“Quizás la sociedad deba aprender a no tener miedo”

Por una enfermedad congénita perdió por completo la visión. Sin embargo, su discapacidad visual no le impidió recibirse de Técnico Universitario en Gestión de Pymes y su desafío es seguir estudiando. Una historia de vida que demuestra el valor del esfuerzo.

Alexis Rodríguez tiene 40 años y vive en Pergamino desde los 16. Tiene una discapacidad visual severa y sobre el final del ciclo lectivo 2017 egresó de la Tecnicatura Universitaria en Gestión de Pymes que se dicta en la UNNOBA. “Estudiar una carrera universitaria era una asignatura pendiente”, afirma y asegura que fue su esposa Fanny, con quien se casó en 2009, la que lo alentó a inscribirse en la universidad. En una entrevista con El Universitario habló de su condición de no vidente y de cómo el esfuerzo, la dedicación y el apoyo incondicional de los suyos le permitieron alcanzar el título.

-¿Por qué elegiste esta carrera?

-Siempre me gustó la tarea empresaria y emprender. Además tuvimos emprendimientos familiares, es decir, crecí vinculado a esa tarea.

-¿Cómo había sido tu experiencia educativa antes de llegar a la Universidad?

-Había hecho parte de los estudios primarios en Lincoln. A mitad de mi escolaridad, como yo tenía una discapacidad visual importante, surgió una diferencia con las autoridades de la escuela a la que iba porque consideraban que no podía seguir estudiando ahí. Recuerdo que un médico de Buenos Aires les dio a mis padres un listado de las escuelas a las que podía ir y una de ellas estaba en Pergamino, así que en el año 1994 nos mudamos y así pude seguir estudiando. Terminé el secundario en el Colegio Nacional.

-¿Cuándo comenzaste a tener problemas en la vista?

-Cuando estaba en primer grado. De un día para el otro empecé a escribir mal, fuera del renglón. Fui perdiendo la vista de forma progresiva. A los 9 años había perdido la visión del ojo derecho. Me sometí a un par de operaciones del ojo izquierdo y a los 23 años dejé de ver por completo. El diagnóstico fue una enfermedad congénita que no tiene un origen determinado.

-¿La discapacidad visual condicionó tu paso por la universidad?

-No. Solo tuve los inconvenientes normales que puede tener una persona con discapacidad para seguir un ritmo de estudio determinado.

-Para estudiar, ¿cómo se sortea la barrera de no ver?

-Trabajé mucho con lectores de pantalla que van leyendo los contenidos en la computadora. Y cuando eso no era posible, con mi esposa grabábamos el material de estudio para que yo pudiera escucharlo.

-¿Fue necesario contar con algún acompañante para la tarea formativa?

-En la cursada no. En el tiempo de estudio en materias que requerían mucho de lo visual tuve un tutor con quien repasaba las clases. Pero siempre fui consciente de que el profesor no podía dictar la clase a mi ritmo, sino que era yo el que tenía que adaptarme.

-¿Cómo fue la relación con los pares en la experiencia universitaria?

-Buena. Por supuesto que hubo un aprendizaje mutuo. Con el tiempo las barreras que podía generar el prejuicio se fueron rompiendo.

El gran pilar

Alexis asegura que su familia fue el sostén que lo ayudó a lograr sus objetivos. “Tengo una esposa extraordinaria, Fanny, y dos hijos: Miqueas y Cecilia. Ellos fueron fundamentales en mi paso por la universidad”.

“Una de las principales motivaciones que tuve fue enseñarle a mis hijos la importancia de la educación”, resalta y rescata: “Miqueas hoy tiene 7 años, cuando yo empecé en la UNNOBA él tenía 3 y, en la actualidad, por haberme acompañado, siente que la Universidad es su casa”.

El desafío de seguir

Estudiar la Tecnicatura Universitaria en Gestión de Pymes le demandó a Alexis cuatro años. Su próximo desafío será cursar la Tecnicatura en Gestión Pública. Reconoce que ama aprender y confiesa que no lamenta “no ver”: “Me dijeron que un trasplante de retina me podría ayudar a ver y estoy anotado en un registro para cuando pueda hacer ese tratamiento, pero sinceramente no sé si estoy dispuesto a someterme a una operación. Siento temor a volver a ver, porque yo construí mi mundo de esta manera”.
Con esa apreciación se aferra a su realidad, proyecta su futuro profesional con las dificultades que conlleva el desempeño laboral con una discapacidad. Pero confía en que la universidad le dio “herramientas que pueden abrir puertas”.

Aprendizajes

-¿Qué considerás que le falta aprender a la sociedad de la discapacidad?

-Quizás la sociedad deba aprender a no tener miedo. Si bien hay más apertura hacia la discapacidad, siguen existiendo las barreras. Más allá de eso, soy un agradecido porque tengo una familia detrás, que me eligió sabiendo de mi discapacidad. Y tuve una Universidad que me recibió y me dio la posibilidad de formarme.

-¿Cuál fue tu principal aprendizaje de tu paso por la universidad?

-Me demostré que podía. Creo que es la mayor enseñanza que les dejé a mis hijos, porque estudiando les mostré constancia y dedicación. Mis hijos me acompañaron y venían a jugar a la UNNOBA. Con el tiempo podrán asociar que venían porque papá estaba estudiando para lograr su objetivo.