Con el agua hasta la cintura

Por Marcelo Maggio

Pampa húmeda. Los ríos y canales que atraviesan la extensa llanura lo hacen despacio, así lo marcan las leves inclinaciones de la tierra. El agua llega hasta el mar, lejos, en la bahía pronunciada y distinguible en cualquier mapa y en las fotos desde el cielo. Y están también los reservorios, amortiguadores, que se forman en cada hondonada: las lagunas. Las conecta el gran río, ese que conocemos como “el Salado”, que sigue y forma una cuenca que atraviesa media provincia de Buenos Aires.

Las lagunas del Salado están rodeadas de humedales y pastizales extensos. Allí empezaron a generarse zonas productivas, ciudades, hasta recreos y campings. Vivimos a su alrededor, les enviamos lo que nos sobra o buscamos un refrescón. Alguien se pregunta sobre la vida en el agua, incluso sobre el agua de la laguna. Quienes hacen limnología se dedican a eso y pueden encontrar respuestas científicas sorprendentes, difíciles de interpretar en una lectura de soslayo entre reel y estado de WhatsApp. Sin embargo las respuestas pueden guiar a quien preste atención en un accionar responsable para la comunidad.

El tipo de uso del suelo en la actividad económica impacta en lo que sucede con la vida de las lagunas y ríos.

En 2025 un equipo de investigación de la UNNOBA fue premiado por la Asociación Argentina de Limnología por un artículo en el cual se analizó el agua de dieciséis lagunas. El grupo viajó y se fue adentrando en las aguas que van desde El Chañar (Teodelina, sur de Santa Fe) hasta la reserva provincial ubicada en bahía de Samborombón. Mara Sagua, Romina Schiaffino y todo el equipo fue en la búsqueda de muestras de agua y de respuestas allí donde el resto ve o hace otras tareas. No buscaban el reflejo del cielo o el descanso después de un largo día: querían saber qué estaba pasando con la vida en el agua de las lagunas.

“Descubriendo el efecto del uso del suelo en la composición de la comunidad de bacterioplancton en lagunas altamente impactadas a escala regional” fue el nombre del artículo presentado y fruto de su estudio. Un jurado afirmó que debido al “análisis minucioso de los datos, una muy buena presentación de los resultados, y una discusión interesante y bien enfocada en los objetivos” el artículo era el ganador del Premio Raúl A. Ringuelet "al mejor trabajo limnológico 2023-2025", otorgado por la Asociación Argentina de Limnología.

Mara Sagua, doctora en Ciencias Aplicadas (Universidad Nacional de Luján) y licenciada en Genética (UNNOBA). Desde el 2015 es docente de Genética en la UNNOBA y desde 2017 trabaja con Romina Schiaffino en el Laboratorio de Limnología de la UNNOBA. Ha defendido su tesis doctoral en marzo de 2026. Foto: Lautaro Chiesa

Luces y sombras de las bacterias

En el título ya aparece la palabra bacterioplancton, que indica una centralidad: para entender lo que sucede en el agua de la laguna se lo debe estudiar. Pero, ¿por qué nos interesarían las bacterias si lo que se supone que hacemos es combatirlas? Comprender la vida en la laguna puede ser una tarea difícil. Por eso recurrimos al diálogo con Mara Sagua, doctora en Ciencias Aplicadas (2026, UNLu) y licenciada en Genética (2014, UNNOBA), docente de Genética desde 2015 e investigadora desde 2017 en el Laboratorio de Limnología que dirige Romina Schiaffino.

Hay bacterias en todas partes y, que sean bacterias, no implica que sean malas”, afirma Mara Sagua al iniciar la entrevista, un diálogo que va a ir y venir por muchos cauces. “A toda la comunidad de bacterias que habitan en el agua la denominamos bacterioplancton”. En la laguna vemos peces (cuando los hay), alguna planta, o una bolsa de plástico (lamentablemente), pero las bacterias no se ven a simple vista. ¿Son vida?, ¿por qué son importantes? Mara Sagua sonríe. Ya lo habrá explicado otras veces: sí, las bacterias son vida. Y agrega: “Son parte de la cadena trófica que incluye hasta los peces”. En la escuela no decíamos cadena trófica, sino cadena alimenticia.

“Entramos lo más adentro posible sin embarcaciones, si había muelle se lo usaba, pero fueron los menos”.

--Entonces las bacterias no sobran, tienen que ocupar su lugar en la cadena…

--Son fundamentales, si no hubiera bacterias no habría ecosistema, porque además de estar en el inicio de la cadena cumplen otras funciones, como reingresar la materia orgánica, remineralización, depuración del sistema: los sistemas acuáticos se pueden limpiar a sí mismos gracias a las bacterias.

--Pensar las bacterias como parte del ciclo de la vida puede resultar difícil, hay que romper con algunos supuestos instalados.

--Bacterias hay en todas partes, pero sobre todo en el agua, porque son ambientales. Por eso, sólo se pueden estudiar por secuenciación [de ADN], porque hay tanta diversidad de especies de bacterias que es muy difícil estudiarlas por separado, mediante cultivos. Estas bacterias viven en comunidad unas con otras. En nuestro estudio encontramos casi 800 especies distintas, algo imposible de estudiar mediante la microbiología tradicional.

Por agua y por tierra: el estudio del suelo

Agua y tierra se conectan, y si el uso del suelo impacta en la vida de la laguna, ¿a qué usos de la tierra se refieren? Mara Sagua explica que en su trabajo distinguieron “entre lagunas en las que, a su alrededor, predominaba la agricultura mediante el uso de agroquímicos, por un lado, y la actividad ganadera, por otro”. Dos actividades productivas muy importantes que se unen —a veces y cuando hay debates— en el término “campo”. Para el estudio utilizaron, además, un tercer tipo de ambiente que sirvió para contrastar: el reservorio natural.

Encontraron evidencias: “Las comunidades de bacterias se van diferenciando según el uso del suelo. Habría especies que podrían ser más tolerantes a los herbicidas y que aparecen con más frecuencia en la cuenca alta [agricultura] y otras en la cuenca baja [ganadería]. Encontramos un recambio de especies según el lugar”.

Aunque hay una gran cantidad de productos y elementos que llegan al agua producto de la actividad humana (fertilizantes, herbicidas, insecticidas, descargas cloacales), el estudio se enfocó en el impacto de un único agroquímico: la atrazina.

"La lluvia barre el suelo y todo eso va a parar a la laguna. Pero también sabemos que estas lagunas se alimentan de las aguas subterráneas. Entonces, los productos usados en la tierra llegan de diferentes formas al agua de la laguna". Foto: Claudio Spiga

--¿Qué es la atrazina y por qué trabajar ese producto en particular?

--Es un herbicida, es económico y con alto poder residual, por lo que se aplica mucho, tanto para lo que está permitido como en casos en que no. Partimos de una condición: todo lo que se aplica en el suelo de alguna forma va a terminar en el agua, sobre todo en la región pampeana, porque las lagunas están en los bajos. Se aplica y después, en algún momento, llueve. La lluvia barre el suelo y todo eso va a parar a la laguna. Pero también puede filtrar a la tierra y llegar a las aguas subterráneas. Sabemos que estas lagunas se alimentan de las aguas subterráneas. Entonces, los productos usados en la tierra llegan de diferentes formas al agua de la laguna.

--Claro, pero hay muchos productos dentro de lo que se considera agroquímicos, ¿por qué la atrazina es una referencia para este modelo productivo?

--Porque lo que buscamos es una relación entre el uso de los suelos y la composición de las comunidades de bacterioplancton. La atrazina la usamos como un intermediario, como una variable que esté ligada directamente al uso del suelo. Las zonas de uso se pueden ver desde las imágenes satelitales alrededor de la laguna. Entonces dijimos, donde hay más uso agrícola debería haber más agroquímicos, y es lo que sucedió. Así comenzamos a evaluar el bacterioplancton.

Equipo de investigación ingresando a una laguna para la toma de muestras.

--Uno podría esperar que la atrazina, en tanto es un herbicida, va a destruir todo lo relacionado a lo vegetal, incluso en el agua. ¿Es así o hay resistencias?

--Uno esperaría que las algas microscópicas sean eliminadas por la atrazina, pero eso no sucede. Estamos viendo la resistencia del sistema a la presión antropogénica [alteración ambiental provocada por las actividades humanas]. Se presiona con el uso y con la presencia de agroquímicos. Las comunidades biológicas intentan resistir ese cambio. No mueren, resisten. Demuestran la fuerza de la naturaleza. Una de las características en las que se ve esa resistencia es en el color del agua. Estas lagunas antes variaban entre dos regímenes, tenían períodos de agua turbia y períodos más transparente, con plantas sumergidas. Ahora sucede que las aguas están constantemente turbias. Ese cambio es debido a la presión antrópica, es por todo lo que llega al agua. Esa turbiedad es, en realidad, un mecanismo de resistencia del ecosistema.

--Si no hay cambios entre estados turbios y claros, ¿es como si ese ecosistema estuviera trabajando constantemente?

--Sí, y esa es una de las cosas que más me impresionó, porque demuestra la capacidad de resistir de la naturaleza.

--Volvamos a la atrazina y las conclusiones del trabajo. La composición del bacterioplancton, ¿qué indica?

--Una comunidad está formada por una cantidad de especies que habitan un mismo lugar. Entonces, la presencia de la atrazina se relaciona con determinadas especies de bacterioplancton. Donde no la hay, aparecen otras. Por lo tanto, se favorece la aparición y proliferación de determinadas bacterias en función del tipo de presión antrópica de uso de suelo, es decir, si se trata de agricultura o ganadería.

Integrantes del Laboratorio de Limnología: Dra. María Romina Schiaffino (directora), Lic. María Pía Quiroga (CPA CICPBA), Dra. Mara Sagua, Lic. Antonela Viale (Becaria doctoral de CONICET ), Est. Katerina Martiarena (tesista de grado). Foto: Lautaro Chiesa.

Una investigación de largo aliento

Un pregunta fue surgiendo a lo largo de la entrevista: ¿era necesario cubrir toda la cuenca del Salado? Mara Sagua contesta con paciencia docente: “Esta historia comienza en 2013, cuando Romina Schiaffino inicia las muestras de las lagunas de Junín: Gómez y Carpincho. Lo hizo principalmente para evaluar los efectos del cambio climático. Yo me incorporé con el proyecto de mi tesis doctoral en 2017 y ahí sumé otras dos lagunas de la región: Mar Chiquita y Rocha”. Sigue: “En 2019 Romina propuso pensar el estudio en términos del espacio, ya que sólo estábamos pensando en el tiempo. Así fue que propuso hacer un muestreo de toda la cuenca a lo largo del trayecto del río. Esto quedó en mi tesis y luego, con los resultados, escribimos el artículo que ganó el premio”.

Mara Sagua desarrolla esa distinción: “Cuando estudiás en el tiempo te enfocás en la influencia de la estacionalidad. Por ejemplo, las diferencias en el nivel hídrico y en la temperatura. En cambio, en el espacio [expandiendo el territorio a toda la cuenca], lo que vimos es que hay diferentes usos del suelo y nos preguntamos cómo esos usos afectaban a las comunidades biológicas [del agua]. Para la tesis estudié las algas o fitoplancton, y en el artículo nos referimos a las bacterias”.

El equipo tuvo que recorrer toda la cuenca del Salado para hacer un análisis más allá de lo estacional: debían comparar impactos según distintos usos de los suelos.

Así, el equipo partió de una hipótesis: el "uso del suelo" (aquellas actividades que se desarrollan alrededor de la cuenca), afecta a las comunidades que habitan el agua. Por eso tenían que viajar, hacer un estudio a lo largo de la cuenca, es decir teniendo como variable el lugar en que se toma cada muestra (lo espacial). "Las lagunas de Junín están afectadas de modo constante por la agricultura, de modo que resultaba imposible hacer una distinción en el tiempo". Hacia allí se dirigieron, a la cuenca baja del Salado, donde el impacto podía ser variable. Debían demostrarlo.

Aparecía con claridad el origen de esa decisión, de abarcar dieciséis lagunas con veinticinco sitios de muestreo. “En las lagunas grandes hay más de un punto de muestreo, como en Laguna de Gómez o Chascomús”. Una muestra de agua se puede tomar de muchas formas, ¿cómo lo hicieron?, ¿quién tenía licencia para manejar una lancha?

--No era necesario. “Entramos lo más adentro posible sin embarcaciones, si había muelle se lo usaba, pero fueron los menos”.

--¿Es decir que se metieron, con el agua a la cintura?

--Sí, y con las nubes de mosquitos alrededor. Fue toda una experiencia.

Lo microscópico y más allá

Sobre el análisis de esas muestras, Mara Sagua explica que mediante un cultivo tradicional no se podía llegar a los resultados que necesitaban. ¿Cómo analizar estas muestras y dónde hacerlo? Recurrieron a un procedimiento denominado Secuenciación Masiva, con el cual se obtienen ASVs (Amplicon Sequence Variant, en castellano Variante de Secuencia de Amplicón). La explicación simplificada sería: se toma una secuencia de ADN y se la compara con bases de datos disponibles. El resultado es la identificación de las especies, gracias a la comparación. “Se trata de secuencias de fragmentos, no de toda la cadena de ADN”, indica Sagua.

“En nuestro caso obtuvimos 791 ASVs, lo cual es un espectro de diferentes especies de bacterias encontradas en todo el sistema de las lagunas”. Un alto porcentaje de las especies es compartido a lo largo de toda la cuenca, ya que es “un sistema conectado”. Pero aparecieron las diferencias, lo cual indica el funcionamiento de dos subcuencas, con más especies de un tipo u otro, dependiendo de una variable: la presencia de atrazina.

Si bien en Argentina existe la tecnología para el análisis por secuenciación masiva, resulta muy costosa la configuración y puesta a punto para trabajar con este tipo de material. Por ese motivo tuvieron que hacerlo en el exterior. Gracias a los fondos que el equipo tenía por un premio obtenido en la Asociación Internacional de Limnología (fondos que vinieron de Canadá) se pudo hacer la secuenciación en los EE.UU.

--Se puede pensar que el hecho de que tengan que enviar este material de análisis al exterior implica que no es una zona de estudio muy extendida en el país. Sin embargo, la actividad agropecuaria sí lo es.

--Existen grupos de investigación a nivel internacional que trabajan acerca de los efectos del uso de suelo agropecuario, pero aún se sabe poco, sobre todo en el hemisferio sur. Digo en nuestro hemisferio porque, por ejemplo, en China se toman muestras de las grandes lagunas casi a nivel de monitoreo permanente; utilizan barcos, toman muestras cada cinco metros. En el presente, es algo imposible de hacer acá.

--¿Por qué creés que el trabajo de ustedes ganó el premio? ¿Cuál es el aporte que realizaron?

--Porque tiene un muestreo complejo y exhaustivo, con las complicaciones de planificar una campaña de esa magnitud y en poco tiempo, y con una inversión en secuenciación que es una técnica muy cara y precisa. Por ser un estudio de esa magnitud y con esa profundidad, a la escala de espacio, todo eso hizo que ganemos el premio. También es un estudio de relevancia porque se trata de lagunas de uso recreativo, en su mayoría, y por eso es importante contar con información para la toda comunidad.

En la foto, el equipo dedicado a la recolección de muestras. De izq. a der.: Lic. Guillermina Nuozzi, Dra. Romina Schiaffino, Dr. Santiago Perdomo, Dra. Mara Sagua.

--¿Cómo siguen, qué temas se derivan hacia adelante?

--Estamos estudiando la presencia de bacterias patógenas asociadas al uso del suelo. Ya vimos que el uso del suelo afecta al bacterioplancton en general. Ahora estamos indagando en la aparición de especies potencialmente patógenas. Ese es el tema de la tesis doctoral de Antonela Viale. Acá ya no sería sólo por uso agrícola sino todo tipo de usos: urbano, ganadero y la presencia de humedales.

 


Integrantes del Laboratorio de Limnología :

  • Dra. María Romina Schiaffino (directora)
  • Dra. Mara Sagua
  • Lic. María Pía Quiroga (CPA CICPBA)
  • Lic. Antonela Viale (Becaria CONICET de doctorado)
  • Est. Katerina Martiarena (tesista de grado)

Artículo científico premiado: “Descubriendo el efecto del uso del suelo en la composición de la comunidad de bacterioplancton en lagunas altamente impactadas a escala regional”, disponible en el repositorio público en el siguiente ENLACE. Autoras: Mara Sagua, Guillermina Nuozzi, María Laura Sánchez, Paula Huber, Santiago Perdomo y María Romina Schiaffino.


Fotografías del trabajo de campo en lagunas de la Cuenca del Salado: gentileza Mara Sagua.

Fotografía Mara Sagua y equipo: Lautaro Chiesa

Fotografía Laguna de Gómez: Claudio Spiga


“Quiero dedicar mi vida a cuidar a los demás”

Por Lorena Berro

José Rodolfo Herrera tiene 23 años. Es enfermero universitario, egresado de la UNNOBA y estudiante de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. Hasta aquí su perfil no dista demasiado de cualquier joven de su edad que elija estudiar. Sin embargo, su biografía personal dice mucho más de él y de lo que representa —para aquellos que viven en zonas alejadas de los grandes centros urbanos— llegar a la universidad y encontrar una verdadera red de contención en el trayecto.

José nació en “El Arenal”, un pequeño pueblo rural de la provincia de Santiago del Estero. En verdad, su mamá debió viajar hasta Tucumán para dar a luz, porque en su localidad no había hospital. Creció en un núcleo familiar conformado por sus padres Manuel y Viviana y tres hermanos: Alejandro (18), Florencia (16) y Rodrigo (14). Desde muy pequeño fue consciente de que, para resolver cualquier situación de enfermedad, había que buscar asistencia en lugares alejados, porque en su pueblo solo había un centro de atención primaria. Quizás eso y una temprana vocación, lo acercaron al deseo de poder seguir una carrera vinculada a lo sanitario. Ese fue el sueño que lo acompañó en su niñez y adolescencia. “Todo el tiempo me preguntaba si alguna vez iba a poder hacer realidad esa historia que yo armaba en mi mente”, reconoce, hoy que ya obtuvo su primer título universitario y sigue haciendo de la educación su elección.

De niño, en "El Arenal" su abuela lo impulsaba a ir detrás de sus anhelos.

“En mi pueblo no tenemos hospital, eso da un pantallazo de la situación que vivimos y muestra que no hay mucha accesibilidad para garantizar la atención de salud ante casos de cierta complejidad. Lo que sucede con la salud, pasa con la educación, ya que no podemos seguir allí una carrera”, refiere. “Yo pude hacer la secundaria en ‘El Arenal’ porque abrió un colegio que hoy tiene diez años”, aclara, y prosigue: “Antes, no se podía ni siquiera pensar en la secundaria. Es un pueblo hermoso, pero ha tenido pocas oportunidades de desarrollarse”.

En 2019, conoció a Marcelo Rodríguez, un voluntario de la Fundación Sí, una organización no gubernamental creada por Manuel Lozano, cuyo objetivo es promover la inclusión social de sectores vulnerables de Argentina. Desde la ONG le hablaron del Proyecto Residencias Universitarias. “Fue la primera vez que me dije a mí mismo: ‘José, quizás tu sueño de irte a estudiar, se puede cumplir’”, evoca.

El trabajo de esa organización civil le abrió las puertas a un mundo que hasta ese momento desconocía: “La tarea que hacen es extraordinaria porque dan la posibilidad de acceder a la educación superior a chicos y chicas de zonas rurales, los acerca a centros urbanos para que puedan estudiar y les facilitar vivienda, comida, herramientas tecnológicas y traslados. En la actualidad esa organización cuenta con 22 residencias universitarias en el país”.

Revertir la propia historia y la de otros

Gracias a la Fundación Sí, José Herrera descubrió la existencia de la UNNOBA y encontró en la carrera de Enfermería el modo de traducir en una profesión su inclinación natural al cuidado. “Me inscribí al Programa Residencias Universitarias, pasé todas las instancias del proceso y quedé seleccionado para iniciar mi carrera. La Fundación fue un puente para poder estudiar lo que siempre había querido, una carrera vinculada a la salud“, resalta.

José Herrera llegó a la Residencia Universitaria en plena pandemia.

“Quizás porque viví muchas carencias y tuve cerca historias que me mostraron que cuando se necesitaban profesionales, había que buscarlos lejos del pueblo, es que siempre supe que, si podía estudiar, iba a ser algo relacionado con la atención sanitaria”, insiste, haciendo un recorrido por vivencias que fueron imprimiéndose en él y en su vocación. Le interesaba ayudar a revertir una realidad desventajosa. “De chico, siempre he querido cuidar a las personas, acompañarlas, y la UNNOBA ofrecía la carrera de Enfermería, así que en 2021 me mudé a Pergamino, a la residencia de la Fundación Sí”, recuerda.

Del pueblo a la ciudad

Admite que el desarraigo no fue sencillo, pero recalca que recibió mucho apoyo: “La Fundación ofrece una red de contención que es valiosa y la Universidad también estuvo ahí para mí, desde el comienzo”. En Pergamino hizo amistades y conoció mucha gente: “En la Universidad he hecho familia, hasta hoy. Tengo compañeros con los cuales nos tratamos como hermanos”.

José pasó de vivir en un pueblo de nueve mil habitantes, alejado de todo, a convivir con gente que no conocía y en una ciudad que le resultaba “grande” . “Fue un crecimiento enorme y se lo agradezco a la UNNOBA porque me brindó muchas herramientas”, destaca. Su apreciación va mucho más allá de lo académico: “No solo adquirí conocimientos y obtuve mi título, sino que abrí el pensamiento, aprendí a mirar mi realidad y la de otros desde una nueva perspectiva, mucho más diversa. Más allá de la educación que me ha brindado, la UNNOBA me ha dado la posibilidad de conocer que hay otras cosas que existen. La Universidad me ha transformado”, expresa.

“Algo que desde el principio me llamó la atención, es que todos me llamaban por mi nombre, así como a mis compañeras y compañeros. Quizás por la dimensión que tiene esta Universidad en particular, el contacto de los docentes con los estudiantes es muy cercano, y, cuando uno está tan lejos, eso resulta valioso”, opina.

A través de un programa de movilidad, estudiando Enfermería, pudo viajar a Brasil y cumplir otro sueño.

“Podía ser uno de ellos”

Mientras estudiaba, obtuvo una beca para hacer una experiencia de movilidad en Brasil: “A través de un programa de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) logré una estadía de seis meses en ese país y fue extraordinaria”. ”Estudiar en el exterior es una aspiración para muchos estudiantes, pero a veces, sienten que es algo reservado a otros. La Universidad me demostró que yo podía ser uno de ellos y me dio la oportunidad”, confiesa. Y continúa: “De chico soñaba con ir a estudiar en otro país. Ese sueño se me hizo realidad en la UNNOBA, pude viajar, aprender otro idioma y crecer como persona. Esas cosas no tienen precio, son las que me llevó conmigo del paso por la UNNOBA”.

Aprender para la vida

Obtuvo el título de Enfermero Universitario en marzo de 2025. Tiempo antes de recibirse, había comenzado a estudiar la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Rosario. Vive en otra residencia de la Fundación Sí y asegura que aspira a poder recibirse de médico. Cuando lo expresa, abunda en apreciaciones que no tienen que ver con el rendimiento académico, ni con sus habilidades como enfermero: “La Universidad ha trabajado, quizás sin saberlo, en mi seguridad personal. Me ha enseñado a seguir adelante. La UNNOBA me ha demostrado de que yo podía estudiar una universitaria, algo que parecía imposible. Soy enfermero gracias a la UNNOBA. Intentar, es algo que yo he aprendido en la Universidad”.

José Herrera junto a Delfina Ludueña, voluntaria de la Fundación Si, al graduarse en marzo de 2025.

Un sueño familiar

Siente un profundo orgullo por su crecimiento. Con la sencillez de aquellos que no pierden de vista el valor del esfuerzo ni olvidan el punto de partida, al mirar en retrospectiva, habla de su gente. Cuenta que su familia sigue viviendo en Santiago del Estero. “Sé que, en cierto punto, al recibirme, más allá de cumplir mi propio sueño, cumplí también el de ellos”, dice y menciona que su papá fue cosechero de limón y se ve a sí mismo ayudando de en esas tareas en el pasado.

Su mamá, acompañándolo cuando recibió su título de enfermero.

“Mis padres han trabajado mucho y siempre nos han alentado a que estudiáramos y aprendiéramos a aprovechar las buenas oportunidades”, sostiene. “Soy el primer universitario de mi familia, eso es algo hermoso”, concluye, agradecido, sabiendo que algunas historias de esas que se sueñan fuerte, pueden hacerse posibles.

Diseño: Laura Caturla

Fotografías: José Herrera y Fundación Sí, Pergamino

Edición de imágenes: Lautaro Chiesa


Tomar la palabra en tiempos de IA

Por María Silvia Biancardi, Cristian Alonso y Valeria Herrera *

El día que Pandora abrió la caja prohibida por los dioses, de su interior brotaron las desdichas que se dispersaron por el mundo. La inteligencia artificial, como esa caja de Pandora, también es una creación brillante que nos llena de curiosidad, pero puede liberar fuerzas que somos incapaces de medir.

En las aulas, la curiosidad frente a la caja de Pandora irrumpe, en silencio, de forma misteriosa y clandestina, con la naturalidad de quien encuentra un atajo para resolver un problema y decide usarlo. Sin embargo, muchas veces los docentes nos anticipamos a encontrar la falla sin hurgar en el fondo de la caja y percibir que allí, agazapada, se encuentra la esperanza.

La realidad muchas veces supera la ficción, y en lugar de dioses enojados por la acción de Pandora, nos encontramos con una abundancia de formadores, referentes y hasta influencers que nos dicen qué debemos hacer con la inteligencia artificial. Frente a esa “inflación” de especialistas, los estudiantes, con la rapidez digna de sus mentes frescas, avanzan en usos que son inasibles desde nuestra mirada adulta.

Desde nuestro lugar, construyendo saberes en las aulas junto a los adolescentes, nos preguntamos diariamente sobre el impacto que el uso de la inteligencia artificial tiene en los aprendizajes (escolares y no escolares) y en la construcción del oficio del alumno actual. Pero no queremos centrarnos solo en la palabra de quienes ostentan el saber desde sus guías y papers. Sin negar la voz de los expertos, decidimos escuchar a nuestros estudiantes sabiendo todo lo que tienen para decirnos sobre sus propias prácticas. Las Jornadas de Investigación Escolar de la Escuela Secundaria “Domingo F. Sarmiento” de la UNNOBA se convirtieron en el ámbito privilegiado para escuchar esas voces.

Donde nacen las preguntas: Jornadas de Investigación Escolar

Las Jornadas de Investigación Escolar se realizan desde 2023, cuando los primeros ingresantes a la escuela llegaban a su último año de cursada. En estas jornadas se parte de la propuesta de escritura de una ponencia sobre un tema a elección en torno a un eje definido institucionalmente por los docentes a cargo de las disciplinas involucradas (Lengua y Filosofía). Durante dos meses los estudiantes leen textos académicos relacionados al tema y escriben sus propias producciones. Para ello, los estudiantes piensan objetivos en torno a alguna problemática y ponen en juego un discurso que relaciona las voces previas del mundo académico sobre el tema y sus propias voces. En el proceso, comienzan a familiarizarse con las estrategias propias de la investigación.

Desde un principio, nos pareció una propuesta desafiante que nos permitía pensar la escritura no solo como una herramienta que transmite ideas, sino también como un instrumento para “crear” y organizar el pensamiento. Del mismo modo, en su implementación en el ámbito escolar, nos daba la posibilidad de ampliar la audiencia: las ponencias no solo serían escuchadas por el docente que evalúa. Las producciones finales son expuestas frente a todo aquel que se acerque al “Auditorio del Bicentenario de la Declaración de la Independencia” de la Universidad, de la que nuestros estudiantes son parte.

Nos propusimos entonces, como equipo docente, que las Jornadas se convirtieran en un instrumento importante para la construcción de estudiantes que en un futuro inmediato ingresarán a la universidad y al mundo del trabajo. Frente a esta tarea, la irrupción de la inteligencia artificial nos planteó un gran desafío: ¿cómo habilitamos espacios de construcción de pensamiento crítico, creativo, sin descuidar los avances que la tecnología nos presenta?, ¿cómo fomentamos la importancia de desafiarnos buscando una voz propia frente a herramientas que parecen allanar el camino?

Ante nuestras propias preguntas, dejamos que los estudiantes nos respondan y propusimos entonces que el tema a partir del cual habrían de investigar y escribir fuera la Inteligencia Artificial y denominamos a las III Jornadas de Investigación Escolar con el título “Desafíos de un mundo inteligente”.

Pensar lo que viene

Los estudiantes que en 2025 transitan el último año de la secundaria llevan consigo una biografía escolar marcada por contrastes. Ingresaron en plena pandemia, cuando las clases se sostenían entre pantallas (muchas veces apagadas), voces que llegaban con retraso y hogares en los que la presencia del docente reconstruía la dinámica.

En el medio, con la recuperación de la presencialidad, aprendieron a reconocerse como estudiantes de secundaria en un espacio físico compartido. Y ahora, cuando se preparan para despedirse de la escuela, lo hacen en el momento exacto en que la inteligencia artificial se instala en sus rutinas y transforma los modos de aprender, escribir y pensar. Tan disruptiva como la pandemia, esta nueva herramienta tecnológica reconfigura la dinámica escolar. Por una y otra razón, lo cierto es que es ésta una generación bisagra. Analizar, entonces, qué sucede con la inteligencia artificial en los diferentes ámbitos de la vida, resulta una propuesta que no se relaciona con contenidos ajenos, sino con maneras de pensarse a sí mismos y analizar sus futuros posibles.

Con estas convicciones a cuesta, la tarea nos dio como resultado cuatro ejes de trabajo que se agruparon a partir de los temas seleccionados por los estudiantes.

Hubo quienes hicieron reflexiones sobre temas teóricos, como la transformación del concepto de libertad a partir de la aparición del algoritmo, o el modo en que humanizamos a la inteligencia artificial a partir de cómo nos relacionamos con estas tecnologías.

Otro grupo de trabajos se centró en el uso particular de la IA en diferentes aspectos de la vida cotidiana, como la medicina, la economía o el derecho. Tal es el caso de la investigación que analiza la responsabilidad legal en la implementación de vehículos autónomos [acceso a la ponencia escrita por Martina De la Fuente Añel Coronel, Giulana Lenisa y Camila Cóceres y al podcast que grabaron en nuestra radio].

Entre las áreas humanas que tuvieron un lugar destacado en el análisis de los estudiantes, aparece el arte y la cultura como una preocupación compartida. En ese marco, se analizaron los alcances y limitaciones de distintas aplicaciones en el arte visual [acceso a la ponencia escrita por Doralis Monsalve y Maribel Rodríguez y al podcast que grabaron en nuestra radio] y en el complejo mundo de la escritura creativa y la traducción [acceso a la ponencia escrita por María Pía Rojo y Pilar Vinciguerra y al podcast que grabaron en nuestra radio].

Finalmente, otro momento de las Jornadas estuvo dedicado a analizar la inteligencia artificial en relación con la educación: la preocupación por la elección de carreras o los distintos usos que se hace de esta tecnología en el ámbito educativo conforman uno de los ejes. La “generación bisagra” analiza, por ejemplo, el impacto del uso de chat GPT entre los estudiantes de secundaria [acceso a la ponencia escrita por Valentina Morales, Mercedes Pereyra y Joaquín Palma y al podcast que grabaron en nuestra radio].

Después de la escritura, un momento importante es el de exponer las ponencias en el Auditorio. En ese marco, escuchar a los estudiantes exponer sus producciones fue algo más que evaluar una tarea escolar. De algún modo también fue escuchar a una generación pensando el mundo que está por venir. Vale la pena volver a sus voces como invitaciones a seguir pensando.

Más allá de la caja de Pandora

La caja de Pandora ya está abierta, y sería iluso desear que lo esparcido por el mundo vuelva a esconderse. Hay nuevos modos de leer, escribir y pensar que emergen y nos desafían. También hay nuevas preguntas que la escuela deberá responder: ¿qué significa aprender cuando hay información que aparece en segundos? o ¿qué lugar ocupa la duda, la espera, el error? Pero también hay, ante todo, circunstancias que no admiten concesiones: el saber que se construye en el encuentro, el lugar que ocupa la contemplación, la pausa activa, la actitud crítica frente al mundo.

Tal vez esa sea hoy la esperanza que quedó al fondo de la caja: que incluso entre tecnologías que vienen a revolucionarlo todo, el aula sigue siendo el espacio donde las preguntas importan más que las respuestas.

* Docentes de Lengua y Filosofía de los cursos de 6° año en la Escuela Secundaria "Domingo F. Sarmiento" de la UNNOBA.


Fotos: Lautaro Chiesa


Que el fuego no tape el bosque

Por Marcelo Maggio

Cada verano se inicia esa secuencia de noticias destinada al lamento y la indignación. Se nos cuenta la cantidad de hectáreas perdidas en cada incendio y en cada provincia. Se confunde un incendio con el siguiente y en algunos casos aparece la solidaridad y en otros la indiferencia. ¿Qué pasa con el bosque luego del fuego? ¿Podremos proteger los árboles, los bosques nativos y los ecosistemas?

Según los datos que reportó la Dirección Nacional de Manejo del Fuego, fueron afectadas por el fuego unas 300 mil hectáreas de bosque en todo el país en el año 2024. Y la cantidad de focos de incendio que se generan es cada vez mayor. Si bien las provincias de Córdoba y San Luis fueron las más perjudicadas en términos de superficie, los incendios padecidos por localidades como El Bolsón o en el Parque Nacional Lanín (ambos en la Patagonia), sin duda, fueron los que más alarma generaron, por su impacto social (700 familias evacuadas sólo en la localidad rionegrina) o por el valor ambiental puesto en riesgo (casi 20 mil hectáreas de destrucción total en el parque de la provincia de Neuquén).

Sierras Chicas, provincia de Córdoba (foto de Marcelo Martínez, La Voz del Interior).

Las causas múltiples y el manejo del fuego

Las causas de los incendios son múltiples: negligencia, uso inadecuado del fuego, urbanización sin planificación y efectos del cambio climático. Silvana Font, especialista en Gestión del Fuego e ingeniera forestal, residente en la localidad de San Martín de los Andes (Neuquén), señala: “El fuego está muy incorporado en nuestras vidas. El problema es cuando ese uso no es responsable y se da una convergencia de factores como material combustible, una chispa y condiciones climáticas propicias”. Tan incorporado que nos parece natural su presencia favorable: calefacción, cocción, hasta manejo de pastizales. “El tema es que esté bien usado. No podemos decir 'no fuego'. Esas campañas nos meten en problemas, porque el lema debe ser 'no incendio, no al fuego descontrolado'. Poder saber lo que hacemos cuando utilizamos el fuego”.

Para Font, la respuesta debe ser fomentar el compromiso local: “Estamos intentando pensar en un manejo integral del bosque. Cuando lo planificás, que no sea sólo para sacar madera, sino para ver el ordenamiento del recurso: está probado que es necesaria la participación social para generar un compromiso con las medidas que se vayan a tomar”. Trabajar a nivel municipio, barrial, en escalas pequeñas y ver lo que sucede en cada lugar. “Lo tiene que tomar la gente, porque hay mucho de autoprotección en esto, conocer los cuidados que hay que tener”.

Desde un punto de vista ecológico, Ana Cobas, ingeniera forestal, docente de la UNNOBA e investigadora del CONICET, comenta que hay especies adaptadas al fuego en sus ambientes naturales. Sin embargo, aclara: "Hoy vemos incendios en zonas donde las especies no están preparadas para resistir. Allí, el cambio climático aumenta las temperaturas y disminuye la humedad y el ecosistema no puede regenerarse sin intervención humana”.

Por otra parte, desde un punto social, es necesaria la planificación urbanística para evitar riesgos en la vida de las comunidades: "Si vas a planificar un pueblo o una ciudad en un medio agreste deberías preparar una cortina cortafuego", afirma Cobas. La idea del "cortafuegos" es simple, pero requiere mantenimiento, planificación, o ambas cosas a la vez: se trata de generar una barrera entre zonas con riesgo inflamable para impedir la propagación. Pueden ser barreras naturales, como una zona de piedras o de agua; artificiales, como un camino despejado de toda vegetación; o también verdes, aprovechando plantas y árboles muy resistentes al fuego, entre otras estrategias posibles.

Localidades como El Bolsón han sufrido el impacto del cambio climático de manera brutal (foto: www.rionegro.com.ar).

El día después: suelo degradado y ecosistemas en crisis

El impacto del fuego va más allá de la vegetación quemada. “Después del incendio, te encontrás con un ecosistema que perdió sus nutrientes, suelos erosionados y aire contaminado por partículas suspendidas”, explica Cobas. Además, muchas especies animales no logran escapar y mueren, o pierden su hábitat, generando una ruptura en el equilibrio ecológico.

La recuperación es posible, pero requiere estrategias claras. “Donde se pueda, hay que favorecer la restauración pasiva, sin intervenir. En otras zonas, es necesario proteger el área, evitar el ingreso de personas o animales, y monitorear la regeneración”, plantea Font, y brinda como ejemplo lo implementado en el caso del Valle Magdalena ubicado en el Parque Nacional Lanín.

El día después en el Parque Nacional Lanín (foto de Leonardo Ariel Casanova).

Sin embargo, el fuego puede ser pensado como parte de determinados ambientes, "ecosistemas donde los incendios son frecuentes y las especies están adaptadas, porque es su ambiente natural, lugares donde cada cierto tiempo hay un incendio, lugares desérticos o de alta temperatura”, revela Cobas. Sin embargo, “lo que nos estamos encontrando ahora son incendios, que pueden ser intencionales o no, donde hay especies y ecosistemas que no están preparados para que ocurran esos eventos”. 

¿Se trata del cambio climático?

—Sí. Hay zonas donde empezamos a tener más temperatura y menos humedad, como pasa en la Patagonia. Entonces nos encontramos con especies arbóreas que no están preparadas para resistir, para tener una estrategia que contenga la propagación o para salir de rebrote y volver a fortalecerse luego del incendio. Son especies que no pueden volver naturalmente al punto original y que necesitan una ayuda humana.

¿Cómo es "el día después" del incendio forestal?

—"El día después" del fuego te vas a encontrar con un ecosistema con materia orgánica eliminada y degradada. Y vas a perder árboles por la pérdida del soporte de la estructura del suelo. Entonces, habrá erosión. Además, habrá cambios en la temperatura del suelo, porque no se apaga y vuelve rápido a la temperatura que tenía antes. Va a seguir siendo un ambiente cálido. Además, está el impacto en el aire, porque se liberan una cantidad de partículas que llegan hasta cientos de kilómetros. Entonces, primero hay que esperar a que ese ecosistema vuelva a sus condiciones ambientales: que baje la temperatura, que tenga corriente de oxígeno y observar qué es lo que quedó. ¿Hay árboles en pie? ¿Qué condiciones tienen? El suelo, ¿cómo quedó? ¿Podemos intervenir con pasturas de la zona para favorecer la recuperación?

Entre la conservación y el uso productivo

Ambas especialistas coinciden en que los incendios también abren el debate sobre el uso del suelo. Mientras algunos sectores promueven convertir zonas afectadas en áreas productivas, las voces técnicas alertan sobre los riesgos de introducir especies exóticas inflamables, como el pino, que no sólo alteran la biodiversidad sino que agravan el riesgo de incendios futuros.

La prioridad debe ser conservar el bosque nativo y evitar que las especies invasoras ocupen ese nicho. No es sólo reforestar: se trata de recuperar la complejidad del ecosistema”, indica Cobas. Por su parte, Font subraya en relación a los parques y reservas, que “hay que evaluar en cada lugar qué hay que hacer, si cerrar o no. Cuando cerrás, lo mejor es que no se saque madera, que no entren animales, que no haya gente circulando, que no se pise el suelo para poder favorecer la restauración natural, la restauración pasiva”. Pero no es tan fácil donde existe gente viviendo en el bosque, porque “hay muchas más causas posibles y más combustible también. También aparece la amenaza real sobre la vida de la gente. Son problemáticas con mucha prensa cuando se está en plena crisis, pero que tendríamos que trabajar todo el año desde la prevención”.

Prácticas de reforestación en la provincia de Río Negro (foto: www.rionegro.com.ar).

Por otro lado, existe un manejo específico para el sector productivo de las plantaciones. Font indica que “una plantación sin gestión, es un riesgo; no es lo mismo que una forestación planificada con cortafuegos y manejo del combustible”.

Si bien las plantaciones están preparadas y planificadas con caminos cortafuego, requieren de un trabajo y vigilancia permanente de limpieza y desmalezamiento, para mantener libres y despejados los sectores clave en el caso de que ocurra un incendio. De todos modos, las especialistas aclaran que no se debe confundir una plantación de una sola especie con un bosque, ya que la biodiversidad de este último es algo totalmente diferente.

Para las plantaciones, y desde el punto de vista del “manejo del fuego”, lo que afecta es lo que no está gestionado, “como fue el caso de la localidad de Epuyén (Chubut), que tuvo plantaciones abandonadas, sin gestión, intercaladas entre la población”, recuerda Font. “Una plantación gestionada tiene un cuidado del entorno, pero una plantación abandonada es un riesgo por todo el material combustible que va quedando”, subraya. Además está el problema ecológico en ese abandono, porque esas especies no nativas resultan muy inflamables, como sucede con el pino: "Las especies exóticas pueden generar un incendio con un comportamiento muy virulento. En cambio, para las especies nativas el fuego puede formar parte de la dinámica del bosque”.

La doctora Ana Cobas agrega: “Hay árboles que están en ecosistemas en los que los incendios son frecuentes, por alta temperatura o falta de humedad. En esos casos los incendios se dan de manera natural y, por eso, la especie ya está preparada, por ejemplo con la resistencia de su corteza a la temperatura o el fuego”.

Las imágenes del incendio en el Parque Nacional Los Alerces recorrieron todo el país (foto: rosario3.com).

¿Y las políticas públicas?

“El bosque nativo viene siendo degradado y eliminado, de a poco —indica Cobas—. No es algo de este momento específico o del fuego. Se viene degradando desde hace décadas, por el cambio de uso del suelo. Se ha ido sacando bosque nativo para hacer plantaciones o ciudades durante décadas. Todo eso generó una modificación ambiental”.

Pese a que Argentina cuenta con la Ley de Bosques y la Ley de Manejo del Fuego, la falta de financiamiento y la centralización de decisiones limitan su impacto. Font advierte que “la prevención solo funciona si se articula a nivel local. En lugares como Merlo (San Luis), se han logrado acciones coordinadas entre bomberos, universidades y municipios que permiten una mejor gestión”.

Ambas expertas coinciden en que la universidad tiene un rol clave. “Es fundamental generar participación social. La gente tiene que apropiarse de la información para prevenir y también exigir planificación. No podemos pensar solo en el combate al fuego, sino en toda la gestión del recurso”, resume Font.

Reforestación en la provincia de Río Negro a cargo de organizaciones no gubernamentales (foto: www.rionegro.com.ar).

Menos Estado, más descontrol

En relación al ordenamiento legal que puede impactar para prevenir y detener los incendios forestales, se pueden destacar al menos tres leyes. En primer lugar, la Ley 26.737 (año 2011) con el título de “Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales”, conocida como "Ley de tierras". Esa ley consideraba la tierra como soberanía nacional bajo el argumento de ser un recurso no renovable, limitando para ello la posesión, explotación y titularidad para las personas extranjeras. La ley fue derogada por el decreto 70/23, conocido públicamente como “mega DNU”, emitido por Javier Milei apenas asumir su presidencia. En este sentido, fueron los vecinos de la localidad de El Bolsón quienes se expresaron categóricamente y quienes, luego de ser afectados por incendios, establecieron que el abandono de esta ley tenía directa relación con sus problemas. Este cambio legal, por ejemplo, habilita que grandes extensiones del territorio (sean limítrofes con otros países o contengan espejos de agua) puedan ser puestos a la venta a cualquier tipo de capital extranjero, poniendo en riesgo la integridad del territorio y su manejo responsable.

La segunda herramienta era la Ley 26.815 del “Sistema Federal de Manejo del Fuego” (año 2012). Esta ley establecía que la autoridad de aplicación para el manejo nacional de prevención de los incendios debía ser la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Sin embargo, en marzo de este año, el gobierno de Javier Milei traspasó la autoridad a la órbita del Ministerio de Seguridad. “Tenemos una Ley de Manejo del Fuego que quedó completamente congelada con la llegada de este Gobierno”, denuncian desde sectores ambientalistas. Según los datos de la Oficina de Presupuesto Nacional, del Ministerio de Economía, el presupuesto 2024 destinado al Sistema Federal de Manejo del Fuego fue subejecutado, hasta el punto que durante el primer trimestre del año pasado, estuvo paralizado, es decir con cero pesos.

El Sistema Federal de Manejo del Fuego tuvo presupuesto subejecutado. Las provincias enfrentaron los incendios con recursos propios con escaso apoyo de la Nación (foto: www.neuqueninforma.gob.ar).

En tercer lugar, está la Ley 26.331 de “Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos” (votada en el 2007), que tiene el objetivo de combatir la deforestación. Esta ley fue desarticulada al desarmarse su fideicomiso, esto es, el modo de acceder a los fondos y el financiamiento que pueden obtener las provincias que sufren esta problemática. Fueron casi 15 mil millones de pesos los que se recortaron y que estaban destinados a la protección de los bosques.

¿Cómo involucrarse en el problema desde nuestra región?

Aunque Junín o Pergamino no estén en zonas de riesgo extremo, el cuidado del arbolado urbano también forma parte de esta problemática. “Hoy hablamos de bosques urbanos, no solo de arbolado. Se trata de pensar qué servicio ecosistémico brinda cada árbol, su calidad, su espacio, su planificación”, señala Cobas, doctora en Ciencias Agrarias y Forestales. El bosque urbano llega como categoría que nos interpela de otra manera.

La concientización, la planificación de especies, el mantenimiento responsable, el uso de residuos vegetales para compostaje o leña, son algunas de las acciones posibles en el ámbito local. Y, sobre todo, el rol de la universidad pública como espacio de formación, investigación y acción concreta frente a los desafíos ambientales del presente, que implican no solo tomar conciencia sino también participación ciudadana.

En ciudades como Junín o Pergamino es necesario avanzar en un plan integral de manejo del bosque urbano (foto: Lautaro Chiesa).

Diseño: Laura Caturla

Fotos de portada externa e interna: Leonardo Ariel Casanova


Diseñar en un ambiente universitario

Por Marcelo Maggio

En la última Feria del Libro que se realizó en Junín una familia visitó el stand de la UNNOBA. Mientras el pequeño hijo se sentaba en el suelo para mirar los dibujos de Indiecito dormido, la madre mantenía la mirada atenta y aprovechaba para ojear Presente. Relatos de ex combatientes. Le gustaba la portada. Nada de esto vio el padre, que recorría con la cara pegada a las hojas, casi oliendo, cada una de las revistas científicas exhibidas. Le mostró un artículo al encargado del lugar y le preguntó algo. Cuando se fueron, habían comprado sólo un ejemplar, el que había pedido el hijo, pero dejaron la promesa de volver, más tranquilos, para mirar bien eso que ahí tenían y que no estaba en ningún otro lugar de la feria.

Esa escena, ese momento, abrió la inquietud por entrevistar al Centro de Edición y Diseño de la UNNOBA, que entre sus tareas tiene la de publicar esos libros y revistas y, también, la de tomar contacto con un público general en una feria. Un diálogo que pueda partir de esa experiencia editorial para preguntarnos por las incursiones, cada vez más exigentes, como las del mundo digital. Del libro en papel al libro electrónico, de la publicidad en un diario blanco y negro a una animación para Instagram, de pensar la identidad gráfica de una institución a la gigantografía de un edificio. Cambia la interfaz, ¿cómo se piensa desde el diseño?

Mer
María de las Mercedes Filpe, directora del CEDI desde su creación (año 2005). Es, también, directora del Instituto de Diseño e Investigación (IDI) y docente de Diseño en la UNNOBA.

Un camino de veinte años

El Centro de Edición y Diseño de la UNNOBA (CEDI) fue creado en 2005. Desde aquel año, María de las Mercedes Filpe es quien dirige el espacio. Ella recuerda que entre las primeras necesidades de la Universidad estaba la de “generar identidad y un posicionamiento en el territorio, darse a conocer en la comunidad”. Para lograrlo, hicieron un desarrollo de marca “en una época en la que todavía se usaba mucho el papel y la imprenta”.

La UNNOBA llevaba casi tres años de vida y la necesidad de comunicar con una identidad visual se imponía como un requisito. “Hicimos varios cambios en el desarrollo de marca hasta llegar a la actual —rememora Filpe—. En aquella época aún no teníamos la tarea de edición como una demanda presente, pero de todos modos lo incorporamos en el nombre de nuestra área, porque era algo que sabíamos que iba a venir con el tiempo”. Una universidad que recién nacía no tenía una masa crítica de material para publicar, pero luego de los primeros años apareció esa demanda.

Cristian Rava es coordinador del CEDI y docente de Diseño en la UNNOBA. Respecto las tareas de edición, destaca: “Con el CEDI integramos desde el año 2012 la Red de Editoriales Universitarias (REUN), donde participan todas las universidades que tienen editorial”. En el marco de esta red, la UNNOBA fue seleccionada para colaborar en diversos proyectos. Rava destaca la asignación al CEDI para la tarea de la Colección Malvinas Argentinas: “Se trataba de producir el diseño de una colección completa, un material luego publicado por UNLP, UBA, UNC, entre otras. Como la REUN es una red colaborativa, nuestra tarea estuvo centrada en el diseño; éramos la única editorial con la totalidad de diseñadores en el equipo”.

Exterior del Salón de Usos Múltiples "Ministro Mario Meoni" UNNOBA, en momentos de la realización de la Feria del Libro 2024 de Junín.

El libro

Este año se realizó la Feria del Libro número veinte en Junín. Pergamino relanzó la feria en un nuevo espacio. En todos los casos el CEDI tuvo participación. Incluso los libros de la UNNOBA están presentes en los stands de todo el país gracias a la REUN. ¿Qué pasa cuando el público general toma contacto con una editorial universitaria?

Mercedes Filpe—Tratamos de tener una participación activa para todas las escalas de feria, sean la feria de Buenos Aires, Pergamino o Junín. Es importante estar en las ferias porque muchas veces va un público que no va a librerías, van las familias, y el libro puede hacer otro recorrido. La Feria del Libro de Buenos Aires es una de las más importantes de la región, por la que pasan miles de personas por día, con público escolar y general, y ahí hemos presentado muchos de nuestros libros y hasta nuestras revistas académicas. Lo primero que advertís en un espacio así son las ventas, porque libros como Indiecito dormido (Atahualpa Yupanqui, 2017) o Presente. Relatos de excombatientes (2012) se mueven y uno se pregunta los motivos. Pero eso creo que pasa con todos los libros, como si siempre estuviera esa media naranja que falta, ese destinatario objetivo para cada título.

Cristian Rava—La importancia de tener un stand en una feria también implica la visibilidad. Hay gente que puede conocer EUDEBA (la editorial de la Universidad de Buenos Aires), pero quizás desconocen que la UNNOBA tiene una editorial. Otros, en cambio, quienes ya nos conocen, pasan y preguntan “¿qué tienen ahora?”, o nos piden libros de otras editoriales universitarias. Creo que año tras año damos un pasito más hacia adelante en posicionar la editorial universitaria.

Stand del CEDI en la última Feria del Libro de Junín.

¿Cómo se piensa el contenido a publicar para la editorial, lo que se denomina la curaduría? ¿Hay convocatorias, concursos, pedidos de áreas de la universidad, iniciativas propias?

MF—Fuimos cambiando la dinámica a lo largo del tiempo. Al principio teníamos que salir a buscar a alguien que se anime a publicar. Buscamos dar un impulso con la revista Núcleos para abrir el campo a los investigadores, una revista abierta a todas las áreas que generó un panorama interesante. Después decidimos lanzar convocatorias, hasta llegar a la actualidad en que nos encontramos superados en la demanda, de modo que no estamos publicando todas propuestas que nos llegan. En parte nos estamos acotando a partir de la crisis de recursos que tiene la universidad. Hay costos de producción que van más allá de si un producto es digital o en papel. El recurso humano siempre tiene que estar y eso hay que tenerlo presente.

¿Un texto analógico y otro digital?

¿Cómo piensan el diseño de textos en una cultura que se va reconvirtiendo cada vez más al consumo de lo visual a partir de la digitalización? ¿Es necesario pensar los textos y la comunicación de otra manera?

MF—Nuestra formación disciplinar hace que pensemos a los textos como imagen, siempre fue así. Después esa imagen, que es un texto, puede ser estática, dinámica, tener distintos contrastes, jugar con ilustraciones o con cuadros. Pero siempre el bloque de texto es una imagen. El texto es comunicación más allá del signo letra. Para nosotros la letra es una forma que cumple una función dentro de un texto, pero también es una imagen. Esa imagen, depende del campo en el que juegue, se trabaja de una manera o de otra.

CR—Está el ejemplo de la revista Núcleos. Estamos acostumbrados a ver revistas de divulgación científica muy básicas en cuanto al diseño. Cuando llevamos el primer número de Núcleos a una reunión con otras universidades nos preguntaban si era una revista científica. Creemos que esta revista tiene un plus, que es el diseño.

Cristian Rava, coordinador del CEDI y docente de Diseño en la UNNOBA.

Más allá del usuario y sus demandas

¿Se encuentran con otras demandas sobre el diseño, nuevas exigencias? Tal vez el nuevo escenario de usuarios cada vez más participativos y que producen contenidos para las redes sociales genera nuevas miradas o sensibilidades.

MF—Ezio Manzini, que es el autor más prestigioso que tenemos en este momento a nivel internacional, publicó un libro titulado Cuando todos diseñan (2019). Ya el nombre lo dice: hoy cualquier persona genera contenido para su red social y para eso tuvo que saber qué imagen elegir, cómo la utiliza, experimentar; pero ese usuario sigue siendo un explorador. Está bien que convivan las publicaciones domésticas con las profesionales en las redes, es como cuando alguien va a un taller de plástica y pinta, ¿eso te convierte en Picasso? No, pero está muy bien. Entonces aunque cambien los escenarios y los soportes, sigue sin cambiar lo sustancial. Cuando todos diseñan es eso, todos pueden escribir poesía también, es algo que fluye. Es más, es interesante que un usuario de redes pueda desarrollar su sensibilidad, su estética, encontrar lo que le gusta, es como una nueva puerta que se está abriendo.

CR—Las redes sociales como Instagram mejoraron mucho a sus usuarios en relación a la calidad de imágenes a utilizar. Ese es un aspecto. Por otro lado, los encasilló y todos empezaron a publicar lo mismo, con el mismo patrón. Que todos se acostumbren a hacer lo mismo es un problema, se copia un modelo y falta lo disruptivo. Creo que en esa labor estamos los que venimos del diseño. Y en el caso de Canva o las plataformas de inteligencia artificial también se maneja lo estandarizado, ¿dónde está el contexto? No lo hay, es un vacío, pura repetición de patrones.

Mercedes Filpe en la presentación de la revista DIS, una publicación impulsada por el Instituto de Diseño e Investigación (IDI) de la UNNOBA.

Sin embargo, incluso teniendo en cuenta estos problemas, ¿no podemos pensar que estos usuarios podrían ser más exigentes?

MF—Claro, se va desarrollado una sensibilidad estética que puede ver sobre todo en el armado y en las producciones que estos usuarios hacen visibles. Por eso la nuestra es una profesión en la que todos opinan, todos saben y son “expertos”, pero esos condicionamientos desde la demanda siempre los tuvimos.

¿Cómo resuelven la convivencia de las nuevas demandas digitales con las tradicionales, denominadas "analógicas" o materiales?

MF—Nosotros siempre partimos de defender la idea de sistema, la unidad en la diferencia. Para nosotros es lo mismo tener que amalgamar diferentes colecciones de libros, una señalética de un edificio o publicaciones para una red social. Partimos del concepto de la sistematicidad orgánica de una marca, que después se va ampliando a una base enorme de un sistema marcario que funciona tanto en digital como en analógico. Por supuesto que hay demandas particularmente analógicas, como una gigantografía para un edificio, donde juegan otras variables que no aparecen en un posteo, como el volumen, el peso, las sombras, el sol. Pero desde el diseño todo esto convive siempre: hay que saber generar algo analógico a veinte metros de altura contemplando la separación con la pared y la seguridad personal, hasta una tarjeta de fin de año que circula por WhatsApp.

Sala del Consejo Superior de la UNNOBA, Sede Pergamino. Homenaje al presidente Arturo Umberto Illia.

Libro electrónico

Ustedes están incorporando cada vez más publicaciones digitales en formato de libro electrónico. ¿Cómo se define un libro electrónico?

CR—La primer respuesta sería por la negativa: no es un PDF. Cuando vos mandás a imprimir un libro mandás un archivo PDF, sí, pero ese archivo tiene una cantidad de características para que la imprenta lo pueda transformar en un formato analógico. Si vos publicás en digital cambian esas características, aunque el soporte pueda ser el mismo. En digital hay variables como el reconocimiento de las tipografías, la compatibilidad con los dispositivos, la luminosidad del fondo respecto del texto. Por ejemplo, están quienes prefieren leer desde una pantalla de computadora, también quienes eligen dispositivos específicos, como el ebook-reader, o quienes leen con pantalla negra y tipografía blanca, o quienes leen online. Por lo tanto, el mundo del diseño digital tiene cada vez más aristas que evaluar y nuestro desafío es pasar ese documento de texto que nos llega, ese original, hacia algo digital que se siga viendo como si fuera papel, con la posibilidad del descanso entre líneas, con espacios blancos, con un manejo de la imagen. El desafío de lo digital es que al correrse los límites hay que pensar muy bien todas esas características.

MF—Creo que podemos volver al inicio de la charla: para nosotros el texto es imagen. Entonces es imagen tanto en papel como en digital. Hay características en la terminación física de los libros que hacen que el libro comunique y se convierta en un objeto de comunicación. En lo digital pasa lo mismo, también es un objeto de comunicación: no es que por ser algo virtual ya no comunica. Por lo tanto hay que cuidar todos sus elementos y características en el diseño.

¿Qué pasa con la información que ya no está por ese pasaje del objeto físico al digital? Por ejemplo en un libro todo lo que transmite una tapa, la contratapa, el volumen del objeto.

MF—No es pérdida, es transformación.

CR—Quienes mantienen una experiencia de lectura saben que determinadas características pueden traer limitaciones. El papel blanco cansa la vista, lo sabemos. Un fondo blanco en la pantalla, también cansa. Entonces, ¿qué podemos hacer? Bueno, hay que darle otra tonalidad al fondo, como emular el papel, o bajar el tono negro de la tipografía para disminuir el contraste. Hay una gran cantidad de posibilidades que se ofrecen, aunque no siempre se pueda explorar todo a fondo, porque también existen tiempos de entrega marcados por la dinámica de trabajo.

Muestra anual de las carreras de Diseño de la UNNOBA.

Publicar la ciencia en la web

Ustedes mencionaban Núcleos. En relación a las revistas, resulta interesante cómo está cambiando el concepto de los tiempos de recepción y publicación, por ejemplo mediante una metodología abierta durante todo el año, algo que ha llegado gracias a la web.

CR—Hay una plataforma que implementó el Conicet que es la que nos permite eso a las universidades. Se llama Open Journal Systems (OJS). No podemos publicar la revista en un sitio web cualquiera, tiene que ser utilizando este sistema, muy complejo y que contempla todas las instancias, desde autoría y revisión hasta corrección y publicación. Cada uno que ingresa, carga y realiza sus tareas, y todo el proceso se puede resolver en menos de un mes. Todos pueden trabajar dentro de la misma plataforma, se puede avanzar y resolver toda la publicación de un modo eficaz. ¿Qué es lo que no se contempla? La parte de diseño. Por eso tuvimos una charla con la gente del Conicet para mejorar la plataforma en este sentido, porque el diseño no está.

Diseñar en tiempos de crisis

¿Qué desafíos tiene el CEDI de cara al futuro?

MF—Somos un área especial, porque trabajamos mucho por los pedidos que nos hacen y en ese sentido el margen de decisión es limitado. A la vez sabemos que somos una herramienta que le da visibilidad a la Universidad. Nos gustaría que, en función de esa importancia que cobra el trabajo una vez realizado, podamos contar con un crecimiento acorde. Hemos logrado avanzar en el posicionamiento de marca, en la implementación de un sistema, y luego pasarlo a las redes. Nos está faltando poder dedicarle todos los recursos necesarios al área editorial.

CR—Esperamos siempre los tiempos institucionales para dar los pasos; por ejemplo nos ha pasado de presentar proyectos sobre los que nos dijeron que sí pero que no era el momento. Eso hay que entenderlo, no tenemos que tener la ansiedad de querer hacer todo cuando surge la idea y comprender los tiempos de la Universidad.


Juicio por jurados: el ámbito de litigio más exigente

Por Marcelo Maggio

Los juicios por jurados son desde siempre uno de los temas favoritos del cine y de los públicos. Escenas, debates y conflictos que se nos muestran en la distancia de la ficción. Sin embargo, ¿tienen algo que ver con la realidad que vivimos como ciudadanos? ¿Qué tanto se implementan? Y los profesionales que intervienen, ¿serán como ese protagonista de la serie que tanto nos gustó?

Lejos de las pantallas, el ejercicio de la oratoria aparece hoy como una destreza que estudiantes de derecho de todo el país preparan, no sólo para enfrentarse en un concurso nacional sino, fundamentalmente, para su futuro ejercicio profesional.

Desde el Seminario de Litigación Oral que se dicta en la carrera de Abogacía de la UNNOBA se organizan y capacitan equipos de estudiantes que participan todos los años en este concurso. Uno de los responsables del seminario es Pablo Santamarina, docente y fiscal provincial, quien destaca el aspecto formativo que tienen estos concursos, “porque el litigio se aprende litigando”. Este año el desafío es doble para la UNNOBA, porque además de aportar su equipo para competir, también será la universidad sede, en la ciudad de Pergamino.

“Uno de los puntos más fuertes del concurso es la participación en sí —indica Santamarina—, porque no sólo importa ganar o ver cómo litigan los otros, sino que hay una instancia social muy fuerte, y que resulta difícil de apreciar en toda su dimensión por todo lo que aporta al aprendizaje de los estudiantes”.

El Concurso Nacional Universitario de Litigación Penal es una competencia en la que participan universidades públicas y privadas de todo el país y de la región. Más de treinta universidades y cuatrocientas personas entre estudiantes y docentes estarán una semana en la UNNOBA para la etapa presencial del evento, a desarrollarse del 4 al 8 de noviembre.

Equipo UNNOBA de estudiantes de Litigación oral.

El docente destaca que “desde la creación del seminario, en 2015, nunca se dejó de participar”. Y elogia los resultados: “Los estudiantes serán mejores litigantes que nosotros, porque inmediatamente adquieren la lógica y las herramientas”. Aunque también hay dificultades a resolver. Señala que todo lo relacionado con la lectura, esos “problemas que se arrastran de los niveles de formación anterior y que no les ayuda al momento de comunicar”.

En relación a la organización del concurso, la idea nació del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP) para hacer un concurso nacional en distintas sedes. La UNNOBA repetirá este año como anfitriona (la anterior experiencia en nuestra Universidad había sido en 2016, en la sede Junín), ya que “estaba previsto hacerlo en Salta y por las dificultades económicas del traslado se buscó una zona central del país”.

El seminario

El seminario de Litigación Oral nace en 2015 como un espacio de formación optativa. Pero rápidamente se toman en cuenta las indicaciones del Ministerio de Educación de la Nación y pasa a ser obligatorio para todos los estudiantes de abogacía de la UNNOBA. “El formato de litigación oral sirve para todo tipo de casos, sean civiles o penales”, detalla Santamarina. En la actualidad está orientado a lo penal porque la Justicia argentina así lo requiere. El profesor aclara que “ya llegará a lo civil, porque esa es la tendencia mundial, en la cual la escritura para resolver conflictos está pasando a un segundo plano”.

En relación a sus integrantes, al comienzo eran sólo dos profesores: Pablo Santamarina y Estanislao Carricart. Al poco tiempo se comenzaron a sumar estudiantes y graduados de la UNNOBA, como Juliana Monguillot. “Ella fue alumna nuestra, entró por concurso universitario para ser docente del seminario, y ahora es la encargada de la preparación de los equipos; incluso este año va a ser evaluadora en el concurso”, cuenta. Y este año se sumó también Florencia Zandrino, junto a un equipo de alumnos ayudantes. “Es algo que va creciendo dentro de la propia UNNOBA —relata Santamarina— porque son los propios graduados y estudiantes quienes se encargan de la preparación de lo que viene. Éramos sólo dos profesores, con una materia nueva y con una perspectiva experimental”.

Concursar en un juicio

Los estudiantes se entrenan para competir en este tipo de concurso nacional. En primer lugar, considerando que “las herramientas de litigación son neutras, es decir, que para todos los casos son las mismas”. Segundo, estudiando los casos que reciben desde INECIP y sobre los que trabajarán con mayor detalle y en los cuales tendrán que asumir roles de defensa o acusación.

Una de las habilidades requeridas en los simulacros es la presentación clara de las pruebas y explicaciones de los hechos.

Los tres primeros días (lunes, martes y miércoles) afrontan un caso diferente por día y de ahí se eligen a los equipos que clasifican para la etapa final, en la que aparece el cuarto caso. “Por lo general se aborda la realidad en términos de actualidad, por ejemplo violencia de género, institucional, o vulnerabilidad. Entonces, desde el seminario se ayuda a los estudiantes a preparar el litigio del caso”, dice Santamarina.

El INECIP capacita todos los años a representantes de las universidades para que sean evaluadores y otorguen puntaje a cada universidad. Además, estos evaluadores “realizan una devolución a los equipos que compiten, indicando lo que han visto mediante una actividad pedagógica sólida, que es uno de los valores más importantes que tiene el concurso". "No importa sólo el puntaje, sino también la devolución”, destaca el profesor.

Juliana Monguillot, graduada de la UNNOBA, ahora es parte del jurado del concurso.

Juliana Monguillot representó a la UNNOBA como litigante en los Concursos de Litigación Universitarios en los años 2017 y 2018, luego como entrenadora del equipo entre 2019 y 2023, y este año será integrante del Comité Evaluador junto a otros catorce docentes de distintas universidades del país. La docente rememora: “Participar del Concurso cuando era estudiante me permitió poner en práctica los conocimientos que fui adquiriendo durante las distintas materias de derecho penal, especialmente en la etapa de juicio y así confirmar mi gusto por esta rama del derecho”.

“El paso por los concursos, además, me incentivó a seguir estudiando y a capacitarme en litigación —destaca Monguillot—, conocimientos que pude aplicar durante mis prácticas estudiantiles en el Ministerio Público Fiscal, lugar donde actualmente trabajo, tanto en la etapa de instrucción como también en la de juicio, especialmente en los juicios por jurados”. Además, resalta que entre sus roles está el de asistir al Cuerpo de Juicio para su preparación y también al fiscal en el debate oral. Y agrega: “Desde mi rol docente en la Universidad, también colaboro con el entrenamiento de los alumnos interesados en los concursos”.

Feliciano Larrivieri participó como estudiante en este tipo de concurso de litigación en 2023. Valora especialmente la experiencia: “Durante la competencia se genera un sentimiento de hermandad y compañerismo que es muy lindo de vivir. Se genera cierta tensión con la que uno tiene que lidiar en un escenario de simulacro, algo que también te forja como profesional”. Este año volverá a formar parte del equipo de la UNNOBA.

Grupo de finalistas del VIII Concurso Nacional, edición 2016, sede Junín de la UNNOBA.

El sistema de jurados en Argentina

Pablo Santamarina fue atravesando las reformas y los cambios introducidos a la Justicia en estos últimos años de democracia. Desde su doble rol, como docente y  fiscal provincial, afirma que el sistema de juicio por jurados llegó para quedarse: “Hay un camino trazado en esa dirección, sin vuelta atrás”.

—Hay una implementación paulatina de la resolución oral en la Justicia, pero ¿sucede lo mismo con los jurados?

—El sistema oral existe, en la provincia de Buenos Aires donde soy fiscal, desde fines de la década del 90. Se puede llevar a cabo ante jueces profesionales. Una primera diferencia es que cuando litigás ante un jurado que no conoce el caso, lo tenés que persuadir, hablar claro, presentar el caso de manera coherente, por lo tanto el nivel de exigencia es superior. Se trata ,sin dudas, del ámbito de litigio más exigente: persuadir a un jurado. En la provincia de Buenos Aires se implementó en el año 2015. Así se dio cumplimiento a un mandato constitucional y fue una forma de acercar el sistema judicial a la gente. A partir de los buenos resultados que se obtuvieron desde el 2015, muchas otras provincias se fueron sumando, se ha ido extendiendo tanto que hoy es imprescindible dentro de la formación de un profesional conocer cómo litigar en este ámbito, incluso en el ámbito civil.

—¿Qué herramientas tiene que manejar el profesional del derecho para desempeñarse en la oralidad?

—Primero, tiene que olvidarse de muchas cosas que forman parte de su saber, como hablar con términos en latín, porque es un lenguaje que nadie entiende: el gran desafío es hablar claro. Para eso, por ejemplo, hay que leer mucho todo tipo de textos que no tengan que ver con el derecho. Además, hay herramientas básicas para la presentación del caso y la formulación de las preguntas que, aunque no son difíciles de aprender, sí requieren de mucha práctica. Lo fundamental es cambiar una actitud o vicio de complejizar cosas que son simples, para así lograr convencer a alguien que no es abogado.

Pablo Santamarina es uno de los creadores del seminario de Litigación Oral. Como docente destaca el aspecto formativo que tienen estos concursos.

—¿Qué ventajas tiene para la sociedad la introducción de la oralidad y de los jurados?

—Varias. La primera es que el poder lo tiene la gente. Ante un jurado, si querés que alguien vaya preso, tenés que llevar las pruebas y es la ciudadanía la que le otorga, o no, el poder de decidir a un juez. La segunda gran ventaja es que nos obliga a ser más claros, entendibles y por lo tanto, transparentes. Esos son dos pilares fundamentales: poder y transparencia.

—En tu trabajo como fiscal, ¿te desempeñás en juicios orales?

—Sí, trabajo en juicios por jurados y en juicios orales ante jueces técnicos. Lo que se ve es que la calidad del litigio y de la preparación del caso es muy superior ante un jurado.

—¿Cómo se determina si un juicio amerita ir ante un jurado?

—En la provincia de Buenos Aires, los casos que tienen una pena de 15 o más años, en principio, van a jurado, siempre y cuando el imputado y su defensor no prefieran ir ante jueces técnicos. En otras provincias no existe la posibilidad de elegir. Las provincias han elegido empezar con los casos más graves para ir extendiendo de a poco su implementación. Por ejemplo, el proyecto de ley que se está preparando ahora desde la Nación, establece que sea para penas de 6 o más años y, si eso llegara a votarse, serían muchos más los casos en acceder al jurado. Ese proyecto de ley lo estamos estudiando algunos grupos y preparamos una devolución con algunos cambios.

Equipo de la UNNOBA en el concurso del año 2023.

—A partir de la pandemia o de casos mediáticos, hemos visto testimonios de testigos o de acusados mediante sistema de teleconferencia. ¿Qué pasa con la virtualidad y el litigio oral?

—Un juicio no se puede hacer de manera virtual. Sí se pueden tomar algunos testimonios específicos, como de alguien que esté en otro país, o realizar una consulta a un perito que esté a una distancia considerable, pero la oralidad y la virtualidad no van de la mano. Los juicios orales son, por definición, presenciales; lo que sí pueden haber son excepciones dentro del juicio. Esto se explica porque muchas de las bondades que hay en lo inmediato de lo presencial se pierden y así baja la calidad del interrogatorio y, por lo tanto, del juicio.

—Los estudiantes que ustedes van formando en litigación oral serán profesionales que dispondrán de esas herramientas para trabajar, pero ¿qué pasa con quienes se han formado en la lógica del escrito y aún están trabajando en el sistema?

—Se tuvo que empezar a desarrollar una oferta de cursos y diplomaturas de posgrado para estos profesionales, un espacio de capacitación que está creciendo, porque hay que contemplar a quienes no tuvieron este tipo de contenidos y saberes en la etapa de su formación.

La dimensión práctica de los simulacros requiere el uso de instalaciones y recursos de diverso tipo.

Escuelas e institutos

—Una de las prácticas más interesantes, y que debe tener otro tipo de desafíos, es lo que ustedes realizan desde el seminario en las escuelas secundarias. ¿Cómo es ese proyecto y por qué lo hacen?

—Se trata de un proyecto de extensión universitaria que surge como una necesidad que advertimos junto a (Estanislao) Carricart y a Pablo Petraglia (director de la Escuela de Ciencias Económicas y Jurídicas), cuando pensamos en lo poco que se conoce del juicio por jurados en la sociedad. Y la preocupación venía, sobre todo, al tener en cuenta que es un sistema que rige en doce provincias argentinas en las que vive el setenta por ciento de nuestra población. Por lo tanto esas personas pueden formar parte de un jurado o pueden ser juzgadas por un jurado. En consecuencia pensamos en la manera de mostrar el funcionamiento de este tipo de juicios. Así fue que presentamos un proyecto de extensión, aceptado hace dos años.

—¿Lo hacen con estudiantes del seminario?

—Sí, junto a estudiantes del Seminario de Litigación hacemos simulacros de juicio por jurado en las entidades que nos invitan. Por ejemplo, si es una escuela secundaria, son los alumnos los que forman el jurado y tratamos de que los casos tengan actualidad y vigencia. Y nuestros estudiantes son fiscales, defensores, acusados e incluso a veces jueces, así no se les adelanta nada del caso. Se hace un simulacro, una actividad de dos horas y media y son ellos, como jurado, quienes deciden. Después hablamos sobre qué les pareció la experiencia y les comentamos más sobre el funcionamiento del sistema. Lo hemos hecho en escuelas secundarias de Pergamino y de Junín y con la Secundaria “Domingo F. Sarmiento” de la UNNOBA. También hemos estado con la escuela de policía y terciarios de la región. Para estas tareas se ha sumado, de una manera fundamental, el equipo de Litigación Pergamino, un grupo de profesionales locales preocupados y ocupados por mejorar la litigación en nuestro departamento judicial.

Santamarina finaliza destacando algo que permite a la universidad seguir creciendo: “Este tipo de propuestas nos permite mostrar lo que es la UNNOBA y su nivel universitario a la sociedad”.


Diseño: Laura Caturla


¿Enseñar con inteligencia artificial?

Por Marcelo Maggio

¿Cómo enfrentará el sistema educativo los desafíos que le presenta la inteligencia artificial (IA) generativa? ChatGPT, Copilot, Gemini, son sólo algunas de las herramientas más difundidas que, a la vez que masifican su uso, permean en las aulas a gran velocidad.

Con cada nueva capa de tecnología digital se introduce un renovado desafío para la educación. Desde poder pensar la existencia misma de una computadora dentro del aula, pasando por la conectividad a la red de redes, el uso indiscriminado del “dios Google” o la recurrente Wikipedia como la fuente de todos los trabajos prácticos. Sin embargo, hoy parece que el monstruo que emerge del océano es bien diferente a todos los anteriores. Por eso la respuesta no demora y ya se están pensado pedagogías que contemplan nuevas prácticas y que incluyen a la inteligencia artificial, que pareciera extender su sombra como una amenaza de extinción por toda la geografía donde pase.

La inteligencia artificial generativa puede producir "cosas”, ya sean textos coherentes como hace ChatGPT, u otro tipo de contenidos como imágenes, audio, video, presentaciones de diapositivas, programas, diseños web, recetas de cocina… desde las plataformas que van surgiendo a medida que el negocio lo promete. Este nuevo paradigma de aprendizaje, el generativo, para el caso del lenguaje se “entrena” mediante la ausencia de palabras y realiza predicciones sin la participación de un humano que le indique cuál es el significado o qué debe hacer con ese tipo de información.

Algunos intelectuales, como el filósofo Diego Levis no dudaron en plantear sus críticas desde el inicio: “Hace muchos años que los sistemas informáticos avanzados («inteligencia artificial») participan activamente en nuestras vidas aunque su expansión ha sido inicialmente imperceptible”. El problema, la crítica, posa en su implementación actual, ya que "son utilizados para influir, condicionar y dirigir de un modo sofisticado y casi imperceptible nuestros gustos y nuestros deseos, ideas y comportamientos”.

Es por eso que desde las instituciones educativas se está pensando en dar respuesta a los nuevos desafíos. ¿Qué hacer, dejarse llevar por la ola? Alejandro González es docente en el seminario “Inteligencia artificial y educación: análisis crítico y propuestas en educación superior” de la Maestría en Docencia Universitaria de la UNNOBA. Este profesor afirma que “los estudiantes ya están usando la IA, para estudiar y para hacer tareas, y por eso es necesario mantener el poder de decisión y de crítica, para no creer que todo lo que te responde es la verdad absoluta”. En 2023 desde The  New York Times se advertía sobre una de estas aristas: “La inteligencia artificial a veces alucina, es decir, inventa cosas. Y estos errores pueden ser simplemente decepcionantes o, por el contrario, tener consecuencias devastadoras para algunas personas”. (Elda Cantú, en el sitio de Diego Levis aquí).

En esta entrevista, el responsable del área de Educación a Distancia de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) parte de pensar la tecnología educativa desde una línea histórica general, que puede iniciar en el libro en papel y seguir hasta los medios masivos tradicionales. Sin embargo, González enfatiza en la necesidad de hacer foco en lo digital: “Incluimos todas las tecnologías, pero puntualmente la digital, pensada en la relación que se da con los procesos educativos. En este sentido, la irrupción de la inteligencia artificial generativa es la tecnología que está siendo más analizada, probada y puesta en perspectiva desde el año pasado”.

Frente a la dicotomía “amenaza o revolución”, que impondría la nueva inteligencia artificial sobre la educación, González plantea que hay que asumir que estamos ante "una tensión permanente” y no frente a una dicotomía.

Las tecnologías del conocimiento vigentes no tendrían por qué sentirse amenazadas sino que habría que encontrar su nuevo lugar en un escenario reconfigurado. “Todas las tecnologías de la educación forman parte de lo que la persona utiliza para aprender, y hay que identificar que son distintas. Podemos elegir un libro y preguntarle a la inteligencia artificial cuál es la idea principal del autor, y quedarnos con eso. Pero la experiencia de leer el libro completo no la puede reemplazar, y mucho menos esa fascinación de tenerlo en la mano, por ejemplo”, asegura González, magíster en Tecnología Informática Aplicada a la Educación.

Desde su experiencia como docente, González advierte algo que podría pasar inadvertido pero que en un proceso histórico puede tener consecuencias diversas: “Hay una tendencia a la virtualización de los objetos. Esto es parte de algo más profundo, que tiene que ver con cómo el mundo imagina su futuro”.

La problemática excede al debate educativo, pero dentro de su esfera aparece con claridad con el avance de los "entornos digitales", y se la puede pensar en los términos más amplios de un nuevo estatus del régimen de la materialidad y el mundo de las cosas.

González es docente de grado y posgrado en diversas universidades, y afirma que en sus cursos se ponen “todas las tecnologías sobre la mesa y ahí es cuando aparece lo interesante”, mediante esa interacción con las tecnologías. “Más allá de la posición de cada uno, tratamos de que se pueda comprender qué es una tecnología digital y qué está reemplazando y, sobre todo, si ese reemplazo es el más adecuado, o no, para el proceso educativo”.

Tecnologías educativas, un camino

La tecnología digital educativa tiene su recorrido y los desafíos no comenzaron con ChatGPT. González rememora: “Cuando en los 80 aparecían las primeras computadoras, y se hablaba de la computadora en el aula, parecía algo imposible. Luego hubo una primera impronta en los 90, que fue marcada por internet y su apertura para mejorar la comunicación y distribuir la información. La educación a distancia permite entenderlo mejor, porque fue la primera forma que tuvo la educación de incorporar estas tecnologías, porque las necesitaba, desde el momento cero, cuando se deja de pensar en revistas, fascículos o televisión y se empieza a pensar en que hay otro medio para distribuir el conocimiento”.

Estos antecedentes desembocan en lo que se conocen como entornos virtuales de enseñanza aprendizaje, un espacio réplica del aula física denominado “aula virtual”. Desde los años dos mil, aparece el híbrido, el aula que va más allá de las cuatro paredes gracias a las nuevas tecnologías. Internet y la computadora en el aula van llegando al aula gracias a programas como fue Conectar Igualdad en Argentina (2010). Y también el debate sobre el uso de las redes sociales con fines educativos (2015).

Un recorrido que llega hasta la pandemia y ahí se pone a prueba. “En la pandemia se produce un quiebre —afirma González— porque la hibridación que faltaba era la videoconferencia. Lo que termina de hacer esta aparición es dar cuenta de que hay otra manera de enseñar y que no es teniendo al alumno dentro del aula, algo que no era una novedad, pero que no se hacía por falta de aceptación”. La necesidad llevaba a la herejía.

La no aceptación es parte de la dinámica habitual de los procesos educativos, porque son procesos lentos, y fue necesaria una situación extrema como la pandemia”, reflexiona. Y agrega: “Aunque hubo retrocesos, la tecnología sigue avanzando, es inevitable, y el hito que viene ahora es la inteligencia artificial generativa”. Por eso, “es un buen recurso para pensar qué tecnologías elegir y qué formas de trabajo hay que dejar atrás”. “Este cambio de lo que requiere es mucha planificación y preguntarse para qué, cuáles son las necesidades y qué tecnologías se utilizan”, sintetiza González.

Preguntarnos cómo funciona

Muchas veces las tecnologías emergentes se introducen en el aula casi por la ventana, porque ya se usan o porque todos hablan de eso. ¿Cómo enfocar este problema desde instituciones que tienen lógicas distintas a la del mercado?

—Pensando en el seminario de la maestría, lo primero que tratamos de hacer es plantear que debemos entender cómo funciona. Como con cualquier tecnología, para saber manejarla hay que saber cómo funciona. La segunda vuelta es probarla, empezar a usarla y ver para qué sirve. Recién después podés pasar al plano de la planificación didáctica. ¿Creemos que se puede usar tecnología de inteligencia artificial generativa en el aula? Sí. Pero lo que necesitamos es que la prueben y la usen primero los docentes. Por ejemplo, hay que saber preguntarle y repreguntarle a una IA. Esa es una parte del seminario. La otra parte es la cuestión ética, no sólo los problemas típicos que preocupan a la docencia, como la copia y el plagio, sino acerca del contenido y las ideas que se introducen, porque debemos pensar en quiénes entrenaron a esa IA y con qué material. Si uno puede interpretar que hay un sesgo, volverá a preguntar y hacerla responder de otra manera. Es el mismo sesgo que tenemos nosotros, claro, porque es algo creado por humanos.

Alejandro González destaca que es un tema preocupante relacionado con los usos de la inteligencia artificial generativa y que por eso intentan abordarlo puntualmente en el seminario de posgrado, “para poder pensar actividades que enseñen a los estudiantes un buen uso de la IA”.

“Lo planteamos de este modo porque sabemos que los estudiantes ya están usando la IA, para estudiar y para hacer sus tareas. Por eso destacamos que es necesario mantener el poder de decisión y de crítica, para no creer que todo lo que responde la IA es una verdad absoluta”, afirma. Y en este sentido les insiste a sus colegas docentes: “El mayor problema que podemos encontrar es el uso indiscriminado, que lamentablemente va a pasar, como pasa con las redes sociales, el mal uso. Somos los docentes quienes podemos resolver estos problemas, no queda otra”.

¿Por qué se está hablando de una alfabetización digital? A inicios del siglo XX la alfabetización era un concepto centrado en la lectoescritura. Sin embargo en la actualidad se plantea que esta nueva capa tecnológica requiere de una alfabetización específica.

—Creo firmemente que la alfabetización digital es algo central. Desde hace tiempo venimos planteando que es un elemento más a incorporar. Nosotros lo hacemos a nivel universitario, lo hacíamos en su momento cuando enseñábamos a usar un buscador de internet. Le podemos decir alfabetización mediática o informacional, pero ese es el punto al cual tenemos que ir: lo vienen planteando UNESCO y UNICEF, pero no termina de plasmarse.

¿Alguna hipótesis de por qué no se logra avanzar en este sentido?

—Creo que la tecnología digital no lo logra porque tiene la tendencia, más que otro tipo de tecnologías, de volverse invisible, transparente, en el hacer diario de las personas, y eso genera que sea complejo poder entenderla, porque si muchas cosas no las vemos, entonces las iremos perdiendo en tanto son un objeto tecnológico. Considero que es importante la alfabetización digital en todos los niveles educativos y que podría ser, incluso, una asignatura. ¿Por qué? Porque existe un pensamiento computacional, poder pensar en qué es lo que está pasando ahí, en esa máquina, que funciona de una manera diferente a la de nuestro razonamiento habitual. Son ejes que debemos pensar para incorporarlos desde la temprana edad y acompañarlos debidamente en su evolución.

En tiempos de la prepandemia, desde la Fundación Sadosky, el espacio denominado Program.AR, el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), entre otros, se planteaba algo similar, en esta línea. Decían que se tenía que incorporar "programación" como asignatura a los planes de estudio de la educación obligatoria, al nivel de matemática o lengua. Vos, que también enseñás programación, ¿estás de acuerdo?

—Estuve en ese debate. Incluso uno de los informes de UNESCO, “Educación 2030” (y también desde este documento puntual), solicita que se incorpore la enseñanza de la programación como tema. Creo que va en línea con lo que decimos. Para poder entender estas tecnologías no alcanza con los saberes que se brindan actualmente, porque hay algo del razonamiento que se le pone a la tecnología digital que no está presente en otras disciplinas. Sigue siendo un faltante. Aunque hay escuelas de nivel medio que enseñan tecnología digital, pero desde lo herramental, es decir aprender a usar tal programa, hay que ir más allá. Se discutía a inicios de los 90 que la programación era algo elevado para el nivel medio, se mencionaba a Piaget y las capas para el razonamiento. Pero hoy vemos que estudiantes de 6 o 7 años pueden programar. Y en este sentido, lo que notamos en nuestras carreras de informática es que los estudiantes alcanzan un mayor nivel de comprensión sobre cómo funciona esta tecnología cuando hacen programación de computadoras.

La soberanía, ¿un término del pasado?

Genera curiosidad saber cómo queda la temática de la "soberanía digital" frente al nuevo escenario que nos impone la IA de los gigantes tecnológicos. Hubo desarrollos, por ejemplo en el marco del programa Conectar Igualdad, que apuntaron a esa idea. En el presente la problemática de la soberanía aparece borrosa, en parte porque cada vez estamos más atravesados por los recursos que nos proponen las grandes tecnológicas del mundo. ¿Se puede continuar reivindicando la soberanía digital o ya hemos quedado muy atrás en el desarrollo tecnológico y en el discurso político?

Yo creo que sí hay que retomarlo. No tenemos un contexto político del país que lo favorezca, absolutamente para nada, todo lo contrario. Tenemos un mal momento político, donde cualquier propuesta de soberanía digital no va a ser bien vista ni entendida. Al revés, traemos la distribución de internet mediante Elon Musk, pero no va por ahí la cosa. Desde las universidades podemos hacer mucho por la soberanía digital. Los Estados tienen que tener sus propios desarrollos, tanto en IA como en otros campos. Acá no hay ningún proyecto que yo conozca que esté pensado para dar cuenta de esto. ¿Hay desarrollos puntuales y locales? Sí, claro, por ejemplo desde una materia estamos desarrollando un chatbot con toda la complejidad que te imagines, porque no quiero que utilicen ningún servicio externo, queremos que sea un servicio nuestro, de la UNLP. Ahí vos ya tenés una primera mirada sobre la soberanía. Claro, eso es David contra Goliat, pero son los Estados los que deben fomentar el uso de tecnología digital pensando en la soberanía: cuidado de datos, recursos, servidores propios. Por ejemplo, los datos de los estudiantes los tenemos en nuestros propios entornos virtuales, siempre nos negamos a comprar una plataforma externa. ¿Quién tiene los datos, quiénes los administran? Somos nosotros. Por más extraño que parezca el momento que estamos viviendo, creo que la soberanía digital no está perdida, para nada. Si primero la lucha por soberanía fue territorial, cuando se quieran dar cuenta la disputa va a ser por los datos.


“En la inteligencia artificial hubo una revolución”

Por Marcelo Maggio

Cuando Juan Pablo Tessore empezó a estudiar la carrera de Ingeniería en Informática en la UNNOBA corría el año 2006. Para ubicar el frenesí de la historia si se mira desde el prisma digital, se pueden citar algunos datos de color. Lo ubicamos como el año en que Google adquiere una pequeña pero prometedora plataforma para subir videos: YouTube. También fue el año en que aprendimos a tuitear. Y para decorar, en diciembre Steve Jobs deslumbró a un grupo selecto revelando su nueva creación, el iPhone.

La inteligencia artificial ya era un campo de investigación que venía pidiendo pista desde hacía muchos años, pero seguía siendo un tema de especialistas, algo lejano a los usuarios de a pie, de la prensa masiva y de las cotizaciones en bolsa. En 1950 Alan Turing escribió un breve artículo en el que se preguntaba “¿pueden pensar las máquinas?”, y encendió la mecha. Su exploración fue sumando cada vez más adeptos; Juan Pablo Tessore se inscribe en esa historia con su labor.

“Modelado e implementación de algoritmos inteligentes de análisis de opinión” es el título de su tesis, presentada en la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata para el Doctorado en Ciencias Informáticas. Con este trabajo, defendido y aprobado en septiembre pasado, Juan Pablo Tessore se convirtió en el primer graduado de la Escuela de Tecnología de la UNNOBA en obtener un título de doctorado. Para Mónica Sarobe, directora de esta unidad académica, “Juan Pablo representa la importancia de la formación continua, algo central en cualquier disciplina pero en especial para las relacionadas con la tecnología, porque ha dejado de ser una alternativa para pasar a ser una prioridad”. “Esta titulación, sin duda, redundará en mejoras tanto para nuestro proceso académico como para la investigación”, destaca la directora de la Escuela de Tecnología.

Juan Pablo Tessore, graduado en Ingeniería Informática (UNNOBA, 2011).

Tessore nació en Junín y deseaba estudiar informática sin alejarse de los suyos: “Empecé a tener contacto con estudiantes que ya cursaban en la UNNOBA y les consulté cómo era la carrera; tuve buenas opiniones sobre lo académico y respecto de los profesores también. Eso me convenció. Además, está la parte de los afectos, el hecho de tener a mi familia y a mis amigos acá. Tenía todos los beneficios sin los costos de irme”.

Mientras estudiaba, comenzó a desempeñarse como ayudante alumno en la materia “Bases de datos”, hasta que finalizó su carrera de grado como ingeniero en Informática, en 2011. Trabajó para el sector privado en diversas empresas, pero la Universidad siempre estuvo presente para él. Siguió un tiempo como docente desde las materias “Lenguajes de programación” y “Compiladores”, hasta que la curiosidad y las elecciones de la vida lo llevaron a dedicarse por completo a lo académico. Inició los estudios de un doctorado y se puso nuevamente al frente en las aulas de la universidad en los cursos de las materias “Compiladores” y “Sistemas inteligentes”.

Integrantes del Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología (ITT) de la UNNOBA junto al rector Guillermo Tamarit.

En la búsqueda de la inteligencia artificial

Para empezar su doctorado tenía que presentar una propuesta. Tessore confiesa que siempre estuvo enfocado en el mismo tema, aunque implicara estar en el ojo del huracán: “En nuestra rama, en este tiempo, hubo una revolución y nos tuvimos que adaptar, aunque siempre estuve concentrado en la inteligencia artificial que estudia el aprendizaje automático, el procesamiento del lenguaje natural y el análisis de sentimientos y opiniones”.

Cuando el mundo digital estaba viviendo la fiebre de las apps en los dispositivos móviles, Tessore hizo su apuesta personal por la inteligencia artificial. Cuenta que pudo ver cierta tendencia y sentía que tenía que explorar por ese camino porque “había algo que iba a explotar”. Para él, “es un área que trae muchísimos beneficios y riesgos. Los beneficios de la automatización de tareas son evidentes, tareas que pueden ser tediosas, incluso riesgosas para las personas y que solucionadas por la automatización traen beneficios económicos claros”.

“A inicios de 2017 hice un intercambio en España, estuve en Zaragoza y en Madrid. Los investigadores de allá me plantearon que no había recursos para entrenar clasificadores basados en aprendizaje automático para el análisis de sentimientos y opiniones en el idioma español”, recuerda. Este tipo de herramientas estaban muy avanzadas para el idioma inglés, pero en español la investigación estaba rezagada. Así fue que arrancó su propuesta.

¿Pero qué implica todo este tema del aprendizaje automático? Tessore lo explica así: “Es una rama de la inteligencia artificial que se centra en desarrollar algoritmos que puedan aprender a partir de los datos y, para nuestro idioma, faltaban muchos recursos, entre los que podemos encontrar los denominados 'datasets etiquetados'. Desde el Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología (ITT) de la UNNOBA trabajamos para recopilar textos de redes sociales y diseñar una metodología para clasificarlos de manera semiautomática y, a su vez, validarlos”. Esos datos servirían para entrenar a los algoritmos.

“Los resultados fueron buenos”, afirma Tessore, “y determinaron que los clasificadores entrenados por el equipo del ITT tenían un rendimiento similar a lo que estaba presente en los otros idiomas”. Pero había más: “Creamos una metodología que permitía crear esos datos de entrenamiento de manera mucho más ágil, sin la intervención de una persona que lo haga todo de manera manual”.

Las implicancias de este cruce entre IA y lenguaje aún nos siguen sorprendiendo. “Por ejemplo, estas herramientas se pueden usar para un análisis automático de opiniones de un producto en venta al revisar los comentarios en una plataforma online, lo mismo podría usarse para los comentarios durante una transmisión en vivo. Por lo tanto, el objetivo es analizar un texto informal que aparece en una red social y obtener resultados”.

Procesamiento del lenguaje natural se denomina a la rama de la inteligencia artificial que se ocupa de la interacción entre las computadoras y el lenguaje humano, algo que despertó las alarmas de los críticos, como la del best seller Yuval Harari. “La IA tiene la capacidad de hackear y manipular el sistema operativo de la civilización. Al adquirir el dominio del lenguaje, la IA se ha apoderado de la llave maestra de la civilización, capaz de abrir desde las bóvedas de los bancos hasta los santos sepulcros”, declaró para The New York Times el filósofo.

Juan Pablo Tessore y Leonardo Esnaola, investigadores en inteligencia artificial de la UNNOBA.

Esta interacción entre computadoras y lenguaje humano puede trabajar sobre texto escrito, pero también se puede orientar hacia algo mucho más arriesgado como es la generación y comprensión de voz humana. Tessore advierte que su trabajo apunta hacia lo textual, como lo que podemos ver en ChatGPT: “Eso es el procesamiento del lenguaje natural, cuando interactuás con una herramienta y puede parecer que se trata de una persona”.

“Creo que cualquier tarea va a tender a estar basada en este tipo de interacción con el lenguaje natural. Por ejemplo, las empresas están invirtiendo mucho en pasar de los chatbots tradicionales hacia este modelo, ya que la diferencia es enorme”, explica. Pero hay riesgos que asumir al atravesar ese umbral, como los nuevos tipos de problemas que aparecen a nivel de seguridad. Tradicionalmente los ataques informáticos tenían que ver con un dominio muy profundo de la técnica computacional. Sin embargo, expertos como el español José María “Chema” Alonso afirman que el hacking actual se basa más en un uso creativo del prompt (cuadro o vía) de diálogo con una IA que en las técnicas tradicionales. Para esto, “hay que estudiar más psicología que programación”. En criollo, el nuevo hacking está más cerca del cuento del tío que de pantallas llenas de código.

Reunión del Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología (ITT) de la UNNOBA.

La investigación, un camino

—¿Cómo vivís la experiencia de investigación en un área que es tan amplia y cambiante?

—En esta disciplina siempre me dediqué al software y al pensamiento abstracto; eso es lo que te permite la programación y no tanto lo que es el trabajo con hardware. Cuando empecé a estudiar se veían algunos cambios, sobre todo los relacionados con la masificación de internet y con los nuevos dispositivos. Pero, al elegir esta carrera, mi objetivo fue siempre formarme en algo específico y que me gustara. Y aunque estuve unos años trabajando en el sector privado, decidí volver para seguir estudiando y hacer investigación, algo que pasó gracias a la insistencia y el ofrecimiento de Hugo Ramón (prosecretario TIC de la UNNOBA).

—¿Cómo evaluás el nivel académico de la investigación informática en nuestro país?

—Hace poco hablaba con un colega que trabaja en una empresa del exterior y me decía que buscaban especialmente gente de Argentina por el buen nivel técnico que hay en informática. Y no es la primera persona que me lo dice. Mi directora de tesis, que es argentina y vive en Europa, insiste en que le gusta sobre todo colaborar con los proyectos de nuestro país por el buen nivel que hay. Son ejemplos, pero creo que nos ayudan a ver dónde estamos.

—¿Alguna hipótesis de por qué sucede eso?

—Creo que hay una presencia importante de carreras y programas de formación e investigación en el país. Mi carrera de grado la hice sin pagar nada y tuve acceso a una educación excelente, con docentes del ámbito local y también de otras ciudades, una tradición que creo nos da una posibilidad que en otros países no existe. Hoy tengo cantidad de compañeros egresados de la UNNOBA que están insertos en la industria, y aunque por ahora soy el único que terminó el doctorado, destaco que también están Leonardo (Esnaola) y Benjamín (Cicerchia) finalizando los suyos.

—¿Cómo sigue tu labor a partir de ahora?

—Partiría de tomar el surgimiento y desarrollo de estos grandes modelos del lenguaje y me gustaría utilizar alguno de ellos para aplicarlo en optimizar tareas en alguna institución. Por ejemplo, para la asistencia en los sistemas de enseñanza dentro de las aulas virtuales, o incluso dentro de una empresa en un sentido más amplio, para optimizar procesos.

—A nivel nacional, ¿qué tipo de desarrollo hay en inteligencia artificial?

—Hay muchos grupos de investigación abocados a la tarea. Lo que hay que tener presente es el gran financiamiento que tienen las empresas que están hoy en boca de todos, y por eso el crecimiento que han tenido. De hecho, en los últimos congresos a los que asistí, un tema que se ha debatido es que tenemos que involucrarnos para que estas herramientas dejen de ser una “caja negra”, porque no sabemos qué es lo que hacen para dar las respuestas. Y si las integramos a los procesos productivos sería bueno poder explicar por qué se toman las decisiones, para que no sea algo arbitrario. Es necesario que los investigadores que estamos en las universidades del país nos involucremos en esto para poder crear herramientas similares a las que ya hay, que sean más transparentes y que sepamos cómo funcionan. Esto es crítico si pensamos integrarlo a la vida social, por eso las instituciones públicas y el Estado tienen un rol que cumplir en eso.

—¿Existe un espacio específico desde el cual debatir sobre IA en nuestro país?

—Por el momento, tenemos los congresos de informática, como el Whorkshop de Investigadores en Ciencias de la Computación (WICC) (el último se realizó en la UNNOBA) y el Congreso Argentino de Ciencias de la Computación (CACIC 2023). En ambos espacios hay líneas abocadas a la inteligencia artificial. De hecho, yo estuve en un panel sobre IA y educación en el último CACIC. Pero creo que el auge del tema hará que surjan más espacios para debatir y planificar tareas.


Práctica profesional: el desafío del mundo del trabajo

Por Marcelo Maggio

La estrategia de implementar Prácticas Profesionales Supervisadas (PPS) se extiende en el sistema educativo y son cada vez más las carreras que a nivel nacional deciden incorporar este modelo de finalización de la cursada de grado. Ante la demanda social por acercar teoría y práctica, el sistema universitario argentino fue desarrollando cambios en los planes de estudio que permitieron crecer en este sentido.

“Desde 2017 todas las universidades que dictan la carrera de Contador tienen la obligación de acreditar nuevos planes de estudio”, explica Marcelo Storani, secretario Académico de la Escuela de Ciencias Económicas y Jurídicas y docente de materias del área de Contabilidad. El procedimiento para las reformas, sea en esta carrera o en otras, incluye tanto a las universidades como a las instancias nacionales que dependen del Ministerio de Educación con el objetivo de “integrar conocimientos académicos con la realidad profesional”. “Las PPS son, además, un mecanismo de evaluación de la institución junto a la comunidad, porque aparecen empresas y organismos públicos que le brindan espacios al futuro graduado, son un estímulo y, además, estas prácticas permiten encontrar distancias, diferencias, problemas, entre la demanda social y la oferta académica”, sostiene el funcionario.

En agosto de este año comenzó la cursada del seminario en materia jurídico tributaria, a partir de un convenio con la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), una práctica que les permite a los estudiantes de Abogacía y Contador cumplir con las 100 horas previstas, tanto en Junín como en Pergamino.

Storani detalla que se trata de un recorrido con teoría y práctica: “Se utiliza la plataforma de AFIP para el desarrollo de trabajos prácticos sobre cada uno de los impuestos que se estudian, con casos reales, quitando los datos sensibles. Luego el estudiante tiene que elegir un tema y desarrollarlo ante un jurado, así se recibe, esa es su última materia”.

El nuevo plan de estudio para la carrera de Contador data del año 2018 y contiene la obligatoriedad de culminar la carrera con 100 horas de práctica. Y en Abogacía ya estaba prevista esa práctica, que atravesó varias reformas. “Tenemos varias modalidades para cumplir esas horas. Una de ellas es la tradicional tesina, que consiste en la investigación de un tema —relata el docente—. Pero ahora también tenemos la interacción con las empresas y organismos mediante estas prácticas, que implican la firma de convenios con cada uno”. En particular, Storani destaca este convenio con AFIP porque la modalidad de seminario permite hacerlo de modo grupal, con una docena de estudiantes que practican todos juntos.

Además de ir abordando cada uno de los distintos tributos y temas (desde la relación entre sistema tributario y el los poderes del Estado hasta temas específicos como monotributo, relación de dependencia o cargas según el sector productivo) con docentes y funcionarios del organismo, luego los estudiantes realizan una visita guiada al organismo, donde se entrevistan con los responsables de cada sector, desde atención al público y revisión de recursos hasta la parte jurídica, de particular interés para estudiantes de Abogacía. Aunque hacen el seminario de manera separada, la Universidad mantiene una relación entre lo jurídico tributario y lo estrictamente contable tributario.

Derecho y economía

—¿Cómo funciona lo jurídico tributario? Es decir, ¿cómo es esta práctica para los abogados?

—En el organismo está la parte jurídica. Cuando uno tiene, como contribuyente, un proceso de fiscalización, puede impugnar o puede presentarse con una disconformidad ante el organismo. Existe un cuerpo de abogados de AFIP que analiza el pedido que hace el contribuyente. Lo admite o lo rechaza. Si se lo rechaza, el contribuyente tiene la posibilidad de ir a un tribunal fiscal, salir de la órbita de AFIP e ingresar a la esfera judicial, seguir así un proceso en un tribunal.

—Es decir que sólo abordan litigios y conflictos.

—Exactamente. AFIP tiene muchísimos abogados trabajando, casi la misma cantidad que contadores.

—¿Ese nivel de conflictividad es normal, es algo exclusivo de Argentina?

—El conflicto es permanente. En materia tributaria existen plazos y recursos. Son dos instancias distintas: lo administrativo y lo judicial. Y es algo normal, en todos los países existe. Muchas veces extender el conflicto permite no pagar, extender el tiempo, quizás conseguir una moratoria. O mantener la expectativa de un fallo a favor porque pudo existir algún error en el proceso de fiscalización por parte de los agentes.

—¿Cómo es la obligación de la práctica en la carrera de Abogacía?

—Es algo previsto en el plan de estudio. Y estas prácticas orientadas a la experiencia profesional equiparable nos permiten que el futuro egresado se adelante a la vida laboral, tenga contacto con el no sólo con el Poder Judicial, sino con una empresa o un organismo, como en este caso, para así mejorar la formación cuando finaliza su carrera. Pero también las prácticas tienen otra ventaja, por ejemplo para estudiantes de distintas localidades que terminaron la cursada y que pueden hacer estos trabajos en su lugar de origen. Entonces se vincula a la Universidad con los diversos distritos de la región.

Impacto académico y salida laboral

“Las PPS también nos han dado la satisfacción de poder vincular al estudiante con una primera salida laboral —indica con gusto el profesor Storani—, porque allí, en esa práctica, suelen encontrar su primer trabajo como premio a su desempeño”.

Claro que para realizar un trabajo en el marco de una PPS se tienen que dar una serie de acuerdos legales que no son improvisados. Es un trabajo que se da mediante la firma de un convenio específico entre un empresa/organismo, la universidad, el estudiante y los tutores, “porque se designa un tutor por el lado de la empresa y otro por el lado de la universidad”. Todo esto permite pactar “un plan de trabajo, donde figura qué es lo que tiene que realizar el estudiante en ese trayecto formativo durante el cumplimiento de las horas”.

Así se puede garantizar que se trata de una práctica formativa y no de una simple utilización de mano de obra gratuita, o un uso improductivo del tiempo estudiantil. Storani, como secretario Acedémico de la Escuela, tiene una visión amplia y estratégica del tema.

—Este tipo de cambios en la formación era algo que aparecía en los discursos públicos. Se pedía una formación que no estuviera tan apartada de la práctica, ¿usted lo ve así también?

—Claro. Cuando me recibí hace treinta años, también reclamábamos esto. Y por eso también buscamos que las carreras de grado se acorten, tener planes de estudio con menor carga horaria, que esa carrera esté más cerca de la práctica profesional del graduado; que brinde una formación generalista para luego seguir mediante el posgrado y la formación permanente enfocados en el área que más le interesa o que le brindó la oportunidad laboral, que muchas veces pueden ir de la mano.

—¿Estas reformas también impactan o se orientan en ampliar la base de estudiantes graduados?

—Entre otras cosas, se busca achicar la deserción y acortar el período de graduación. Los promedios de graduación pueden llegan al doble de lo estimado por el plan de estudio, y eso no es bueno, esa dilación, por eso buscamos acompañar a los estudiantes ya desde el inicio. Por ejemplo, en los primeros años de la carrera buscamos, sobre todo, que no se abandone haciendo seguimientos y ofreciendo más opciones de cursada a quienes tuvieron problemas.

—¿En estas carreras también son los primeros años los más críticos en términos de deserción?

—Sí, lamentablemente. En primer año la deserción puede llegar al cincuenta por ciento. Y se se dan muchas cosas como para poder analizar, desde que la base que un estudiante trae de la secundaria, que nunca alcanza, hasta el tema vocacional, porque cursando se pueden dar cuenta de que en realidad buscaban otra cosa. Ahí lo que tenemos que hacer es acompañar esos procesos de búsqueda.

Relación con AFIP, el rol del Estado y los impuestos

—¿Cómo es la génesis de esta práctica profesional en concreto, cómo llega la Universidad a articular con un organismo de la dimensión de AFIP?

—Desde hace más de diez años AFIP tenía un convenio con la universidad mediante el cual se dictaban seminarios de cultura tributaria. Eran cursos abiertos, no formaban parte de la currícula, y tenían como objetivo generar conciencia en el estudiante. Luego, hace unos seis años, aparece la idea de los “núcleos de asistencia fiscal” (NAF) y para eso participé en un programa de capacitación en la casa matriz de AFIP, dentro del Ministerio de Economía. Los NAF eran como "minioficinas" del organismo dentro de las universidades donde el estudiante trataba de atender y colaborar los ciudadanos. Pero este proyecto no prosperó por diversas cuestiones propias del organismo. A partir de estas experiencias pasadas, del buen vínculo que veníamos teniendo, y teniendo en cuenta que varios funcionarios de AFIP a nivel regional ya eran graduados UNNOBA, pensamos desde Junín armar este seminario, con características bien específicas. Desarrollamos un programa, lo presentamos a AFIP para que sea aprobado y lo vieron bien. Incluso lo tomaron como ejemplo de experiencia para replicar en otras agencias de AFIP para el resto del país.

—AFIP es un espacio para la práctica y la formación en un momento histórico en el cual el concepto de impuesto aparece en el foco de la crítica política, hasta lo impositivo en general. ¿Cómo podemos interpretar, en este marco, la formación impositiva, contable o jurídica?

—Nosotros tenemos que ser profesionales en la liquidación de los distintos tributos, independientemente de la política y más allá de nuestra crítica, o no, a la carga tributaria. Lo cierto es que cuando nos recibimos tenemos que saber liquidar los impuestos existentes. Entonces hay que tratar de trabajar de un modo profesional acatando cada normativa y cada procedimiento. Es más, en esa línea estamos intentando sumar a ARBA (ente responsable en la provincia de Buenos Aires) para ver también los impuestos provinciales y sumar también a los municipios para estudiar el tema tasas. Si el día de mañana hay una reforma que reemplaza impuestos, los elimina, o los reforma, tendremos que adecuar el seminario a los tributos vigentes. Tenemos que ser prácticos y objetivos para la labor del profesional del futuro, ya que tanto sus clientes como la sociedad toda dependen de que hagan bien su tarea.


Enigma GPT: preguntas a una tecnología

"Imaginando el lenguaje humano", Bing Image Creator

Por Marcelo Maggio

La sensación generalizada es que, al parecer, la promesa de la inteligencia artificial se ha cumplido, que ha dejado de ser un fenómeno de científicos o de la literatura, y que ya está disponible en cualquier dispositivo, lo sepamos o no.

El nombre de la inteligencia artificial (IA) hoy es ChatGPT. La técnica o la publicidad así lo determinaron. Los tiempos actuales son así, virales se dice, no importa que la idea tenga setenta años y miles de proyectos anteriores o paralelos. Se trata de “una arquitectura de red neuronal profunda llamada GPT (Generative Pre-trained Transformer) que fue entrenada con grandes cantidades de datos textuales para poder generar respuestas coherentes y precisas a las preguntas y consultas de los usuarios”. Al menos eso es lo que respondió el propio Chat acerca de sí mismo. ¿De sí mismo?

ChatGPT fue la aplicación que más rápido crecimiento en número de usuarios tuvo en la historia de internet. Como si se tratara de un gran estadio en el que se jugaba la final del mundo y las masas agolpadas afuera pudieran entrar sin pagar entrada. Así fue. Las más profundas curiosidades y temores nos movían. Sin embargo, esas cavilaciones concretas, a nivel de la técnica, esas ideas sobre una máquina que pudiera hacer lo que hoy hace ChatGPT, comenzaron con una leyenda de la historia de la informática: Alan Turing, el que permitió iniciar el triunfo de los Aliados sobre los nazis mediante una computadora, la famosa Enigma (se puede ver el film Código Enigma de 2014). Luego de la guerra, Turing escribió el artículo “Maquinaria computacional e inteligencia” (1950) en el que se preguntaba, “¿pueden pensar las máquinas?”. Ya nada sería igual después de ahí, de la apertura de esa “compuerta evolutiva” que tiene, aún, destino incierto.

La ciencia ficción comenzó a popularizar la pregunta, sobre todo en el cine. En las décadas siguientes se pudo conocer a la supercomputadora HAL9000 (del film 2001, una Odisea en el espacio, de 1968 y basada en la novela de Arthur Clarke ) que consideraba a los humanos una amenaza para su existencia, o también al más afable androide C-3PO (Star Wars, 1977), que estaba siempre al servicio de las personas.

Sin embargo, las empresas apenas podían volcar en el mercado unos toscos artefactos informáticos, primero gigantes, y luego más pequeños con la llegada del chip y la miniaturización en la década del 70. Las primeras PC de IBM se empezaron a popularizar a inicios de los 80 y aunque las revistas especializadas intentaban generar entusiasmo, las Personal Computer tardaron en ser vistas como algo útil.

Se podía computar, bastante, pero claramente no era lo mismo que pensar. Uno de los pioneros de la inteligencia artificial, Marvin Minsky (MIT), respondía de este modo a las dudas y el escepticismo mediante un artículo publicado en 1982: “La mayor parte de la gente asume que un ordenador no puede ser consciente de sí mismo; que como mucho, pueden simular que lo son. Por supuesto, esto está basado en la suposición de que los propios humanos somos conscientes de nosotros mismos. Pero, ¿lo somos? No lo creo”, desafiaba. Y apostaba por un crecimiento mutuo: humanidad y máquinas del mundo, a unirse. “Tal y como la evolución cambió nuestra forma de ver la vida, la IA cambiará la visión sobre la Mente. A medida que encontremos más caminos para que las máquinas se comporten de un modo más sensible, aprenderemos más sobre nuestros procesos mentales”. El resplandor de una utopía cibernética que no terminaba de nacer.

El crepúsculo de los dioses

El 22 de marzo de 2023 es el día D (por utilizar la metáfora bélica de los tiempos de Turing). Se conoció una carta abierta titulada “Pausar experimentos gigantes de IA” (Pause Giant AI Experiments: An Open Letter) publicada por el instituto Future of Life. El texto se viralizó más rápido que una extravagante tropelía de Donald Trump. Fruto de un encuentro ecuménico, la carta está firmada por miles de personalidades (cerca de 30 mil intelectuales, empresarios, activistas), en la cual firman desde magnates como Elon Musk (Tesla/Twitter) y Steve Wozniak (Apple), pasando por investigadores de la IA como Ramana Kumar (Google DeepMind) o Emilia Javorsky (directora de la organización de científicos contra armas autónomas), y hasta filósofos best seller reconocidos por su postura crítica a la IA, como Yuval Noah Harari. Su pedido era simple: “Hacemos un llamado a todos los laboratorios de IA para que pausen inmediatamente durante al menos 6 meses el entrenamiento de los sistemas de IA más potentes que GPT-4”.

Al instante todas las luces, las de alarma y las de la publicidad, se encendieron. ¿Qué era GPT? ¿Era el verdadero nombre de la famosa Skynet que anticipó el film Terminator? ¿Qué hacemos en seis meses, esperar el fin del mundo?

¿Entrevisté? a una red neuronal. Pregunté a GPT mediante su interfaz de chat, y no sin temor a que se ofendiera, lo siguiente: dicen que sos la mejor IA del mundo, ¿es así? En tono neutro, respondió: “ChatGPT es parte de una nueva generación de modelos de lenguaje que han logrado avances significativos en la capacidad de la inteligencia artificial para entender y generar lenguaje natural”. Ante mi insistencia periodística, tuvo que agregar algo: “La popularidad de ChatGPT se debe a su capacidad para generar respuestas coherentes y útiles a una amplia variedad de preguntas y consultas, lo que lo hace especialmente útil para tareas como la asistencia al cliente, la investigación en línea y la educación”. Seguimos hablando un largo rato, yo me cansé primero, así que le agradecí y me respondió: “Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites. ¡Que tengas un buen día!”. Tuve una sensación similar a la primera vez que usé un chat en tiempo real por computadora (quizás alguien se acuerde del viejo ICQ), pero esta vez no estaba eufórico, era otro el sentimiento, más indescifrable.

Tenía que chequear con un humano esta información. Además, me seguía dando vueltas la posibilidad de que estuviéramos frente a una gran campaña publicitaria, un vicio profesional, sobre todo porque detrás estaba la empresa Microsoft. Con estas preguntas y otras dudas recurrí a nuestro experto en IA, Leonardo Esnaola (Investigador del Instituto de Investigación y Transferencia de Tecnología de la UNNOBA -ITT-, doctorando en Ciencias Informáticas, docente del área de Software y Sistemas de la Información). Después de recordar algunos detalles de anteriores entrevistas, Esnaola se puso serio, se acomodó la incipiente barba y espetó: “Sí, esto es algo distinto”.

Red neuronal: “El porvenir de una ilusión”

“Estamos en el campo de la inteligencia artificial generativa, una inteligencia artificial que puede generar cosas, ya sean textos coherentes como hace ChatGPT, una IA generativa de imágenes, o de otros tipos de contenidos”. Esnaola destaca la diferencia con los modelos anteriores, porque la IA generativa puede tomar datos sin etiquetar, es decir sin la participación de un humano que le dice cuál es el significado o qué debe hacer con esa información (ver Altoritmo, divino tesoro).

“Recoger datos etiquetados lleva un tiempo, un costo, tener a alguien —un humano— trabajando, y eso hace que no puedas tener bases de datos demasiado grandes porque hay que contratar personas”. Este nuevo paradigma de aprendizaje, el generativo, se entrena mediante la ausencia de palabras y la predicción: tiene que encontrar la palabra que falta en un hueco. “Como vos ya tenés la respuesta correcta, que es la palabra que borraste, eso lo usás para entrenar la IA. Ese es el enfoque de Bard (de Google), que es autosupervisada. En GPT, en vez de borrar una palabra, borran la terminación de una frase. La IA es entrenada para predecir las palabras, examinar el contexto de las palabras y trata de predecir y completar la frase”.

El abandono de la supervisión humana y el cambio en el modelo de entrenamiento no es el único factor. Aparecen más vetas. En los feeds de noticias de mi teléfono aparece la noticia: “Google desarrolla una inteligencia artificial generalista y dice estar más cerca de alcanzar la humana”. Esnaola opina que “los modelos generativos tienen un cierto propósito general, se está hablando de eso, pero es algo difícil de medir aún”. Y ejemplifica: “Las tareas que son complejas para el ser humano, como el cálculo, la máquina las hace bien, pero las tareas como comunicarnos o mirar el cielo y saber si está nublado, esas que parecen simples, para una computadora no lo son, requieren de un conocimiento del mundo. Estas herramientas se están metiendo, justamente, en ese terreno”.

"Paisaje de la pampa argentina", dibujado con tecnología DALL-E

Esnaola afirma que al menos la carta abierta publicada en Future of Life plantea que es un camino difícil de manejar “porque hay una competencia entre empresas líderes que fogonean tecnologías que quizás se publican antes de lo que deberían por el hecho de competir comercialmente”. Hoy OpenAI (vía Microsoft) y Google son los que llevan la delantera, claramente. Pero Esnaola advierte que “es cuestión de tiempo para que salgan otras empresas a jugar, mejorar, optimizar y competir”. De hecho, la tecnología que hay por detrás de los modelos de GPT los propuso Google originalmente. “El proceso, de alguna manera, se fuerza en esta competencia y así se descontrola”.

Libertad de mercado y gobierno

Para abordar este aspecto consulté a Martín Gendler, doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Sociología. Él viene estudiando temas como la “Gobernanza de Internet” y los impactos de las nuevas tecnologías en la sociedad. Gendler es contundente: “GPT rompió el delicado equilibrio que hay en el capitalismo de plataformas”. Incluso más: “Las plataformas de la actualidad generan un ecosistema con segmentos definidos en el que cada empresa tiene una parte con dominación, y pequeñas presencias en los otros. Sin embargo, a la vez, todas estas empresas vienen trabajando e investigando en todas las líneas posibles, como inteligencia artificial, realidad aumentada o internet de las cosas. Lo que nadie esperaba es que, sobre una de estas cuestiones (IA) una de estas empresas (OpenAI) diera un salto tan grande y por eso están temerosos”, indica.

El primer modelo red neuronal profunda del modelo GPT fue lanzado en 2018: “Podía almacenar su aprendizaje en función de algo más de cien millones de parámetros”, cuenta Esnaola. “GPT2, lanzado en febrero de 2019, ya pasa a miles de millones de parámetros, es decir que creció exponencialmente. Con cada generación que sale, crece su poder de cómputo y alcanza textos más coherentes”, explica. Esta interfaz que está conmoviendo a la humanidad, Chat-GPT, fue lanzada en noviembre de 2022 y en pocos meses, marzo de 2023, se lanzó GPT-4, el nuevo modelo. La empresa OpenAI, a diferencia de lo sucedido con modelos anteriores, no publicó las características, por lo tanto no se sabe qué tan grande es.

Todo chat es ideológico

Esnaola explica que la gran novedad es que antes, para conversar con GPT o cualquier otro modelo similar, había que instalar un software y tener conocimientos de informática. Ahora, al introducirle una interfaz tan simple como un chat que cualquier usuario de internet sabe usar, cualquiera puede preguntar. Al mismo tiempo esa interacción le va brindando un entrenamiento (aprendizaje) a la red neuronal. El límite y hasta dónde se lo puede usar y puede aprender se está viendo en la práctica misma, a medida que la inventiva de las preguntas lo hace avanzar. La incertidumbre está presente.

El modelo de chat o conversación con la máquina se remonta al icónico “Test de Turing” (sí, por Alan Turing, el de Enigma). El test dice que si una computadora puede manejar el lenguaje de modo que un humano, desde atrás de un canal conversacional, no puede distinguir si habla con una persona o con una máquina, entonces se afirma que estamos ante un comportamiento inteligente.

Lenguaje e inteligencia unidas detrás de un ordenador. Fue demasiado para el filósofo Yuval Harari, quien tomó la bandera de la humanidad y encaró hacia las trincheras enemigas: “La IA tiene la capacidad de hackear y manipular el sistema operativo de la civilización. Al adquirir el dominio del lenguaje, la IA se ha apoderado de la llave maestra de la civilización”.

Cuando el siglo XX se despedía, había ocurrido un hecho de parecida resonancia mundial al actual incidente GPT. Tal vez no resultó tan paradigmático como para convertirse en una compuerta evolutiva, pero Deep Blue (la máquina de IBM que había sido entrenada en el ajedrez, durante los años 1996 y 1997) jugó una serie de partidas contra el campeón mundial de este deporte, el ruso Gary Kasparov, y le ganó. “Pensar es calcular”, había pronunciado Gottfried Leibniz trescientos años antes. Deep Blue le dio sentencia de muerte a su idea. La máquina ahora podía hacer los mejores cálculos. Pero entonces, ¿qué era pensar? Nos quedaba, aún, el refugio del lenguaje.

Al utilizar nuestro lenguaje, “la nueva IA está interviniendo directamente en el proceso social de creación de significado” por lo tanto “los sistemas GPT son máquinas de ideología”, afirma el investigador en tecnología digital, Leif Weatherby. El aspecto ideológico de algoritmos e IA viene siendo abordado desde la categoría de “sesgo” (bias en inglés). Los problemas de sesgo aparecen cuando los programas informáticos favorecen cierto tipo de respuestas frente a otras. ¿Cómo se dan esas “preferencias” que muchas veces se muestran como recomendación? Son los algoritmos inteligentes los que toman las decisiones, ¿o las empresas deben responder por sus diseños? Lo cierto es que a partir de la generación de lenguaje y creación de significado la categoría de sesgo parece quedar corta. Es lo que parecerían estar planteando Harari y Weatherby.

Una caja negra para tu navidad

La carta abierta de Future of Life habla de “modelos de caja negra impredecibles cada vez más grandes con capacidades emergentes”. Si la creación de significado está sujeta a lo impredecible, ¿debemos asumir que hay una parte del funcionamiento del modelo generativo de la IA al que no podemos acceder?

“Sí”, responde Esnaola. “En realidad sólo vemos el funcionamiento a nivel sistémico, por lo tanto hay entradas y salidas a una caja, que es el sistema. Si querés ver cómo se transforma esa entrada en una salida, en este tipo de tecnología como son las redes neuronales, no lo sabés, porque lo que guardan son ‘pesos’ o valores que ponderan transformaciones matemáticas que podemos leer pero que no nos van a dejar descubrir por qué hace lo que hace”. Es decir que se pueden ver los valores o datos usados por el sistema, pero no los podemos interpretar. Por lo tanto, no sabemos qué es lo que está sucediendo ahí adentro, en la black box.

“Esto es muy distinto a los modelos anteriores”, enfatiza Esnaola. En la programación tradicional se establecen los mecanismos para seguir un camino u otro (mediante "reglas" de decisión). En cambio, “este tipo de elementos, acá, no los ves”.

Es por eso que espacios como la Fundación Vía Libre se han expresado en contra de lo que plantea la carta abierta: “Esta gente está pidiendo que se pause la investigación y no la aplicación. Lo que efectivamente puede hacer mal es la aplicación de estos sistemas, no que se investiguen. De hecho, que se investiguen debería ser positivo para que se entienda mejor cómo funcionan”.

Trabajo y máquinaria: por el camino de Ned Ludd

Culpar a la tecnología como la causante de un proceso social, no es algo nuevo. Lejos en el tiempo se hizo célebre Ned Ludd, el personaje que supuestamente fue el primero en destruir una máquina de hilar en la Inglaterra de la Revolución Industrial. Los artesanos se quedaban sin trabajo frente a la nueva técnica, y una de las respuestas que encontraron para protestar fue destruir las máquinas.

Una de las preguntas que me llevó hacia Martín Gendler tenía que ver con este tema: ¿cómo se prepara la sociedad de la información para enfrentarse a un posible mundo sin trabajo? “Desde la época de la Revolución Industrial sabemos que cada nueva ola de desarrollos tecnológicos plantea transformaciones en relación a esperanzas y temores. Uno de los ámbitos en los que se ven ambas cosas, es el laboral”, reflexiona Gendler. “Desde aquellos tiempos se planteaba la idea de mejorar procesos, optimizar tiempos, espacios, cantidad de producción y también se sabía que podía dejar en el desempleo a muchas personas; y esto lo podemos rastrear hasta en la literatura, como en Charly y la fábrica de chocolate, donde todos los trabajadores son reemplazados por uno, el encargado de verificar que cierre bien la cajita”.

El fin del trabajo humano es una distopía que cobra más fuerza a medida que la maquinización y el automatismo crece. Gendler comenta que el fin del trabajo se relacionó con la informática desde los comienzos mismos de internet, cuando la red tenía menos de diez años de vida y menos de doscientas mil personas conectadas. “Ahora estamos en una época en la cual, aunque hay una mayor magnitud de uso de la tecnología digital, la cuestión es la misma: surge una innovación disruptiva y aparecen las esperanzas y los temores”.

“Desde que las tecnologías digitales impactan en el mundo del trabajo, los expertos plantean que se viene acrecentando la división social del trabajo en dos polos: el polo hipercalificado, con habilidades y acceso a tecnologías, y el polo hiperprecarizado”, detalla. Según el docente, se lo puede plantear de modo más simple aún: están quienes diseñan la tecnología y quienes la ensamblan. “El trabajo creativo e intelectual siempre tuvo mejores condiciones que el manual pero, en esta época informacional, la brecha se acrecienta, por eso utilizamos el término hiper delante de calificado y precarizado”, sentencia.

“Con la inteligencia artificial se sigue el mismo patrón. ¿Quiénes pueden hacer un uso creativo y hasta lucrativo de estas tecnologías?”, pregunta Gendler. Las empresas que monitorean el flujo de usuarios en internet informaron que ChatGPT fue la aplicación que más rápido crecimiento tuvo en la historia de internet. Sin embargo, ¿son usuarios o tan solo personas motivadas por la curiosidad? Para Gendler, “cuando estas tecnologías se vayan introduciendo como obligatorias en el ámbito laboral, van a magnificar aún más esta brecha entre tipos de usuario. La diferencia estará no sólo en poder acceder o tener una habilidad básica, sino que habrá que tener el conocimiento específico para sacarle ‘todo el jugo’. Por lo tanto, probablemente el segmento de los trabajadores hipercalificados sea cada vez más segmentado y más pequeño, especialistas en estas cuestiones, y muchos otros que hasta ahora eran calificados pasen a ser parte del proletariado informacional”.

Hija de la definición clásica de proletariado (quienes sólo disponen de su fuerza de trabajo y la venden en el mercado para poder sobrevivir), la de proletariado informacional irrumpe en el capitalismo de las plataformas: “Hoy ese proletariado son los chicos de Pedidos Ya, de Uber o los que mueven las cajas en Mercado Libre —indica Gendler—. Pero con estos avances recientes, ese proletariado se va a ampliar, por ejemplo con la incorporación de los programadores. Si estas tecnologías hacen lo mismo que diez programadores, ¿quién será el hipercalificado? La persona que tenga la habilidad necesaria. El resto se encargará de arreglar algún fallo”.

Un ensayo para el gobierno civil

Empresas como Microsoft, Meta (Facebook) o Alphabet (Google), disponen de una inversión para la investigación difícil de dimensionar. En el marco de este proceso de competencia entre gigantes, surge la pregunta sobre la posibilidad de una regulación o “gobernanza” en este terreno. ¿Admitirían estos gigantes ser regulados?

Al respecto, Martín Gendler afirma: “Más allá de la posibilidad, creo que es totalmente deseable y que el único camino posible es el de la gobernanza”. La idea, que viene de la ciencia política y es muy aplicada a cuestiones derivadas de internet y las nuevas tecnologías, involucra no sólo al Estado de modo aislado para llevar adelante la regulación. “Por la magnitud global, y porque hay muchísimos conocimientos que no se tienen —plantea Gendler—, la idea de la gobernanza implica que todas las partes interesadas, con capacidad de acción y que tienen algo para decir, puedan juntarse y decidir cómo operar. Esas partes son, además del Estado, el sector privado, la sociedad civil y el sector técnico. La gobernanza se enriquece de los aportes de cada uno de los sectores”.

Con la inteligencia artificial sucede algo muy curioso: no existe a nivel mundial marco regulatorio alguno. En mayo de este año, Sam Altman, el director ejecutivo de OpenAI, se presentó ante el Senado de los EE.UU. y dijo que “regular la inteligencia artificial es crucial”. Gendler aclara que existen variedad de declaraciones, guías, marcos éticos o planes de políticas públicas con recomendaciones, pero no existe “ninguna ley”. “Si la inteligencia artificial tiene más de sesenta años, ¿por qué pasa esto?”, inquiere.

“El consenso que había hasta ahora, el de las empresas que se autorregulan, se cae con el escándalo de Cambridge Analytica (2017) porque se pensaba que era lo mejor que se podía hacer, que si el Estado se metía iba a arruinarlo. Se le dio todo el poder a las plataformas”, pondera el sociólogo.

Hay pocos países en el mundo con organismos institucionalizados y con una lógica de gobernanza que puedan asegurar el cumplimiento de “líneas guía”. “Uno de los países que aplica la gobernanza es Brasil, mediante el Comité Gestor de Internet (cgi.br), que nació en 1995 y que entre sus miembros tiene representantes de todos los sectores”. Para Gendler, “hay muchos marcos internacionales dentro de los cuales la gobernanza de la IA se podría gestar, pero no se está haciendo”.

¿Entonces el pedido de “suspender la investigación” podría ayudar en este sentido? Para el investigador social, parece que “este tipo de empresas se preocupan por los derechos humanos, cuando en realidad ven un riesgo económico muy fuerte para ellos, y no por una mala decisión propia, sino porque otro actor (OpenAI) les sacó gran ventaja”.

El copiloto menos esperado

Con la compra de OpenAI, Microsoft dio el salto. ¿Cuándo impactará en sus productos? Ya lo estamos viendo. Este artículo está ilustrado con imágenes “creadas” con Bing Image Creator a partir de textos. “Quiero ver una rivalidad entre IA y la matrix”, o “un humano alienado por las redes”, y con esas frases Bing hace lo suyo. Se trata de una tecnología denominada DALL-E (nótese el juego de palabras), una IA generativa de imágenes impulsada por OpenAI.

“Hace mucho tiempo que Microsoft está tratando de integrar esta tecnología a sus productos. De hecho, a pocos días de lanzar GPT-4 hicieron un evento en el que anunciaron que habían introducido IA del modelo generativo en Office, por ejemplo con un programa denominado Copilot”, indica Esnaola. ¿No puedo estar en la reunión a la que me convocaron? Copilot hace un resumen de los temas principales, porque está conectado al flujo de audio, lo transcribe, o hace el resumen y si escuchó que la próxima semana hay otra reunión, pregunta si hay que agendarla. “Los avances van a venir no tanto por el tamaño del modelo, sino por la potencialidad de uso, que son cosas distintas”. La imaginación (tecnológica) al poder.

A medida que se van masificando, las tecnologías se van naturalizando”, considera Gendler. “Cuando trabajo con estudiantes de primer año de la universidad y les hablo de lo que implicó la aparición del smartphone, muchas veces no lo entienden, porque ya está naturalizada su existencia. Resulta difícil imaginar una sociedad previa porque muchas veces se impulsan andamiajes discursivos que sostienen que lo tecnológico es el progreso”.

Nuestros sueños más valientes o las pesadillas más crueles muchas veces se manifiestan mediante obras literarias, y con gran anticipación. Retratos de un espíritu de época que nos invade, ideas fantasmagóricas que se transforman, gracias a la imaginería técnica, en una inventiva o en el simple despliegue de las fuerzas sociales frente a lo inevitable.

Mientras escribía este artículo encontré una vieja antología de cuentos de ciencia ficción publicada en Argentina, allá por 1975. Me sorprendió el cierre del libro, el último párrafo del último de sus cuentos ("Café molecular", de I. Varshavski), casi una premonición para cerrar el libro: “Cuando me desperté resultó que todas estas tonterías del café las había soñado, y entonces escribí este cuento; pues me parece que si dejamos sueltos a los cibernéticos, el resultado no puede ser muy bueno. Es necesario que la gente no los pierda de vista”.