¿Y ahora? ¿La viruela del mono?

Por Gricelda Incerti

Cuando aún no hemos dejado atrás la pandemia de COVID-19, otro virus, el de la viruela del mono, aparece en el mundo. La detección en cantidad de pacientes y en poblaciones separadas ha provocado una lógica alerta científica, sanitaria, administrativa y social.

La viruela del mono se descubrió por primera vez en 1958, cuando se produjeron dos brotes de una enfermedad similar a la viruela en colonias de monos mantenidos para la investigación, de ahí el nombre de "viruela del mono". El primer caso humano de viruela del mono se registró en 1970 en la República Democrática del Congo durante un período de esfuerzos intensificados para eliminar la viruela. Desde entonces, se ha notificado viruela del mono en personas de varios otros países de África central y occidental: Camerún, República Centroafricana, Costa de Marfil, Gabón, Liberia, Nigeria, República del Congo, Sierra Leona y República Democrática del Congo, donde se registran la mayoría de las infecciones.

Los casos de viruela del mono en personas que han ocurrido fuera del continente africano hasta ahora estaban relacionados con viajes internacionales o animales importados, incluidos casos en los Estados Unidos, así como en Israel, Singapur y el Reino Unido. Desde inicios de este mes, autoridades de salud de varias naciones —desde Europa hasta Canadá, Estados Unidos y Australia— comenzaron a detectar casos de esta enfermedad, cuyos brotes anteriores habían sido contenidos y en los que, en algunos casos, no se registran contactos estrechos ni viajes a países endémicos.

El agente etiológico  que causa la enfermedad de la viruela del mono es un virus que pertenece al mismo género de la viruela humana, aunque tiene un mapa genómico diferente. “El virus de la viruela del mono pertenece a un género (Orthopoxvirus de la familia Poxviridae) que también incluye a los virus que causan la viruela humana (variola), viruela bovina y un tipo de virus utilizado como vacuna para la viruela humana (vaccinia)", explica la doctora en Química Biológica, Silvina Goenaga, docente de la Maestría en Control y Prevención de las Zoonosis de la UNNOBA.

“Es un virus conformado por una doble cadena de ADN, envuelto de una envoltura glucolipídica. Si bien el virus variólico y el virus símico corresponden al mismo género viral, son entidades diferentes y tiene rangos de hospedadores diferentes, es decir, pueden enfermar distintos animales”, sintetiza Goenaga.

También aclara que el virus símico es una zoonosis, esto significa que es un virus que puede enfermar a animales y también al  ser humano, con cepas bien diferenciadas: “Hay dos cepas genéticamente distintas del virus de la viruela símica: la cepa de la cuenca del Congo (África central) y la cepa de África occidental. Las infecciones humanas con la cepa de África occidental parecen causar una enfermedad menos grave, en comparación con la cepa de la cuenca del Congo”.

Goenaga, docente de la cátedra Ecología y Genética de las Enfermedades Transmisibles por Vectores, explica  por qué en este virus existe la particularidad de transmisión de persona a persona: "El virus de la viruela del mono tradicionalmente se transmite principalmente por contacto directo o indirecto con sangre y fluidos corporales, por lesiones de la piel o las mucosas de animales infectados. Sin embargo, existe la transmisión de persona a persona, la cual puede producirse por contacto estrecho con secreciones infectadas de las vías respiratorias o lesiones cutáneas, fluidos corporales de una persona infectada, o con objetos contaminados recientemente con los fluidos del paciente o materiales de la lesión. La transmisión se produce, principalmente, por gotículas respiratorias”.

Sobre el origen de la enfermedad en humanos, Goenaga, sostiene: “Será el análisis epidemiológico el que podrá determinar el origen de la trasmisión del brote actual del virus. Esto aún está en estudio por parte de las comunidades científicas”. 

¿Una nueva vacunación contra la viruela?

En el pasado, la vacuna antivariólica demostró una eficacia del 85% para prevenir la viruela símica. Sin embargo, la vacuna ya no está accesible al público, ya que se suspendió su producción tras la erradicación mundial de  la enfermedad en el año 1980. Para quienes están vacunados, ¿la vacunación antivariólica previa puede contribuir a que la evolución de la enfermedad sea más leve? ¿Y para los que no están vacunados?

Según apunta Goenaga, la vacuna contra la viruela podría ser el arma de prevención para una enfermedad como la viruela símica: “Se ha demostrado que la vacunación contra la viruela ayuda a prevenir o atenuar la enfermedad por la viruela símica, con una eficacia del 85%. Sin embargo, aquellas personas que no están vacunadas, menores de 40 a 50 años, dependiendo del país, pueden ser más susceptibles a la viruela del mono debido al cese de las campañas de vacunación contra la viruela en todo el mundo tras la erradicación de la enfermedad”.

Esta efectividad se debe a las proteínas que tienen en común que  ambos virus, quienes están muy emparentados. Por eso, la antigua vacuna pueden favorecer a que el sistema inmunitario sea capaz de protegerse.

Sobre esto, no obstante, existen controversias entre las agencias sanitarias de los países más afectados. Mientras para el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (EDDC) “faltan datos de eficacia de esta vacuna contra la viruela del mono en humanos” y ha descartado la vacunación porque considera que el riesgo que tiene este virus es bajo, la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) recomendó la vacuna para el personal sanitario, a fin de que pueda estar expuesto a pacientes con el virus de la viruela del mono. Además, ha pedido que también se inocule a quienes trabajan en tareas de desinfección y a personal de laboratorio que trabaja con el virus. Por otro lado, propuso realizar lo que se conoce como "vacunación en anillo", una práctica que consiste en que, en caso de contacto estrecho con un paciente positivo que no esté vacunado, debería ofrecerse la posibilidad de vacunarse tan pronto como sea posible.

Por su parte, los expertos de la OMS afirman que el brote actual de viruela del simio debería ser más fácil de contener que el del COVID-19  y que la enfermedad es más fácilmente identificable y controlable.

Documento-OMS-OPS-20deMayo

El 14 de mayo de 1980 la Organización Mundial de la Salud anunció que se había erradicado la viruela. El último caso conocido de viruela se reportó en África en 1977.

Tratamiento y medidas de prevención

Sobre los tratamientos específicos disponibles para la infección, la investigadora sostiene que “al igual que para la mayoría de las enfermedades virales, no hay tratamientos específicos contra la infección por el virus de la viruela símica”, y agrega: “Los síntomas de la viruela del mono se suelen resolver espontáneamente. La atención clínica de la viruela del mono está direccionada a aliviar los síntomas, gestionar las complicaciones y prevenir las secuelas a largo plazo. Es importante cuidar la erupción dejando que se seque, si es posible, o cubriéndola con un apósito húmedo para proteger la zona, si es necesario”. “No es como el virus del sarampión o del COVID, cuya transmisión de persona a persona es muy alta y eso ayuda a que se propague”, enfatiza la investigadora.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos  recomienda, como medidas de prevención para evitar la propagación e infección del virus,  una buena higiene de manos después del contacto con animales o humanos infectados. Por ejemplo, lavarse las manos con agua y jabón o usar un desinfectante para manos a base de alcohol. A su vez, sobre todo para los trabajadores de la salud que atienden a casos sospechosos o confirmados de viruela símica, deben implementar protección para los ojos, mascarilla quirúrgica, bata y guantes desechables”, sostiene.

Cómo la ciencia venció a la viruela

El caso más emblemático del triunfo de la ciencia sobre un agente infeccioso es el de la viruela: la única enfermedad humana que  desapareció gracias a la vacunación.

La viruela, fue una de las enfermedades más temidas del mundo y se calcula que, solo en el siglo XX, provocó 500 millones de muertes. Era una infección altamente contagiosa causada por un virus que se transmitía principalmente por la inhalación de las gotas que exhalaba por la nariz o boca una persona contagiada. Sus síntomas incluían fiebre y fatiga, y después la enfermedad producía una característica erupción en la piel, cuyas manchas se convertían en pústulas que formaban cicatrices y dejaban, a los que lograban sobrevivir, con terribles desfiguraciones. Otros quedaban ciegos debido a las lesiones que la infección dejaba en las córneas. La viruela era mortal en hasta 30% de los casos.

En 1796 el médico inglés Edward Jenner descubrió la vacuna contra la viruela. Así se crea la primera vacuna de la historia.

El último caso reportado de viruela ocurrió en Somalía , en 1977. Pero el camino hacia la erradicación de la viruela había comenzado 200 años antes, con el famoso descubrimiento del científico británico Edward Jenner que condujo al desarrollo de la vacuna contra la viruela, en 1796. Esta, se puede decir, fue la primera vacuna humana. De 1958 a 1977, la Organización Mundial de la Salud llevó a cabo una campaña mundial de vacunación que erradicó la enfermedad en 1979, convirtiéndola en la única enfermedad humana finalizada por una vacuna.

Desde 1921 hasta 1980, la gran mayoría de la población recibió la vacuna de la viruela, que fue obligatoria durante más de 50 años. En Argentina, la vacuna contra la viruela se aplicó hasta 1978. En 1980 la erradicación de la viruela fue un hito en la salud pública mundial.

Al final, todo termina en la vacuna

Respecto del largo recorrido de las inmunizaciones, de la viruela al coronavirus,  la doctora  Goenaga no duda en afirmar que las vacunas continúan siendo la única herramienta segura dentro del mundo de las distintas enfermedades:  “Las inmunizaciones son muy importantes en la población porque previenen enfermedades, discapacidades y defunciones por enfermedades prevenibles por vacunación, tales como el cáncer cervical, la hepatitis B, el sarampión, la poliomielitis o la viruela. El más claro ejemplo de la importancia de la vacunación se puede percibir con el SARS-CoV-2. El desarrollo y administración de las vacunas para COVID-19 permitió prevenir esta enfermedad, o que las personas presenten cuadros más leves.  En este caso, la vacunación es una herramienta fundamental para controlar la pandemia. En el caso de la viruela humana , la vacunación sostenida en el tiempo y a nivel mundial permitió la erradicación de esta enfermedad en toda la población humana”.

Foto de portada:

Escena de la peste de 1720 en La Tourette (Marsella). Óleo sobre tela. Michel Serre. Musée Atger. Montpellier.

Fuentes:

Human Monkeypox: Epidemiologic and Clinical Characteristics, Diagnosis, and Prevention

Casos humanos de viruela de los monos en Kasai Oriental, Zaire (1996-1997)

Resolución de la OMS. Erradicación mundial de la viruela

 


Sharenting, infancias en la nube

 

Por Gricelda Incerti

Recuerdo de nuestro bebé. Ese era el nombre el álbum de fotos donde se pegaban las imágenes impresas de nuestros niños y niñas. Regalo de alguna tía, se compartía en los almuerzos familiares, despertando la risa por lo que se recordaba. También era tradicional disponer una hoja de papel de seda entre las hojas para separar y proteger las fotografías.

En la actualidad la infancia se ha vuelto pública y momentos que antes eran privados y generaban, incluso, algún enojo, por esa foto sin ropa en un río cordobés, ahora se exponen en línea. Esta práctica se denomina sharenting, un anglicismo que proviene de share (compartir) y parenting (paternidad) y consiste en documentar las primeras sonrisas, palabras, pasos, y cada una de las anécdotas de los más pequeños en Facebook, Instagram y otras redes sociales. Y se ha convertido en una práctica tan habitual que el diccionario británico Collins lo incluyó en sus páginas en 2016. Desde entonces, el fenómeno no ha dejado de crecer. Hasta ahora, no ha existido otra generación de niños y niñas con una infancia tan pública. Y es probable que, cuando crezcan, muchos no estén de acuerdo con ello.

María Belén Chilano, abogada y docente de la UNNOBA, explica: Este fenómeno está cada vez más presente en las prácticas de los adultos y tiene como principal característica o consecuencia la creación de una 'huella digital' de los y las menores. Esta huella digital no es otra cosa que el rastro que se deja al navegar e interactuar en el espacio virtual”.

Chilano es integrante del proyecto de investigación "Competencias digitales en la universidad y su impacto en las prácticas académicas y cívicas de estudiantes y profesores" de la UNNOBA. “Son los propios padres quienes construyen la identidad digital  y lo preocupante de esto es que en la mayoría de los casos se hace sin el consentimiento de ellos”, sostiene, y especifica el significado y los riesgos de la huella digital: “Es imborrable, que es para siempre. Además, la realidad también es que nunca se logra erradicar por completo esa información, una vez que la compartimos pueden hacerse capturas de pantalla y reenviarse o volverse a publicar, quedando en manos de cualquier persona”.

El trabajo sobre sharenting se desprende de una  línea de investigación que se enfoca en estudiar las formas de vulneración de la intimidad en el uso de las redes sociales. Un grupo interdisciplinario de investigadores e investigadoras, becarios y becarias de la UNNOBA, y también de universidades nacionales y extranjeras, que han sido invitadas a formar parte del grupo de investigación, desde el año 2018 estudia e investiga la relación que establecen las juventudes con las tecnologías digitales en proyectos financiados por la Secretaría de Investigación de la UNNOBA. Este proyecto está radicado en el Instituto de Política y Gobierno (IPG) de la Universidad y el equipo, dirigido por Raquel Tarullo (CONICET), está conformado por: Belisa Martino, Javier Charne, Yanina Frezzotti (CONICET), Sabrina Pompei, Clara Masciulli, Lucía Papa, Erica Izquierdo, Belén Chilano, Lorena Sarquiz, Celina Craviolatti, Sebastian Cossola , Agnese Sampietro y Mariana García. La investigación sobre sharenting fue presentada en la Jornada de Jóvenes Investigadores del año pasado.

El peligro de eternizar la infancia en las redes

Cuando somos mamás y papás nos invade la sensación de que “eso tan extraordinario no dura mucho”, entonces debemos perpetuarlo para siempre, por lo que comenzamos a fotografiar cada uno de los instantes de los pequeños: el primer llanto, el primer baño, foto con la abuela, con la tía, en la cunita o la primer sonrisa. Años atrás lo hubiéramos llamado el “sharenting analógico”.

Al realizar una búsqueda rápida en Instagram, hay veintiún millones de fotos y videos publicados con la etiqueta #bebé, y otros nueve millones con el hashtag #niño.  Fotografías producidas o casuales que capturan a un bebé, minutos después de haber nacido; también a niños y niñas cumpliendo años, comiendo, cantando o jugando. El acceso extendido de fotos y videos alimenta día a día ese archivo abierto a todos los usuarios de redes sociales. “Este trabajo es una primera aproximación que se está realizando mediante una investigación exploratoria, en la que se analiza la bibliografía existente sobre la temática, y que tiene como fin estudiar este fenómeno y las consecuencias jurídicas que puede ocasionar”, afirma la abogada, graduada de la UNNOBA, y docente del Seminario Medios de Comunicación y Sociedad, que se dicta en la carrera de Abogacía.

Para Chilano, el confinamiento favoreció el aumento de  la utilización de dispositivos digitales, desencadenando en una importante sobreexposición en las pantallas.  “En este contexto, el  trabajo pretende visibilizar los riesgos y concientizar sobre la necesidad de hábitos saludables en el mundo digital, sobre todo cuando involucra a las y los menores de edad. Puntualmente realizamos un análisis de la normativa nacional vigente para conocer si es suficiente la protección de los derechos de los menores implicados en el fenómeno del sharenting”, agrega Chilano.

 

 

La abogada insiste en que una de las consecuencias principales de este fenómeno es la creación de una huella digital y hace referencia al rastro que se deja al navegar en el espacio virtual :"Tengamos en cuenta que en nuestro país no está legislado el Derecho al Olvido, que es el derecho a solicitar suprimir de la red imágenes o datos propios. La realidad también nos dice que nunca se logra erradicar toda esa información”.

Por otro lado, hace hincapié en la postura que puedan tomar esos menores cuando crezcan: “Desde antes del nacimiento ya tenemos imágenes publicadas, y cuando alcancen cierto discernimiento puede estar en desacuerdo con esa huella que dejaron sus padres. El hecho de compartir y publicar la crianza de los chicos, se constituye así en una práctica riesgosa, que potencia la vulnerabilidad de los y las menores en las redes sociales”.

¿Y cuáles son estos riesgos?

De la investigación se desprenden algunas situaciones riesgosas que pueden acontecer y se puntualizan en dicho trabajo:

  • Violación de la privacidad e intimidad de menores.
  • Cesión de datos personales y biométricos.
  • Huella digital imborrable.
  • Ciberbullying o ciberacoso.
  • Reclamos judiciales por conflicto de los progenitores entre sí, en especial cuando se encuentran separados o divorciados, o también del niño o niña en su adultez.
  • Quienes tengan acceso a esas fotos podrán suplantar su identidad, crear perfiles falsos, hacer montajes fotográficos (tipo memes) que puedan ridiculizarlos.
  • En casos más extremos: el grooming (acción deliberada de un adulto, varón o mujer, de acosar sexualmente a una niña, niño o adolescente a través de un medio digital) y la explotación sexual infantil.

“A pesar de todas las medidas que se tomen, hay que asumir que en cuanto se sube la imagen a la red, corre el riesgo de viralizarse”, advierte la abogada y enumera las normativas vigentes que hoy tenemos en nuestro país:

  •  Contamos con la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), que es la norma de mayor jerarquía e importancia. En su art. 16 dispone que: “Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o ataques”. Además, consagra el principio del interés superior del niño como criterio para determinar el contenido de cualquier decisión en la que esté involucrado un menor de edad. Esto quiere decir, que el niño que posee discernimiento debe ser escuchado y su opinión tenida en cuenta, en toda cuestión que lo involucre.
  • En 2005 se promulgó la Ley Nacional N° 26.061 de “Protección Integral de Derechos de niños, niñas y adolescentes", que regula el respeto por la dignidad, reputación y propia imagen de los menores, en su art. 22, y dispone que está prohibido exponer, difundir o divulgar datos, informaciones o imágenes que permitan identificar a los niños/as, cuando se lesionen su dignidad o la reputación o intimidad. Esto determina que cuando esa exposición sea manifiestamente contraria al interés superior del niño/a, no podrán desarrollarse, aún con su consentimiento y el de sus representantes legales. Es decir, si la conducta es manifiestamente perjudicial, ni siquiera su consentimiento, o el de sus progenitores, habilitaría la exposición.
  • En lo que respecta al Código Civil y Comercial de la Nación es importante el art. 53 que dispone la necesidad del consentimiento de la persona para la captación o reproducción de la imagen o la voz, salvo las excepciones que estipula. Allí no encontramos como excepción a requerir consentimiento, el hecho de que los progenitores compartan imágenes o la voz de sus hijos/as en el espacio virtual.
  • Es importante también resaltar que es deber de los padres, y así lo establece el art. 646 del Código Civil y Comercial, oír y tener en cuenta la opinión del hijo/a y también respetar su derecho a participar en su proceso educativo y en lo concerniente a sus derechos personalísimos. En el art. 26 del mismo Código se establece que, a partir de los 13 años, el o la menor puede decidir por sí mismo/a la realización de tratamientos médicos no invasivos, con fundamento en el grado de madurez presumido a esa edad. Pero nada dice en las normas sobre si se le debe reconocer, alcanzada esa edad, la facultad de negarse a que se comparta información personal en redes sociales.

Más allá de todo lo descripto anteriormente, Belén Chilano asegura que “aunque se disponga de una amplia normativa jurídica, se requiere de medidas más específicas que puedan proteger aún más los derechos de los y las menores en el uso de las redes sociales virtuales, siempre a favor del bienestar y el interés superior de ellos". "Además, las eventuales consecuencias y riesgos mencionados, existe el robo de identidad, que todavía no encuentran recepción en las leyes”, añadió.

Por otro lado, de la investigación se desprende la importancia de la alfabetización digital: “Creemos que todo avance legislativo debe ir acompañado de una cuestión muy importante que es la de promover una alfabetización digital para contribuir a desarrollar las competencias necesarias para que usuarios y usuarias de redes puedan detectar los riesgos y tomar medidas para resguardar su seguridad y su privacidad”

Recomendaciones para progenitores

“Este trabajo de ninguna manera intenta atemorizar a los padres en su rol de usuarios de redes sociales. Entendemos que son conductas que en sí mismas son inofensivas, y que se dan en el pleno ejercicio de libertad de expresión de los padres. Pero sí creemos que es necesario tomar más conciencia de los potenciales riesgos que pueden acontecer en las redes sociales virtuales”, aclara Chilano y da pautas de cuidado a tener en cuenta: “Como recomendaciones de un buen uso de estas plataformas, podemos mencionar: no publicar fotos sensibles, aunque nos parezcan inofensivas; configurar la privacidad de cada cuenta y plataforma que se utilice; revisar de vez en cuando la lista de amigos en la red. También hay opciones como no publicar fotos sensibles, cuidar el rostro, e insistimos mucho en promover una educación digital para contribuir a desarrollar competencias, que los usuarios puedan detectar posibles conflictos a tiempo y resguardar la seguridad”.

Los especialistas en seguridad informática afirman que es importante comprobar los ajustes de privacidad y que los padres deben asegurarse qué datos están haciendo públicos sobre sus hijos. "Creo que es fundamental pensar antes de publicar y revisar regularmente las cuentas en las redes sociales para evitar que la información caiga en manos equivocadas", añade la abogada y afirma que “tanto Facebook como Instagram cuentan con opciones para limitar lo que ven tus contactos". Por eso, recomienda  "desactivar las funciones de ubicación y geolocalización a la hora de compartir las imágenes,  y no dar demasiada información sobre la vida privada del pequeño, sobre todo si no se conoce a ciencia cierta quién puede ver o usar esos datos”.

Diseño : Laura Caturla


COVID-19: estudio sobre el impacto en estudiantes

Por Gricelda Incerti

Y de pronto se encontraron de nuevo en sus habitaciones. Recordando momentos de una adolescencia no tan lejana, sentados en la mesa de siempre y sintiendo olores que los llevaban a la infancia. Vieron a sus padres con otra mirada, más cansados y tal vez, un poco tristes. Encontraron abuelos desorientados y palabras nuevas. "Confinamiento", "distanciamiento social", o "aislamiento" se instalaron en sus vidas.

Y los amigos del otro lado de la pantalla del celu, todos con la misma pregunta “¿qué onda, che?”. Empezaba la cuarentena. “¿Cuarentena?", "¿de qué se trata?", "¿adentro de casa?", "¿pandemia?", "¿coronavirus?", "¿y la facu?", "son quince días, tranqui.”

Debido al cierre de las instituciones educativas y la cancelación de eventos, muchos adolescentes y jóvenes admitieron que se perdieron algunos de los momentos de su juventud, como charlar con amigos, la  participación en clase y la socialización propia de su edad. La empatía, el estrés, el autocontrol y la ansiedad fueron  conductas recurrentes que manifiestaron tras el  Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO).

La UNNOBA, desde el Instituto Académico de Desarrollo Humano, de manera conjunta con la Escuela de Arte XUL-Solar realizó una investigación en sobre el impacto generado en la población estudiantil, a partir de la implementación del  ASPO, el cual irrumpió en la vida institucional e individual de cada sujeto.

Las licenciadas en psicología Raquel Castro (docente de la UNNOBA en la carrera de Enfermería) y Claudia Mariel Dell'Oglio (profesora de la Escuela de Arte Xul Solar de Junín), llevaron a cabo un sondeo en alumnos de la UNNOBA y la Escuela de Arte en el año 2020.  Se realizaron 433 encuestas, de todas las zonas de incumbencia de la Universidad y de la Escuela, respondidas en su mayoría por mujeres. Los rangos de edad oscilaron, entre los 17 y 40 años.

“Las instituciones educativas se vieron obligadas pasar a una dinámica virtual, lo cual modificó la escena del aprendizaje y también el modo cotidiano de vivencias en cuanto a los lazos sociales en los estudiantes. Esto despertó el interés en generar conocimiento en relación al impacto producido en las subjetividades de cada estudiante, conociendo el efecto a nivel físico, psíquico y social sobre sus vidas, y también sobre la vida institucional, sostuvieron las psicólogas, a lo que agregaron: “Esta investigación tiene como objetivo construir conocimiento. Desde una situación tan límite como fue la pandemia, quisimos conocer el impacto en los estudiantes, y qué sucedió en ellos al pasar de la presencialidad a la virtualidad”.

 Aspectos psicosociales

De acuerdo a los resultados de la investigación,  los jóvenes en su gran mayoría no sentían estar en alto riesgo de contagio; sólo creyeron que estaban expuestos los trabajadores de la salud , quienes atienden al público, o trabajadores del  transporte, gastronomía, cuidado de niños, personas mayores y sus familiares cercanos. Como significativo aparece que el ASPO provocó dificultades en la situación laboral y económica de los encuestados y/o su familia. “Algunos estudiantes vieron como sus familiares o ellos mismos perdieron sus fuentes de trabajo. Esta situación irrumpió en su vida, generando incertidumbre respecto al futuro inmediato",  afirma la magíster Raquel Castro.

A su vez, resalta que la cuarentena estricta tuvo cuestiones positivas: “Encontraron que tenían más tiempo. Pudieron dedicarse a cosas que les gustaba hacer y compartir más tiempo con su familia. En relación a lo económico, llamó la atención el ahorro de dinero, al no tener que viajar”.

Salud Física y emocional

Con respecto a la salud física, un importante porcentaje de los encuestados señaló que, al margen de mantener una dieta variada, tuvieron un marcado aumentado en el apetito. También sufrieron alteraciones en el sueño. Un 78 por ciento dijo sentirse cansado o con poca energía, y un 72 por ciento mostró trastornos de ansiedad refiriendo haber aumentado su consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias.

Un porcentaje significativo presentó dolencias fuera de lo habitual, desde migrañas hasta trastornos digestivos y alergias, y varios debieron recurrir a profesionales de distintas especialidades de la salud.

Otros estudiantes expresaron que, por el estrés y las restricciones que les generó la pandemia, no pudieron concentrarse ni llevar a cabo sus hobbies o actividades placenteras, perdiendo interés en ellas. Un dato significativo es que 72 por ciento tuvo dificultad en concentrarse en actividades que lo requerían. Al ser interrogados si vieron la necesidad de recurrir a un profesional de la salud mental, el 20 por ciento respondió afirmativamente.

Consultados sobre la salud emocional en su gran mayoría indicaron sufrir de estrés, ansiedad, aburrimiento, frustración, angustia, molestia, miedo, apatía y felicidad. “¿Se detiene mi proyecto de vida? ¿Qué va suceder con lo que aspiro? Eran preguntas recurrentes”, sostiene Dell'Oglio y agrega: “Los estudiantes  describen este tiempo como de introspección profunda, reflexión, interioridad, encuentro con uno mismo; de maduración y en algunos casos de relajación. Tiempo para estar en sus casas, reordenar el hogar, leer, mirar series. También aseguran que este 'tiempo' les ha permitido tener una mejor organización en relación a la rutina diaria y a la eficiencia y optimización en el uso del tiempo; aprendieron cosas nuevas y se animaron a nuevos emprendimientos”.

Por lo que la licenciada se pregunta: “¿Necesitábamos una cuarentena para poder hacer lo que nos gustaba? Quiere decir que estamos viviendo bastante complicados; y esto marca el grado de felicidad de las sociedades. Si te dicen teníamos tiempo para hacer lo que nos gustaba, quiere decir que en la vida cotidiana no existe tiempo para nuestros hobbies, para hacer lo que nos gusta”. 

 

Desempeño en los estudios

En su gran mayoría los estudiantes encuestados dijeron poseer recursos y conectividad adecuada,  y  sólo la mitad de ellos cuentan con espacios ideales para el estudio. Otros aseguraron verse afectados en su intimidad . Ante dificultades en la realización de tareas tuvieron contacto con sus compañeros y docentes. Con respecto al manejo del tiempo en las clases no presenciales algunos se ordenaron en una rutina, mientras que otros manifiestan haberse sentido desorganizados.

De las instituciones y las clases presenciales contaron extrañar la rutina horaria, los saludos y abrazos, los encuentros con los compañeros, las actividades grupales, la explicación y acompañamiento de los profesores. “Pensando en que por una cuestión generacional los alumnos están acostumbrados a las nuevas tecnologías, lo primero que aparece es que desean volver a la presencialidad, quieren los abrazos, los saludos en las aulas y en los pasillos; estudiar en grupo, quieren volver al contacto con los profesores”, sostienen las docentes.

Dell'Oglio señala que si bien muchos plantean el modelo híbrido “necesitan el lazo con el otro”. “Hasta antes de la pandemia veníamos cuestionando si la escuela sí o no, si las instituciones educativas estaban actualizadas o no, si los planes teníamos que reverlos. Se cuestionaba mucho todo. Si de algo no podemos dudar es de la necesidad y la importancia del espacio institucional”, afirma. Y asegura contundente que esa transferencia con el otro es necesaria para aprender y tiene que estar: "La ausencia de lo institucional-educativo incidió negativamente en el aprendizaje y en lo social. Imaginen aquellos chicos que ingresaron a la universidad o a nuestra escuela. Ese momento físico es único. Es el lugar que 'me va a pertenecer'".

 Fortalezas y debilidades que encontraron en las instituciones

Sobre a la situación académica durante la pandemia algunos estudiantes  destacaron que se animaron más a participar en las clases virtuales que en las presenciales; otros refieren sentirse más cómodos y libres de elegir estar o no en las clases, y también sobrevaloran el ahorro del tiempo y el dinero. Con respecto a los docentes destacaron la comunicación y el aprendizaje mutuo, la adaptación a los cambios, la buena disposición, disponibilidad y esfuerzo para darle continuidad al ciclo lectivo.

“Los estudiantes marcaron la dificultad que reviste la no presencia en el aula, la falta de contacto con los compañeros para llevar a cabo las actividades grupales. Fueron apreciaciones recurrentes”, subraya Castro.

Y agrega que surgió todo el tiempo el valor que tiene para los estudiantes el acompañamiento de los docentes: “Lo vivieron como algo muy positivo, valorando mucho a nivel institucional cómo rápidamente se pusieron en funcionamiento las plataformas, destacando el acompañamiento de los docentes. A su vez, marcaron en todo momento la necesidad, no solo de la explicación del docente, sino de estar en el aula con ellos”.

“El valor del otro quedó plasmado en esta pandemia, porque no se aprende si no hay otro”, concluye.

Las docentes agregaron que la investigación posibilita diferentes líneas de lectura, entre las cuales destacaron la conversión de la institución educativa de manera virtual: “Se puede leer que los agentes de toda la comunidad educativa (docentes, alumnos y familias) se vieron interpelados en la nueva modalidad de vinculación social, existiendo una demanda por la presencia real del otro. Se revalorizó la transferencia de trabajo en el ámbito de las instituciones educativas".

La investigación se realizó durante el inicio de la pandemia y los resultados surgieron del primer impacto de la cuarentena estricta. Ambas prevén una segunda etapa de investigación: “Nos interesa conocer la voz del docente.  Qué sucedió en este año con los estudiantes, y  evaluar si se mantiene la virtualidad en forma híbrida".


 Diseño: Laura Caturla


Amor por los macrófagos

Por Gricelda Incerti

Dedicarse a la ciencia es un proceso continuo y ascendente,  una vida con tropiezos y marchas atrás, algunos desamores y victorias. La ciencia no tiene fronteras, pero los científicos  sí tienen patria. “Mi futuro es acá”, afirma sin dudar Angela Barbero.

Licenciada en Genética de la UNNOBA, doctora en Biología Molecular y Biotecnología de la Universidad Nacional de San Martín y becaria posdoctoral del CONICET en el Laboratorio de Inmunogenética de las Infecciones (CIBA -CITNOBA), “Angi”, para todos, además es Jefa de Trabajos Prácticos en Inmunología e Inmunogenética y en Inmunología Avanzada de la Licenciatura en Genética de nuestra Universidad. Fue también una de las primeras en sumarse a trabajar en el diagnóstico de coronavirus en el CIBA. Su respuesta revela su esencia: “Teníamos que aportar nuestro conocimiento, y con él, devolver a la sociedad lo que nos ha permitido realizar. Es duro ver desde adentro como se expande el virus; no quisiera detectar ningún positivo. Son análisis de nuestros vecinos, de personas de nuestra región. No es un estudio cualquiera".

Angela es mamá de Margarita, quien nació cuando le dieron la beca doctoral. Así que Margarita, realizó junto a ella todo el doctorado y  forma parte de  ese universo maravilloso de células, microorganismos y moléculas: “Me enteré que estaba embarazada pocos días después que me dieran la beca doctoral. Tuve los miedos lógicos de saber si iba a poder o no, porque el doctorado te lleva tiempo, horas. Pero tengo familia y amigos que hacen posible todo esto. Y Margarita ha venido conmigo a todos lados”.

Ahora, con 29 años "parió" otros hijos: defendió su tesis doctoral en junio y publicó su primer paper.  En mayo el Journal of Leukocyte Biology (Revista médica académica mensual revisada por pares que cubre todos los aspectos de la inmunología) publicó la investigación “SLAMF1 signaling induces Mycobacterium tuberculosis uptakeleading to endolysosomal maturation in human macrophages” (La señalización SLAMF1 induce la captación de Mycobacterium tuberculosis que conduce a la maduración endolisosómica en macrófagos humanos), donde la ubican como primera autora. “Este paper tiene mucho trabajo detrás porque viene desde mi tesis de licenciatura. Tuvimos que poner todo a punto. Es mi primer paper como autora y es el que queda en el recuerdo”, sostiene con un dejo de modestia.

SLAMF1 vs. Bacilo de Koch

Fuera de la COVID-19, la tuberculosis es la principal causa de muerte en el mundo por un agente infeccioso.  La tuberculosis sigue existiendo y ya no es únicamente una enfermedad atravesada por la pobreza. La falta de detección temprana y la discontinuidad en los tratamientos hacen de la tuberculosis un grave problema para la salud pública.

El paper publicado es el correlato de una de las líneas de investigación en el laboratorio dirigido por la doctora Virginia Pasquinelli, lugar donde Angela  realizó su Doctorado y continúa el posdoc. “Conocemos el agente hace cientos de años, lo estudiamos y lo seguimos evaluando. De hecho, el paper trata de esto. Disponemos de la vacuna BCG, pero esta protege solo sobre ciertos tipo de tuberculosis infantil y el adulto está más expuesto. Existen tratamientos que superan los seis meses y requieren combinación de drogas. Entre otras cosas, la población, al no estar acostumbrada a esta magnitud de tiempo, abandona las terapias, y así se generan cepas multirresistentes, difíciles de tratar y con alto grado de contagiosidad. Por eso es necesario encontrar tratamientos más cortos o más efectivos”, asegura la investigadora.

La investigación se enfoca en caracterizar la respuesta inmune y en detectar mecanismos que sean protectivos o permitan mejorar las respuestas propias generadas frente a la bacteria. Y parece que la clave para ello está en los “macrófagos”. Con una gran capacidad didáctica y una pasión casi desenfrenada, Angela explica: “Estamos estudiando los macrófagos, que son células del sistema inmune que tienen la capacidad de actuar muy rápido. En el caso de tuberculosis, son las primeras células que se encuentran con la bacteria una vez que ingresa al pulmón, entonces es muy importante que su actividad sea la adecuada. Mycobacterium tuberculosis desarrolló múltiples mecanismos de evasión para escaparse de los macrófagos y así evitar ser eliminada”.

La función más clásica de estas células es la de "fagocitar" que significa, básicamente, comer. “Nos centramos en una molécula específica que se llama SLAMF1, que se expresa en estas células, y vemos qué mecanismos están siendo modulados por SLAMF1 en esos macrófagos, enfocándonos principalmente en la función fagocítica”, manifiesta Barbero.

Con la mirada fina y puesta en el microscopio desde hace años, Barbero explica detalladamente la función de estas células. “Los macrófagos, a los que amo, son muy dúctiles, pueden adquirir muchos perfiles y desarrollar muchas funciones. Pueden 'comer' un montón de cosas: desde microorganismos, células tumorales, células muertas o infectadas. En nuestro trabajo nos abocamos particularmente a la fagocitosis del bacilo de la tuberculosis. Y pudimos ver que la molécula SLAMF1 puede reconocer a la bacteria y ayuda a internalizarla o introducirla dentro de la célula. Esto es necesario que suceda porque, dentro del macrófago, se van generando vesículas o bolsitas que retienen la bacteria y se llenan de muchas proteínas, enzimas, oxidantes, donde baja mucho el pH y finalmente se destruyen los patógenos. De esta manera ocurre la correcta eliminación la bacteria. Vimos que SLAMF1 está implicada en estos procesos y que posiblemente podría ser un blanco terapéutico que podría mejorar las respuestas inmunes de los pacientes”.

Un corto e intenso camino

Oriunda de Lincoln, realizó sus estudios en tiempo y forma con excelente promedio. Rápidamente se dio cuenta que, en el marco de la genética, lo que más le gustaba era la salud humana. “Conocí a Virginia (Pasquinelli) cursando Inmunología y entré en un mundo que me gusta, con un alcance infinito. El sistema inmune es nuestra arma de defensa y me terminé enamorando de los macrófagos, que son unas células que de verdad pueden adquirir muchas funciones. Verlos en el microscopio es realmente fascinante”.

En el medio de  su doctorado y con su hija pequeña, perdió a su marido. No perdió el eje de reconocerse como mamá y científica. Resiliencia es la palabra, entre otras, para abarcar a esta joven científica argentina, dueña además de permanentes ideas y desafíos constantes, y, sobre todo, amante de la ciencia. “No me veo haciendo otra cosa; los becarios pasamos por muchas etapas donde nos planteamos qué queremos hacer, pero yo me veo acá, donde estoy. Ahora vamos a empezar a estudiar un poco más la interrelación en distintas infecciones. Dándole más vuela al trabajo que venimos haciendo. Necesitamos potenciar los estudios que estamos realizando. Nuestra gente lo necesita”, expresa.

Diseño: Laura Caturla


Los virus, maestros de la supervivencia

Por Gricelda Incerti

Estimaciones científicas suponen que en nuestro planeta existen diez quintillones de virus individuales, los suficientes para asignar uno a cada estrella del universo 100 millones de veces. Estos patógenos solo pueden replicarse con la ayuda de un huésped y son capaces de apropiarse de organismos de todas y cada una de las ramas del árbol de la vida, incluidas las células humanas.

Los virus son posiblemente los organismos más biodiversos del planeta. Hay millones de formas distintas, que han evolucionado de manera independiente y son cien veces más pequeños que una célula, por eso solo puede observarse a través del microscopio electrónico. La palabra procede del latín virus, que significa “toxina” o “veneno”.

Están al límite de lo que podría considerarse un ser vivo, porque necesitan la célula de otro para vivir: puede ser la célula de un animal, una planta o una bacteria. Una vez dentro del organismo que sirve de “huésped”, el virus infecta sus células y se multiplica para sobrevivir.

La estructura de un virus es bastante sencilla: tiene un interior en donde se encuentra el material genético, que define las características del virus y la manera en que  se multiplica, y un envoltorio llamado “capside” formado en su mayor parte por proteínas.

“Los virus no pueden proliferar por ellos mismos, necesitan entrar en las células y secuestrar la maquinaria vital de esas células para producir copias de sí mismos. En cierto sentido, los virus son parásitos”, afirma el  doctor en Bioquímica Rolando Rivera Pomar. No tienen citoplasma ni ribosomas (la maquinaria necesaria para producir proteínas), por eso no pueden multiplicarse por sí solos y necesitan infectar la célula de otro organismo para hacerlo. Cuando el virus infecta una célula, se multiplica y libera más agentes virales para que infecten otras células y así extenderse por el cuerpo del organismo huésped.

La pregunta que aquí cabe es: ¿por qué el virus necesita un organismo vivo o huésped para poder reproducirse? “Porque el genoma de un virus no tienen toda la información necesaria para replicarse por sí mismo. Por ejemplo, la replicación de un virus requiere energía y los virus no tienen sistemas de producción de energía. Entonces 'parasita' a los organismos que tienen esa energía necesaria. Y así, van infectando bacterias, hongos, plantas o animales. Todos los organismos vivos conviven con virus, la mayoría de las veces, sin que causen mayores problemas. En otros casos los virus pueden afectar el funcionamiento de los organismos causando una gran variedad de enfermedades. En los seres humanos los virus son los causantes del SIDA, el dengue,  la gripe, o COVID,  entra tantas enfermedades", continúa explicando Rivera Pomar, docente de la UNNOBA e investigador principal del CONICET.

 

Los virus y sus mutaciones. El caso SARS-CoV-2

¿ Por qué enferma al huésped?, ¿de qué manera lo hace?

No todos los virus son patógenos. Pero, al infectar células de los organismos y al usarles la maquinaria de producción de energía o de síntesis de proteínas para su replicación, afectan su funcionamiento normal y, en algunos casos, pueden provocar su muerte. Y si esas células son importantes para un proceso particular del organismo, éste se puede ver afectado. En un estudio publicado en el Journal of Medical Virology se reportó la secuencia de los genomas de distintas cepas del virus SARS-CoV-2, proveniente de distintos aislamientos y se compararon con las secuencias del genoma de virus relacionados. Se observó, como es esperable en este tipo de virus, una importante tasa de mutación.

—¿Por qué mutan los virus? ¿Lo hacen simplemente por error en su alta reproducción o hay un motivo de supervivencia?

Todos los seres vivos mutan, cambian su material genético. Esto ocurre por puro azar y se debe, principalmente a errores de copiado del material genético. Es algo absolutamente normal. No hay una "razón",  sino que, si los cambios ocurren al azar, los organismos que hayan cambiado de forma desventajosa tendrán más dificultades para sobrevivir y los que tengan cambios que no produzcan ningún efecto o sean ventajosos sobrevirarán más fácilmente.

—¿Todos los virus tienen el mismo poder de mutación? Estoy pensado en virus como el de hepatitis, paperas o sarampión, que son enfermedades que dejan registro inmunológico en nuestro sistema.

No, en general los virus que tienen su material genético formado por ADN son menos cambiantes que los que tienen ARN. Por el tipo de replicación que tiene, la enzima que copia el ADN es más precisa que la que copia ARN, porque es capaz de "darse cuenta" de un error cometido y corregirlo. Pero no es una regla general, la enzima que copia el ARN del coronavirus causante de la COVID-19 tiene capacidad de corrección, por lo que es un virus que muta menos que otros de ARN.

—¿Las mutaciones hacen que los virus mejoren en su poder de infección?

No todas. Algunas no tienen efecto y otras pueden mejorar o empeorar el poder de infección. Pero con el tiempo las que tienen mejor poder de infección se van a seleccionar por sobre las que no.

—¿Esas mutaciones son leves o su cambio es total?

Las mutaciones son un cambio en uno o mas componentes individuales del material genético, el cual contiene información en base a 4 unidades, llamadas bases Adenina, Citosina, Guanina y Timina. Cuando cambia una base el cambio es total, es "a todo o nada". Pero hay distintos tipos de mutaciones, teniendo en cuenta sus efectos. Como el material genético tiene un código, puede haber cambios en el código que no alteren el mensaje y otros que sí.

—¿Cuál es la respuesta del sistema inmunológico, ante dichas mutaciones?
El material genético de los virus (y de cualquier organismo) contiene los genes, que son unidades de información que sirven para producir proteínas, mayormente. Esas proteínas, ajenas al organismo, son las que el sistema inmune detecta. Por ejemplo, de los virus, visualiza las proteínas que forman la "cáscara externa” y produce anticuerpos contra dicho virus. Si alguna mutación cambia alguna de las características de esa cáscara o cubierta de la superficie del virus, el sistema inmune detecta la forma cambiada y puede producir anticuerpos diferentes.

—¿El virus SARS-CoV-2 es similar al de la gripe? ¿Por qué no es similar al de hepatitis, por ejemplo?

Como similitud con los virus de la gripe o de la hepatitis, el SARS-CoV-2 tiene un  material genético  formado por ARN. Pero tienen muchas diferencias. La información genética es completamente distinta. El SARS-CoV 2 está compuesto de una sola molécula de ARN y el de la gripe tiene 7 distintas, pero el de hepatitis A, que también tiene una molécula, es cuatro veces más chico que el de SARS-CoV-2. Estos virus reconocen de manera distinta las células y afectan distintos órganos: hepatitis A infecta preferentemente células del hígado, mientras el virus de la gripe y el SARS-CoV-2 infecta células del sistema respiratorio.  En el caso de SARS-CoV-2 también infecta células de los vasos sanguíneos. Y los tres tienen forma muy distinta, tanto que se pueden diferenciar con solo mirarlos en el microscopio electrónico, del mismo modo en que puedo diferenciar a un perro, un gato y un conejo pese a que los tres tienen muchas cosas en común.

—¿Por qué este virus actúa de manera tan diferente en cada individuo, más allá de algunos síntomas comunes?

Aún no se sabe con certeza por qué. Hay algunas evidencias que indican que diferencias genéticas entre individuos provocan que las personas sean más o menos susceptibles a la infección o a la propagación, así como más o menos susceptibles a consecuencias severas de la infección. Pero no hay hipótesis firmes al respecto. Es un virus muy nuevo, apenas un año y medio desde su aparición,  y si bien se ha avanzado de una manera impresionante en un tiempo tan corto, aún hay más preguntas que respuestas sobre su funcionamiento.

Cuando un virus muta, ¿las vacunas existentes para dicho virus pierden totalmente su poder preventivo?

Eso puede ocurrir, pero no necesariamente en el corto plazo. En todo caso, pueden ser un poco menos efectivas. Porque el sistema inmune genera anticuerpos contra prácticamente toda la superficie del virus. Esos anticuerpos interfieren entre la superficie del virus y la superficie de la célula sana, e impiden la infección. El virus y la célula se reconocen de una manera similar a una llave y una cerradura. Imaginemos que el anticuerpo es una basurita que impide o hace más difícil poner la llave. A esos anticuerpos se los llama "neutralizantes", porque neutralizan la acción del virus. Las vacunas que son efectivas producen esos anticuerpos, que son varios y distintos. Una mutación en el virus puede producir un cambio de manera tal que alguno de esos anticuerpos deje de reconocerlo; pero es difícil, o poco probable que haya cambios simultáneos que afecten de tal forma al virus para que deje de ser reconocido por todos los anticuerpos neutralizantes. Y si eso ocurriera, tantos cambios también pueden afectar a que el virus reconozca a la célula.  Sería como cambiar la llave de modo de que ya no sirva en la cerradura. Con el tiempo, quizá las vacunas pueden dejar de ser tan efectivas y convenga rediseñarlas, como pasa con las vacunas cuando hay nuevas cepas de gripe. Pero este virus no tiene una capacidad de mutación tan grande, contrariamente al virus de la gripe, por ejemplo.

—¿Conviviremos para siempre con este virus, igual al de la gripe?

Sí. Y tenemos que ser conscientes de eso. El SARS-CoV-2 seguirá existiendo, por más vacunas que haya. Son pocas las enfermedades que se han erradicado o casi eliminado como la viruela o la poliomielitis. Y tengamos en cuenta que esta no es la única pandemia de hoy, el SIDA es también una pandemia para la que no hay vacuna, pero cuando se tomó conciencia de los cuidados necesarios para disminuir su transmisión, como el uso de preservativo, la incidencia de la enfermedad disminuyó. Y hoy es un hábito, es lo normal.

—Cuando habla de cuidados, de conciencia, ¿solo se refiere a la vacuna? ¿O deberemos seguir con las medidas preventivas actuales?

Más allá de las vacunas, y en tanto haya altos niveles de contagio las medidas de cuidado deben mantenerse, es decir, son necesarias: uso de barbijo, distanciamiento, lavado de manos, ventilación. Y cuando la pandemia de COVID-19 acabe espero que algunas de estas medidas de higiene pasen a ser hábitos. Ventilar, en especial el transporte público, es un muy buen hábito. Lavarse las manos es otro buen hábito individual, con o sin pandemia. Cada vez que hoy leo o escucho esa recomendación me acuerdo de mi mamá preguntando, apenas yo llegaba de la calle y antes de sentarme a comer: "¿Te lavaste las manos?"

Diseño: Laura Caturla

 

 


En casa, con la compu

 

Por Gricelda Incerti

Los avances en el campo de la tecnología de la información  impactaron directamente en  las relaciones laborales, en la estructura de las organizaciones empresariales y en los modos de prestación de servicios. Sin duda esta forma de trabajo ya había sido implementada por muchos empleadores y en nuestro país se bregó durante años por una legislación acorde. Pero fue el confinamiento a causa de la pandemia por COVID-19 que marcó la premura en el dictado de una legislación y reglamentación para el teletrabajo.

En este marco de emergencia sanitaria, se sancionó la Ley 27.555, el 30 de julio del año pasado. El Régimen Legal del Contrato de Teletrabajo se publicó en el Boletín Oficial del 14 de agosto de 2020 y entrará en vigencia el 1° de abril del 2021.

Es de destacar que el texto de la ley tiene su anclaje en el Manual de Buenas Prácticas en Teletrabajo de la OIT (2011, 1ra. ed. Buenos Aires: Oficina Internacional del Trabajo, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Unión Industrial Argentina).

Lo cierto es que la modalidad contractual del teletrabajo viene a poner "en jaque" la forma de trabajo impuesta para la presencialidad. Si bien la ley dispone que la jornada deberá ser prevista por escrito en el contrato de trabajo de conformidad con los límites legales y convencionales vigentes, deja sentado que esto lo será teniendo en cuenta lo convenido, tanto por hora, como por objetivos. Paula Inés Judurcha, magíster en Derecho del Trabajo y docente en la carrera de Abogacía de la UNNOBA, señala: "Esto último es una novedad para nuestro régimen laboral, planteando además que deberá determinarse horario de comienzo y final del trabajo. De esta manera, y siendo que el artículo no fue reglamentado, parece contradictoria la previsión de trabajar por objetivos”.

La ley tiene algunos puntos polémicos, que hasta el momento no han tenido suficientes respuestas, aún con la reglamentación.  Por ejemplo, el art. 2 incorpora el teletrabajo al Título III “De las modalidades del contrato de trabajo” del Régimen de Contrato de Trabajo aprobado por la ley 20.744 (1976) y sus modificatorias. Para Judurcha, “esta no es una cuestión menor”, ya que de acuerdo con nuestro régimen legal  “las modalidades en el régimen laboral argentino implican un corrimiento del principio general del Contrato de Trabajo por tiempo indeterminado  que dura hasta que la persona trabajadora esté en condiciones de acceder al beneficio de la jubilación, lo que se relaciona con la permanencia del vínculo y la construcción  de un proyecto de vida”. “ Dentro del marco, el Derecho del Trabajo limita la autonomía de la voluntad de las partes, que siempre es en protección de la persona trabajadora, como la parte mas débil de la relación laboral, a los fines de evitar fraudes. Esto significa que las partes, dentro de dicho contrato, deben atenerse a determinados requisitos legales ya impuestos, según los casos", asegura Judurcha, profesora Adjunta del Área Derecho Social en la Cátedra de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social de la UNNOBA.

Puntos discutidos de la nueva ley

—El artículo 3 dispone que las personas trabajadoras bajo la modalidad del teletrabajo gozarán de los mismos derechos y obligaciones que gozan quienes prestan sus tareas presencialmente, en tanto que la remuneración no puede ser inferior que la percibida para la presencialidad. ¿Es necesaria esta aclaración?

Este articulado deja en manos, no obstante, de las organizaciones sindicales esa posible distinción. Pero es extraño. Tal cual. Porque, según el art. 14 bis de la Constitución Nacional y los arts. 17 y 81 de la Ley de Contrato de Trabajo, las personas que trabajan no deben sufrir discriminaciones.

—¿Cómo se determina la jornada laboral?

Este también es uno de los puntos más controvertidos y no reglamentados por la resolución 54/2021. Es muy expectante por la importancia que la misma reviste en cualquier relación de trabajo: no es menor que el primer convenio que se da en el marco de la Organización Internacional del Trabajo es el relacionado a las horas de trabajo en el año 1919. Nuestro país hace lo suyo a través de la Ley 11.544 del año 1929. Lo cierto es que es difícil imaginar que las partes podrán ponerse de acuerdo (por escrito según la ley) en la jornada a realizar sin que se impongan las condiciones “propuestas” respecto a la duración de la jornada por la parte empleadora.

—¿Qué sucede si tengo desconexión digital?, ¿qué significa que los empleados tendrán "derecho a la desconexión digital"?

Este es otro de los puntos complejos que la ley plantea. Se trata de la posibilidad que tiene la persona trabajadora de no estar conectado fuera de la jornada de trabajo pactada, así como de sus tiempos de descansos (semanales/anuales). Resulta difícil creer que esto realmente pueda darse en estos términos, sobre todo porque no debemos olvidar que la persona que trabaja es la parte más débil de esta relación contractual laboral, y parece difícil creer que será la parte trabajadora quien realmente pueda imponer esta condición y que, en rigor de verdad, la letra de la ley se transforme en una real situación fáctica y no dé lugar a la parte empleadora para generarse una desvinculación unilateral. Estas situaciones también pueden darse en prestación de tareas presenciales y ante esto la persona que trabaja tiene herramientas legales protectoras para intimar al cese de tal accionar, de manera que si quien teletrabaja tiene los mismos derechos que la persona que presta sus tareas de manera presencial, tal vez no sería tan necesaria esta aclaración.

—Las trabajadoras o los trabajadores bajo esta modalidad que acrediten tener a su cargo niños, personas con discapacidad o adultos mayores con quienes convivan, ¿tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado y a poder interrumpir la jornada?

Resulta interesante que la ley haya contemplado y realzado la importancia de las tareas de cuidado. Aquí creo que el confinamiento, a causa de la pandemia, dejó en evidencia el valor inconmensurable y no reconocido de estas tareas, prestadas en su mayoría por mujeres y disidencias, no reconocidas como trabajo remunerado. La importancia de los estudios realizados sobre el uso del tiempo en la implementación de acciones hacia la igualdad de género, demuestran cómo producto de las normas, roles y estereotipos de género, las mujeres y los varones utilizamos el tiempo de distinta manera o realizando diferentes actividades. Por ejemplo, las mujeres pasamos entre 4 y 6 horas diarias más dedicadas a las tareas domésticas, en comparación con los varones. El lugar que ocupa la mujer en el mercado laboral siempre está signado por la doble opresión, de ser mujer y ser trabajadora. Esto es demostrado en las estadísticas. La desigualdad se da entre varones y mujeres, aun cuando las mujeres presentan mayores niveles educativos, o están más calificadas para diferentes tareas. Es fundamental que el reconocimiento que hace esta ley de la tarea de cuidado sea acompañada de la promoción de políticas públicas y de acciones que permitan que la inserción de las mujeres en la vida laboral de esta modalidad, no continúen de la mano de una mayor discriminación y terminemos asumiendo, otra vez en forma unilateral, esa responsabilidad sobre el cuidado y el trabajo.

—¿Es voluntario el teletrabajo? ¿Puede revertirse? ¿Es optativo o rige para los trabajadores que deben quedarse en sus hogares porque no pueden realizar tareas presenciales?

No es menos álgida la situación que genera el tema de la reversibilidad dispuesta en el art. 8, ya que nuestro sistema, bajo el art. 66, de la Ley de Contrato de Trabajo faculta a la parte empleadora a introducir cambios relativos a las formas y modalidades de la prestación del trabajo, razonabilidad mediante, en tanto no causen perjuicio material ni moral al trabajador. Pero nunca se había dispuesto que los cambios fueran facultad de la persona que trabaja, es decir, de quien, unilateralmente, estuviera facultado para introducir cambios en la forma de prestación de sus tareas. Y aquí, la parte trabajadora, puede, con su sola expresión de voluntad por escrito y en cualquier momento de la relación, volver al status quo (presencialidad) que dio origen a la relación contractual. La ley es clara al decir “el empleador le deberá otorgar tareas en el establecimiento en el cual las hubiera prestado anteriormente, o en su defecto, en el más cercano al domicilio del dependiente, en el cual puedan ser prestadas. Salvo que por motivos fundados resulte imposible la satisfacción de tal deber”.

—¿Qué pasará en aquellos casos en los que la parte empleadora no pueda satisfacer el pedido? O bien, ¿qué pasará en el caso que sea la parte empleadora la que le proponga a quien presta servicios el cambio de la prestación laboral, y éste haga el pedido por escrito?

Aquí otra vez nos vemos ante la misma situación de incertidumbre que se plantea en el caso anterior. Habrá que esperar y comprobar fácticamente cuáles son las respuestas que, ante el ejercicio de esta facultad unilateral de la parte trabajadora, dará la parte empleadora. Sabemos las herramientas legales con las que la parte trabajadora cuenta ante estas situaciones. Lo cierto es que es difícil creer que, en todos los casos, sea quien trabaja quien realmente pueda disponer libremente de este ejercicio sin entrar en conflicto.

Elementos de Trabajo Multimediales

 La ley establece en los artículos 9 y 10 que el empleador deberá proporcionar el equipamiento y el soporte necesario para desempeñar las tareas, tales como las computadoras y sus softwares;  una silla ergonómica y hasta una almohadilla para el mouse, o bien compensar al trabajador por la utilización de herramientas propias. Esta compensación se determina dentro del Convenio Colectivo de Trabajo.

La abogada Paula Judurcha considera que tales artículos no hacen más que reproducir los arts. 75 (Deber de seguridad); 76 (Reintegro de gastos y resarcimiento de daños); 78 (deber de ocupación); 86 (Cumplimiento de órdenes e instrucciones) y 87 (Responsabilidad por daños) de la LCT (Ley de Contrato de Trabajo). “No olvidemos que es la parte empleadora quien debe asumir los gastos que la prestación laboral demande, ya que estamos frente a una relación laboral dependiente y es quien emplea quien corre con los gastos y se beneficia con las ganancias de su producción”, afirma, y sostiene finalmente que “serán los jueces lo que, con un amplio criterio de razonabilidad, tendrán en sus manos dirimir controversias que puedan suscitarse en pos de la defensa del derecho de las personas que trabajan, sin olvidar que el trabajo debe ser protegido en todas sus formas; y que quienes trabajan siempre serán la parte 'débil' de la relación laboral y sujetos/as de preferente tutela constitucional”.

La especialista en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales Internacionales cierra la entrevista sobre esta nueva ley con una reflexión sobre el modelo  de la Organización Internacional del Trabajo en tanto la promoción de la justicia social y el reconocimiento de las normas fundamentales del trabajo: “El paradigma de la OIT es el trabajo decente, y significa nada más que contar con oportunidades de un trabajo productivo, con ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo, protección para las familias y sobre todo con igualdad de oportunidades y trato para todas las personas trabajadoras”.

Diseño: Laura Caturla


Anticiencia, el fenómeno fantasma

Por Gricelda Incerti

La pandemia de  COVID-19 movilizó de un modo sin precedentes a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica. Pero, así como, muchos estamos atentos a los avances científicos del 2020, otros tantos acusan a la ciencia de conspirar contra la humanidad a través del conocimiento para robar o limitar la libertad.

En distintos países del mundo, pequeños grupos de manifestantes anticiencia protestaron contra la cuarentena instituida por la pandemia y contra los expertos que la diseñaron.

En Buenos Aires, Brasilia o  Washington D.C. los anticiencia coinciden en tres condenas similares: para ellos, las y los científicos del sector público  tienen un poder excesivo sobre el Estado, son globalistas y manipulan maquiavélicamente a los políticos. Sumado a esto, le restan importancia al uso de las mascarillas, al distanciamiento social y ahora plantean la ineficacia de la vacuna.

En la nota de El Universitario “Ciencia en la mira”, María del Huerto Revaz  cita a la ensayista Beatriz Sarlo cuando interroga: “'¿Qué tan claro es que la experiencia ha muerto? ¿Qué tan claro es que este cientificismo, que era una marca cultural, ha desaparecido?' Porque, por un lado, se cuestiona la ciencia, pero a la vez se espera de ella la cura de la pandemia; parece que estamos resucitando experiencias”.

Tres científicas del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA-UNNOBA) y del Centro de Investigaciones y Transferencia del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (CIT NOBA, UNNOBA-UNSADA-CONICET)  analizaron el impacto y el rechazo a la ciencia; y los hechos que no encajan con la visión de los llamados “Grupos Anticiencias”

Laura Alaniz. Dra. en Bioquímica

La investigadora, miembro del Consejo Directivo del CIBA, y  profesora de la universidad asegura que el rechazo al método científico, es en parte, consecuencia “de la gran información que circula en la red, que está desordenada y muchas veces no es chequeada”.

La falta de certezas trae incertidumbre y parecería que las sociedades modernas no saben vivir con incertidumbres porque creen que tienen todo resuelto y asegurado. “Se quiebran, surgen estos movimientos anticiencia cuando una situación tan anecdótica como esta de la pandemia muestra lo que los científicos sabemos desde siempre: que no hay certezas sino dudas que buscamos responder con nuestro trabajo”, plantea.

¿Cómo perciben los diferentes movimientos anticientíficos y las acciones que ellos producen frente al COVID-19? 

—La sociedad reclama la necesidad de tener certezas que la ciencia, la gran mayoría de las veces, no puede dar. Ante esa falta, esos movimientos se aferran a creencias, ya sea religiosas o pseudocientíficas, percibiendo que les ofrecen lo que la ciencia no otorga, lo cual promueven como su verdad. Esto se ve con claridad en esta época de pandemia en la que los científicos están tratando a contrarreloj de ofrecer soluciones, pero sin dar conclusiones firmes aún. Los movimientos critican eso, pero es por desconocer que esto es parte del método científico. Lo rechazan y lo critican, más en una era donde todo “se quiere ya”. En la ciencia, más allá de que año a año avanza con gran velocidad, siempre existe una etapa de incertidumbre que forma parte del método científico.

—¿Sienten estas posturas como una molestia? Sobre todo ante la afirmación de esta etapa de incertidumbre que forma parte del método científico.

—El gran problema es que claramente entorpecen el trabajo, no solo por el descrédito que fomentan sino porque las acciones que toman ponen en riesgo al resto de la población. Un ejemplo es el hecho de fomentar el no uso de tapabocas, cuando científicamente está comprobado que reduce los contagios de los virus o patógenos respiratorios como COVID-19.

—Los grupos sociales anticientíficos tienen una desconfianza intrínseca en la confiabilidad de la ciencia, la descalifican y la deshumanizan: ¿qué postura tienen al respecto? ¿Cómo se rebate esta postura desde el lugar de científicos?

—La descalifican y deshumanizan porque desconocen cómo se trabaja en la ciencia y ahí se suman las fantasías de que en los laboratorios se crean virus, que solo se trabaja para que empresas biotecnológicas se enriquezcan, y arman una película de ciencia ficción de Hollywood. La mayoría de los científicos no trabajamos para ninguna empresa ni somos manipulados por los gobiernos, ni empresas de biotecnología. No somos personas extrañas y la labor que hacemos es un trabajo. La postura se rebate desmitificando la labor científica, mostrando que la ciencia no le pertenece a una elite y abriendo el conocimiento a la sociedad con seriedad.

—Estos movimientos son olas que van y vienen a lo largo de la historia. Por ejemplo, el movimiento antivacunas surgió junto con la creación de las primeras vacunas a principios del siglo XIX. Creen que ante una pandemia, o un descubrimiento de gran valor para la ciencia, ¿resurgen por cuestiones políticas, o solo por mero desconocimiento?

—Creo que resurgen por desconocimiento. Actualmente es un desconocimiento ante la gran información que circula de cómo interpretar la información puramente científica, que muchas veces no está en los diarios de circulación general, sino en revistas para científicos. Esto es una autocrítica para los científicos. Y además también se suman cuestiones públicas que usan a esos movimientos para generar confrontaciones ante medidas políticas que son tomadas con base o apoyo científico . Ejemplo de eso es la desacreditación de la OMS, donde si un gobierno quiere decidir no financiar esta organización, una forma de conseguir apoyo social para tal medida es desacreditar el trabajo científico que lleva a cabo esa organización.

¿Cómo enfrentarían ustedes todas las afirmaciones actuales anticientíficas frente a la COVID? ¿O cómo es la postura de un científico frente a alguien que toma dióxido de cloro en un canal de TV? En este sentido, la difusión de este tipo de información ha provocado que la infodemia potencie el impacto de la pandemia. ¿Cómo enfrenta la ciencia la gran cantidad de fake news que existen al respecto?

Una de las maneras más eficientes de combatir la anticiencia es con más ciencia. Informando, dando respuesta, comunicando de manera clara a la comunidad. Acompañando esa nueva información con hechos, con ejemplos claros, pero sin ridiculizar a las pseudociencias y sin desestimar la función que siempre han tenido los medios de comunicación y, en los últimos tiempos, las redes sociales, en la difusión de la información y en el manejo de este tipo de crisis.

En un comentario publicado recientemente en Nature, una de las revistas científicas con más prestigio, Sara Gorman y Jack Gorman, miembros de Critica, una organización sin fines de lucro que corrige desinformación científica y médica (www.criticascience.org), sostienen que el problema no deriva simplemente de la falta de conocimiento y que la clave está en una comunicación más eficiente por parte de los científicos, pero siempre en la base de una comunicación respetuosa que no ridiculice y que no antagonice con los perpetradores de las pseudociencias.

Una de las cosas positivas es que se ha tomado muy en serio el impacto de las fake news durante la pandemia y hay un alto porcentaje de la población que las condena, o, al menos, no acepta este tipo de noticias. Tal vez la mayor parte del problema radica en que una gran parte de la población no tiene herramientas para identificarlas. Es claro que la comunidad científica y las y los comunicadores debemos trabajar en conjunto. Los científicos debemos  ser más eficientes en comunicar cuáles son los medios oficiales, encontrar un equilibrio entre comunicar con rigurosidad científica y, al mismo tiempo, con claridad. 

Virginia Pasquinelli. Dra. en Ciencias Biológicas.

La directora de la Escuela de Ciencias Agrarias Naturales y Ambientales (ECANA) de la UNNOBA, investigadora y miembro del Consejo Directivo del CIBA también hizo hincapié en las fake news, asegurando que  al comienzo de esta pandemia existió una presencia masiva de profesionales dando sus opiniones, muchas veces, no sostenidas por evidencias científicas. “La urgencia, la búsqueda de un culpable, la incertidumbre, la necesidad de aparecer, llevó a más confusión en algunos casos. Algunas afirmaciones cargadas de optimismo, que instalaron incluso la negación en un porcentaje de la población,  produjeron una menor atención de la sociedad a la pandemia”, sostiene.

—El tecnólogo y emprendedor argentino Santiago Bilinkis, autor de varios libros y orador en TED de charlas sobre el poder de manipulación de las redes sociales, explicó en una entrevista que las personas muchas veces comparten lo que les gustaría que sea verdad, sin importarles tanto que el mensaje sea legítimo. ¿Qué opina sobre esta afirmación? 

—Sin duda quienes realizan investigación en las ciencias sociales tengan mucho más que decir al respecto, pero probablemente sea en parte así. La mayoría de las personas, toman la información más relevante a sus propias situaciones personales y la usan realizando además sus propias interpretaciones. Como menciona la doctora Laura Alaniz la ciencia fue dando respuesta a gran velocidad, pero esas respuestas respetan el método científico: no tienen la inmediatez ni dan las respuestas que mucha gente quiere escuchar. Estamos construyendo ese conocimiento, por eso las respuestas fueron y serán dinámicas a lo largo de la pandemia.

En un trabajo acerca de las fake news Tandoc y colaboradores discuten que “si bien las noticias son construidas por periodistas, parecería que las noticias falsas son co-construidas por la audiencia, dado que su falsedad depende en gran medida de si la audiencia percibe lo falso como real. Sin este proceso completo de engaño, las noticias falsas siguen siendo una obra de ficción”.

Carolina Cristina. Dra. en Bioquímica.

La secretaria de Investigación, Desarrollo y Transferencia de la UNNOBA y  directora del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA-UNNOBA) consideró que desde el comienzo de la pandemia muchos grupos de investigación redireccionaron sus esfuerzos hacia problemas vinculados con la emergencia sanitaria, haciendo hincapié en la importancia de la investigación científica.

—La pandemia del  SARS-CoV-2  ha movilizado a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica. ¿Esto colabora con  la ciencia para mejorar los modelos epidemiológicos? 

—Los científicos usaron todas sus destrezas en aplicaciones inmediatas que van desde el desarrollo de métodos para la determinación del genoma viral, la respuesta inmunológica a la infección, las ventajas de potenciales tratamientos entre los que se investigan fármacos antirretrovirales, el suero de convalecientes y el suero equino hiperinmune, entre otros. También, es de destacar el desarrollo de las vacunas en sus diversas modalidades, sistemas de monitoreo clínico para los pacientes leves y los graves y  hasta estudios de carácter social relacionados con los efectos del aislamiento y la pospandemia,  por mencionar algunas de las temáticas en que la comunidad científica se encuentra abocada en estos tiempos. 

—La urgencia de atender todo lo que se asocia a esta pandemia mostró, sin lugar a dudas, varias facetas del sistema científico- tecnológico…

—Por un lado, demostró la capacidad técnica instalada, donde los recursos humanos altamente capacitados quedaron valorizados y a la vista de toda la sociedad. Por el otro, puso en evidencia la gran plasticidad de los profesionales que, en su mayoría, estaban dedicados a otras temáticas, pero supieron reorientar su experiencia de años de trabajo a esta nueva infección viral, desconocida para el mundo entero, usando sus métodos, técnicas y el equipamiento habitual y no habitual para cumplir nuevos objetivos. Y sobre todo, la capacidad de trabajar en equipos interdisciplinarios, claves durante la pandemia, donde investigadores pertenecientes a Centros e Institutos volcaron sus conocimientos al sistema de salud. De esta forma, la interacción con hospitales y sus médicos, enfermeros, bioquímicos y otros agentes de salud se hizo crucial y dio sus resultados.

—Por ejemplo los laboratorios de la UNNOBA…

—En laboratorios de nuestra Universidad se realizan desde el mes abril  los análisis para el diagnóstico del virus causante de la COVID-19, superando los 18.000 análisis,  de los que participan investigadoras e investigadores, becarias y becarios doctorales, técnicas y técnicos de dos centros propios, en colaboración principalmente con las Regiones Sanitarias III y IV de la provincia de Buenos Aires y dos importantes Hospitales Interzonales. En resumen, se han puesto en marcha en la emergencia sanitaria muchas acciones y estudios científicos que están cubriendo necesidades del sistema de salud, de la comunidad médica y de los propios pacientes. Esto demuestra la importancia de sostener un sistema científico de excelencia, con capacidades de desarrollo y adaptación rápida que pueda dar soluciones que demanda la sociedad. 

—En marzo el gobierno nacional puso en marcha, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la Unidad Coronavirus COVID-19.  ¿Cuál ha sido el impacto?

—Esta Unidad pone a disposición del país y, en particular, del sistema de salud, las capacidades de desarrollo tecnológico, equipamientos y recursos para diagnostico e investigación en COVID-19. Ha generado convocatorias importantes a proyectos del tema promoviendo el trabajo de los científicos en las necesidades del país, en un corto plazo. Esta política ha sido exitosa, quedando demostrado la importancia del sistema científico en la respuesta. Claramente, los científicos deben ser escuchados por los gobiernos frente a estas situaciones.

 

 Diseño: Laura Caturla

 

 

 


COVID-19: el mundo, de rodillas

Por Gricelda Incerti

Desde distintos ámbitos laborales, los profesionales del sistema de salud argentino advierten que la situación sanitaria a nivel nacional es muy crítica. Todos llaman a la sociedad a actuar con mayor responsabilidad para frenar los contagios de coronavirus.

“El personal de salud está totalmente colapsado”; “No es momento para juntarse a hacer una fiesta”; “Tenemos que madurar como sociedad y pensar en todos”; “Nuestros compañeros de trabajo se están infectando”; “Es una circunstancia de mucho estrés para todos los profesionales de la salud e incluso para los pacientes”. Afirmaciones que han invadido todo medio de comunicación. Palabras alertando, voces pidiendo, imágenes suplicando que si nos cuidamos nosotros, los cuidamos a ellos, y así, ellos nos van a cuidar a nosotros. ¿Solo dialéctica? No. Absoluta realidad.

La región no es ajena a la elevada situación epidemiológica y desde diferentes ciudades están alertando sobre la posible saturación del sistema sanitario.  En la ciudad de Pergamino, ante el aumento de casos, el Municipio, el Hospital San José,  y las entidades privadas de salud pidieron a la población responsabilidad individual.

En Junín, Marcos Jaureguizar,  director Asociado del Hospital Interzonal General de Agudos "Dr. Abraham F. Piñeyro", afirmó: “Nuestro hospital está llegando un poco al límite, creciendo en cantidad de pacientes. La terapia intensiva  no está tan comprometida actualmente, y sobre los recursos humanos, aún con terapistas y personal sanitario  aislados, estamos bien, pero no regalamos nada. Por ahora podemos generar respuestas”.

La peste, en épocas de coronavirus

La pandemia ha impulsado a muchos lectores a releer o a leer por primera vez La peste de Albert Camus, publicada en el año 1947, quizá  buscando alguna respuesta para mitigar el largo exilio en que nos ha puesto la enfermedad.

¿Qué nos enseñó esta fantástica novela? Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. En las situaciones de crisis, sale a luz lo peor de la sociedad: egoísmo, inmadurez, irracionalidad. Pero también emerge lo mejor: siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los demás.

La enfermedad siempre está ahí, pero pensamos que solo le concierne a los otros. Ahora es asunto de todos. Nuestra campana de cristal se agrietó y somos vulnerables.

En este sentido, Jaureguizar, médico generalista, quien además es docente de Salud Pública en la carrera Licenciatura de Enfermería de la UNNOBA, sostiene que “las grandezas y las miserias afloran con más virulencia ante momentos de crisis”.

“Es difícil analizar  la pandemia desde un solo lugar. Si la miramos  desde lo estrictamente médico —plantea— es un acontecimiento global que alteró todo el funcionamiento sanitario. Nadie estaba preparado para enfrentar este tipo de enfermedad con alta transmisibilidad y contagio. Este virus hace que la  gente se enferme rápido y de golpe, y así se satura el sistema de salud”.

La tasa de duplicación de casos y su curva ascendente, indica que va a haber más casos. En realidad el problema no es la cantidad de infectados que puede haber al final, sino el tiempo en el que ocurre. "Si tengo cien personas infectadas en dos días, hay un porcentaje que se va a complicar, otro porcentaje que se va a complicar mucho y requerirá terapia intensiva y saldrá adelante,  y un porcentaje mínimo que va a fallecer", explica Jaureguizar, y continua con el dato duro, que hoy es el que indudablemente complica al sistema sanitario: "Si 100 pacientes aparecen en 15 días, el número de camas disponibles para todos los que necesiten internarse, es un número finito que se va a ver resentido. Pero si los tengo en dos meses no voy a agotar mis camas y voy a poder generar respuestas realmente importantes para quienes se infecten y requieran internación”, explica.

Foto: Hospital Piñeyro.

Marcos Jaureguizar cree, por otro lado, que la actual situación está directamente relacionada con la falta de responsabilidad social. “No soy sociólogo, ni psicólogo, ni antropólogo para poder analizar las conductas humanas, pero sí podemos ver que las grandezas y las miserias afloran con más virulencia, ante momentos de crisis”. A lo que  agrega que nada de lo que sucede tiene que ver con las necesidades básicas como ir al supermercado o concurrir al trabajo. “Cuando se plantea que no se realicen reuniones sociales o familiares; o cuestiones que tienen que ver con el distanciamiento, aislamiento sanitario, el uso de barbijo, no llevarse la mano a la boca, los ojos o la nariz, y  lavarse las manos; tiene que ver con ser solidario con el otro,  ya que es imposible ser solidario con uno mismo. Considero que la gran cantidad de contagios está vinculada a la irresponsabilidad social. Esto, de alguna manera, contribuye a que el sistema de salud se vea muy seriamente afectado”.

Ante la pregunta obligada sobre la prevención, aseguró que “es terrible  cuando nos morimos por causas prevenibles. En nuestros países se siguen muriendo chicos por hambre o por tuberculosis, no es que hoy el coronavirus sea la única causa de muerte, pero estamos hablando de un virus que de alguna manera puede mitigarse y evitarse hasta de una manera muy económica”.

Tapabocas. Distanciamiento social. lavado de manos. Cuidados básicos, económicos y efectivos. Crédito: Agencia Telam.

Para esto usa tres términos: eficacia, eficiencia y efectividad. “En atención primaria se habla de tres términos cuando se plantea un método o un tratamiento. Eficacia es un tratamiento con resultados positivos. Eficiencia es poder realizarlo a bajo costo. Cuando hablamos de efectividad, nos referimos a la cobertura, o sea un método que pueda abarcar un gran porcentaje de la población. Entonces cuidarnos con métodos absolutamente elementales, como el uso de tapaboca, el lavado de manos y el distanciamiento tienen alta eficacia, eficiencia y efectividad: son económicos, tienen resultados positivos y pueden abarcar a toda la población.  Esto es lo único que ha demostrado poder manejar efectivamente el número de infectados”.

El sistema sanitario ante la pandemia

"La pandemia por COVID-19 desnudó los desafíos que enfrentan los países en torno a los recursos humanos para la salud, tanto en lo que refiere a los trabajadores de los servicios sanitarios, como los dedicados a la búsqueda activa y aislamiento de cada caso y al rastreo de cada contacto y su cuarentena. O a los microbiólogos trabajando las 24 horas para asegurar un diagnóstico oportuno", afirmó la representante de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Argentina, Maureen Birmingham, durante un conversatorio virtual sobre Gestión del Trabajo, Salud y Seguridad de los Trabajadores de la Salud.

Los médicos, las enfermeras, los camilleros, las mucamas, los kinesiólogos se están enfermando, o están trabajando al límite de su capacidad. “El recurso humano de Enfermería siempre es escaso, no solo en Argentina sino a nivel mundial”, afirma  la licenciada en Enfermería Andrea Peralta, docente de la Licenciatura en Enfermería de la UNNOBA en las asignaturas Administración  de los Servicios de Salud, Gestión de los Servicios de Salud, Enfermería Básica y Enfermería del Adulto y del Anciano 2.

“Se trata de un recurso crítico que no puede ser reemplazado por otros profesionales. En épocas de pandemia, con más razón se necesita completar los planteles de enfermería en cantidad y calidad. Cuestión que no es fácil obtener de un día para otro”, plantea la docente.

Un profesional de Enfermería en cuidados críticos requiere de un entrenamiento mínimo de 3 a 6 meses para adquirir los conocimientos y destrezas que se necesitan para trabajar en estas unidades de alta especialización. “Es imposible formar un recurso de este tipo en menos tiempo y a esta problemática nos ha llevado la pandemia: encontrarnos que el recurso humano de enfermería no está formado para la tarea que tiene que realizar, debido a diversos motivos”, sostiene Peralta, quien  se desempeñaba, hasta hace días como Jefa del Departamento de Enfermería del Hospital “San José” de Pergamino, cargo al que renunció.

El personal idóneo es gravemente escaso, los recursos humanos que requiere una terapia intensiva deben ser altamente calificados, con muchísima experiencia en el manejo de pacientes críticos. “Y no los tenemos en las cantidades necesarias para enfrentar una contingencia de esta envergadura”, agrega.

Formar un enfermero en una terapia intensiva requiere tiempo dentro de la unidad. El  profesional debe contar con criterio y perfil para el puesto. En este sentido, Peralta es crítica sobre dicha Especialización: “Si un enfermero quiere formarse en terapia intensiva, para  acceder a la especialización, tiene un costo económico elevadísimo que muchos enfermeros no pueden pagar, y, aquel que tiene el dinero para pagarse la formación, luego no es reconocido como tal en las instituciones.  De hecho los enfermeros estamos luchando por ser reconocidos como profesionales de la salud, ya que para el Ministerio de Salud  de la Provincia de Buenos Aires somos  personal administrativo, una incoherencia que repercute muchísimo en el desánimo y motivación de los enfermeros para seguir apostando por la profesión y continuar formándose en especializaciones de áreas críticas”.

Síndrome de burnout 

El burnout laboral, también denominado síndrome del quemado o síndrome de quemarse en el trabajo, es un trastorno emocional  que está vinculado con el ámbito laboral al estrés causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado. Este síndrome puede tener consecuencias muy graves, tanto a nivel físico como psicológico.

Los síntomas más comunes son depresión y ansiedad, motivos de la gran mayoría de las bajas laborales. El síndrome de burnout  es muy frecuente en ámbitos sanitarios. Peralta, quien además llevó adelante sus tareas como enfermera asistencial en diferentes unidades de internación tales como terapia intensiva, unidad coronaria y  neonatología, también hizo hincapié en este aspecto de la salud de sus colegas.

—¿Cual es el estado físico y emocional de los profesionales de la salud con los que has compartido tareas?

—Los profesionales de la salud se encuentran muy cansados, ya que al comienzo de la pandemia nos suspendieron las licencias y los permisos. Hay compañeros que, al no haberse tomado vacaciones de verano, se vieron obligados a seguir trabajando sin descanso. Esto lamentablemente nos llevó a un gran agotamiento físico y mental.

—¿Con que recursos, conocimientos o herramientas enfrentan a este nuevo virus?

—Hoy, incertidumbre, porque estamos frente a una enfermedad nueva, con muchísimo desconocimiento acerca de la misma: hemos tenido que asimilar todos los conocimientos de golpe. Fue una situación que nos sacó del contexto habitual de los cuidados, ya que no solo debemos ser conscientes en el cuidado brindado  a los pacientes portadores del virus,  sino que tuvimos que aprender a cuidarnos entre nosotros, entre los equipos, para no expandir  la enfermedad y aumentar de esa manera los contagios entre el personal de salud.

—No se puede dejar de lado el hecho de que cada profesional además tiene familia…

—Por supuesto. Si nos contagiamos nosotros, podemos llevar el virus a nuestros hogares y contagiar a nuestra familia. Varios de nosotros convive con familiares que presentan diferentes patologías crónicas, que aumenta el riesgo de padecer complicaciones si desarrollan la enfermedad. La mayoría somos madres y padres de familia. Esto también produce un estrés emocional muy grande en los trabajadores.

—¿Cuál es tu perspectiva y análisis de la situación actual?

—Creo que todavía tenemos mucho camino por recorrer para seguir tomando consciencia y aprender sobre la enfermedad. Es un desafío para toda la comunidad médica y científica, ya que este virus puso de rodillas al mundo entero. Creo que pronto tendremos un horizonte más prometedor con los avances que se están haciendo a nivel mundial con la aparición de la vacuna. Hay que tomar consciencia que esta no será la última pandemia que atraviese el mundo. Por lo tanto, debemos adecuar las instituciones de salud, tanto públicas y privadas, para estas contingencias, adaptando los recursos  humanos y materiales,  en cantidad y calidad suficientes, para enfrentar estos problemas. Esta pandemia nos deja y nos dejará muchas enseñanzas de las cuales debemos tomar provecho y fortalecernos.

—Desde la SATI estiman que todo el país hay cerca de 1.800 médicos intensivistas, mientras que los enfermeros no son más de 400. En situaciones normales, se necesita un intensivista cada 7 pacientes. Pero eso cambia cuando aumenta el porcentaje de personas que requieren respirador. En ese caso la relación pasa a ser de un médico cada 4 camas. Y en el caso de los enfermeros es un profesional por cada persona ventilada. Ante esta afirmación, ¿como se enfrenta una pandemia de este tipo?

—Voy hacer mención al caso del Hospital de Pergamino ya que me desempeñe como Jefa del Departamento de Enfermería por casi tres años y conozco muchísimo la problemática. Nuestro hospital tiene 6 camas de terapia intensiva y cuenta con 13 enfermeros como dotación total, de los cuales están distribuidos de a 2 enfermeros por cada turno de enfermería, con lo cual no estaríamos con el personal suficiente como demanda la relación enfermero-paciente ventilado. En un hipotético caso que se encuentren los 6 pacientes ventilados la relación real hoy en día sería de un enfermero cada 3 pacientes ventilados.  Imposible de sostener y ofrecer a los pacientes una atención de calidad y libre de riesgos como lo demandan las Normas de Organización y Funcionamiento de Servicios de Enfermería en Establecimientos de Atención Médica. Me atrevo a decir que esta problemática no es solo de nuestro hospital, sino que es general, que ocurre en todo el país.

—La pandemia deja al desnudo un problema que tiene varios años: la falta de médicos intensivistas y otros profesionales capacitados en Terapias Intensivas. ¿Cómo se revierte hoy? ¿Cómo visualizás el futuro?

—No es fácil revertir este problema de un día para otro por todo lo que he expuesto anteriormente. Creo que se deberían mejorar las condiciones laborales de todos los profesionales de enfermería y médicos que siempre están en la primera línea, como se evidenció hasta ahora. Mejorar el salario y el reconocimiento a la formación de un profesional incrementaría el interés por seguir apostando a estas profesiones que se encuentran actualmente muy postergadas. Se trata de una decisión  netamente política. Darle impulso a la educación y formación de este recurso es importantísimo para las nuevas generaciones.

Diseño: Laura Caturla


Nuestro cuerpo, ¿víctima del teletrabajo?

Por Gricelda Incerti

Las posturas incorrectas que inconscientemente adoptamos para usar el celular, la tablet, o la computadora de escritorio pueden provocar numerosos inconvenientes corporales. Cada vez más, los kinesiólogos y traumatólogos reciben a personas con dolores de cuello y espalda, tendinitis en el brazo o lesiones en el pulgar, así como los oftalmólogos recepcionan consultas por visión cansada.

Se entiende por Ergonomía al conjunto de conocimientos científicos destinados a mejorar el trabajo, y sus sistemas, productos y ambientes para que se adapten a las capacidades y limitaciones físicas y mentales de la persona. Para la Fundación Argentina de Ergonomía, cuatro de diez tareas laborales se realizan en posturas forzadas a un riesgo no tolerable.

Hoy  la opción del teletrabajo se ha convertido en la única viable para muchos sectores de la sociedad.  Una modalidad de trabajo que, aunque tiene evidentes ventajas, especialmente en circunstancias como en la actual pandemia de coronavirus, no está exenta de riesgos.

Por este motivo, las licenciadas en Sistemas María Mercedes Guasch y Rosana Piergallini  elaboraron un instructivo denominado “Buenas prácticas con relación al uso de dispositivos informáticos”. Esta guía se desarrolló a pedido del Instituto Académico de Desarrollo Humano, y cuenta con las principales pautas a seguir para trabajar desde casa y prevenir los riesgos relacionados con el teletrabajo, como la fatiga visual o los trastornos músculoesqueléticos.

“Estas buenas prácticas las deberíamos tener en cuenta siempre”, afirma la licenciada Guasch, quien es docente en la Licenciatura en Sistemas,  Licenciatura en Enfermería y en Ciencias Económicas, además  integrante del Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología.

“Antes, durante y después de la pandemia,  el hecho de utilizar un smartphone, una computadora o una notebook durante un tiempo prolongado provoca malestar en el cuerpo. La idea de estas buenas prácticas es aprender a manejar posturas que muchas veces hacen que nuestro cuerpo se resienta”.

Las licenciadas coinciden en “escuchar a nuestro cuerpo”; ya que el uso permanente que estamos teniendo de diferentes dispositivos trae definitivamente consecuencias físicas.

“No hay posturas particulares ni ideales para cada personas, tenemos que ir modificándolas. Cada uno debe ir probando, sintiendo y percibiendo en su cuerpo síntomas o molestias, e ir acomodándose”, sostiene.

Rosana Piergallini, docente de las carreras de  Ingeniería y Licenciatura en Sistemas, y también de la  Licenciatura en Enfermería explicó cómo surgió la idea de la realización del documento: “Existen una serie de buenas prácticas a tener en cuenta que surgen de la Ergonomía, que trata específicamente de esa relación hombre-máquina. A partir de aquí debemos atender a cuestiones al momento de sentarnos, como por ejemplo,  de qué manera apoyar la espalda en el respaldar, con una silla adecuada. Nuestra idea es explicar que las reglas existen, y quizá no las conocemos en detalle. Pero tomemos un momento para reflexionar de que cada vez que nos sentamos frente a la computadora o estamos con el celular, podemos tomar conciencia de lo que le pasa a nuestro cuerpo”.

Buenas prácticas con relación al uso de dispositivos informáticos 

Cuando trabajamos con una Computadora de Escritorio, una Tablet, un Smartphone, una Notebook o Netbook es importante que nuestro cuerpo adopte una posición adecuada en relación a la tecnología que estés usando en ese momento. No existe una posición “correcta” que se ajuste a todas las personas y a todas las tareas, ni una configuración que sea cómoda para todas las partes del cuerpo.

Si pasas muchas horas usando algún dispositivo informático prestá atención. Observá en tu cuerpo la falta de movimiento, las posturas extrañas, tensión, contracciones, y como está tu respiración. Modifica tu postura, y así evitarás encorvarte como una tortuga.

Entendé la conexión entre nuestro cuerpo y la tecnología y, en función de esto, podés decidir qué mover y cuándo prevenir lesiones. Algunas veces se necesita cambiar la postura y otras ajustar la tecnología, o puede ocurrir que se necesite hacer ambas cosas.

¿Cuáles son las partes del cuerpo que pueden verse afectadas en relación al uso de los diferentes dispositivos tecnológicos?

Recursos Táctiles

Cuando usamos recursos táctiles, es necesario poner atención a la comodidad del cuello, hombros, brazos y espalda.

Smartphone: en la medida que inclinamos la cabeza hacia adelante, más tensión ejercemos sobre nuestra columna y, a largo plazo, mayor es el riesgo de sufrir problemas lumbares. La posición correcta consiste simplemente en subir los brazos en vez de bajar nuestra cabeza. En caso que debas usar por largas periodos de tiempo tu Smartphone es conveniente que tengas en cuenta las recomendaciones que se dan para el uso de una Tablet.

Tablet: Es posible que estés mirando la pantalla hacia abajo durante largos períodos. Para equilibrar la cabeza con más comodidad sobre el cuello y hombros, corregí la postura colocando la Tablet en una mesa, cambia la inclinación de la misma, o usa un sujetador  acoplado a un brazo de monitor. En situaciones en que no puedas hacer nada de lo anterior porque estás, por ejemplo, viajando, corregí la postura subiendo los brazos en vez de bajar la cabeza.

Pantalla táctil: Para mantener una posición cómoda en relación a los brazos, es necesario colocar la pantalla táctil más cerca que la longitud del brazo y acercarla, para la comodidad del hombro y el brazo.Usar la inclinación para alinear antebrazos, muñecas y manos en una posición neutra y recta.

Computadora de Escritorio: Cuando utilizamos una PC de escritorio es necesario prestar atención a la comodidad de los pies, piernas, espalda, hombros, cuello, brazos y manos.

Recomendaciones a tener en cuenta:

1. La altura del asiento debe ajustarse de forma que los pies estén apoyados y la profundidad del asiento deje espacio entre la parte posterior de las rodillas y el borde del asiento. El apoyo de los antebrazos puede ayudar a mantener los hombros más relajados.

2. Ajustá la tensión para reclinarte y, si te resulta útil, usá un "descansa-pies" en ángulo para mantener la posición.

3. Los hombros deben estar relajados con los codos colgando cómodamente a los lados. Los antebrazos, muñecas y manos deben estar alineados en una posición neutra y recta.

4. Cuando uses el mouse, sostenelo sin presionar. Usá todo tu brazo y hombro para moverlo (no sólo la muñeca). Mantener la muñeca recta, la mano relajada y hace clic en los botones con un toque suave.

5. En cuanto al monitor, la ubicación, el acercamiento y la iluminación son factores importantes que deben ser tenidos en cuenta para prevenir molestias tanto musculares como visuales.

6. El monitor debe estar ubicado frente a vos, en un lugar que no se produzcan reflejos y brillo. Evitar fuentes de iluminación brillante en su campo de visión.

7. Si necesitás estirar el cuello hacia adelante al ver un texto muy pequeño, aumentá el tamaño del texto. Es conveniente mantener  la cabeza equilibrada cómodamente sobre tus hombros con la espalda completamente apoyada en la silla.

"Si utilizás durante mucho tiempo un equipo portátil busca algunas alternativas para mejorar tu comodidad".

Equipo Portátil: Notebook/Netbook

Los equipos portátiles no fueron diseñados para realizar trabajos durante largos períodos de tiempo, por lo cual es necesario que prestes atención en las posturas que adoptes cuando los uses con frecuencia

• Sentate frente a la pantalla de tal manera que tus antebrazos estén flexionados hasta 90 grados y apoyados sin levantar los hombros.

• Mantené la espalda apoyada y sentate sobre los isquiones: las piernas tienen que formar un ángulo de 90 grados.

• Colocá el equipo de manera que dispongas de espacio para apoyar las muñecas en posición neutra.

Si utilizás durante mucho tiempo un equipo portátil, algunas alternativas para mejorar tu comodidad consisten en: utilizar una base para Notebook o Netbook, incorporar un teclado adicional y/o un monitor y/o un mouse externo.

Pausas activas. Ejercicios físicos y de relajación en momentos de descanso

Las pausas activas son los descansos de corta duración que se recomiendan tomar durante  la jornada laboral o de estudio. Estas pausas se realizan con el objetivo de recuperar energía a través de ejercicios y técnicas que ayudan a reducir la fatiga corporal, visual y prevenir el estrés.

En este sentido se tienen en cuenta ejercicios para descansar los ojos, así como para relajar el cuello y los hombros.


Diseño: Laura Caturla


Un sueño viral

Por Gricelda Incerti

“Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones”, relata Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. En la novela hay un fragmento que hoy adquiere una actualidad feroz: “Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”.

Solo ficción. Una de las más brillantes de nuestra América. La cuarentena modificaba rutinas en el “Macondo" de García Márquez y complicaba el tiempo; y el insomnio trajo consigo el olvido. Hasta que todo pudo terminar; gracias también al realismo mágico de escritor.

Por ahora, ningún Melquíades, el personaje gitano de Cien años..., anda por acá para acabar con su mágico brebaje nuestra “peste”. Y así estamos nosotros. Con nuestras rutinas modificadas; el tiempo trastocado; conviviendo con el encierro y el estrés de una situación que no hemos elegido.

“Tenemos que quedarnos en nuestras casas y es posible promover las mejores condiciones para que la cuarentena forzada no comprometa a la salud”, describe Diego Golombek, investigador del Conicet en el Laboratorio de Cronobiología (estudio de los ritmos circadianos y relojes biológicos) de la Universidad Nacional de Quilmes. “Somos bichos de costumbres y de costumbres diurnas. Las rutinas nos van ordenando el día y ayudan a sincronizar al reloj biológico. Asimismo, dado que nuestro reloj cerebral mide el paso del tiempo de acuerdo con los hitos o eventos que se van sucediendo, la ausencia de pautas hace que, en términos subjetivos, el tiempo se estire y los días puedan parecer interminables. Por último, la presencia exagerada de pantallas durante la noche conspira con una buena sincronización de nuestros ciclos. El ámbito hace al monje, sí, pero también a la monja y a los humanos en general”, plantea.

El Ritmo Circadiano o Reloj Biológico es el ciclo natural de cambios físicos, mentales y de comportamiento que experimenta el cuerpo en un ciclo de 24 horas. Estos ritmos se ven afectados principalmente por la luz y la oscuridad, y están controlados por un área pequeña en el medio del cerebro. Pueden afectar el sueño, la temperatura del cuerpo, las hormonas, el apetito y otras funciones de nuestro organismo. “La evidencia indica que un sueño inadecuado (de pocas horas, interrumpido o desincronizado) en forma crónica trae consecuencias para la salud, incluyendo trastornos metabólicos, inmunes y cognitivos, entre otros. Al alterar la economía corporal, que se organiza de acuerdo al horario del día, las células y los órganos no funcionan de manera acompasada, volviéndonos más susceptibles a las enfermedades”, explica Golombek, doctor en Biología y Coordinador del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia.

“De alguna manera todos nos estamos volviendo un poco adolescentes”, continua. “El retraso en el ciclo de sueño hace que no nos expongamos a la luz matinal, que es el principal sincronizador del reloj. Al mismo tiempo, al afectar horarios de comidas y disminuir la actividad física, también debilitamos la robustez de nuestros ritmos circadianos. Por un lado estamos registrando un aumento de las horas de sueño pero, sobre todo, un paulatino retraso en las horas de descanso. De alguna manera, nos estamos volviendo todos adolescentes”, sostiene.

Cuidar el reloj interno

Ante esta situación particular, ¿cómo cuidamos nuestro reloj interno? “Tratando de mantener horarios regulares, exponiéndonos a la luz durante el día, tratando de limitar la exposición a pantallas durante la noche y durmiendo en lugares oscuros, silenciosos y templados. Y más allá del obvio aislamiento social y medidas sanitarias, está claro que mantener un ciclo de sueño robusto y una buena exposición a la luz diurna son consejos básicos para mantener una actitud saludable en este contexto", aconseja el reconocido divulgador.

Las horas mínimas de sueño recomendadas para los niños son de alrededor de 9, y para los adultos, de 7. Pero la sincronización es similar. Para Golombek, los mas afectados en esta etapa son los adolescentes, ya que "tienen una tendencia natural a ser más nocturnos, y en este contexto se están desentronizando marcadamente”.

Estrés y aislamiento social

El estrés es la capacidad de afrontar con éxito aquellas situaciones extremas. Aunque es una respuesta normal, cuando se vuelve crónico, por circunstancias excepcionales como una pandemia, causa problemas, el cuerpo se resiente y la cabeza también. ¿Nuestro cerebro está preparado para vivir aislados?

“Los humanos somos seres sociales por naturaleza”, afirma María Laura Palumbo, investigadora del CIT NOBA ( UNNOBA- UNSADA CONICET) . “Se cree que evolutivamente nuestro cerebro se desarrolló, como lo conocemos actualmente, gracias a la capacidad de vivir en grupos complejos que adquirió el ser humano. Los vínculos humanos nos producen bienestar, lo cual es muy beneficioso para nuestro cerebro, y son tan necesarios como cualquier otra función vital de nuestro organismo"

Los vínculos diarios, el hablar cara a cara con compañeros de trabajo, personas en la calle y en los comercios, con compañeros en la escuela, etcétera, son tan importantes como los vínculos humanos profundos. "Muchos podrán pensar: ¿pero si estoy conectado más que nunca con mis afectos telefónicamente o por las redes sociales?;  si bien estas tecnologías nos acercan de alguna manera, cuando se establecen vínculos humanos 'cara a cara' hay liberación de mensajeros químicos y esto no ocurre vía virtual o si ocurre es de manera diferente", explica Palumbo.

Entre los "mensajeros químicos" podemos mencionar la dopamina, relacionada con situaciones placenteras; la oxitocina, que tiene que ver con la confianza; la serotonina, llamada hormona de la felicidad, la cual afecta los niveles de humor, ansiedad y felicidad. Niveles bajos de estos mensajeros están asociados con el estrés y la depresión, por ello mantener los niveles adecuados de estos mensajeros en nuestro cerebro resulta muy importante para protegerlo.

La estimación subjetiva del tiempo se trastoca con el aislamiento. Para Palumbo, directora del Laboratorio de Neuroinmunología Cognitiva del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA) de la UNNOBA, el aislamiento social crónico ya era un tema preocupante a nivel mundial, agravado por la situación actual de tener que estar aislados socialmente y mantenernos distanciados.  En este sentido coincide con Golombek: “Las personas con menos conexiones sociales presentan patrones de sueño discontinuos, alteraciones del sistema inmunitario, más inflamación y niveles más altos de las hormonas relacionadas con el estrés".

Existen evidencias científicas que el aislamiento social puede provocar estrés, soledad y depresión, produciendo problemas de salud que tienen un enorme costo para la sociedad. La depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad. Palumbo señala: "El estrés puede llevar a depresión y esta al suicidio. La depresión se ha convertido en la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años según datos de la OMS del 2015. La mayoría de las personas estamos intentando mantener nuestras actividades, que realizábamos antes del confinamiento, tanto los adultos como los niños, pero ahora desde nuestras casas. Esto genera un estrés extra que dependerá de cada situación personal. Además, a esto hay que sumarle otros factores que pueden agravar la situación, como sociales o económicos, pre-existentes o no, y la infodemia (según la OMS, una práctica que consiste en difundir noticias falsas sobre la pandemia y que aumenta el pánico en las sociedades)”.

Frente a este escenario u otra situación vivida, podemos sentir angustia, incertidumbre, insomnio, miedos. Nuestro cerebro interpretará todas estas emociones, las cuales, si perduran en el tiempo, pueden ser perjudiciales.

En este marco, no podemos modificar la realidad, pero sí reevaluarla. “Uno mismo crea la realidad, y la manera en que pensamos determina la manera que sentimos. Cambiar la manera que pensamos para cambiar la manera que sentimos, es una buena forma para manejar el estrés". Según Palumbo, esto tiene una explicación orgánica, ya que el cerebro es el principal órgano involucrado en la respuesta al estrés. A través de un circuito neuronal, que incluye al hipocampo, la amígdala y áreas de la corteza prefrontal, discrimina amenazas y determina las respuestas comportamentales y psicológicas para poder afrontarlas. El hipocampo, es una estructura relacionada con el comportamiento y la memoria, mientras que la amígdala, el principal núcleo de control de las emociones y sentimientos controla las respuestas de satisfacción o miedo. La corteza prefrontal desempeña un papel crítico en las funciones ejecutivas integrando la información cognitiva y emocional. Estas estructuras cerebrales son parte del sistema límbico, un circuito neuronal que controla el comportamiento emocional y los impulsos de las motivaciones. "En conjunto, el hipocampo y la amígdala procesan las experiencias determinando la adversidad de las situaciones en base a experiencias previas o actuales del individuo. Y junto con la corteza prefrontal coordinan funciones neuroendócrinas, autonómicas e inmunes con comportamientos, facilitando la adaptación del organismo a las exigencias del medio”, plantea.

Resiliencia. El mejor medicamento para el estrés

Podemos manejar el estrés siendo resilientes y si no, aprendiendo a serlo. La resiliencia es la capacidad que tenemos para enfrentar las adversidades gracias a nuestra fortaleza interior y se necesita para ello un cambio en nuestra actitud frente a la vida. “Asumir una actitud positiva ante una situación, también protege a nuestro cerebro. La resiliencia da forma a nuestro cerebro, lo hace más fuerte, con una mayor resistencia al estrés y con unas funciones ejecutivas más hábiles”, se permite recomendar la investigadora.

“Para manejar el estrés se recomienda tener una actitud positiva, hacer ejercicios físicos y de relajación (está demostrado que estos estímulos generan nuevas conexiones cerebrales, refuerzan la creatividad, mejoran el estado de ánimo), organizarse para manejar los tiempos, establecer prioridades, hablar con alguien de confianza, dormir de 7 a 8 horas diarias, descansar entre tareas, escuchar música, tener una buena alimentación. El cerebro es el órgano que controla todo nuestro cuerpo, tenemos que nutrirlo brindándole estímulos afectivos y cognitivos para mantenerlo sano. Los adultos tenemos que poder manejar el estrés y brindarle herramientas a nuestros niños para que puedan hacerlo”, sostiene Palumbo.


Diseño: Laura Caturla