Aula virtual, un espacio para la continuidad

Docentes de la Universidad narran su experiencia de enseñanza mediada por las pantallas. ¿Cómo fue la acelerada adaptación? ¿Qué quedará “cuando pase el temblor”?

Por Marcelo Maggio

Como si se tratara de una verdadera gesta, y vivenciando hechos dignos de ser recordados para las generaciones que vendrán, docentes y alumnos se esfuerzan en continuar la labor de enseñanza y aprendizaje. El escenario de la virtualidad total requiere de compromiso, comunicación y empatía, valores sin los cuales el hecho educativo no podría seguir manifestándose.

“Cuando vino la pandemia pudimos dar el salto rápidamente a la virtualidad, porque ya venía la universidad encaminada así, aunque lo habíamos intentado y no le podíamos encontrar la vuelta”. Quien reconoce esa situación es el docente Claudio Giansiracusa, de las asignaturas “Introducción a la ingeniería” y “Mantenimiento industrial”. Contento por los resultados obtenidos en un desafiante primer cuatrimestre, completa su idea: “Nos costaba entrar a la virtualidad, usar la plataforma, cargar la información de la cursada, un trabajo muy grande al que quizás no le veíamos los resultados. Entonces seguíamos con el proceso tradicional de lo presencial, aunque teníamos toda la estructura virtual armada y lista para usar en la Universidad”.

Como fue narrado varias veces desde El Universitario, apenas se dispusieron las medidas de confinamiento en marzo de 2020, a causa de la pandemia, se pudo migrar todo el modelo presencial de la Universidad a uno enteramente virtual, incluso en lo administrativo. Además de crear todas las aulas virtuales necesarias, de inmediato se puso a disposición de los docentes una oferta de capacitación.

Pero el camino de la educación presencial tiene una impronta tan fuerte que para muchos implicó un salto, un “animarse a más”. María José Torres, docente de “Toxicología de los Alimentos”, tiene un balance positivo de lo vivido en el primer cuatrimestre, pero reconoce que “la mayoría de los docentes estábamos acostumbrados a las clases presenciales porque de ese modo nos formamos”. Sin embargo, reivindica que se fueron “adaptando” a la nueva metodología, en parte gracias “al apoyo del área de Educación Digital de la Universidad”. “En lo personal —afirma Torres—, tenía curiosidad e interés por la enseñanza virtual y había comenzado a realizar algunos cursos, pero no me había animado a incluirla en mis clases. Con la pandemia, de una semana para la otra ya estábamos dictando clases a través de la plataforma de la Universidad”.

La experiencia en los equipos docentes es colectiva, y muchos encontraron el coraje en lo grupal cuando se trataba de enfrentar las dificultades. De alguna manera se sigue así el espíritu de la era digital y de las “inteligencias colectivas”, como plantea el filósofo de la virtualidad Pierre Lévy. Este sentido es especialmente el que destaca Verónica Inthamoussou, docente de “Contabilidad I”: “Para nuestro equipo de trabajo fue una experiencia buena, nos acompañamos entre los docentes que integramos la materia y tuvimos un empuje en investigar cómo poder llevar las clases de la mejor manera. Como grupo siempre estuvimos en las clases al menos dos docentes, y respetamos los horarios de la presencialidad en los cuales se inscribieron nuestros alumnos, además de grabarlas para quienes no podían asistir”.

El aula virtual y sus circunstancias

Lanzados de lleno al mundo digital, los docentes fueron encontrando dificultades y potencialidades desde la práctica misma. Por ejemplo Verónica Inthamoussou retoma los problemas relacionados con lo que se conoce como brecha digital, esto es, las carencias en el acceso tanto a dispositivos como a conectividad: “Me encontré con que me faltaban dispositivos en mi casa. Estaba con una computadora y una tablet para toda una familia que necesitaba estar conectada. Aunque lo pude solucionar, creo que es un factor muy importante a considerar, porque hay tareas de una cursada universitaria que no podés resolver mediante un teléfono”. En ese sentido, desde la Secretaría Académica de la UNNOBA se hizo seguimiento de estas problemáticas y se brindó la posibilidad de conexión con el Programa de Becas de Conectividad y dispositivos tecnológicos, y con el cual se entregaron computadoras y beneficios económicos para la contratación de servicios de internet/datos. A nivel nacional la respuesta a la brecha digital se inició, también, mediante la declaración de internet como un “servicio público” o la apertura de créditos para la compra de equipo informático para docentes a través del Banco de la Nación Argentina. Distintas formas de enfrentar la mentada brecha digital.

Pero, como señalan los especialistas en tecnología educativa, la dimensión tecnológica es sólo una de las que se debe tener en cuenta al momento de pensar la educación a distancia o virtual. La otra es la pedagógica. Por eso, desde el área de Educación Digital, se dictaron capacitaciones desde el primer cuatrimestre, como por ejemplo los talleres de “Diseño de cursos virtuales”, de utilización de herramientas como “Talleres”, “Cuestionarios, “Lecciones, “Foros”, “Tareas”, además de un taller sobre los “Procesos de Evaluación en ambientes virtuales”, dictado por docentes externos. Ese proceso, que sigue en el segundo cuatrimestre, incorporó el dictado de “microcharlas” de apoyo a docentes sobre temas puntuales, como el armado de grupos, grabar clases o el ajuste en el diseño del aula.

Claudio Giansiracusa se remonta al inicio del año y cuenta que “el primer desafío fue la reorganización de los contenidos, porque si antes éramos ordenados ahora teníamos que serlo más, prever muchas cosas, tener los materiales cargados con tiempo, pensando siempre en el alumno”. María José Torres también destaca el trabajo que se requiere para “adaptar los contenidos y muchas de las actividades a la virtualidad”. “Llevó un tiempo amigarse con la plataforma y los medios digitales, sobre todo para poder emplearse en la readecuación de las asignaturas”.

Verónica Inthamoussou destaca que alcanzaron a tratar todos los temas del programa gracias al compromiso de todas las partes. Del lado docente rescata la voluntad de incorporar clases extra, por ejemplo, o de utilizar una cuenta en Instagram para la materia, un recurso heterodoxo, pero que “permitió tener comunicación instantánea para consultar todo tipo de cosas: después de cada clase el Instagram estallaba a preguntas, con las dudas que quedaron para retomar y volver a explicar”.

En una materia de primer año ves el desconcierto, y en la virtualidad el desconcierto era mayor aún”, recuerda Claudio Giansiracusa. “Parecía que estábamos muy alejados, entonces algo que se potenció mucho fueron los diferentes canales de comunicación”. Todos los docentes destacaron la necesidad de estar comunicados por más tiempo y por diversas vías.

Docentes y alumnos se fueron familiarizando paulatinamente con los diferentes canales formales de comunicación de la Plataforma de Educación Digital, como los foros, la mensajería interna o los correos. Giansiracusa comenta que, no obstante, tuvieron una actitud flexible frente a las necesidades de los estudiantes que recién estaban iniciando su recorrido universitario: “Eran alumnos de primer año y se notaba que necesitaban contención, entonces les permitimos que nos manden correos electrónicos directamente o usen otras modalidades más directas al prinicipio”. El ingeniero, responsable de una materia introductoria, señala que “lo más importante para la contención de los alumnos es estar informados y tener pautas claras”.

María José Torres, desde el campo de las ciencias biológicas, coincide con esta experiencia, con la dificultad de avanzar en un tipo de comunicación formalizada por los entornos virtuales institucionales: “Con los estudiantes nos mantuvimos en permanente contacto a través de la plataforma, pero nos faltó mayor interacción grupal a través de los foros para aprovechar esta herramienta, pero creo que fue por inexperiencia de ambos lados. Es de rescatar la buena predisposición que presentaron los alumnos, para ellos también fue un gran cambio el pasaje de la presencialidad a la virtualidad”.

Es singular el esfuerzo realizado y los resultados. Por ejemplo, los docentes coinciden en hacer un buen balance, en haber alcanzado a dar todos los temas y en el rendimiento de la medición más fría de aprobación y ausentismo. “Estuvimos muy cerca de los números que se dan en la presencialidad”, coinciden.

Sin embargo, una circunstancia no menor, sobre todo para quienes ingresan a una carrera, es el conjunto de relaciones interpersonales que se tejen y que conforman un todo de la vida universitaria. Para Inthamoussou no se trataba solamente de mejorar la comunicación o los contenidos: la falta de presencialidad impactaba en aspectos básicos para transitar la vida académica, “como desconocer cuestiones administrativas básicas para cursar”. “Ante la falta de ese contacto que brinda la presencialidad, fuimos los docentes quienes establecimos ese nexo que necesitaban algunos de nuestros estudiantes”, rememora la docente de contabilidad.

Mantener el vínculo

Beatriz Checchia es docente en la UNNOBA de una asignatura transversal a todas las carreras, “Aspectos Sociales e Institucionales de la Universidad”. Checchia, además, dirige la Especialización en Docencia Universitaria y está doctorada en Calidad y Evaluación de Programas e Instituciones. Su mirada acerca de condiciones de cursada tan especiales en este primer cuatrimestre se ve enriquecida por esta múltiple formación de Checchia, como docente, evaluadora institucional y formadora de docentes.

Checchia es categórica con una afirmación inicial: “La docencia ha demostrado una rápida capacidad de adaptación”. Pero en segundo término también reconoce que “todos los debates que se venían teniendo acerca de la virtualidad se vieron impactados por esta situación tan incierta”. “Una cosa es la educación virtual en tiempos de pandemia y otra es la educación virtual que veníamos concibiendo”, enfatizó.

Desde su asignatura, además, cuenta que se encontró con “muchos recursos y plataformas para explorar, formas para garantizar la continuidad y maneras de mantener la interacción, que es el gran desafío”. Pero deja en claro que esa diversidad de la técnica no lo es todo para hacer frente a la adversidad. Siempre es necesaria la mirada “vincular” del docente.

Si en la presencialidad esta cátedra fomentaba la interacción y el diálogo, ahora mediatizada por una plataforma, y con las dificultades de la conectividad y las herramientas digitales, había que encarar la tarea de otro modo: “Encontramos que necesitábamos una forma distinta de abordar el diálogo y generar también otros modos de apropiación del conocimiento. En esto creo que todos apelamos a nuestra capacidad adaptativa y a nuestros aprendizajes previos, y por sobre todo, vi que todos apelamos a esta necesidad de priorizar el vínculo con el alumno y de conocer cómo estaban atravesando esta situación tan desafiante”.

“Nuestra responsabilidad como docentes —destaca Checchia— es pensar con qué recursos vamos a diseñar la materia para que el alumno la pueda seguir y sentir la confianza para interactuar. ¿Qué materiales y qué tiempos son los mejores para planificar? Esto es algo que la educación virtual trabaja hace mucho tiempo, pero este desplazamiento abrupto de la presencialidad, en el marco de la pandemia, requiere una reflexión muy profunda”.

En este sentido la docente recupera las palabras y experiencias de sus colegas: “Quizás antes de la pandemia cuando se hablaba de lo virtual se decía ‘hay que capacitarse mucho, es difícil, etcétera’, pero de pronto lo tuvimos que hacer porque necesitábamos garantizar la enseñanza, y no sólo eso: teníamos que cuidar al ingresante y evitar los abandonos”.

Una de las grandes preguntas que quedan a partir de esta experiencia de aislamiento social es ¿qué quedará, o cómo quedará configurada, la presencialidad? Si retomamos uno de los ejes que plantea la docente Inthamoussou, hay toda una dimensión social, de construcción de la personalidad como profesional, que se va dando en un intercambio con las demás personas, en todos los espacios que genera la universidad. En este sentido Checchia manifiesta: “Por supuesto que poder tener un contacto no mediatizado por un dispositivo es el gran tema para todos. Para los docentes, por ejemplo, no tener la mirada de todos nuestros alumnos, nos lleva a comparar cómo hubiera sido esa clase en el cara a cara. Sin duda que hay beneficios de la presencialidad que son indiscutidos, pero también vamos encontrando los beneficios de la virtualidad a medida que la trabajamos. Un gran punto que tenemos en agenda es cómo garantizar la interacción para la socialización, para que quienes transitan su formación profesional no pierdan ese aprendizaje integral. Pero es algo que se da en todos los niveles educativos: siempre hay algo que tiene que ver con el encuentro con el otro”. Aunque la duda persiste: “¿El encuentro mediado? Creo que sigue siendo la gran incógnita”.

Sostener los ideales

La virtualidad, y los problemas de la brecha digital, son un desafío político para la universidad pública argentina, que se propone como, inclusiva y de calidad. ¿En estas condiciones se pueden garantizar estos ideales?

“La situación empuja a repensar todo, pero sin abandonar la masividad con calidad —sostiene Checchia—; siempre pensar en la oportunidad que brinda la universidad por su compromiso con la sociedad, por eso hay que buscar las mejores estrategias para acompañar los desafíos del país”.

Además la universidad pública, como toda institución del sistema educativo, tiene requisitos, reglas, que a veces parecen ir de bruces con los aprendizajes ubicuos, no formales, en línea. Mientras avanza esta virtualidad de aislamiento obligatorio, mientras se acompaña y se involucra en esa ola virtual que todo lo empuja, en paralelo, la universidad debe ir repensando también esa dimensión pedagógica y estratégica.

“Hay dos cuestiones que son clave para avanzar —indica Checchia—: la flexibilidad curricular y la innovación. Si bien hay estándares e indicadores que son una base para la garantía, lo que tenemos que trabajar desde la universidad es esa tensión entre garantía de calidad y flexibilidad de la innovación”. Esto se logra de muchas maneras, por ejemplo, mediante la escucha atenta: “Para que los planes de estudio beneficien a la sociedad y la universidad no quede aislada resulta esencial la escucha del graduado, la escucha a los espacios de autoevaluación, a las comisiones de seguimiento, y no perder nunca el horizonte de lo que se pretende alcanzar”.


Diseño: Laura Caturla