Anticiencia, el fenómeno fantasma

La anticiencia propicia la idea de que el trabajo científico ha causado mucho daño a la humanidad y al planeta. Olas que van y vienen a lo largo de la historia, que hoy impactan sobre la pandemia.

Por Gricelda Incerti

La pandemia de  COVID-19 movilizó de un modo sin precedentes a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica. Pero, así como, muchos estamos atentos a los avances científicos del 2020, otros tantos acusan a la ciencia de conspirar contra la humanidad a través del conocimiento para robar o limitar la libertad.

En distintos países del mundo, pequeños grupos de manifestantes anticiencia protestaron contra la cuarentena instituida por la pandemia y contra los expertos que la diseñaron.

En Buenos Aires, Brasilia o  Washington D.C. los anticiencia coinciden en tres condenas similares: para ellos, las y los científicos del sector público  tienen un poder excesivo sobre el Estado, son globalistas y manipulan maquiavélicamente a los políticos. Sumado a esto, le restan importancia al uso de las mascarillas, al distanciamiento social y ahora plantean la ineficacia de la vacuna.

En la nota de El Universitario “Ciencia en la mira”, María del Huerto Revaz  cita a la ensayista Beatriz Sarlo cuando interroga: “’¿Qué tan claro es que la experiencia ha muerto? ¿Qué tan claro es que este cientificismo, que era una marca cultural, ha desaparecido?’ Porque, por un lado, se cuestiona la ciencia, pero a la vez se espera de ella la cura de la pandemia; parece que estamos resucitando experiencias”.

Tres científicas del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA-UNNOBA) y del Centro de Investigaciones y Transferencia del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (CIT NOBA, UNNOBA-UNSADA-CONICET)  analizaron el impacto y el rechazo a la ciencia; y los hechos que no encajan con la visión de los llamados “Grupos Anticiencias”

Laura Alaniz. Dra. en Bioquímica

La investigadora, miembro del Consejo Directivo del CIBA, y  profesora de la universidad asegura que el rechazo al método científico, es en parte, consecuencia “de la gran información que circula en la red, que está desordenada y muchas veces no es chequeada”.

La falta de certezas trae incertidumbre y parecería que las sociedades modernas no saben vivir con incertidumbres porque creen que tienen todo resuelto y asegurado. “Se quiebran, surgen estos movimientos anticiencia cuando una situación tan anecdótica como esta de la pandemia muestra lo que los científicos sabemos desde siempre: que no hay certezas sino dudas que buscamos responder con nuestro trabajo”, plantea.

¿Cómo perciben los diferentes movimientos anticientíficos y las acciones que ellos producen frente al COVID-19? 

—La sociedad reclama la necesidad de tener certezas que la ciencia, la gran mayoría de las veces, no puede dar. Ante esa falta, esos movimientos se aferran a creencias, ya sea religiosas o pseudocientíficas, percibiendo que les ofrecen lo que la ciencia no otorga, lo cual promueven como su verdad. Esto se ve con claridad en esta época de pandemia en la que los científicos están tratando a contrarreloj de ofrecer soluciones, pero sin dar conclusiones firmes aún. Los movimientos critican eso, pero es por desconocer que esto es parte del método científico. Lo rechazan y lo critican, más en una era donde todo “se quiere ya”. En la ciencia, más allá de que año a año avanza con gran velocidad, siempre existe una etapa de incertidumbre que forma parte del método científico.

—¿Sienten estas posturas como una molestia? Sobre todo ante la afirmación de esta etapa de incertidumbre que forma parte del método científico.

—El gran problema es que claramente entorpecen el trabajo, no solo por el descrédito que fomentan sino porque las acciones que toman ponen en riesgo al resto de la población. Un ejemplo es el hecho de fomentar el no uso de tapabocas, cuando científicamente está comprobado que reduce los contagios de los virus o patógenos respiratorios como COVID19.

—Los grupos sociales anticientíficos tienen una desconfianza intrínseca en la confiabilidad de la ciencia, la descalifican y la deshumanizan: ¿qué postura tienen al respecto? ¿Cómo se rebate esta postura desde el lugar de científicos?

—La descalifican y deshumanizan porque desconocen cómo se trabaja en la ciencia y ahí se suman las fantasías de que en los laboratorios se crean virus, que solo se trabaja para que empresas biotecnológicas se enriquezcan, y arman una película de ciencia ficción de Hollywood. La mayoría de los científicos no trabajamos para ninguna empresa ni somos manipulados por los gobiernos, ni empresas de biotecnología. No somos personas extrañas y la labor que hacemos es un trabajo. La postura se rebate desmitificando la labor científica, mostrando que la ciencia no le pertenece a una elite y abriendo el conocimiento a la sociedad con seriedad.

—Estos movimientos son olas que van y vienen a lo largo de la historia. Por ejemplo, el movimiento antivacunas surgió junto con la creación de las primeras vacunas a principios del siglo XIX. Creen que ante una pandemia, o un descubrimiento de gran valor para la ciencia, ¿resurgen por cuestiones políticas, o solo por mero desconocimiento?

—Creo que resurgen por desconocimiento. Actualmente es un desconocimiento ante la gran información que circula de cómo interpretar la información puramente científica, que muchas veces no está en los diarios de circulación general, sino en revistas para científicos. Esto es una autocrítica para los científicos. Y además también se suman cuestiones públicas que usan a esos movimientos para generar confrontaciones ante medidas políticas que son tomadas con base o apoyo científico . Ejemplo de eso es la desacreditación de la OMS, donde si un gobierno quiere decidir no financiar esta organización, una forma de conseguir apoyo social para tal medida es desacreditar el trabajo científico que lleva a cabo esa organización.

¿Cómo enfrentarían ustedes todas las afirmaciones actuales anticientíficas frente a la COVID? ¿O cómo es la postura de un científico frente a alguien que toma dióxido de cloro en un canal de TV? En este sentido, la difusión de este tipo de información ha provocado que la infodemia potencie el impacto de la pandemia. ¿Cómo enfrenta la ciencia la gran cantidad de fake news que existen al respecto?

Una de las maneras más eficientes de combatir la anticiencia es con más ciencia. Informando, dando respuesta, comunicando de manera clara a la comunidad. Acompañando esa nueva información con hechos, con ejemplos claros, pero sin ridiculizar a las pseudociencias y sin desestimar la función que siempre han tenido los medios de comunicación y, en los últimos tiempos, las redes sociales, en la difusión de la información y en el manejo de este tipo de crisis.

En un comentario publicado recientemente en Nature, una de las revistas científicas con más prestigio, Sara Gorman y Jack Gorman, miembros de Critica, una organización sin fines de lucro que corrige desinformación científica y médica (www.criticascience.org), sostienen que el problema no deriva simplemente de la falta de conocimiento y que la clave está en una comunicación más eficiente por parte de los científicos, pero siempre en la base de una comunicación respetuosa que no ridiculice y que no antagonice con los perpetradores de las pseudociencias.

Una de las cosas positivas es que se ha tomado muy en serio el impacto de las fake news durante la pandemia y hay un alto porcentaje de la población que las condena, o, al menos, no acepta este tipo de noticias. Tal vez la mayor parte del problema radica en que una gran parte de la población no tiene herramientas para identificarlas. Es claro que la comunidad científica y las y los comunicadores debemos trabajar en conjunto. Los científicos debemos  ser más eficientes en comunicar cuáles son los medios oficiales, encontrar un equilibrio entre comunicar con rigurosidad científica y, al mismo tiempo, con claridad. 

Virginia Pasquinelli. Dra. en Ciencias Biológicas.

La directora de la Escuela de Ciencias Agrarias Naturales y Ambientales (ECANA) de la UNNOBA, investigadora y miembro del Consejo Directivo del CIBA también hizo hincapié en las fake news, asegurando que  al comienzo de esta pandemia existió una presencia masiva de profesionales dando sus opiniones, muchas veces, no sostenidas por evidencias científicas. “La urgencia, la búsqueda de un culpable, la incertidumbre, la necesidad de aparecer, llevó a más confusión en algunos casos. Algunas afirmaciones cargadas de optimismo, que instalaron incluso la negación en un porcentaje de la población,  produjeron una menor atención de la sociedad a la pandemia”, sostiene.

—El tecnólogo y emprendedor argentino Santiago Bilinkis, autor de varios libros y orador en TED de charlas sobre el poder de manipulación de las redes sociales, explicó en una entrevista que las personas muchas veces comparten lo que les gustaría que sea verdad, sin importarles tanto que el mensaje sea legítimo. ¿Qué opina sobre esta afirmación? 

—Sin duda quienes realizan investigación en las ciencias sociales tengan mucho más que decir al respecto, pero probablemente sea en parte así. La mayoría de las personas, toman la información más relevante a sus propias situaciones personales y la usan realizando además sus propias interpretaciones. Como menciona la doctora Laura Alaniz la ciencia fue dando respuesta a gran velocidad, pero esas respuestas respetan el método científico: no tienen la inmediatez ni dan las respuestas que mucha gente quiere escuchar. Estamos construyendo ese conocimiento, por eso las respuestas fueron y serán dinámicas a lo largo de la pandemia.

En un trabajo acerca de las fake news Tandoc y colaboradores discuten que “si bien las noticias son construidas por periodistas, parecería que las noticias falsas son co-construidas por la audiencia, dado que su falsedad depende en gran medida de si la audiencia percibe lo falso como real. Sin este proceso completo de engaño, las noticias falsas siguen siendo una obra de ficción”.

Carolina Cristina. Dra. en Bioquímica.

La secretaria de Investigación, Desarrollo y Transferencia de la UNNOBA y  directora del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBAUNNOBA) consideró que desde el comienzo de la pandemia muchos grupos de investigación redireccionaron sus esfuerzos hacia problemas vinculados con la emergencia sanitaria, haciendo hincapié en la importancia de la investigación científica.

—La pandemia del  SARS-CoV-2  ha movilizado a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica. ¿Esto colabora con  la ciencia para mejorar los modelos epidemiológicos? 

—Los científicos usaron todas sus destrezas en aplicaciones inmediatas que van desde el desarrollo de métodos para la determinación del genoma viral, la respuesta inmunológica a la infección, las ventajas de potenciales tratamientos entre los que se investigan fármacos antirretrovirales, el suero de convalecientes y el suero equino hiperinmune, entre otros. También, es de destacar el desarrollo de las vacunas en sus diversas modalidades, sistemas de monitoreo clínico para los pacientes leves y los graves y  hasta estudios de carácter social relacionados con los efectos del aislamiento y la pospandemia,  por mencionar algunas de las temáticas en que la comunidad científica se encuentra abocada en estos tiempos. 

—La urgencia de atender todo lo que se asocia a esta pandemia mostró, sin lugar a dudas, varias facetas del sistema científico- tecnológico…

—Por un lado, demostró la capacidad técnica instalada, donde los recursos humanos altamente capacitados quedaron valorizados y a la vista de toda la sociedad. Por el otro, puso en evidencia la gran plasticidad de los profesionales que, en su mayoría, estaban dedicados a otras temáticas, pero supieron reorientar su experiencia de años de trabajo a esta nueva infección viral, desconocida para el mundo entero, usando sus métodos, técnicas y el equipamiento habitual y no habitual para cumplir nuevos objetivos. Y sobre todo, la capacidad de trabajar en equipos interdisciplinarios, claves durante la pandemia, donde investigadores pertenecientes a Centros e Institutos volcaron sus conocimientos al sistema de salud. De esta forma, la interacción con hospitales y sus médicos, enfermeros, bioquímicos y otros agentes de salud se hizo crucial y dio sus resultados.

—Por ejemplo los laboratorios de la UNNOBA…

—En laboratorios de nuestra Universidad se realizan desde el mes abril  los análisis para el diagnóstico del virus causante de la COVID-19, superando los 18.000 análisis,  de los que participan investigadoras e investigadores, becarias y becarios doctorales, técnicas y técnicos de dos centros propios, en colaboración principalmente con las Regiones Sanitarias III y IV de la provincia de Buenos Aires y dos importantes Hospitales Interzonales. En resumen, se han puesto en marcha en la emergencia sanitaria muchas acciones y estudios científicos que están cubriendo necesidades del sistema de salud, de la comunidad médica y de los propios pacientes. Esto demuestra la importancia de sostener un sistema científico de excelencia, con capacidades de desarrollo y adaptación rápida que pueda dar soluciones que demanda la sociedad. 

—En marzo el gobierno nacional puso en marcha, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la Unidad Coronavirus COVID-19.  ¿Cuál ha sido el impacto?

—Esta Unidad pone a disposición del país y, en particular, del sistema de salud, las capacidades de desarrollo tecnológico, equipamientos y recursos para diagnostico e investigación en COVID-19. Ha generado convocatorias importantes a proyectos del tema promoviendo el trabajo de los científicos en las necesidades del país, en un corto plazo. Esta política ha sido exitosa, quedando demostrado la importancia del sistema científico en la respuesta. Claramente, los científicos deben ser escuchados por los gobiernos frente a estas situaciones.

 

 Diseño: Laura Caturla