Entre la negación y la fatiga mental

La pandemia también trae aparejados trastornos psicológicos. Si, como definió Freud, la salud se sostiene en “la capacidad de amar y trabajar”, el hecho de que se estén afectando fuertemente estos dos planos podría dejar secuelas.

Por Sebastián Martino

En la actualidad y mientras el mundo transita la pandemia, las consecuencias sanitarias de la COVID-19 se miden en cantidad de infectados y fallecidos. Pero más allá de los aspectos netamente físicos, los efectos también alcanzan a la salud mental.

Meses de confinamiento, cuarentenas con distintos niveles de restricciones, actividades suprimidas, limitadas o condicionadas, distanciamiento de los seres queridos, altos niveles de encierro, nuevas reglas para la interacción social, educación sin presencialidad… en definitiva, una nueva forma de relacionarnos que, por ser impuesta y sin un horizonte claro de finalización, también está provocando trastornos en el orden psicológico. Si a esto se le agrega las crisis económica, productiva y laboral, se termina de configurar un escenario que se traduce en numerosos desórdenes psíquicos y anímicos.

El psicólogo y psicoanalista Eduardo Ibarra recuerda que Sigmund Freud entendía que la salud se sostenía en “la capacidad de amar y trabajar” y en estos dos planos la pandemia está provocando, tal vez, las mayores secuelas, “por lo que esto tiene un impacto directo en la salud mental en la inmensa mayoría de la población”.

Mecanismos de negación

Ibarra, coordinador de Salud Mental y Consumos Problemáticos de la Región Sanitaria IV, asevera que el impacto de la pandemia en el terreno psicológico “se fue dando progresivamente” y, en ese contexto, destaca que “los seres humanos tenemos mecanismos defensivos que a veces los activamos cuando nos angustiamos: uno de ellos es la negación”.

Según su análisis, “algo de esto se ha dado con las medidas de aislamiento”, ya que una parte importante de la población “se ha relajado bastante y ha descuidado las medidas preventivas”, lo que lo lleva a concluir “que hay algo del negacionismo de pensar que esto no nos va a pasar a nosotros o no es tan grave”.

Para el docente de la UNNOBA en la materia”Psicología Evolutiva”, esto tiene que ver con que es una situación angustiante que conecta a las personas con la enfermedad, con la muerte y con el duelo.

En referencia a la negación, Ibarra recuerda una jornada de concientización que el comité de crisis de Salud Mental realizó en la Peatonal de Pergamino, en donde pudo observar a muchos transeúntes que circulaban sin cumplir con las medidas de prevención recomendadas para este caso, principalmente sin el tapaboca o usándolo de manera incorrecta.

En ese marco, hizo un paralelismo con lo que sucedía con el HIV a finales del siglo pasado: “Desde 1990 hasta el año 2002 estuve a cargo del Programa Municipal de SIDA en Pergamino y en la Región Sanitaria, y en una encuesta que hicimos vimos que el 90% sabía cómo prevenirse del HIV para el contagio por vía sexual, a través del uso de preservativo, pero solamente un 30% lo usaba cuando tenía relaciones sexuales. Es decir que había un 60% que sabía cómo cuidarse pero no lo hacía. Lo que inferíamos era que eso tenía que ver con la falta de conciencia, con la idea de que ‘a mí no me va a pasar’ porque ‘es un problema de otro’, algo similar a lo que se puede ver en este tema de la pandemia, los mecanismos psíquicos son parecidos”.

Para seguir con los ejemplos, algo de esto, según el docente, también se puede observar en el tránsito: la sociedad, en general, conoce muy bien las normas y las medidas preventivas, pero los accidentes se siguen dando en su mayoría por fallas humanas y muchas muertes se producen por no tener el cinturón de seguridad o el casco colocados.

Para Ibarra, “esto tiene ver con un mecanismo de negación y también con una histórica falta de cultura preventiva”, por lo que los efectores de Salud Mental están trabajando “para buscar las acciones necesarias para la toma de conciencia y adoptar una cultura preventiva”.

Finalmente, Ibarra remarca el hecho de que el aislamiento social no sea una elección, sino una imposición externa a los sujetos, quienes, de esta manera, ven recortados sus lazos sociales. Ante esto, considera que los mecanismos terapéuticos pasan por aceptar la elaboración de este duelo que significa haber perdido estas cuestiones: “La vida es una sumatoria de duelos, perdemos cosas desde que nacemos hasta que morimos: perdemos la infancia, afectos, trabajos y demás. Esto ha precipitado algunas de estas cosas y es importante ayudar en la aceptación de las pérdidas”.

Fatiga mental

Para la licenciada en Psicología Graciela Giménez, “todas estas instancias de incertidumbre, de angustia, de aislamiento y, a la vez, la virtualidad como única salida, han generado muchas problemáticas relacionadas con la fatiga mental”. Un panorama que deja, a su paso, “una cantidad tremenda de necesidades, porque el impacto es amplio, es decir, afecta a todos los estratos, y también ha dejado efectos que podrían ser duraderos”. “Esta es la principal preocupación de los profesionales de la salud, en general, y de la salud mental, en particular”, subraya.

Giménez, secretaria Académica del Instituto Académico de Desarrollo Humano de la UNNOBA, cree que esos efectos duraderos tienen que ver con el estrés postraumático, sintomatologías de ansiedad, de depresión, insomnio, insatisfacción, entre otros. “En ocasiones se habla de que hay gente a la que no le importa, y en realidad a veces no es eso, sino que está vivenciando esta situación de una forma distinta”, plantea Giménez, especialista en Psicología Social.

En su opinión, la incertidumbre es uno de los factores determinantes de este escenario “porque es una situación que atraviesa la cotidianidad y sobre la que no podemos precisar si tiene un final”. “Se habla de nuevas normalidades, un concepto que no comparto, porque creo que, en todo caso, se trata de aprender a convivir con una nueva problemática. No es que termina un capítulo en la humanidad y empieza otro, sino que hay una continuidad en la que se modifican algunas cuestiones relacionadas con la diversidad y la dinámica social y, en todo caso, se deberá aprender a convivir con esta novedad”, agrega.

Giménez, que también es docente universitaria de las materias Introducción a las Ciencias Sociales, Antropología de la Comunicación, Psicología de las Organizaciones y Filosofía, cree que la pandemia puso en evidencia una cantidad de carencias estructurales en diferentes ámbitos. “Hay temas que se advierten como problemáticas que ya están instaladas”, señala, para luego ejemplificar: “Tenemos un alto índice de femicidios que lamentablemente no cesa. En el aislamiento los inconvenientes existentes se evidencian y se potencian. Por eso hace falta generar marcos de contención y planificación para el tratamiento de todas estas problemáticas”.

Por todo esto, subraya que “lo que está claro es que la pandemia afecta a todos, más allá de categorizaciones”. Entonces, este aspecto democratizador del virus indica que nadie queda exento de sus consecuencias. Según su mirada, resulta imperioso “ir buscando marcos de contención y establecer planificaciones a mediano y largo plazo, desde el punto de vista social: a futuro van a tener que trabajarse estas sintomatologías de estrés y a trabajar en su reconfiguración de manera que se puedan ir superando paulatinamente. Habrá que sostener y contener para poder ir procesando estos índices de estrés postraumáticos que puedan surgir”.

Las redes de apoyo

La licenciada en Enfermería Cristina Curia observa que, en materia de Salud Mental, en esta pandemia “hay diferentes reacciones de acuerdo a la población en la que uno se enfoca”, aunque, en definitiva, “todo depende también del entorno y los recursos que tenga cada persona”.

Curia, magíster en Salud Mental y docente de la carrera de Enfermería de la UNNOBA, también hace hincapié en los efectos del distanciamiento y la imposibilidad de demostrar físicamente el afecto: “Este impedimento genera más deseo aún de poder hacer eso que está vedado. Ante esto, hay diferentes reacciones, desde los mecanismos de defensa inconscientes que juegan con la negación, pensando ‘no me va a pasar nada por un beso o un abrazo’, hasta la ansiedad que estas situaciones provocan”.

Por eso considera importante la creación de redes de apoyo como un mecanismo terapéutico. “Hay organizaciones que están poniendo mucho en todo esto —asegura— por ejemplo, la UNNOBA, que ha tratado de mantener el contacto con los alumnos y de brindarles herramientas para que puedan continuar con sus estudios. Eso ha aportado mucho. Se ha dado respuesta, cada uno desde su lugar y con los recursos que cada institución ha tenido, porque nadie estaba preparado para esto”.

Por último, Curia tiene una mirada positiva para la pospandemia: “Se dice que posteriormente se van a ver impactos que tienen que ver con depresión, ansiedad y demás. Particularmente, soy optimista y creo que la humanidad siempre ha sabido resolver cuestiones como esta, ya se atravesaron otras crisis de gran envergadura y, si bien han dejado secuelas, las sociedades se han sabido rearmar”.

 


Diseño: Laura Caturla