 1973, los usos sexistas de la lengua castellana. Pero ya no se habla de condición dicotómica. Se rompió el binomio hombre/mujer. El lenguaje deja afuera identidades y disidencias, ahora… ¿estamos todes de acuerdo?

Del genérico a la inclusión

Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, se titula el documento que en 2012 presentó la Real Academia Española (RAE), redactado por Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Además de sentar una posición que defiende un “masculino genérico extensivo que incluye a las mujeres”, es una declaración disconforme hacia quien pretende evitar la homogenización de las voces autorizadas. Ese mismo año, la Traductora Pública de Inglés (Universidad del Salvador) Sylvia Falchuk, le propuso al director de la Escuela de Lenguas de la Universidad de Belgrano organizar conjuntamente una jornada sobre traducción, análisis del discurso y género. Y anticipando su futura irrupción social, presentó junto a especialistas en el tema, una mesa denominada: Hacia un lenguaje inclusivo, ¿es posible?

"...la humanidad está entrando en una era pospatriarcal"

En un congreso de intérpretes y traductores en Los Ángeles, EE.UU, en 2017, presentó el taller: ¿Por qué no considerar el uso del lenguaje inclusivo en nuestro quehacer profesional cuando corresponde? La especialista en políticas lingüísticas sostiene que las profesionales del lenguaje tienen las herramientas para resignificar sus roles y superar la representación de ser meras traductoras, redactoras o intérpretes. “Necesitamos ubicarnos en un lugar más proactivo de asesoras o consultoras lingüísticas y aceptar, rechazar o sugerir modificaciones cuando los trabajos lo requieren. En ese nuevo andar, las más convencidas del uso del lenguaje inclusivo y con espíritu activista, defenderán aquello en lo que creen”, agrega.

Sylvia Falchuk, Traductora Pública de Inglés. Consultora de servicios lingüísticos.

Las mujeres son amplia mayoría en la profesión, pero la formación purista, lleva a que muchas defiendan la postura del masculino genérico. Falchuk considera necesario conocer los procedimientos lingüísticos para acceder a un tratamiento igualitario del lenguaje. Y sugiere estrategias, recursos y pautas de comunicación inclusiva como desdoblamientos y alternativas gráficas, “porque hay organismos, editoriales, instituciones o empresas que piden que los textos contemplen este tipo de lenguaje”.

En la 23ª edición de 2014 del Diccionario de la Lengua Española se eliminaron significados como débil, endeble asociados a femenino. Y hoy existen en países hispanohablantes distintas guías sobre lenguaje inclusivo no sexista: “Esto implica mostrar a las mujeres como ciudadanas, con todos sus derechos. Es incluir lo excluido, y contribuir a la transformación y a la construcción de una sociedad con igualdad de oportunidades para mujeres y varones”.

La Traductora Pública Falchuk sostiene que atravesamos un proceso y un movimiento que ya está en marcha, porque la humanidad está entrando en una era pospatriarcal, y agrega: “Cuando un número importante de personas cambia su modo de pensar y de comportarse, la cultura lo hace también, y una nueva era comienza. Si extrapolamos esto al lenguaje, de a poco se van a ir dando cambios, porque las generaciones más jóvenes se animan más; algo que quizá no sucede con mi generación de profesionales, ya que no nos hemos formado para pensarnos como agentes sociales de política lingüística”.

Hacia un derecho lingüístico

Existe una conciencia del lenguaje arraigada a los procesos socioculturales que viene a señalar lo que existió desde sus comienzos. Para la doctora en Semiótica Laura Abratte, hay una insistencia histórica en naturalizar los usos lingüísticos y evitar la reflexión. Para asentar un cambio primero hay que dar el debate, y enfrentarse a la gran resistencia que genera el movimiento que enarbola la RAE como voz de autoridad. “Porque no solo implica la cuestión de género y patriarcado, además se presentan condiciones de colonialismo explícito en el lenguaje. Es apostar contra la dominación, la relación de desigualdad y la imposición violenta”, agrega.

Laura Abratte, doctora en Semiótica y licenciada en Letras Modernas.

Es imposible pensar a la lengua fuera de las relaciones de poder. Desde las bases y los fundamentos, y desde la concepción disciplinar, el pensamiento es dicotómico (todo es binario). Para Abratte las instituciones y academias que se consideran el resguardo lingüístico sólo son capaces de pensar en términos de dicotomía, y hay expresiones que no entran ni en lo femenino ni lo masculino. “Por eso buscamos otros términos y representaciones, porque no tenemos forma de nombrar ni conceptualizarlos, porque la lengua no los representa”, sostiene.

Si tomamos al lenguaje inclusivo como un proceso que inició hace años, notamos que se dieron diferentes alternativas: x @ e, como marca de género. Pero además del pensamiento dicotómico, se presentan los tecnicismos, la morfología y la gramática como barrera. La RAE manifiesta en su documento que la lengua tiene otros recursos para que no se invisibilice el género, como la utilización de un pseudónimo sin marca, por ejemplo: “gente” o “personas”. Pero Abratte sostiene que buscar alternativas para evitar la utilización de un término marcado en condición de sexismo, sin la necesidad de modificar la lengua, es ir en contra de lo que viene a evidenciar. “Es borrar el sexismo de la lengua. O sea, busco un sinónimo, pero no soluciono el tema de fondo. La e en cuestiones gramaticales puede generar ambigüedad en ciertas construcciones, pero lo más importantes es mantener el debate abierto en todos sus frentes”, agrega.

"El territorio ya no es geográfico sino humano, hoy hay que poner el ojo en las mujeres y los géneros no binarios"

Si pensamos al lenguaje inclusivo en pos de reconocerse como el estándar, implica mucho más que hablarlo y escribirlo. Implica un sistema educativo, de leyes. Y la resistencia no se da solamente en términos lingüísticos, sino sociales. Abratte agrega: “Hay gente que no acuerda con el principal problema de la cuestión que es el patriarcado y la lucha de los movimientos feministas, ante todo por el posicionamiento político ideológico sobre el que hay que mantener la resistencia y el debate”.

El género logró poner en relieve cierta problemática en relación a la conciencia lingüística. Y aunque se siga tomando como referencia la opinión de autoridades sobre la lengua, y no a los hablantes, y se subestime la discusión con políticas diseñadas para homogenizar, la doctora en Semiótica sostiene que hay que estimular fuertemente las reflexiones con respecto a la conciencia. “Hoy es fundamental hablar y pensar en función de lo que debe garantizarse en términos de derechos lingüísticos”, afirma.

La lengua es movimiento

La RAE, fundada en 1713, resolvió no aceptar mujeres como académicas de número hasta fines del siglo XX. La escritora argentina Claudia Piñeiro participó del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española 2019 que se desarrolló en Córdoba, el foro de reflexión sobre el idioma, donde se discutió la situación, problemática y retos de la lengua. La novelista presentó el debate en contraposición con el discurso de quienes revindican al español como lengua unitaria, y comparó a los detractores del lenguaje con perspectiva de género con los viejos conquistadores. “El territorio ya no es geográfico sino humano, hoy hay que poner el ojo en las mujeres y los géneros no binarios”, dice.

"La lengua es movimiento, lo que no se habla produce malestar, y los silencios son volcanes a punto de explotar”

El español es, después del chino mandarín, la segunda lengua más hablada en el mundo. Piñeiro sostiene que dentro del idioma hay un claro negocio y que no existe una presión social para que se acepte el lenguaje inclusivo en la academia. Además, se pregunta: “¿Quién es el dueño del español?”.

Si el inclusivo va terminar siendo lenguaje oficial o no, se determinará con el tiempo y con el uso. Si se establece será parte de la lengua y tendrá que ser aceptado, “pero no podemos prohibirlo, y tampoco imponerlo”, sostiene.

Claudia Piñeiro, escritora.

Desde los años setenta se debate si el genérico masculino es universal, si incluye o no. Según José Luis Moure, director de la Academia Argentina de Letras, ningún grupo minoritario se puede arrogar el derecho de cambiar unilateralmente una lengua. Para la novelista Piñeiro no se trata de una mera moda del movimiento feminista: “Políticamente hay un reflejo del patriarcado, y no podemos negar que el masculino a partir del hombre opera en la realidad. Sería claudicar una zona de poder, una lucha de poder. La lengua es movimiento, lo que no se habla produce malestar, y los silencios son volcanes a punto de explotar”.


Buscadoras incansables

 Por Luciano Toledo

 

La primera vez que Alejandra Ise oyó hablar de biocombustibles y energía solar, le restó importancia: “¿qué tiene que ver con mi formación?”, pensó la egresada en Relaciones Internacionales de la USAL (Universidad del Salvador). Después comprendió que la energía era un recurso estratégico para los Estados, un tema trasversal que abarcaba múltiples disciplinas. Ya estaba en su base formativa, pero ahora se presentaba como un recurso fundamental, no solo en la historia universal, sino en su propia vida.

Primero fueron los idiomas, en el contexto de primaria y secundaria, la actual Licenciada se capacitó en todos los niveles, rindió exámenes internacionales y capacitaciones para docencia en inglés, francés y alemán. Esa relación intercultural, al finalizar la secundaria, la impulsó a seguir por el mismo camino, había que decidir: “traductorado o relaciones internacionales” pensó, y se volcó por la última.

Alejandra Ise, becaria doctoral Conicet, área energía y ambiente

Alejandra dedicó más de la mitad de su vida a la formación, y después de cinco años en Buenos Aires, volvió a su ciudad. Con el título de Licenciada enfrentó con inquietud la incertidumbre de su futuro, y realizó diferentes estudios de posgrado. Pero al anotarse en el Seminario de contexto político local y global, que se dictaba en la UNNOBA, algo comenzaría a cambiar.

El seminario lo dictaba el doctor Carlos Moneta. Y ese hombre del que tanto había leído mientras estudiaba, ahora estaba frente a ella hablando de energías renovables. “En la carrera lo había pasado por alto. Pero ahí empecé a comprender que las Relaciones Internacionales no solo abarcan temas de integración y cooperación, de conflicto, problemas globales y más, también me cautivó el medioambiente, la sostenibilidad, la conservación de los recursos, y el aprovisionamiento de la energía, que es un recurso de poder para los Estados”, recuerda Alejandra.

"Desde megaproyectos a instalaciones más chicas generalmente el resultado impacta de forma positiva en la sociedad"

El "mundo UNNOBA" la acercó a Silvina Carrizo, directora del TEAM (Centro de Estudios sobre Territorio, Energía y Ambiente), y ya no quedaban dudas: había que poner en práctica el conocimiento, y la Universidad le brindaba el espacio para hacerlo. Comenzó a informarse y a estudiar sobre la integración regional en temas de energía y se sumó al TEAM. “¿Y si te postulás para una beca doctoral del Conicet?” le sugirió Silvina. Y seis meses después, “que parecieron seis años”, un 29 de diciembre, cuando se apagaban las últimas luces del año, la cara de Alejandra se iluminó con la respuesta tan esperada: “Me otorgaron la beca para realizar un doctorado de cinco años, para estudiar el desarrollo de la energía solar en la zona centro de la República Argentina, y su transformación territorial”, agrega.

La becaria del Conicet por el CITNOBA (Centro de Investigaciones y Transferencia del Noroeste de la provincia de Buenos Aires UNNOBA-UNSADA-CONICET, ) a medida que se adentra en el tema comienza a comprender que la energía solar es la que más visibilidad tiene en cuanto a las repercusiones sociales: “Desde megaproyectos a instalaciones más chicas. Generalmente el resultado impacta de forma positiva en la sociedad donde funciona cada recurso… para quien no tiene cómo cocinar, o calentar el agua, cosas básicas que se pueden ver y medir, el impacto social es más amplio”, agrega. Hoy se encuentra transitando el segundo año de la beca y a la par realiza la Maestría en Energías Renovables, que también se dicta en la Universidad.

Alejandra desarrolla proyectos de investigación junto al grupo del TEAM y otras Universidades sobre transiciones energéticas, sostenibilidad e inclusión. En su incansable labor hoy visualiza el futuro ya sin incertidumbres, con el firme deseo de seguir formándose y desarrollando conocimiento, ante todo para profundizar en los temas que está investigando y que, en sus propias palabras, “le dieron un sentido a todo lo que estudié… sirve, sirvió y está funcionando.”

La egresada número 12

Fue el 19 de diciembre de 2013. Imposible olvidar el día, y la fecha. Agustina Pascual acababa de egresar como Licenciada en Genética en la UNNOBA, y aún no había secado las lágrimas de emoción, cuando recibió un llamado. Un amigo le avisaba que le habían otorgado la beca del Conicet. El festejo por partida doble no llegó porque sí, detrás hay una historia de esfuerzo y formación.

Cuando Agustina terminó la secundaria en Pergamino, la UNNOBA llevaba los primeros años en la ciudad: “Al momento de decidir qué estudiar, a esa edad me gustaba todo y no me gustaba nada”, recuerda con una sonrisa a la adolescencia. Y ante la difícil posibilidad de estudiar afuera se presentaba una alternativa para la chica que de a poquito soñaba con investigar, con aprender de salud. Pero no había referencias, la Licenciatura en Genética recién se abría y el desafío era mayor, entrar a un mundo desconocido y sin saber al menos de qué se iba a tratar.

La indecisión no fue un obstáculo y dentro de la formación académica descubrió un campo de estudio amplio, y entre los diferentes enfoques se sintió atraída por el estudio de la genética del desarrollo embrionario, enfocado en el desarrollo de la vinchuca (Rhodnius prolixus), uno de los vectores del mal de Chagas.

Agustina Pascual, becaria en el CeBio, docente en Genética del desarrollo

En el CeBio (Centro de Bioinvestigaciones) de la UNNOBA pudo realizar el trabajo de su tesis doctoral, y la licenciada agregó a su currículum el título de Doctora de la facultad de ciencias exactas de la Universidad de La Plata, Área Biológica, gracias a la beca del Conicet. Esa beca que le avisaron que había obtenido, el mismo día en que rendía la última materia de la licenciatura.

Durante su tesis doctoral realizó cursos propios y externos a la UNNOBA, pero apenas finalizó la carrera, comenzó a perfilarse en la docencia. “Pude concursar un cargo de ayudante diplomada cuando me recibí, y desde el 2014 soy docente de la Universidad en las materias Bioinformática y Genética del desarrollo”, agrega. Además, es investigadora del laboratorio del Centro de Bioinvesigaciones, y está en la etapa de transición por recomenzar el postdoctorado, período en el que espera presentar los resultados del doctorado y publicarlo en alguna revista científica.

“Fueron horas invertidas para que la investigación tome su rumbo, pero fue un esfuerzo que contó siempre con el respaldo de la Universidad”

La investigación que lleva adelante la doctora Pascual se centra en el desarrollo embrionario del Rhodnius prolixus tanto a nivel informático como molecular en el laboratorio: evalúan qué genes se expresan analizando su función para ver con qué otros pueden interactuar durante el desarrollo, principalmente genes tempranos de la formación del huevo y la ovogénesis.

Vinchucas en el laboratorio

Cuando mira hacia atrás Agustina destaca la importancia de la UNNOBA en su vida, y agrega: “Mientras estudiaba no magnificaba lo que era la Universidad en el noroeste bonaerense, viéndolo desde afuera, como docente, o formando parte hoy veo el gran impacto territorial que tiene en la zona, al momento de brindar posibilidades que hace apenas años atrás no existían”. La egresada número doce de la carrera de Genética destaca que para los primeros graduados no había nada establecido, no había un campo claro con enfoque de trabajo, y recuerda que junto a sus compañeros arrancaron de cero. El CeBio nació en 2013 y creció a la par de sus investigadores. Hoy está formado por dos grupos, uno dedicado a la investigación de insectos y otro a la de mamíferos. “Fueron horas invertidas para que la investigación tome su rumbo, pero fue un esfuerzo que contó siempre con el respaldo de la Universidad”, agrega.

La mamá de los becarios

“El día que te cures, no entrás a una clínica nunca más”, le dijo el psicólogo. Natalia Menite tenía dieciséis años y le habían detectado linfoma no Hodgkin (células cancerosas en el sistema linfático). Comenzó el tratamiento, viajaba de Alem a Junín, y después a La Plata hasta llegar a Gonnet.  Al Centro Oncológico Mainetti, “institución a la que le debo la vida”. Quimioterapia, rayos y trasplante de médula ósea. Cuando se curó, Natalia, quiso estudiar bioquímica.

Con los últimos meses del tratamiento se cerraba la etapa escolar, y la enfermedad no le impidió finalizar con uno de los mejores promedios del curso. Había que perfilar al futuro, las ganas eran muchas y las posibilidades pocas. En Junín recién se abría el Centro Universitario Regional, y una de las propuestas era la carrera QBF (química, bioquímica y farmacia). Con una previa tecnicatura en un instituto privado, realizó las dos carreras en paralelo, lavó copas, fue moza y niñera. Hasta radicarse en Junín, viajó a dedo desde Alem, cada día que tenía que cursar.

Natalia Menite. Técnica en Laboratorio, CIBA

Con la tecnicatura finalizada, Natalia decidió enfocarse plenamente en la carrera de Bioquímica. “La idea original cambió, conocí a mi marido, tuve mi primer hijo y la carrera quedó postergada”, dice la Técnica en laboratorio que después de dieciocho años en el Sanatorio, una tarde, leyó un anuncio en el diario, que cambiaría su destino. “Se buscan profesionales para el armado de laboratorio” decía. Y no lo dudó, sin esperanza, pero con seguridad, mandó el currículum.

Buscaban técnicos en laboratorio y licenciados en Genética. “Era un llamado amplio, pero lo vi como una búsqueda de aprendizaje, sentí que había llegado a cierto techo, la rutina, lo mecánico, automático me estaba absorbiendo”, recuerda Menite. Y a los dos meses llegó el llamado. Carolina Cristina (secretaria de Investigación Desarrollo y Transferencia de la UNNOBA) y Virginia Pasquinelli (actual Directora de la Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y ambientales) le contaron la propuesta, y en diciembre de 2013 comenzó a trabajar en la Universidad. “Acá no vas a tener techo” le dijeron, y se convenció.

Investigadores y becarios necesitaban un técnico en laboratorio: “Dejé un trabajo de dieciocho años para darle privilegio no solo a mi formación en investigación sino a otras cosas, como la calidad de vida. Para las clínicas todo es urgente, en cambio un proyecto de investigación lleva otros tiempos”, sostiene.

"El laboratorio no es mi vida, pero es una parte fundamental"

Natalia se entregaba a un universo nuevo, y así conoce al CIBA (Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas) desde los planos, los cimientos. “Tuve el privilegio de ser consultada en algunas decisiones del armado. Por eso es tan grande el sentido de apropiación, al elegir pequeños detalles que enriquecen y hacen mejor aún al lugar de trabajo, donde vas a pasar gran parte de tu vida.” agrega.

Cuando comenzaron eran seis, pero en la actualidad el CIBA está conformado por veinte personas. Y desde la limpieza del material, la esterilización, la preparación de una solución, la inyección a un animal cuando es necesario, el análisis de soluciones en el citómetro de flujo, “que en forma criolla es un contador de células”, dice, y que para su manejó realizó diferentes cursos de capacitación, Natalia cubre los frentes necesarios para que los investigadores puedan trabajar todas las técnicas: “Después de seis años estoy llena de información y conocimiento. El laboratorio no es mi vida, la vida está afuera, en mi familia, mi esposo y mis dos hijos, pero claro que es una parte fundamental. No solo al aprender, sino al colaborar de forma directa y con fines de transformación social”.