Pumas en la pampa bonaerense

Por Sebastián Martino

En el último tiempo hubo al menos dos noticias en la región que tuvieron a los pumas como protagonistas: cuando un funcionario de Chacabuco subió a las redes sociales imágenes de un ejemplar que había faenado luego de que fuera atropellado por un camión; y cuando la policía de Germania –una pequeña localidad del partido de General Pinto– encontró uno de estos felinos muerto, presuntamente por ahorcamiento con su propia cuerda, ya que estaba atado a una planta en una propiedad privada.

Luego de la causa iniciada por el primer hecho y del acta de infracción labrada por la Jefatura Comunal pintense en el segundo, los restos de ambos animales fueron trasladados a la UNNOBA, una vez realizados los trámites legales correspondientes, para que puedan ser utilizados en un proyecto de investigación que está llevando a cabo la Universidad y que tiene a estos mamíferos como objeto de estudio.

“Se podría decir que hay un puma propio de esta zona, el que se creía que estaba prácticamente extinto en ciertas áreas de la provincia”

Es que, aun cuando es un animal silvestre y su presencia suele estar asociada a otras zonas geográficas, la presencia de pumas en esta región no es un hecho extraordinario. La doctora Gabriela Fernández, que dirige este proyecto de investigación en la UNNOBA, cuenta que este animal tiene una distribución muy amplia: desde el sur de Argentina hasta América del Norte. Inclusive, se trata de una especie “generalista” porque se alimenta de una variada gama de presas (silvestres y domésticas), y se adapta a una gran variedad de climas y condiciones, inclusive en ambientes antropizados, que son los que están muy modificados por el hombre.

“Se podría decir que hay un puma propio de esta zona, el que se creía que estaba prácticamente extinto en ciertas áreas de la provincia de Buenos Aires –explica la doctora Fernández– pero que en los últimos años empezó a observarse un aumento considerablemente del tamaño de sus poblaciones”.

La investigadora y docente de la UNNOBA señala que el puma “es un animal poco estudiado, principalmente en su parte genética, por creerse a priori que no se encuentra amenazado”. Esto se debe en parte a su amplia distribución geográfica, ya que uno de los criterios clave para los organismos que evalúan el estado de conservación de las especies es su área de distribución: si ésta es grande, no está amenazado, pero sí puede estarlo si ésta es restringida.

“Como consecuencia del reemplazo de actividades ganaderas por agrícolas en la región, el puma comenzó a ser menos cazado”.

Con todo, en el último tiempo se advirtió una mayor presencia de pumas en el territorio pampeano. Fernández indica cuál es la principal hipótesis que puede explicar esta situación: “Décadas atrás disminuyó mucho el tamaño de sus poblaciones debido a que, por ser un predador oportunista de ganado, fue intensamente perseguido por el hombre. Como consecuencia del reemplazo de actividades ganaderas por agrícolas en la región, el puma comenzó a ser menos cazado. Además, el abandono del campo por parte de los criadores ganaderos dejó disponible lugares –como taperas– ideales para que se refugie, y en conjunto con la abundancia de presas silvestres, llevó a su aumento demográfico. Por esta razón se observa un mayor número de casos de avistaje, encuentro y atropellamiento de estos animales en las rutas”.

Fernández toma una muestra de un ejemplar hallado.

Objeto de estudio

El proyecto de investigación que dirige Fernández, doctora en Ciencias por el Programa de Posgrado en Genética y Biología Molecular de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS), excede nuestra región y apunta a caracterizar genéticamente a los diferentes linajes de pumas que hay en Argentina para poder compararlos con lo que se encuentren en la provincia de Buenos Aires. Esto permitirá conocer el origen de los animales que están "recolonizando" esta zona pampeana.

“A través de las herramientas moleculares esperamos poder caracterizar genéticamente a las poblaciones de diferentes áreas geográficas, compararlas con los ejemplares encontrados en la provincia de Buenos Aires y así poder definir su origen filogenético”, resume Fernández.

El objetivo del trabajo también pasa por analizar “lo que puede estar cambiando en el ambiente y comprender mejor la influencia del hombre en la recolonización del puma”.

Para esto son útiles todo tipo de rastros que se encuentren, desde huellas y materia fecal, hasta pieles de animales atropellados e, inclusive, encontrados en cautiverio, como los ejemplos expuestos al principio de esta nota.

Proyecto de largo alcance

El proyecto de investigación que surgió hace al menos dos años, hoy lo integran investigadores de la UNNOBA, de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) y del  Conicet. Está dirigido por Fernández, acompañada por el doctor Mariano Merino, más un grupo de alumnos de la carrera de Genética, en particular Matías Mac Allister, becario doctoral de la UNNOBA, también bajo la dirección de Fernández  y la codirección de Alejandro Travaini del Centro de Investigaciones Puerto Deseado UNPA-CONICET (Santa Cruz). Además, se trabaja en colaboración con el grupo que encabeza Patricia Mirol en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, y con investigadores de otras Universidades del país y de Uruguay.

El objetivo de largo alcance de este proyecto es “tener un conocimiento cabal de la variabilidad genética y los diferentes linajes de puma de todo el país, para poder entender cuáles son las fuerzas evolutivas, tanto naturales como artificiales, que fueron modelando las características poblacionales de la especie y de su distribución en Argentina”. Por eso es un trabajo colaborativo que llevará años de estudio.

Según su análisis, la preservación del puma es tan importante como la de otras especies que forman parte del ecosistema pampeano, que son necesarias para garantizar la perpetuación de los sistemas biológicos. “Para poder conservar una especie –agrega– hay que conocerla. Si no sabemos qué características tienen y qué ambientes ocupan los pumas de nuestro país, mal podemos saber qué debemos preservar. Por eso es clave contar con información desde diferentes áreas: la genética, la biología, la ecología, conocer los ambientes en los que se distribuyen, las relaciones entre los predadores y las presas, trama de conocimiento que permitirá evaluar y proponer unidades de conservación y manejo para esta enigmática especie”.

 


Inflación: ¿un problema sin respuestas?

Por Sebastián Martino

Para graficar la dificultad que significa abordar el tema de la inflación en la Argentina, el presidente Mauricio Macri sostuvo en varias oportunidades que el índice promedio de los últimos 80 años fue del 62.5% anual, sin contar los años de hiperinflación. También dijo en distintas declaraciones públicas que este es un asunto resuelto “por el 99% de los países”, por lo que no debería ser imposible de solucionar.
Sin embargo, la inflación sigue siendo un problema coyuntural y permanente para los argentinos, al que no se le encuentran respuestas. ¿Por qué es esto? Podría deberse a que “hay países desarrollados, subdesarrollados y, además, Argentina”, como señala, entre risas, el magíster Guillermo Fontán, docente de Microeconomía y Macroeconomía de la UNNOBA, parafraseando la famosa sentencia del Nobel de Economía Simon Kuznets.

Los especialistas suelen coincidir en que el origen de la inflación tiene que ver, fundamentalmente, con el déficit fiscal. Es decir: con que el estado gasta por encima de sus ingresos.

Ironías al margen, lo cierto es que los especialistas suelen coincidir en que el origen de esta problemática tiene que ver, fundamentalmente, con el déficit fiscal. Es decir: con que el estado gasta por encima de sus ingresos.
“El tema de fondo es que la inflación tiene una causa que es una alta emisión monetaria para financiar el déficit fiscal –explica Fontán–, y este déficit se da cuando se gasta más de lo que se tiene. Este es un punto central”.

En el mismo sentido, el doctor Carlos Alberto Salguero, quien también es docente de Microeconomía y Macroeconomía en la UNNOBA, afirma que, en distintas ocasiones, nuestro país fue “irresponsable” a la hora de manejar sus cuentas: “Para los políticos es impopular ajustar el gasto público y lo que normalmente hacen es gastar más allá de nuestras posibilidades. Entonces, para financiar ese exceso, se apela a la emisión de billetes: el Banco Central tiene la posibilidad de hacer ese efecto, denominado señoreaje, que consiste en las utilidades que percibe la autoridad monetaria por el derecho de emisión de moneda. Frente a ello, las personas que deben usar el signo monetario no saben a qué tasa se expande la cantidad de dinero ni la pérdida de poder adquisitivo de las monedas de reciente emisión, que termina siendo un engaño o lo que se conoce como ‘ilusión monetaria’ puesto que las personas, dado que nominalmente tienen más dinero, creen que son más ricas y que con eso podrían comprar más, pero en realidad el crecimiento de los precios es más grande y el poder adquisitivo del dinero cae”.


Fontán, docente de Microeconomía y Macroeconomía


Corrientes de pensamiento

Fontán señala que hay, básicamente, dos grandes corrientes que explican este tema: la ortodoxa y la heterodoxa. La primera plantea que, a partir de un gasto público exacerbado que se financia con emisión, debería aplicarse un freno a esa impresión de billetes y una reducción del gasto, algo que podría tener “costos no deseados en la economía real”.

Es que para Fontán resulta clave que “si aumentan los precios relativos de todos los bienes y servicios, incluido el salario, se supone que no habría inflación, pero en realidad la inflación genera disparidad en el aumento de precios relativos, con lo cual suelen elevarse los precios de bienes y servicios y no los salarios”. Y ahonda: “El razonamiento ortodoxo suele proponer el congelamiento de salarios y no de precios, y acá hay un tema ideológico por el que siempre se va contra los haberes y no se hace lo mismo con los principales formadores de precios que, con mercados imperfectos o monopólicos, trasladan el aumento de costos a los precios y de esta manera se genera una brecha muy fuerte”.

La segunda corriente, la heterodoxa, interviene más sobre el control de precios como política antiinflacionaria.

Cuando la inflación se exacerba y se acelera, los precios dejan de cumplir con su misión esencial, que es la de transmitir información.

Salguero (responsable del Área de Economía de las carreras de Contador y Licenciatura en Administración de la UNNOBA) opina que, siendo que la inflación es un fenómeno monetario, más allá de la teoría por la que se aborde el tema, en el largo plazo “todas coinciden en que el incremento de los precios acompaña al exceso de la oferta monetaria por encima de lo que el mercado demanda”.

Según su análisis, esto genera, además, una cuestión adicional y es que, cuando la inflación se exacerba y se acelera, los precios dejan de cumplir con su misión esencial, que es la de transmitir información: “Entonces esa información empieza a verse trastocada y los agentes económicos hacen sus previsiones en un marco de mayor volatilidad y convulsión. Y tienden a tomar, como medida precautoria, la presunción de precios no guiados por la eficiencia económica ni por el propio sistema, lo que hace menos previsible el futuro y genera una enorme distorsión en la estructura de recompensas de todos los bienes que se producen en la economía”.

Traducido: esa incertidumbre hace que se produzcan aumentos por las dudas. “Lo cual, nos aleja del sentido de eficiencia que debieran tener los precios: dejan de operar con la función esencial que tienen”, insiste Salguero.


Salguero, responsable del Área de Economía de la UNNOBA.


Éxitos efímeros y fracasos permanentes

¿Por qué Argentina nunca pudo implementar un programa exitoso, consistente y sostenido? El fracaso de los programas antiinflacionarios que se implementaron en Argentina se debe, según Fontán, a un error de origen y es “que nadie se anima a tomar una decisión" en serio para financiar el déficit fiscal con recursos genuinos: "Hasta que no se entienda que hay que gastar menos de lo que se tiene, esto va a seguir siendo una situación crónica”.

Desde su mirada, los dos programas que tuvieron un éxito relativo, aunque no se consolidaron en el tiempo, fueron el Plan Austral, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y la Convertibilidad en la gestión de Carlos Menem. El economista considera clave el hecho de que, en ambos casos, “hubo una concertación, que es fundamental en un plan de estabilización y para eso deben sentarse a una mesa todos los sectores que intervienen a la hora de fijar precios de bienes y servicios para llegar a acuerdos”.

“Las herramientas pasan por tratar de dividir un poco y un poco, ¿por qué siempre el peso del ajuste lo pagan los más vulnerables cuando lo podrían pagar otros sectores?” (Fontán)

En ese contexto, asevera que el plan a ejecutar debería ser una combinación de corrientes: “La gran novedad que tuvo la Argentina en 1985 con el Plan Austral, que venía de un proceso inflacionario muy fuerte, fue que se fusionaron elementos ortodoxos y heterodoxos: atacando, por un lado, la cuestión financiera, y por otro, la economía real. Es importante tener presente hasta dónde se pueden aplicar estas medidas. Si la suba de impuestos es una receta ortodoxa: ¿Qué impuestos se aumentan? ¿Al consumo o a la renta? Otra característica de la ortodoxia es el aumento de tarifas, algo que si no se controla, es fácil saber lo que sucede. Entonces las herramientas pasan por tratar de dividir un poco y un poco, ¿por qué siempre el peso del ajuste lo pagan los más vulnerables cuando lo podrían pagar otros sectores?”

Foto: Facundo Grecco

“El ajuste no es una mala palabra”

Para Salguero, en tanto, es imperioso hacer las reformas necesarias de fondo. “El ajuste no es una mala palabra: es el equilibrio de las cuentas públicas, que es el gran problema de la Argentina, y este país hace más de 70 años que tiene desajustes en ese rubro”, advierte.

“El Gobierno debe adecuar el gasto a los recursos con que se cuenta para no reincidir en diversas estructuras de financiamiento, como inflación o deuda” (Salguero)

El ordenamiento de las cuentas se traduce, en este caso, en establecer prioridades. “Es lo mismo que cuando uno tiene que reformular las condiciones de vida en su casa –ejemplifica Salguero– la única diferencia es la escala: si uno sabe que no puede pagar el cable, la cuota del club y la medicina prepaga, decidirá conforme a su escala valorativa cuáles son los ajustes que debe hacer para llegar a fin de mes. El Gobierno también debe hacer su trabajo que, en su caso, consiste en adecuar el gasto a los recursos con que se cuenta para no reincidir en diversas estructuras de financiamiento, como inflación o deuda”.


Las ciencias forenses y la justicia

Por Sebastián Martino

En los últimos treinta años las ciencias forenses se convirtieron en un pilar fundamental para las políticas de memoria, verdad y justicia, a partir de su aplicación para la identificación de personas desaparecidas y la restitución de nietos apropiados por la última dictadura cívico militar.

En ese contexto, el trabajo que se realiza en el Banco Nacional de Datos Genéticos resulta clave, de acuerdo a Mariana Herrero Piñero,  para “reparar la identidad del tejido social, la cual también está vulnerada, porque un proceso de restitución no es individual, sino que se encuentra enmarcado en una sociedad que ha sufrido en carne propia esa dictadura". "Cada vez que se restituye un nieto, es como reparar ese tejido social y recuperar una parte de nuestra identidad”, enfatiza la doctora Herrero, directora del Banco.

Mariana Herrera Piñero es la directora del Banco Nacional de Datos Genéticos.

Un poco de historia

Terminada la dictadura, en el año 1984 llegó a la Argentina la Comisión Americana con base en la ciencia, en la que un grupo de científicos tenía la intención de colaborar con las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de sus nietos secuestrados o apropiados luego de haber nacido en cautiverio. Herrera Piñero señala que era una época en la que la genética forense “prácticamente no existía, se estaban haciendo los primeros desarrollos moleculares, y lo que se hacía era identificación padre-hijo, hasta entonces nadie había pensado situaciones en las cuales los padres faltaban”.

Herrera Piñero define a la Argentina como “la conciencia del mundo” porque “lidera el continente en materia de Derechos Humanos”

Fue necesario, entonces, generar estadística forense y establecer qué marcadores genéticos se tenían que utilizar para lograr un algoritmo que permitiera asegurar, con una determinada certeza, que un niño sospechado de haber sido apropiado era nieto o no de una abuela que lo estaba buscando.

Para Herrera Piñero, la restitución de Paula Eva Logares, a finales de 1984, luego de un proceso arduo de trabajo e investigación, fue “un punto de inflexión en la aplicación de la ciencia a los derechos humanos”. Y la publicación del primer paper sobre el tema, en la revista “Journal of Forensic Medicine and Pathology”, puso en consideración a la ciencia como una herramienta en la reparación de los delitos de lesa humanidad y en la violación de los derechos humanos. “El aporte que hizo la Argentina a nivel científico en ese momento fue muy importante”, asegura Herrera Piñero.

Elsa Pavón de Grinspon encontró a su nieta Paula Eva Logares en 1984 (Foto: abuelas.org.ar)

En 1987 se sancionó la Ley que creó el Banco Nacional de Datos Genéticos, que iba a permitir contar con un registro de perfiles genéticos, en donde se pudiera comparar a cada niño –por pedido de la Justicia– con todos los grupos de familiares que estaban buscando a sus nietos.

En 2009 se modificó la Ley y se particularizó en la búsqueda de los niños nacidos en cautiverio y secuestrados junto a sus padres durante la última dictadura cívico-militar y en la colaboración con la identificación de personas desaparecidas. “Se le dio al Banco el objeto por el cual se lo había creado en 1987”, considera la directora. Y luego contextualiza: “La idea de los bancos genéticos para la identificación de personas desaparecidas o para la restitución de nietos surge en la Argentina. El nuestro es el primer país que lo implementa para estos procesos identificatorios. Luego aparecen otros, por ejemplo, en 1995, el banco que identificó 5000 personas en la Guerra de Bosnia-Herzegovina, el que se generó para identificar a las víctimas del atentado a las Torres Gemelas, el del Equipo Argentino de Antropología Forense –que hasta ese momento no lo tenía–, el que se hizo para el tsunami del año 2005, y otros”.

El proceso de análisis genético incluye la aplicación de cálculos estadísticos muy complejos: “Al haber una generación que nos falta, es mucho más laborioso lograr una buena información”

De esta manera, nuestro país fue pionero en el trabajo de esta temática. Herrera Piñero define a la Argentina como “la conciencia del mundo” porque “lidera el continente en materia de Derechos Humanos”. Y profundiza: “Los otros países, que van más atrás, necesitan la ayuda de la Argentina para crear sus bases de datos. Por eso el Banco firmó convenios para asesorar organismos de Colombia, Perú, El Salvador e, inclusive, se han acercado las mamás de 200 niñas asesinadas por el Boko Haram, un grupo islámico de Nigeria”.

Funcionamiento

El proceso de análisis genético incluye la aplicación de cálculos estadísticos muy complejos: “Al haber una generación que nos falta, es mucho más laborioso lograr una buena información, porque es un grupo familiar incompleto”, aclara Herrera Piñero.

Con la información genética de los que podrían ser chicos apropiados y de los familiares que los buscan, un software hace comparaciones de hipótesis en las que se establece las probabilidades de que el perfil de una persona se corresponda con un nieto buscado.

El 70 por ciento de los chicos restituidos habían sido inscriptos como hijos biológicos; un 28% habían sido entregados en adopción o en guarda...

Estadísticas

Anualmente llegan al Banco Nacional de Datos Genéticos unas 1200 personas y el promedio de aparición de nietos es de 6 por año.

Al momento de escribir esta nota, se han restituido 128 identidades.

Los organismos de derechos humanos analizaron, en estos casos, cuáles fueron las maniobras más comunes en las apropiaciones, y el resultado fue que un 70 por ciento de los chicos restituidos habían sido inscriptos como hijos biológicos; un 28% habían sido entregados en adopción o en guarda, y en el 2% restante se había hecho una maniobra combinada, por ejemplo: un juez lo entregaba en adopción pero la familia los anotaba como propio.

Volante Abuelas de Plaza de Mayo 1986 (Foto: Wikimedia Commons

De los que fueron inscriptos como hijos biológicos, en el 75% de los casos los apropiadores declaraban que habían tenido un parto domiciliario. Sólo el 16% marcaba que había sido un hospital o una clínica. Y el otro 9% los había anotado años más tarde con la excusa de regularizar su inscripción.

En cuanto a los delitos de apropiación, el 44% de los jóvenes restituidos estaban en manos de militares o miembros de las fuerzas de seguridad, un 41% permanecían con civiles que no tenían vinculación con las fuerzas armadas, y el 15% restante, de civiles que sí tenían algún tipo de asociación, por ejemplo: tener un familiar o un conocido perteneciente a la fuerza.

De acuerdo a las declaraciones de los meses de embarazos, se calcula que la mayor cantidad de partos se concentraron entre septiembre de 1976 y finales de 1977. Por eso se hace más hincapié en los registros de esas fechas.

"...tenemos que recordar el lugar que tuvimos en la historia de las ciencias y de la jurisprudencia"

“Argentina es la conciencia de la región”

En 1989, las Abuelas de Plaza de Mayo lograron que se incorpore el Derecho a la Identidad a la Convención Internacional por los Derechos del Niño. Por eso hay dos artículos en esta convención –el 8 y el 11– que se los llama “artículos Abuelas”.

Veinte años más tarde, Naciones Unidas le pidió a la Argentina (a través de una resolución) que redacte un manual de buenas prácticas que sirva para hacer una guía de genética forense, que luego de un trabajo intenso de expertos, se presentó en el año 2015. “Es decir que la Argentina sigue sentando precedentes”, enfatiza Herrera Piñero.

“Si Argentina da un paso atrás en materia de derechos humanos, retrocede toda Latinoamérica”.

Estos ejemplos marcan cómo Argentina es “la conciencia de la región”, como califica la directora del Banco Nacional de Datos Genéticos, parta quien el trabajo debe continuarse sin descanso: “Si damos un paso atrás en materia de derechos humanos, retrocede toda Latinoamérica. Nosotros arrancamos con esto y somos los que tenemos que defender las políticas de derechos humanos, que son para la sociedad, es mentira que son para las personas muertas, porque si fusilan a un chico de doce años por la espalda, como ocurrió en Tucumán, estamos violando los derechos humanos porque es un Estado que está perpetrando un delito contra una persona. Y somos nosotros, la Argentina, los que tenemos que recordar el lugar que tuvimos en la historia de las ciencias y de la jurisprudencia, y los que debemos que salir primero a denunciar estas prácticas que no pueden ocurrir nunca más”.

 


Por Sebastián Martino

Foto de portada: abuelas.org.ar.


Genética y derechos humanos

Por Sebastián Martino

En un mundo atravesado por asimetrías económicas, sociales y culturales, hay posiciones en la comunidad científica que sostienen que la ciencia debe ser tomada como una actividad que no es imparcial, ya que está impregnada de valores y conceptos variables. “La ciencia no es neutra, puede ser buena o mala, y eso depende de quiénes la desarrollan, quiénes se adueñan de ella, quién la controla, quién la aplica y con qué fines”, analiza el doctor Víctor Penchazade, médico especialista en Pediatría, Genética, Salud Pública y Bioética.
En ese contexto, considera que la aplicación de la ciencia en general y de la genética en particular debe tener una estrecha vinculación con los derechos humanos y su cumplimiento.

El reduccionismo y el determinismo genético son “dos ideologías conservadoras y retrógradas que han contaminado y manchado a la Genética, y muchas de esas manchas todavía quedan”.

Es así como existió, y en algunos casos sigue existiendo, lo que se llama "racismo eurocéntrico" para la clasificación de razas humanas, la discriminación racial, la justificación de la esclavitud y hasta para los genocidios, a partir de conceptos que después fueron heredados por la Genética. En rigor, según Penchazade “basados en tergiversaciones de la Genética”. E ilustra: “El Holocausto en la Alemania nazi, que ellos llamaban ‘higiene racial’, fue apoyado por los principales genetistas alemanes de la época. Estas tergiversaciones también se expresan en varios de los conflictos del siglo XX, como los de Guatemala, la ex Yugoslavia, Ruanda y muchos otros”.

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Víctor Penchazade, médico especialista en pediatría, genética, salud pública y bioética.

 

Reduccionismo y determinismo

Según su mirada, el origen ideológico de estas aberraciones es el reduccionismo genético, cuyo “primo” es determinismo genético. “Son dos ideologías conservadoras y retrógradas han contaminado y manchado a la genética, y muchas de esas manchas todavía quedan”, sentencia.

El reduccionismo genético establece que la principal explicación de la salud, la conducta, los fenómenos sociales y los estilos de vida está en los genes. O que, en última instancia, los fenómenos humanos pueden ser reducidos al efecto de los genes.

El determinismo genético, en tanto, define que un rasgo humano está influenciado por genes y eso se lo considera, prácticamente, como una característica fija, a la que no se pueden cambiar.

Según esta corriente, alguien que naciera con algún problema que le dificultara el aprendizaje sería un individuo sobre el cual no se justificaría gastar dinero del Estado para su educación. “Eso es lo que ocurrió en Estados Unidos durante toda una época en la que el determinismo genético prácticamente era el que determinaba las políticas educacionales, muy teñidas, por supuesto, de racismo”, ejemplifica Penchazade, remarcando que las mayores víctimas de esto eran las poblaciones afrodescendientes.

Imagen: Creative Commons - pxhere.com.

 

Factores ambientales

Penchazade es muy crítico de esta posición ya que, asegura, todas las características humanas están influidas por múltiples factores, tanto genéticos como de contexto: “Están los determinantes sociales y económicos, los factores emocionales y ambientales, y por supuesto los genes, sin los cuales, no existimos”.

La ratificación de esto es que existe la epigenética, una disciplina que aborda “la manera de cómo el medio ambiente modula la expresión de nuestros genes, las activa, los inactiva”. En este caso, lo medioambiental contempla lo emocional, lo económico, lo social, lo químico, lo físico, lo infeccioso, y demás.

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En ese marco, Penchazade advierte que hay nuevas expresiones del reduccionismo genético que se traducen en “la exageración de las explicaciones genéticas de la salud y la conducta; ultra simplificación y distorsión por parte de los medios de comunicación masiva de hallazgos científicos; promesas de curaciones rápidas de las enfermedades por medio de la alta tecnología genética; distorsión de prioridades en enfoques de prevención, tratamiento e investigación”.

Derechos

Frente a este escenario, el riesgo es que una actividad científica tan importante como la Genética pueda servir de escudo para justificar la vulneración de derechos. Y en ese sentido, Penchazade considera que algunos de ellos pueden ser quebrantados “cuando se exagera los beneficios potenciales de la genómica”. Entre ellos, enumera: “Derecho a que el ser humano y su conducta no sean reducidos al efecto de sus genes; derecho a no ser discriminado o estigmatizado por características genéticas (una constante durante el siglo XX); derecho a no ser discriminado por el origen étnico; derecho a la autonomía reproductiva; derecho a la salud y a no ser discriminado por enfermedades raras, caras o ‘preexistentes’; derecho a la privacidad de los datos genéticos personales”.

 


Por Sebastián Martino

Imagen de portada: Thierry Ehrmann, en Flickr (Creative Commons).