La ciencia argentina, sin relevo

Por Enrique J. Mammarella*

Hay una diferencia sustancial entre recortar una partida presupuestaria y desmantelar un sistema: el presupuesto se puede restablecer con una ley al año siguiente, pero reconstruir un entramado de conocimiento toma décadas, si es que logra recuperarse.

El CONICET acaba de actualizar sus estadísticas institucionales en el portal web que contiene información pública del Consejo (https://cifras.conicet.gov.ar/). Los datos oficiales sobre recursos humanos del CONICET para el período 2023-2025, contrastados con mediciones de salarios e inversión, revelan una encrucijada crítica: Argentina ya no está discutiendo el nivel de financiamiento científico, sino la permanencia de los profesionales necesarios para sostener la actividad en los próximos diez años.

La radiografía del CONICET: una pirámide que se invierte

Al analizar las estadísticas oficiales sobre la evolución del personal en el CONICET, las cifras marcan un cambio acelerado en los diferentes niveles de la trayectoria científica:

  • Becarios doctorales: Representan el semillero inicial de investigadores formados a mediano plazo. Pasaron de 8.479 a 7.584 personas, lo que significa una disminución del 10,6% en dos años. La baja afectó a casi todas las áreas (Agrarias, Biológicas, Exactas y Sociales), con una relativa estabilidad únicamente en la rama Tecnológica.
  • Becarios posdoctorales: Constituyen el paso previo al ingreso a la carrera de investigación. En este segmento, los registros cayeron de 2.426 a 2.054 (un 15,3% menos). Esta reducción adquiere particular gravedad al tratarse de profesionales con más de una década de formación avanzada, con alta demanda en el exterior.
  • Investigadores de carrera: Aunque la cifra total mostró variaciones moderadas (de 12.176 a 11.887 integrantes), la estructura por edades evidencia una brecha generacional. La franja juvenil (menores de 40 años) retrocedió de 2.043 a 1.256 profesionales (una caída del 38,5%), mientras que el segmento de 50 a 59 años aumentó un 18,6% y el de más de 60 años creció un 5,8%.
  • Personal de apoyo y personal administrativo con lugar de trabajo en las unidades funcionales: Conforman un equipo de profesionales y técnicos especializados que tienen a su cargo el funcionamiento de equipos e instrumentos de alta tecnología y servicios esenciales que resultan clave para el funcionamiento de los laboratorios, centros y proyectos científicos. En este grupo la caída fue del 8,5% (personal de apoyo) y 14,1% (personal administrativo), haciendo resentir fuertemente la operatividad de las unidades funcionales.

En conjunto, estos indicadores muestran un embudo formativo: disminuyen los ingresantes al doctorado, decrece el grupo posdoctoral y la planta de investigadores envejece por la falta de renovación frente a las jubilaciones habituales.

 

Evolución de Recursos Humanos en CONICET (2023 – 2025)

Categoría 2023 2025 Variación
Becarios doctorales 8.479 7.584 -10,6%
Becarios posdoctorales 2.426 2.054 -15,3%
Investigadores < 40 años 2.043 1.256 -38,5%

 

El contexto que explica el embudo

Las dinámicas registradas en la planta de personal responden a condiciones de financiamiento específicas. Relevamientos basados en datos oficiales señalan que el presupuesto asignado a la función “Ciencia y Técnica” experimentó una contracción real superior al 43% desde 2023 y una reducción de peso relativo dentro del presupuesto nacional, según estimaciones gubernamentales y análisis independientes.

En el aspecto salarial, los haberes del personal del CONICET y los escalafones SINEP vinculados al sector sufrieron caídas reales pronunciadas (superiores al 30%). A esto se suma el “parate” en las convocatorias de financiamiento para proyectos competitivos a través de la Agencia I+D+i, insumo clave para la adquisición de reactivos, equipamiento e infraestructura de laboratorio y el corte de los accesos suscriptos de la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología que impacta de manera directa en el trabajo diario de investigadores, becarios y docentes al no poder acceder a los últimos artículos publicados en las revistas con mayor factor de impacto mundial. Por su parte, las becas doctorales otorgadas por año bajaron de 1.300 a 1.000, y las posdoctorales, de 800 a 500, exactamente en el período en que la planilla del CONICET muestra la caída de ingresantes.

No hace falta forzar la lectura: el ajuste presupuestario y salarial es coherente, mes a mes, con el vaciamiento de la cantera que muestra el Conicet. No son dos fenómenos paralelos; son la misma causa vista desde dos ángulos distintos.

Un sistema que ya era frágil, ahora expuesto a un entorno hostil

Lo más inquietante no es solo la fotografía actual, sino que este deterioro llega justo cuando el entorno estructural (que no se resuelve con una partida presupuestaria de un año) empieza a jugar en contra de manera sostenida.

En el plano educativo y sociocultural, la Argentina enfrenta una caída demográfica que ya reduce las cohortes de egresados secundarios, con el consiguiente achicamiento de la masa crítica que podría ingresar a carreras STEM. A eso se suma una tendencia creciente hacia trayectorias formativas cortas y no formales, en detrimento de las carreras de grado y posgrado de ciclo largo que son, precisamente, el único camino posible hacia un doctorado. Y como tercer factor, la adopción acrítica de herramientas de inteligencia artificial en la formación, sin marcos pedagógicos claros, arriesga debilitar justo las capacidades (pensamiento crítico, rigurosidad metodológica, tolerancia a la frustración de la investigación básica) que distinguen a un científico formado de un usuario de atajos.

A esto debe agregarse la falta de incentivos para la inversión privada en I+D, las brechas de remuneración y la falta de continuidad en las líneas de trabajo locales que incrementan los incentivos para la migración de investigadores formados hacia el exterior.

La fragilidad no es retórica

Cuando la franja de investigadores menores de 40 años se reduce más de un tercio en dos años, cuando las becas doctorales y posdoctorales caen a dos dígitos porcentuales simultáneamente, y cuando el presupuesto que sostiene todo eso pierde entre 43% y 50% de su poder real de compra, no estamos frente a un ajuste de eficiencia administrativa. Estamos frente a la interrupción de un proceso que, por su propia naturaleza, no admite pausas cortas: un laboratorio o un grupo de trabajo puede discontinuarse en pocos meses; sin embargo, consolidar una línea de investigación y formar profesionales desde la etapa universitaria hasta la madurez científica requiere un proceso continuo de diez a quince años.

El sistema científico argentino no está discutiendo hoy cuánto crecer. Está discutiendo si conserva la masa crítica humana necesaria para simplemente seguir existiendo dentro de diez años, en un mundo donde la demografía, las nuevas trayectorias educativas y la competencia internacional por talento calificado ya no le dan margen de error. Los números de la propia institución alcanzan para saberlo: la ciencia argentina no se está achicando de manera pareja. Se está vaciando por la base y envejeciendo por arriba. Y eso, en una carrera que se mide en generaciones, es la definición misma de fragilidad estructural.


*Enrique Mammarella es Doctor en Ingeniería Química. Fue rector de la Universidad Nacional del Litoral. Actualmente, es investigador independiente del CONICET, siendo sus áreas de especialidad “Desarrollo de Bioprocesos” y “Transferencia de Tecnología”.