Los efectos del estrés en el cerebro

Por Ana Sagastume

Una tabla circular y dieciséis agujeros. El ratón, ubicado en el medio, explora hasta que, finalmente, encuentra la caja en uno de los hoyos. Ese es un lugar oscuro y, por tanto, seguro para él: allí permanece. El proceso se repite cuatro veces al día, hasta que, en la séptima jornada el ratón se dirige, sin titubeos, hacia el sitio en el que se siente resguardado. Sucede que en el día 7 ya es capaz de recordar y ubicarse espacialmente: ha aprendido. Esto, en condiciones normales. Sin embargo, un ratón estresado no es capaz de hallar el refugio tan fácilmente.

María Laura Palumbo estudia desde los inicios de su carrera una parte del cerebro relacionada con la memoria y el aprendizaje, empleando modelos de ratones. Una pequeña medalla que pende de una fina cadena delata su elección de vida y, al mismo tiempo, resulta un guiño sólo para entendidos: un caballito de mar, también llamado hipocampo, cuya forma es muy similar a la parte del cerebro a la que Palumbo emplea la mayor parte de sus esfuerzos intelectuales. De ahí que fue bautizado con el mismo nombre. “Nosotros estudiamos los efectos del estrés crónico sobre el hipocampo, parte del cerebro que está relacionada con la memoria y el aprendizaje, la ubicación espacial y la neurogénesis”, introduce la doctora en Ciencias Biológicas Palumbo.

Palumbo viaja diariamente de Chivilcoy a  Junín. Está a cargo del Laboratorio de Neuroinmunología Cognitiva, en el CIBA.

En la UNNOBA, dentro del Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas (CIBA), Palumbo dirige un equipo de investigación interdisciplinar dentro de un área que se denomina Psiconeuroinmunología. “Es un área que vincula la parte psicológica, neurológica e inmunológica. Hasta no hace mucho tiempo, se pensaba que el sistema nervioso e inmunológico eran independientes. Ahora se sabe que están íntimamente relacionados, ya que hay muchas moléculas que comparten. En los humanos, también interviene la parte psicológica, la cual se vincula con el sistema inmune y el nervioso”, explica.

El ratón estresado tarda más en aprender dónde se encuentra la caja-refugio.

En la actualidad, Palumbo viaja diariamente desde Chivilcoy a Junín, pero los inicios de su carrera la sitúan en el Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CEFYBO) de la UBA y del CONICET, Buenos Aires, lugar donde realizó su tesis de licenciatura, de doctorado en Ciencias Biológicas (UBA), posdoctorado y entró a carrera de investigador del CONICET. Ya en ese momento, los roedores eran sus aliados en los descubrimientos, aunque el simpático pececito de mar sea el símbolo elegido por ella y sus pares para expresar su identidad dentro del campo de la ciencia. De hecho, este obsequio se lo realizó su directora, la doctora Ana María Genaro, una vez que logró el Doctorado. “Nosotros observamos en aquel momento que los ratones sometidos a estrés crónico moderado manifestaban un déficit cognitivo, es decir, un déficit de aprendizaje y memoria.”.

En la práctica científica la experimentación con animales se emplea en el campo de la salud (a partir de protocolos rigurosos de bióetica), precediendo a los ensayos clínicos en seres humanos. En rigor, lo que Palumbo estudiaba en el CEFYBO, y ahora en el CIBA de la UNNOBA, continuando en colaboración con el grupo dirigido por la doctora Genaro del BIOMED-UCA-CONICET, eran algunas respuestas sobre el déficit de memoria que, en seres humanos, se manifiesta, principalmente, a través de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.

Además de la tabla circular con dieciséis agujeros, Palumbo y el resto de los integrantes del equipo, dirigidos por la doctora Genaro “pusieron a punto” otras pruebas de comportamiento en ratones que desde hace tiempo se emplean para investigar. Una de ellas se denomina Prueba de campo abierto, en la que los ratones normales y sometidos a estrés exploraban durante diez minutos una caja cuadrada, dividida en cuadrantes. Pasada una hora se los volvía a someter a la prueba y, luego, a las 24 horas. “Como la caja está dividida en cuadrantes, uno puede contar la cantidad de líneas que va cruzando el ratón. Al volver a exponer a la prueba a la hora y a las 24 horas, el ratón-control (normal) explora menos. Los estresados, en cambio, no podían recordar que allí habían estado, entonces seguían explorando, como si no reconocieran el lugar”, describe.

Para provocar estrés en el grupo de ratones, Palumbo y los integrantes del equipo emplearon lo que se denomina “estresores de intensidad moderada”, los cuales se diferencian de estresores más intensos. La directora del Laboratorio de Neuroinmunología Cognitiva de la UNNOBA ejemplifica el modelo de estrés crónico moderado: “Los ratones tienen un ciclo de 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad, entonces uno de los estresores es dejarlos 24 horas con iluminación constante. O bien, como ellos son animales sociales, se coloca un solo ratón por jaula. Además, se les saca durante un breve tiempo la comida y el agua, o se les inclina la jaula. Todo esto durante seis semanas y de manera alternada para que no puedan predecir el estresor y no se acostumbren”.

De izquierda a derecha: María Micaela Castro, María Laura Palumbo, Alejandro David Moroni. Castro y Moroni integran el equipo que dirige Palumbo.

Concretamente, los hallazgos determinaron que los ratones sometidos a estrés crónico, no solo presentaban déficit cognitivo o problemas de memoria, sino que mostraban una menor neurogénesis en el hipocampo. “La neurogénesis se da en una zona del hipocampo donde proliferan las neuronas. Hace algunas décadas se creía que el cerebro llegaba a adulto con una determinada cantidad de neuronas, y si las neuronas se morían, no volvían a crecer nuevas. Que haya neurogénesis implica que proliferan nuevas células que serán neuronas y se van a insertar en distintos circuitos cerebrales. Esto cumple un papel en el aprendizaje”, explica Palumbo. De esta manera, como los ratones sometidos a estrés crónico mostraron una menor neurogénesis, esto podría explicar los problemas en el aprendizaje y memoria observados.

La investigadora del CONICET comenta que, en humanos, la neurogénesis se estimula “a través del ejercicio físico, manteniendo el cerebro activo, leyendo, o realizando algún tipo de actividad cognitiva que implique un desafío intelectual”. La relación entre actividad física y neurogénesis fue probada previamente por otros autores en ratones: “Hay estudios donde expusieron a ratones a ejercicio físico y a otros que no (grupo de control). El resultado fue que los que realizaban actividad física continuada tenían más neurogénesis”.

Foto: Facundo Grecco

Otro componente que estudia en el CIBA son las citoquinas, que “heredó” de su familia científica de origen, del grupo de investigación dirigido por la doctora Genaro. “Antes se pensaba que las citoquinas eran moléculas propias del sistema inmune pero hoy sabemos que también se encuentran en el sistema nervioso central. En el modelo de estrés crónico estudiamos las citoquinas en el hipocampo y en ganglios del sistema inmune periférico, y encontramos que había una correlación en los niveles de estas citoquinas con el déficit cognitivo. Específicamente, en el hipocampo había una disminución de interferón-gamma y aumento de interleuquina-4 (dos citoquinas), y lo mismo observamos en ganglios.”, recuerda.

El equipo fue exitoso en su hipótesis: ellos consideraron probable que regulando las citoquinas se pudieran revertir los efectos del estrés. Y pudieron comprobarlo. Concretamente, aplicando un fármaco que se emplea en la esclerósis múltiple (pero en otras dosis) pudieron revertir el balance de citoquinas. “Como el fármaco que empleamos es un inmunomodulador, nosotros pensábamos que modulando el sistema inmune podíamos provocar cambios en el sistema nervioso central, ya que ambos sistemas se comunican. Y no nos equivocamos: pudimos revertir los efectos del estrés crónico en ratones. Esa fue parte de mi tesis de Doctorado”, recuerda.

Palumbo es doctora de la UBA en el área de Ciencias Biológicas.

En la actualidad, el equipo que dirige Palumbo está abocado a estudiar algunos componentes muy específicos de las células del hipocampo. Entre ellas, el receptor CD44, un componente de la célula que tiene por función “unirse” a la matriz extracelular. Esa matriz, que hace de “sostén” a las células, tiene como principal componente al ácido hialurónico. La investigadora defiende la originalidad de su perspectiva: “La mayoría de los trabajos del sistema nervioso están abocados a las neuronas y células de la glía, pocos son los trabajos que estudian la matriz extracelular en el cerebro. Por eso estudiamos al receptor CD44 y los niveles de ácido hialurónico de esa matriz, siempre teniendo en cuenta los efectos del estrés crónico. Queremos evaluar en ratones si el estrés provoca alguna alteración en los componentes de la matriz extracelular, del receptor CD44 o en proteínas implicadas en la modulación de este sistema”. Este estudio lo está llevando a cabo en colaboración con la doctora Laura Alaniz del CIBA-UNNOBA.

Además de estudiar el receptor CD44, el equipo que dirige Palumbo está estudiando el rol que cumplen unas enzimas encargadas de sintetizar y degradar el ácido hialurónico que se encuentran en la matriz extracelular del tejido nervioso en el hipocampo. “Hasta ahora encontramos algunas diferencias. Si pudiéramos comprobar que existen alteraciones entre las células del tejido nervioso con la matriz extracelular en condiciones de estrés, sería otra manera de abordar el déficit cognitivo. Estos estudios podrían aportar herramientas para diseñar en un futuro terapias para prevenir enfermedades neurodegenerativas”.

El equipo que dirige Palumbo está integrado por el Alejandro David Moroni (Lic. en Genética de la UNNOBA y becario doctoral del CONICET), María Micaela Castro (Lic. en Genética de la UNNOBA y becaria doctoral de la UNNOBA) y Rocío Alejandra Fernándes (tesinista de la Licenciatura en Genética de la UNNOBA).

Edición de imagen e ilustraciones: Laura Caturla

 

CIBA-2017. De izquierda a derecha: las investigadoras Carolina Cristina, Ma. Laura Palumbo, Laura Alaniz y Virgina Pasquinelli. Foto: Facundo Grecco.

Cannabis y corazón

Por Ana Sagastume

Los comienzos no fueron fáciles. Debieron afrontar los prejuicios de una comunidad que, paradójicamente, se había representado a sí misma en la historia luchando contra la superstición y las falsas creencias, por medio de la razón y procedimientos objetivos. “Nuestros propios colegas nos decían: ‘¿Vas a estudiar esto? ¿Para qué? ¡Si no se puede, ni es viable!’ Bueno, sorteando todos esos obstáculos y a fuerza de insistencia, lo pudimos hacer”, recuerda la doctora Paola Ferrero, investigadora y docente de la UNNOBA.

Con la sanción de la ley que habilitaba el uso medicinal de cannabis, en 2017, el camino se fue allanando. Sin embargo, Ferrero recuerda que el contexto aún “no era del todo favorable” porque recién salía la Ley y era “difícil conseguir la cepa (de cannabis) para realizar los ensayos”. La estudiante y becaria Ivana Gómez (Centro de Investigaciones Cardiovasculares, CIN, UNLP) reflexiona acerca de las motivaciones de esas resistencias iniciales: “En Occidente siempre se ha asociado a la marihuana por sus usos recreativos como droga, aun cuando aparece descripta en la primera farmacopea china. Entonces, nos hemos encontrado con una barrera social muy grande, incluso entre nuestros propios colegas”. Por esa asociación (droga recreativa-cannabis) que, según Ivana, sesga el pensamiento, “uno ha tenido que hablar más largo y difícil para que lo tomen en serio”.

Ivana Gómez (izq.) y Paola Ferrero (der.): "Nuestro paper fue el primero en estudiar efectos cardíacos". 

Aunque todavía quedan muros por franquear, tres años después ellas fueron testigos de una transformación significativa de las circunstancias. “La sociedad ahora pide que se haga investigación y los propios colegas también ven al tema de otra forma”, plantea Ivana. El reconocimiento internacional ha sido, en parte, responsable de esas nuevas puertas que se les abrieron, con la reciente publicación de un artículo científico en Biology Open. Esta publicación fue posible gracias al financiamiento de dos universidades públicas y a la labor de sus investigadores: la UNNOBA (a través del Departamento de Ciencias Básicas y Experimentales) y la UNLP (CIN, Facultad de Ciencias Médicas). “Nuestro paper fue un importante punto de partida porque fue el primero, a nivel nacional, estudiando efectos cardíacos”, destaca Ferrero. “Después de tanto escepticismo, esto nos permitió visibilizar el tema y comenzar a discutirlo dentro de la comunidad científica. Fue una caricia, luego de tantas trabas”, resume Ivana.

El artículo informa los hallazgos de una investigación en la que el equipo empleó como modelo a la “mosca de la fruta” (Drosophila melanogaster). Ferrero rememora: “Hace años atrás, Marcelo Morante (médico pionero en Argentina en aplicación de cannabis para fines terapéuticos) estaba buscando equipos que puedan investigar cannabis y nosotros teníamos desarrollado el modelo de moscas fumadoras. En ese momento estudiábamos los efectos del tabaco en el corazón. Nosotros nos dimos cuenta de que nuestro modelo era ideal para explorar la vía inhalatoria del uso del cannabis, porque en el ratón es más difícil logísticamente”. Ivana añade: “Es difícil estudiar al ratón a través de la vía inhalatoria, porque es complicado que el animal tenga el impulso voluntario de inhalar. En cambio, la mosca respira a través de la piel y con un sistema de tráqueas. Si vos la ponés en contacto con vapor de cannabis ella sí o sí lo va a absorber”.

Modelos usuales en ciencia básica, previos a los ensayos clínicos (en humanos).

Otra de las ventajas de emplear la mosca como modelo experimental es que puede absorber los compuestos de forma casi inmediata. “Su cuerpo está formado por poca cantidad de células, entonces se distribuye rápidamente porque la distancia entre la piel (o cutícula) y su sistema sanguíneo es muy corta”, comenta Ferrero, quien dictó la materia Farmacogenética, correspondiente a la Licenciatura en Genética de la UNNOBA. Adicionalmente, es más barata y se reproduce fácilmente. “Su corazón funciona de manera similar al humano, por eso es un modelo ideal”, enfatiza.

Para lograr los resultados publicados, el equipo realizó múltiples experimentos en los que exponían a las moscas de la fruta a vapor de cannabis, a través de un vaporizador al que se le colocaban las flores de marihuana picadas. En este punto, Ivana considera que es necesario realizar una aclaración: “Fumar un cigarrillo de marihuana y vaporizar son dos cosas distintas: fumando vos estás aspirando toda una serie de sustancias dañinas. O sea que por un lado querés que a la persona se le vayan los dolores, pero al aspirar esas sustancias tóxicas, puede existir riesgo de que se le genere cáncer de pulmón. En cambio, con la vaporización se inhala el compuesto, pero sin los efectos nocivos”.

La doctora Ferrero dirige el equipo de investigación.

En la actualidad, el cannabis medicinal se emplea mayormente para tratar episodios agudos, es decir, aquellos que surgen rápidamente y son acotados en el tiempo. Por ejemplo, una convulsión. Lo que el equipo de investigación intentó indagar es en los efectos en el corazón respecto del uso crónico del cannabis. El grupo que dirige Ferrero descubrió que, al principio, en las moscas se generaban arritmias. “Esto claramente puede ser interpretado como un efecto adverso al cannabis”, sostiene. Si, en cambio, el tratamiento se sostenía en el tiempo (tratamiento prolongado), las moscas mejoraban sus funciones cardíacas. “Quizás existen mecanismos compensatorios dentro del corazón que permiten transitar ese período negativo, como una adaptación del corazón a algo nuevo”, afirma Ferrero. “Suele pasar con otros medicamentos en que los pacientes comienzan con una dosis mínima hasta encontrar la dosis adecuada que presenta un buen balance entre producir efectos beneficiosos y tener la menor cantidad de efectos adversos posibles. Es lo que se llama 'ventana terapéutica'”, ilustra Ferrero.

Si bien el paso siguiente es realizar ensayos en mamíferos (ratones) y humanos (clínicos), la investigación permite conjeturar que quienes tengan afecciones cardíacas previas no serían buenos candidatos para consumir cannabinoides. Inversamente, en un corazón sano y con un tratamiento prolongado se podrían mejorar las funciones cardíacas. Ivana advierte: “Nosotros observamos que, a largo plazo, el corazón de mosca expuesta a cannabis se contrae con más fuerza, aumenta la contractibilidad y puede responder al estrés de mejor forma. Pero no nos tenemos que olvidar que previamente a eso se produce un aumento temporal de las arritmias. Entonces, una recomendación en pacientes sería estudiar el corazón antes y durante del tratamiento, para sumar a su seguridad y eficacia”.

Ivana Gómez integra el equipo de investigación y brindó una charla de cannabis en la UNNOBA.

Otro de los descubrimientos significativos es que no hallaron en la mosca receptores de cannabinoides conocidos en el humano (como CB1 y CB2). Entonces, ¿por qué se advierte ese efecto en la mosca por la inhalación de cannabis? ¿Tendrá otros receptores, hasta ahora desconocidos? Ese es uno de los puntos sobre los que está investigando el equipo en la actualidad. “La mosca presenta otro buen atributo: si logramos conocer el mecanismo por el cual los cannabinoides producen ese efecto en el corazón de la mosca y éste está mediado por receptores que todavía no se estudiaron en el humano, toda esa información va a servir para que otros equipos de investigación los estudien en personas”, señala Ferrero. Según explica la investigadora de Conicet y profesora de la UNNOBA, el modo de trabajo científico se realiza a partir de “bloques”: “Cada uno trabaja desde un modelo o situación particular, se van juntando bloques y así se va completando el conocimiento”.

En definitiva, conocer los receptores que actúan podría explicar por qué se producen las arritmias al inicio y se incrementa la contractibilidad cardíaca en un tratamiento prologado. “Nosotros conocemos el final de la película, es decir, saber los efectos del uso del cannabis en un tratamiento prolongado. Pero si hallamos los receptores podríamos entender el inicio y desarrollo”, intenta ilustrar Ferrero.

Moscas parkinsonianas y epilépticas

El modelo de mosca permite, al mismo tiempo, reproducir enfermedades humanas en esos insectos para así poder estudiarlas. “Están las moscas parkinsonianas, las epilépticas, las diabéticas, las obesas, las que tienen Alzheimer. Dado que esas enfermedades son producto de algunos genes modificados o mutados, si uno los aplica en la mosca, puede reproducir el fenotipo. Por eso la mosca parkinsoniana tiene trastornos en el movimiento y otras alteraciones que se comparan con el humano”, caracteriza Ferrero.

Entre toda la gama de enfermedades capaces de ser reproducidas en la mosca, el equipo se concentra ahora en dos: epilepsia y Parkinson. “El cannabis, además de atenuar los síntomas de la enfermedad, ¿posee un efecto secundario indeseable? La idea es entender mejor cómo los cannabinoides actúan en esa enfermedad en el modelo de mosca para después proponer que en el humano se estudien esas vías de señalización”, sintetiza la doctora en Ciencias Naturales, Paola Ferrero.

Además, hay una gran cantidad de cepas de cannabis. “No da lo mismo que una persona consuma una u otra, en función de su patología”, informa Ivana. De acuerdo a los estudios previos realizados, el equipo se concentrará en una cepa alta en CBD, mientras antes habían trabajado en una cepa alta en THC. Ivana: “El CBD es uno de los cannabinoides más queridos porque no presenta efectos psicoactivos, pero sí muchas propiedades medicinales”.

Por un lado, el proyecto apunta a estudiar cómo se modifica el comportamiento de la mosca parkinsoniana y de la epiléptica, en lo relativo a los trastornos en el movimiento y del sistema nervioso. No obstante, la especialidad del equipo de investigación, por su recorrido previo, se centra en el corazón. En este punto Ivana aclara la importancia de estudiar los efectos que los cannabinoides pueden tener en este órgano: “Se sabe que muchos trastornos de epilepsia están asociados a trastornos del corazón. A su vez, el corazón de una persona con Parkinson avanzado no funciona de la misma manera, por efecto de la propia enfermedad”. Por eso la investigación en la actualidad se focaliza en conocer los beneficios y efectos adversos, a nivel cardíaco, del uso de cannabis para estas dos enfermedades: “Hay que estudiar cómo actúa en el órgano sobre el que buscás un efecto (el cerebro), pero también hay que ver qué pasa en el corazón, para que así el tratamiento sea seguro”.

Los resultados obtenidos podrían complementarse con los de otros equipos de investigación que reproduzcan el mismo modelo en mamíferos. “La idea es fortalecer esas colaboraciones, para que se pueda seguir escalando”, grafica Ivana. Finalmente, el último paso sería que otros equipos, con ambos resultados, puedan realizar ensayos clínicos en humanos y así poder determinar un protocolo adecuado de tratamiento. “Nosotros no podríamos decir hoy que el cannabis es malo en una persona que tiene un problema en el corazón y epilepsia, no lo sabemos, hay que descubrirlo”, resaltan.

El equipo de investigación está conformado por la doctora Paola Ferrero (investigadora CONICET y profesora UNNOBA), la doctora Manuela Santalla (becaria posdoctoral CONICET y auxiliar docente UNNOBA), el doctor Carlos Valverde (investigador CONICET y docente UNLP), la estudiante Ivana Gómez (becaria CIN), la licenciada Maia Rodríguez (becaria UNLP), Nadia Paronzini Hernández (médica UNLP), Luciana Scatturice (tesinista UNLP), Ana Clara Maldonado (técnica UNLP), Belén Lucha pasante programa NUBA, UNLP).

Los ensayos en moscas se realizan de acuerdo a normas éticas de experimentación con animales.

Infografías y edición de imagen: Laura Caturla


El potencial del sauce

Por Ana Sagastume

Investigadores de la UNNOBA estudian la madera de sauce como material para la construcción, ya que el crecimiento de este árbol, que es pariente cercano del álamo, posee ciertas ventajas entre las que se destacan su rápido y fácil modo de crecimiento.

Ana Clara Cobas es doctora en Ciencias Forestales y dirige el proyecto desde el Laboratorio de Ensayos de Materiales y Estructuras de la UNNOBA, ubicado en Sarmiento 1169, ciudad de Junín. “A partir de una rama, lo que se llama una estaca, podés hacer un árbol nuevo. Esto implica que a los dos años tenés un nuevo ejemplar de tamaño considerable y a los quince lo podés estar cortando, frente a un roble o quebracho que tardan cuarenta años en crecer. Entonces es mucho más rápido el proceso”, comenta Cobas. Esta forma de reproducción (por estaca) se denomina clonación, a diferencia de la que tiene lugar a partir del cruzamiento sexual.

Ana Clara Cobas, doctora en Ciencias Forestales.

El proceso de clonación, a la vez, permite reproducir las características genéticas del árbol original. Sin embargo, el árbol podrá sufrir variaciones de acuerdo al ambiente. “Sus propiedades van a variar dependiendo del lugar donde esté. Además, dentro del mismo árbol tenés variaciones de las propiedades que van desde la base al ápice, y desde la médula hacia la corteza”, plantea.

Si esas variaciones en la calidad de madera fueran muy grandes, el material podría presentar dificultades para su uso industrial. Por eso, uno de los objetivos del proyecto es estudiar la significancia de esas variaciones. Cobas puntualiza: “Nos interesa conocer cuán importantes son esas variaciones, si resultan significativas y si las propiedades de resistencia mecánica permitiría su uso en construcción”.

Construcción realizada por Pino Amarillo, partido de Pinamar. Fuente https://maderamen.com.ar/

La docente e investigadora aclara que, como el material de un árbol es de origen biológico, nunca es homogéneo: “No se produce de la misma forma que el acero y el hormigón. Podés elegir la especie, el clon, pero luego va a variar el material de acuerdo al lugar donde esté plantado (calidad de sitio), la cuestión genética y la interacción entre ambos factores. La idea es estudiarlo bien para saber para qué puede servir”.

Construcción con madera

¿Por qué sería importante estudiar la madera de un árbol? Cobas señala: “En la actualidad, hay una tendencia a la construcción de viviendas sustentables, económicas, sociales, ya que el hormigón y los ladrillos generan contaminación ambiental, además de que su empleo en construcción resulta más caro”.

Casa canadiense de madera de eucalipto, Concordia, Entre Ríos. Proyecto “Un techo digno para todos “

Sin embargo, en la decisión de construir con madera o con ladrillos, las personas tienen en cuenta no solamente factores ideológicos (apoyo a la ecología), o económicos (nivel de ingreso). También cobran peso las costumbres y las creencias de una sociedad. “Acá, en Argentina no es muy común el empleo de la madera en construcción, a diferencia de lo que sucede en otros países, como Estados Unidos”, plantea Cobas en relación al primero de los dos aspectos.

Respecto de las creencias, Cobas reconoce que la madera “tiene mala prensa en construcción”. Así fundamenta, entonces, la importancia de la investigación: “Construir en madera no tiene por qué implicar construir en mala calidad. Hay que desmitificar eso. Se puede construir en madera si se hacen las cosas bien. Y para hacer las cosas bien, primero hay que conocer”.

Además de la variación que presenta el sauce, el proyecto de investigación tiene previsto estudiar su durabilidad y resistencia: “El estudio podría determinar si es apto para construcción o en qué sector se podría utilizar. Por ejemplo, podría determinarse que es poco durable pero muy resistente, entonces en ese caso se podría usar en tirantes, previa preservación de la madera. O que es durable pero poco resistente, entonces se podrían usar para la fabricación de muebles”.

Los hallazgos hasta el momento determinaron que la madera del sauce es semidensa. “Encontramos que tiene una densidad media de 400 kilogramos/metros cúbicos. O sea, no está tan mal en cuanto a la densidad”, especifica Cobas. Y en relación a la variación de esa densidad informa: “De médula a corteza hallamos que hay una variación poco significativa. Pero sí encontramos una diferencia respecto de lo que es la base y los dos metros. Eso es bueno tenerlo en cuenta para clasificar la primer troza (de la base a los 2 metros de altura) como de mayor calidad, y la segunda troza (superior a los 2 metros) como de calidad inferior”.

El otro aspecto que estudian es la durabilidad. “Nos estaría faltando culminar los ensayos mecánicos”, aclara la ingeniera Forestal y añade: “Una cosa es estudiar la durabilidad natural de la madera, sin añadirle ningún producto. Y otra cosa es estudiar cuánto extienden esos productos la vida útil de la madera”.

Los principales enemigos de la salud de la madera son los hongos. Para atacarlos y así aumentar la durabilidad de la madera, existen distintas alternativas que no son tan amigables con el medioambiente. “Algunos postes, por ejemplo, pueden tener un producto de cromo-cobre-arsénico (CCA) en su interior que evita que la madera sea atacada. O biocidas, que son sustancias químicas que impiden la proliferación de organismos nocivos”. Sin embargo, aunque esos productos estén en el interior y, por tanto, no generen un daño inmediato, Cobas reflexiona que “la madera alguna disposición final tiene que tener”. “Por ejemplo, quemarse, y cuando eso sucede se liberan tóxicos al medioambiente. Lo mismo si los enterrás: la madera termina degradándose y se liberan”.

En coherencia con un proyecto que podrá tener como aplicación futura la construcción de viviendas sustentables, la investigadora defiende el uso de métodos alternativos para preservar la madera. Puntualmente, a partir de métodos químicos y térmicos se puede modificar la estructura interna de la madera, para que ella “no sea apetecible para los hongos e insectos”. “De esta manera, nos evitamos añadir productos como los biocidas que en Europa ya están prohibidos”, subraya. Debido a que cada especie particular de árbol reacciona de manera diferente frente a esos tratamientos, el proyecto de investigación también apunta a encontrar un modo alternativo para preservar la madera del sauce.

La investigadora espera poder determinar con exactitud, una vez que culminen todos los ensayos mecánicos, si la madera de sauce es útil para la construcción en estructuras. “Si logramos determinar que no sirve estructuralmente, podríamos establecer qué otras aplicaciones podría tener”, finaliza.

El proyecto de investigación dirigido por Ana Clara Cobas está integrado también por los ingenieros Miguel Tortoriello, María Victoria Doblari y Renso Cichero, y el técnico Luis Seewald. Participan además los siguientes alumnos: Lautaro Zorrilla, Paula Aragón, Jacqueline Gallo, Francisco Carboni. Por parte del Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica de la UNLP participan la doctora María Verónica Correa y el ingeniero Gustavo Veloso.

Infografías y diseño: Laura Caturla

 


Nuestro mito de origen

Por Agustín Orsi

Profesor de Historia de la Escuela Secundaria Domingo F. Sarmiento de la UNNOBA.


 

El 25 de mayo de 1810 había comenzado una revolución en el Río de la Plata con el objetivo explícito de formar un gobierno autónomo debido a que el Rey Fernando VII se encontraba detenido por el ejército de Napoleón Bonaparte. Se apelaba así al principio de retroversión de la soberanía, el cual planteaba que frente a la ausencia del monarca considerado legítimo el poder debía retornar a los pueblos que originalmente se lo habían otorgado. Esto no implicaba exigir la independencia de España; por el contrario, tenía la pretensión de que los habitantes del hasta entonces Virreinato del Río de la Plata pudieran elegir sus propias autoridades y manejar sus asuntos económicos hasta que el Rey volviera a su cargo.

A partir de ello fueron surgiendo distintas posiciones entre los revolucionarios, predominando aquella que tenía la intención de continuar perteneciendo a la corona pero conservando la autonomía. Este proyecto no pudo prosperar. Con el retorno de Fernando VII al trono español en el año 1814 y su consecuente restauración monárquica, las alternativas se habían reducido a sólo dos posibilidades: se regresaba a una sumisión total a la metrópoli como quería el Rey o se ponía un punto final a esa relación y se declaraba formalmente la independencia.

Agustín Orsi, junto a sus alumnos de la Escuela Secundaria de la UNNOBA.

En un panorama sumamente conflictivo, entre guerras e intensas luchas políticas, el 24 de marzo de 1816 en la pequeña San Miguel de Tucumán se abrían las sesiones del Congreso convocado por el gobierno central. Un Congreso que no había sido sencillo reunir pero que la situación reclamaba urgente, debía tomarse una decisión. Luego de largas sesiones, el 9 de julio los veintinueve diputados presentes optaron por la opción más radical: declararon la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica de la dominación española y de toda dominación extranjera.

El historiador Gabriel Di Meglio, quien visitó a la UNNOBA en 2017, planteó en su libro 1816: la verdadera trama de la Independencia que el Congreso de Tucumán encerró una paradoja: sus integrantes eran notablemente más conservadores que sus predecesores revolucionarios, pero fueron ellos quienes terminaron dando el paso independentista. Movidos por las circunstancias, creían que de esa manera podrían reconstruir un poder fuerte y legítimo, y terminar con años de conmociones políticas y sociales. Así lo expresaban en el Manifiesto del Congreso a los Pueblos que dieron a conocer el 1 de agosto: “Fin a la revolución, principio al orden”.

"Para muchos 1816 fue una gran desilusión. Aunque nosotros conozcamos el final de la historia, para sus protagonistas el destino todavía era incierto".

Sin embargo, esta fuerte decisión abría paso a otra serie de problemáticas que también requerirían solución. En primer lugar, como sostienen muchos historiadores, la referencia a las Provincias Unidas de Sudamérica estaba expresando una situación de indefinición con respecto a cuáles serían concretamente los territorios que quedarían bajo la nueva condición jurídica. La Banda Oriental (actual Uruguay) y las provincias del Litoral (Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y Misiones) no habían formado parte del Congreso y aún existían extensos territorios que se encontraban en manos de pueblos indígenas ajenos a esa situación. Por otro lado, tampoco se había podido resolver en él cuál sería la forma de gobierno a adoptar, ni sancionarse una constitución.

El Congreso había sido imaginado inicialmente como el medio necesario para la superación definitiva de la crisis y generado entusiasmos a partir de la declaración de la independencia; sin embargo, dejaba más cosas por hacer de las que había podido resolver. La región se encontraba en medio de una situación económica sumamente delicada y casi todas las demás insurrecciones del continente se hallaban derrotadas, su futuro no estaba asegurado. Para muchos 1816 fue una gran desilusión. Aunque nosotros conozcamos el final de la historia, para sus protagonistas el destino todavía era incierto.

9 de Julio de 2019 se conmemora un nuevo aniversario de la Independencia. Desde aquí, 203 años después, podemos decir con tranquilidad que fue un hito fundamental para la formación de lo que posteriormente sería la Argentina. Ha sido recordada, enseñada y celebrada, en conjunto con la Revolución de Mayo, como el inicio de la nación, nuestro mito de origen. Sin embargo, muy lejos se estaba entonces de algo parecido a ello, sus protagonistas no tenían las cosas tan claras: vivieron cada situación con una gran incertidumbre, actuaron según sus convicciones y, fundamentalmente, las circunstancias.

Orsi, docente de la Escuela, profesor en Historia y doctorando por la UNLP.


Noche por un instante

Por Ezequiel Romanelli

Profesor de Geografía de la Escuela Secundaria Presidente Domingo F. Sarmiento (UNNOBA)


El próximo martes 2 de julio miles de personas en Sudamérica podrán emocionarse al experimentar cómo el día se convierte en noche durante un breve momento, a medida que la luna se pasea frente al Sol.

Un eclipse de Sol resulta ser un evento astronómico extremadamente poco frecuente. A lo largo de los siglos han sido observados, aunque en la antigüedad no eran tan bienvenidos como en la actualidad, debido a que se consideraban "malos presagios". Pero en años recientes hemos entendido lo que realmente sucede. Se puede decir que un eclipse solar es un fenómeno que ocurre cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, y oscurece completa o parcialmente la imagen de éste.

Romanelli (tercero desde la izquierda) junto a algunos de sus alumnos de la Escuela Secundaria de la UNNOBA.

Ahora bien, este fenómeno  que no ocurre seguido y que comúnmente tampoco suele ser visible desde Argentina, tendrá en esta ocasión un aditivo más que nos obliga agendar esta fecha. Porque se trata de un eclipse solar total, el cual se produce cuando el diámetro visible de la Luna parece más grande que el del Sol, bloqueando directamente toda su luz, convirtiendo así el día en oscuridad. La rotación de la Tierra se encarga de que esta zona se desplace por la superficie, siempre de oeste a este, y de este modo forme una “banda de totalidad”.

Este fenómeno tan singular ocurrirá durante el atardecer y será visible en todo el país –e incluso en países vecinos- en diferentes grados, pero sólo será total dentro de una franja de apenas 150 a 200 km de ancho. Cruzará, en orden cronológico, el centro de la provincia de San Juan, el sur de La Rioja, el norte de San Luis, el centro/sur de Córdoba, el sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires.

Afortunadamente Junín, Pergamino, Rojas y otras localidades de la región forman parte de esa “franja de totalidad”. Por eso serán escenarios privilegiados de este suceso que durará unos escasos minutos. Según la información brindada por el Observatorio Galileo Galilei de Buenos Aires, tendrá lugar a las 17:42. Es importante destacar que este acontecimiento es de suma rareza: deberemos aguardar más de doscientos años para que vuelva a tener lugar.

Fuente: Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP.

Para tener una mejor visión se recomienda ir a un lugar despejado hacia el noroeste. Si bien el fenómeno es imperdible, ciertas medidas de precaución son necesarias para observar directamente el eclipse cuando no está en su totalidad. Los especialistas recomiendan no observar directamente el sol, ya que su brillo puede producir problemas en la visión tan graves como la ceguera. Por ello, queda totalmente prohibido mirar al "astro rey" a través de una cámara fotográfica, teléfono, binocular, telescopio o cualquier otro dispositivo óptico sin que tenga un filtro solar certificado para este uso. Esto se puede solucionar utilizando anteojos con filtros de reflexión, que emplean “mylar” de grado óptico, un filtro de máscara de soldar de índice 13, el cual puede comprarse en las ferreterías o una cámara estenopeica que se puede hacer de manera casera.

Este espectáculo tan particular es una oportunidad ideal para que nuestros alumnos de la Secundaria Presidente Domingo F. Sarmiento puedan vincular ciencia y tecnología con la vida cotidiana. Para vivenciar esta experiencia única se han programado una serie de actividades previas al evento astronómico en la escuela. Pero con el fin de generar nuevos aprendizajes desde modalidades no convencionales se propone la observación del fenómeno en el Campo Experimental de la UNNOBA. Allí, junto a un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) realizarán una cámara oscura o estenopeica para poder observar de forma segura el eclipse. Las actividades propuestas persiguen el objetivo de que nuestros jóvenes puedan potenciar sus competencias a través de la adquisición de herramientas propias del ámbito de la ciencia, en particular de la astronomía, a través de estrategias innovadoras para lograr aprendizajes compresivos y colaborativos. Además, es importante destacar que las actividades se desarrollarán con la participación de la familia de nuestros estudiantes para que la experiencia sea más enriquecedora.

Romanelli es docente de la Escuela Secundaria de la UNNOBA

Inclusión con calidad

Por Guillermo R. Tamarit

Doctor en Derecho. Profesor de Derecho Público de la UNNOBA. Actual rector de la UNNOBA (electo para el período 2019-2023).


El pasado 14 de junio, en oportunidad del acto de la asunción del Rectorado de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires para el período 2019-2023, planteamos nuestra perspectiva de la educación superior.

Justamente ese día se cumplían 33 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges. Lo recordé a partir de una frase, que para los que estamos comprometidos con la tarea de la educación, resulta significativa e inspiradora:  “Creo que uno solo puede enseñar el amor de algo. Yo he enseñado, no literatura inglesa, sino el amor a esa literatura. O mejor dicho, ya que la literatura es virtualmente infinita, el amor a ciertos libros, a ciertas páginas, quizás a ciertos versos. Es decir, lo que hace un profesor es buscar amigos para los estudiantes. El hecho de que sean contemporáneos, de que hayan muerto hace siglos, de que pertenezcan a tal o cual región, eso es lo de menos. Lo importante es revelar belleza y solo se puede revelar belleza que uno ha sentido”.

Esta visión sobre el acto de enseñar coincide, en cierto sentido, con la de aquellos reformistas de 1918,  quienes señalaban el vínculo profundo que tenía lugar entre el profesor y el alumno, a partir de la búsqueda del conocimiento: “Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden”.  Aquellos jóvenes, como Borges, consideraban "maestros" a "los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien".

Nuestra Universidad se inspira en estos valores, relacionados con la Reforma Universitaria de 1918.  Además de esta perspectiva sobre la educación, los reformistas nos dejaron otros legados que hoy seguimos defendiendo:  autonomía de las universidades, cogobierno universitario, universidad abierta y democrática con fuerte protagonismo de los estudiantes,  extensión e investigación puestas al servicio de los intereses populares.

Más allá de estos valores centenarios, consideramos que una Universidad del siglo XXI, debe tener una visión global, y, al mismo tiempo, estar preocupada por su región.  Esto no debe hacernos perder de vista, a su vez, que Latinoamérica sigue siendo nuestro espacio de pertenencia.

Manifiesto Liminar de 1918, documento fundante del movimiento que dio lugar a la Reforma Universitaria

En el nuevo contexto global, debemos atender a nuevas problemáticas: la incertidumbre en los procesos políticos, económicos y sociales que impactan en los procesos de desigualdad social, la nueva configuración del mundo del trabajo, el impacto de la tecnología en la vida, las nuevas demandas en torno al género, entre otras.

Para todos los desafíos que tenemos por delante, confiamos en una forma de trabajo que privilegia la honestidad como una manera de afrontar la tarea cotidiana. Entendemos que ella es una de las principales herramientas con que cuenta la sociedad para su mejora. Al mismo tiempo, confiamos en el trabajo en equipo, como fórmula a partir de la cual realizamos nuestra mejor contribución a la educación superior y al esfuerzo continuado.

El legado de la Reforma de 1918 refiere a la democracia universitaria y al protagonismo de los estudiantes

En el centro de nuestras preocupaciones se encuentra la cuestión social. Consideramos, como Domingo F. Sarmiento, que  “todos los problemas son problemas de educación”. Por eso, como sociedad debemos redoblar esfuerzos para resolver las cuestiones más acuciantes de pobreza, falta de trabajo de calidad, y falta de competencias y habilidades de importantes sectores sociales, en especial de los jóvenes. El aporte de la UNNOBA en este sentido refiere a trabajar desde la oferta de grado académico en el fortalecimiento de las áreas de vacancia y las carreras prioritarias que están en línea con las políticas de desarrollo de la región.

En el plano del trabajo realizado, debemos remarcar el crecimiento que ha tenido la ciencia en la región, no solo por la cantidad de institutos y centros creados en el noroeste bonaerense a partir de la instalación de la UNNOBA, sino también por la cantidad de nuevos investigadores que están abocados específicamente a esa tarea dentro de la Universidad. Estos científicos de trayectoria son responsables de guiar a los becarios, quienes son graduados o alumnos de la Universidad que decidieron iniciar su carrera de investigación desde una perspectiva regional. Debemos enfatizar que esta política universitaria que propició la creación de institutos y  actividades científicas se funda en la convicción de que la investigación debe ser la locomotora que guíe al resto de las actividades universitarias. Porque estamos persuadidos de que las universidades que no investigan no son verdaderas universidades.

 

Estamos orgullosos también de la amplia cobertura territorial que hemos logrado a través de la Extensión Universitaria. No solamente la Universidad ha llegado a una gran cantidad de localidades de la región, sino también a distintos grupos sociales y generacionales, desde niños en las programas de extensión y las "Casitas del Saber", hasta adultos mayores con el PEPSAM.

Nuestro horizonte futuro apunta a seguir trabajando por la inclusión y la calidad. Inclusión a través del programa Nexos, para que cada vez mayor cantidad de jóvenes lleguen a la Universidad desde las actividades de articulación que realizamos con los colegios secundarios de la región. A su vez, nuestro Programa de Educación Digital nos permitirá llegar a los sectores más alejados de la región. En tanto, nuestro Instituto de Oficios se ocupará de mejorar las posibilidades de los trabajadores y desocupados.

TecUNNOBA es una muestra que favorece el contacto entre estudiantes secundarios y la Universidad

En relación a la calidad, entendemos que ella se sustenta en evaluar cada una de nuestras actividades y plantearnos, en función de ello, procesos de mejoras. Por eso, tenemos previsto realizar una nueva evaluación integral de la institución, a la vez que desarrollaremos el Programa de Evaluación de Investigación. Estas acciones nos permitirán plantearnos políticas de mediano y largo plazo consistentes con las demandas de la región y el país.

Creemos que este es el camino para desarrollar "más y mejor universidad pública".

 


El árbol perfecto

El fresno es el árbol más elegido por los juninenses (28%). Le siguen el ligustro (14%) y liquidámbar (11%). Imagen: Centro de Edición y Diseño (CeDI)

Por Ana L. Sagastume

Son pocas las ciudades que conocen con exactitud cuántos árboles tienen. Junín es una de ellas, gracias a un censo realizado en la UNNOBA por un equipo que dirigió la doctora en Ciencias Agrarias y Forestales, Ana Clara Cobas.

El trabajo consistió en contabilizar todos los árboles de las veredas del casco urbano de Junín (sin tener en cuenta plazas ni plazoletas), clasificarlos según la especie y determinar su estado sanitario. “Tenemos cerca de 28 mil árboles en el casco urbano”, arroja Cobas como dato final y opina: “Esto no es poco, si se lo compara con censos que se han hecho en otras ciudades”. Para tomar un ejemplo, Rosario posee alrededor de 1.228 árboles por km cuadrado, en tanto que Junín lo supera con 1.556 para la misma superficie. Esto representa entre 10 o 15 árboles en promedio, por vereda.

Ana Clara Cobas es investigadora del Laboratorio de Ensayos de Materiales y Estructuras (LEMEJ) de  la UNNOBA. Además de docente, está a cargo de distintos proyectos de Extensión Universitaria.

Pero la sorpresa de Cobas no fue por la cantidad hallada sino por la especie que aparece en el primer lugar: no es el plátano, tal como las quejas populares le sugerían en un principio, antes que inicie el estudio. En rigor es el fresno el árbol más elegido para las veredas juninenses, con un 28%. A él le siguen el ligustro disciplinado, con un 14% y el liquidámbar, con casi un 11%. Recién en cuarto lugar aparece el plátano (con un 9%,  lo que representa sólo un tercio de la cantidad de fresnos totales), objeto cotidiano de malestar de los vecinos, por las alergias que éste favorece y el anegamiento en las canaletas que produce su floración.

Plátanos en avenida Libertad.

Cabe preguntarse: ¿son apropiadas las especies halladas por la altura que desarrollan y el “nivel de agresividad de sus raíces? En todo caso, ¿existe un árbol “ideal” para el casco urbano? “Depende del ancho de la vereda”, aclara Cobas. El fresno (dorado y americano) está indicado para veredas medianas, de más de dos metros y medio de ancho. Esto implica que en veredas más angostas podrá causar algún tipo de problemas. En tanto, el ligustro disciplinado es un árbol de porte chico que puede inclusive plantarse en veredas angostas (con un ancho de entre 1,5 a 2,5 metros). Sin embargo, no es tampoco un árbol “ideal” porque sus frutos, unas bayas de color azulado, tiñen las veredas y por ese motivo son la fuente del descontento de muchos vecinos. Cobas, que normalmente tiene un hablar sereno y amable, cambia el tono y sostiene tajante: “Hay muchas quejas de los árboles... que las hojas que se caen, que las semillas que tapan cañerías, que las veredas que rompen... ¡Son árboles que tienen que adaptarse a un ambiente que no es el suyo! Debemos, entonces, aprender a coexistir”.

Típica corteza de plátano que exhibe distintos tonos  en la gama de grises y marrones.

Con la amplia gama de tonos que exhibe en otoño -que van desde el rojo vibrante, pasando por el morado, hasta al amarillo y verde-, sus hojas en forma de estrella y de textura suave, el liquidámbar podría ser el árbol perfecto si se consideran sus atributos, exclusivamente, desde un punto de vista estético. Sin embargo, solo está recomendado para veredas anchas, mayores de 3,5 metros. “El liquidámbar es un árbol de porte grande, que crece bien en una rambla o bulevar, donde puede desarrollar sus copas. Por ejemplo en avenida Libertad o avenida San Martín. Hay que tener en cuenta que este árbol, cuyos ejemplares en Junín son jóvenes, llegará a la misma altura que los plátanos añejos de Pueblo Nuevo”.

El liquidámbar sólo es apropiado para ramblas y bulevares.

Aunque plantar un árbol traiga ciertos inconvenientes (tener que barrer la vereda y limpiar los techos y canaletas con cierta regularidad), Cobas remarca los múltiples beneficios que aporta: “Además de brindar oxígeno, el árbol regula la temperatura y disminuye el impacto de las lluvias”. Sin embargo existen árboles que, sin lugar a dudas, no están recomendados para las veredas, porque las desventajas que proveen superan a las ventajas. En este grupo se encuentran los sauces y álamos: “Son dos árboles muy invasivos, porque tienen muchos rebrotes. Sus raíces tienen un nivel de agresividad tal, que pueden terminar rompiendo caños de gas y agua y cimientos de la vivienda”. Cobas tampoco recomienda plantar paraísos, pero por otros motivos: “Existen árboles que no se adaptan bien a la zona, en el caso del paraíso se enferma mucho y se termina pudriendo”. Así y todo, este ejemplar es el que le sigue al plátano en la elección de los juninenses (en quinto lugar y con un 5,5%).

Según Cobas, el sauce no es apropiado para la vereda.

El censo se realizó en el ámbito del Laboratorio de Ensayos de Materiales y Estructuras (LEMEJ) que dirigen el ingeniero Luis Lima (director científico) y la ingeniera María José Castillo (directora ejecutiva).  El proyecto estuvo a cargo de las ingenieras agrónomas Viviana Cornejo y Patricia Correa, que trabajaron junto a Cobas. Como censistas, participaron diez estudiantes de Agronomía de la UNNOBA:  María del Rosario Malavolta, Sofía Canalis, Federico Martiñan, Cristian Reynoso, Nicolás Piorno, Lucas Witting, María Paz Di Costanzo, Carol Androver, Martina Mugavero y Fernando Golpe.

En la actualidad, Cobas está a cargo de un proyecto de Extensión que tiene por meta sensibilizar a la población respecto de la importancia del arbolado urbano, así como brindar información útil respecto de especies apropiadas, los cuidados, los métodos de poda y las normativas municipales. Para ello, tienen previsto brindar charlas en las distintas sociedades de fomento de la ciudad de Junín y distribuir folletos con recomendaciones respecto de la poda y árboles apropiados (de acuerdo al ancho de la vereda).

El censo de arbolado urbano implicó un estudio minucioso para contabilizar los árboles del casco urbano de Junín y clasificarlos, según la especie. Además, se determinó el estado sanitario y la altura de los ejemplares, así como el estado de las veredas.

Disciplinar la naturaleza

Si en los espacios abiertos es importante, en la ciudad resulta fundamental podar los árboles, no solo para preservar la salud de las especies sino también para prevenir futuros accidentes. En efecto, no es “podar por podar”: existen normas y técnicas apropiadas para llevar adelante dicha tarea. En principio, respetar la armonía y la forma original del árbol. “Debe podarse en proporción al árbol. Es decir, si el árbol es muy grande no podés dejarle una copa pequeña. El tamaño de la copa debe estar en relación a la raíz y al tronco”, señala Cobas y recuerda: “Había una forma de podar muy típica en Junín en la que se dejaba el tronco, dos ramas y se mochaba, para que después saliera la copa redondita, pero esa no era la forma natural del árbol”.

Otro punto importante es intentar mantener el equilibrio del ejemplar: “Si tenes el cableado de un lado y, por ese motivo, querés sacarle las ramas, no tenés que sacar todo de un lado y nada del otro. Hay que preservar la estructura y armonía del árbol”.

El mejor momento para realizar la poda es en los meses más fríos. De ahí viene la máxima popular de que solo se poda en los meses sin erre (mayo, junio, julio y agosto). “De esta manera disminuimos la posibilidad de que ingresen patógenos, como hongos e insectos, que luego podrían hacer que el árbol se enferme y muera”, fundamenta Cobas.

Porque, precisamente, al podar estamos infringiendo una herida al árbol, existen técnicas que disminuyen el daño causado: “Debe podarse de manera oblicua y no recta, para así favorecer que la savia drene y cicatrice el corte, evitando el ingreso de patógenos que enferman al árbol”. Otra recomendación es que la superficie cortada quede lisa (mediante sierras o serruchos) y que se realice en la base del nacimiento de esa rama.

Cobas señala que la enfermedad en un árbol es, muchas veces, un proceso lento, no visible en lo inmediato: “Hay árboles que se van ahuecando de a poco. Vos no te das cuenta y un día de tormenta se caen, porque en realidad estaban enfermos desde hacía mucho tiempo. En la ciudad esto podría ser peligroso, porque hay casas, gente que transita por la vereda, autos, etcétera”.Read more


Chía para la industria de alimentos

Por Ana L. Sagastume

En la elaboración de aceite de chía se obtiene como residuo una harina que, degradada de un modo específico, genera antioxidantes, beneficiosos para la salud de los seres humanos. Bajo el mismo método, se puede lograr un “hidrolizado proteico” que mejora la textura, el sabor y la duración de algunos alimentos.

Estos hallazgos surgen de una investigación que la UNNOBA está desarrollando desde hace tres años y que podría contribuir no solamente a mejorar la calidad y propiedades de algunos alimentos, sino también a disminuir los residuos generados por la industria alimentaria. El proyecto es dirigido por las doctoras Alicia Gallo (directora del proyecto) y María José Torres (co-directora) desde CITNOBA (Centro de Investigación y Transferencia del Noroeste de Buenos Aires, UNNOBA-Conicet).

De izq. a der.: A. Clara Díaz, Camila Tilli, Ma. José Torres, Alicia Gallo y Eugenia Galazzi.

En la actualidad la industria emplea la semilla de chía, en mayor medida, para obtener aceite. María José Torres, doctora en Ciencias Biológicas y docente de la UNNOBA, fundamenta el valor del proyecto en el contexto de una industria que pretende ser más amigable con el medioambiente: “En general, en el proceso de elaboración de alimentos, se generan muchos residuos y hoy hay una tendencia a intentar disminuirlos, aprovechando lo máximo posible que pueda consumirse. Puntualmente, en el caso de la chía, es bastante la harina que se genera con la extracción del aceite. Es decir, un gran porcentaje se desperdicia, cuando la harina de chía tiene la ventaja de ser muy rica en fibras y proteínas”.

En principio, los integrantes del grupo de investigación, formado también por tres becarias, trabajaron en el proceso de limpieza de la harina, para descartar almidones y algunos restos de aceites que pudieran quedar, obteniendo así un concentrado “puro” de proteínas y fibras. “A las proteínas las hidrolizamos, es decir, empleamos enzimas para degradarlas. ¿Por qué degradarlas? En general, cuando las proteínas se hidrolizan mejoran sus propiedades y están más disponibles para la absorción en la digestión”, describe Torres.

María José Torres trabaja como investigadora en el Laboratorio de Alimentos del Edificio Eva Perón.  También es docente de Enzimología de la carrera Ingeniería de Alimentos.

Las proteínas son macromoléculas constituidas por cadenas largas de moléculas más pequeñas, unidas entre sí por una especie de “bloquecitos” encadenados. “Las enzimas lo que hacen es romper las uniones de esos bloquecitos para que podamos absorberlos, porque a la cadena entera no la podemos absorber”, intenta simplificar Torres, profesora en la UNNOBA de la materia Enzimología de Alimentos.

En verdad, el cuerpo humano posee muchísimas enzimas responsables de reacciones metabólicas como la respiración y la digestión. “Las enzimas son catalizadores biológicos. Esto significa que aceleran las reacciones, es decir, permiten que una reacción ocurra más rápido. Las enzimas digestivas, por ejemplo, degradan las proteínas que nosotros ingerimos, pero ya en la saliva tenemos otras enzimas que degradan el almidón y los hidratos de carbono. Esto facilita la absorción posterior”, explica Torres.

Harina y semillas de chía

El equipo de investigación experimentó con dos tipos de enzimas, una obtenida a partir del fruto de la papaya, llamada papaína, y otra fúngica, es decir, obtenida a partir de un hongo. Los resultados arrojaron que ambos hidrolizados proteicos (obtenidos por las dos enzimas, papaína y fúngica) mejoraban las propiedades funcionales de las proteínas. Por ejemplo, aumentaban la capacidad para retener agua y aceite, lo que permitiría que el alimento que las contenga sea más húmedo, sabroso y agradable al paladar. También colaboraban en incrementar las capacidades espumantes o gelficantes, convirtiendo el producto final en un alimento de mayor volumen o cuerpo.

Budín elaborado con harina de chía (a partir de un hidrolizado proteico)

Los hidrolizados proteicos obtenidos a través de papaína mostraron una ventaja adicional: poseen actividad antioxidante, beneficiosa para la salud humana. “Numerosas investigaciones han demostrado que los antioxidantes son capaces de prevenir ciertas enfermedades crónicas, como las cardiovasculares. Se encuentran muy presentes en vegetales coloridos, como el repollo colorado, el tomate, la zanahoria, la remolacha, la espinaca”, intenta graficar la investigadora y docente de la UNNOBA.

La “lucha” de los antioxidantes se da, a nivel microscópico, en contra de los radicales libres, quienes oxidan a las moléculas de la célula hasta que ésta termina muriendo. De esta manera, los antioxidantes que las personas ingieren previenen la muerte celular y resultan, por ese motivo, benéficos para las personas que los ingieren.

Los radicales libres dañan moléculas, como el ADN. Los antioxidantes neutralizan a los radicales libres impidiendo que puedan producir daño.

Adicionalmente, estos antioxidantes que los hidrolizados proteicos han demostrado poseer pueden resultar útiles para la elaboración de alimentos. Torres comenta, precisamente, que los antioxidantes suelen agregarse de manera artificial para evitar la oxidación de los componentes del alimento (especialmente las grasas). Esa oxidación se detecta al percibir un sabor rancio y desagradable al paladar. “De esta manera, se podrían reemplazar los antioxidantes artificiales, hoy cuestionados, por antioxidantes naturales. Como resultado de ello, el producto duraría más tiempo, sin riesgos para la salud humana”, plantea.

Como meta a futuro, el equipo pretende profundizar esta investigación y estudiar otras harinas, como las del sorgo y del girasol, recuperando sus proteínas y determinando sus propiedades funcionales. Además, apuntan a contribuir en el desarrollo de productos de la industria, elaborando lo que se conoce como “alimentos funcionales”, benéficos para la salud humana.

El equipo está dirigido por Alicia Gallo, doctora en Ciencias Aplicadas y profesora Asociada de la UNNOBA y UNLu. Además de María José Torres, docente de la UNNOBA e investigadora del Conicet y CIT-NOBA, lo componen tres becarias: Eugenia Galazzi, licenciada en Alimentos de la UNNOBA y doctoranda en Ciencias Aplicadas; Ana Clara Díaz, estudiante avanzada de Ingeniería de Alimentos y becaria CIN; Camila Tilli, estudiante de avanzada Ingeniería de Alimentos y becaria de la UNNOBA.

 

 

 


La magia de la transformación

Por Ana L. Sagastume

Primera paradoja. La naturaleza parece manifestarse en toda su generosidad, cuando de un solo árbol del modesto jardín hogareño nacen cientos de frutos que prodigan aromas, colores y sabores. Sin embargo, tanta abundancia es demasiada para una sola familia y no son pocas las veces que naranjas, ciruelas y limones terminan podridos, desechados, incrementando así el volumen del relleno sanitario.

Una solución para evitar este desperdicio es el empleo de conocimientos ancestrales para conservar alimentos y así disponer de frutas durante todo el año, diversificando de esta forma la alimentación de los integrantes del grupo familiar.

De acuerdo al ingeniero Agustín Sola, coordinador del Programa de Alimentos de la UNNOBA, el descubrimiento de alternativas para preservar la comida sin que se estropease fue un avance evolutivo “enorme” para la humanidad, ya que permitió a los hombres y mujeres prehistóricos dedicar tiempo a otras actividades, además de a la mera búsqueda de alimentos frescos.

Puntualmente, los orígenes de las conservas de frutas se remontan a la época de los romanos, que las introducían en miel. Sin embargo, debieron pasar alrededor de mil años, cuando el azúcar se popularizó en el siglo XIV, que se comenzó a llevar adelante un proceso de conserva de fruta confitada más parecido al que conocemos hoy: mediante un almíbar denso y caliente se extraía el agua de la fruta y, de esta manera, ésta se conservaba por mucho tiempo.

Con el comercio y el intercambio posterior, nacieron las primeras mermeladas que los mercaderes elaboraban hirviendo fruta agria (como naranja, limas y limones) con azúcar. Lo que aquellos comerciantes no sabían y, que desde la Ciencia de Alimentos hoy se puede afirmar, es que las frutas contienen pectinas que producen el fenómeno de gelificación. Estas pectinas se activan, precisamente, por la acción del azúcar en un medio ácido. De esta manera es posible lograr esa consistencia espesa que caracteriza a mermeladas y jaleas.

Resulta casi imperdonable, entonces, que con tantos saberes acumulados a partir de prácticas antiquísimas y una ciencia moderna que los ha probado y mejorado, hoy la fruta no consumida siga siendo parte de la basura diaria. Lo que no lleva a la segunda paradoja.

Oro en frascos

Foto: Facundo Grecco

Segunda paradoja. La fruta es casi oro para los sectores más desfavorecidos: sus precios son tan exorbitantes en Argentina, que impiden a los más humildes acceder a una alimentación equilibrada. De esta manera, en la dieta de niños y adolescentes pobres priman los hidratos de carbono. Mientras tanto, sobre todo en verano, kilos y kilos de fruta son descartados de cada verdulería de barrio por haber alcanzado un punto tal de maduración que ya no resultan atractivos para el consumo.
Algunas de estas frutas manchadas y demasiado maduras pueden ser empleadas en la elaboración de mermeladas. Esa es la etapa inicial, que corresponde al acondicionamiento de la materia prima, en la que se reduce la carga microbiana superficial y se eliminan los contaminantes físicos. De esta manera, se procede a lavar manualmente la fruta con agua potable, para quitarle los restos de tierra y otros elementos extraños, colocando la materia prima en recipientes limpios. Luego se procede al pelado, descorazonado y separación de semillas.

La segunda parte para la elaboración de mermeladas, corresponde al corte de la fruta, lo que permitirá acelerar el proceso de cocción posterior. En algunas frutas de fácil oxidación, como la manzana y la pera, se recomienda emplear ácido cítrico (puede usarse jugo de limón) para evitar su empardecimiento. Además de otorgar brillo al producto final, el ácido cítrico contribuye a que el proceso de gelificación posterior se desarrolle con éxito, en interacción con las pectinas naturales de la fruta y del azúcar que se añadirá en la cocción.

Las pectinas son, en verdad, un elemento transmutador invisible e indispensable para la elaboración de mermeladas. Se trata de fibras que están presentes, en mayor o menor proporción, en frutas y plantas. Por ejemplo, los limones, manzanas ácidas y ciruelas tienen más cantidad, mientras que las cerezas, peras y tomates, mucho menos.

 

También debe tenerse en cuenta que esas pectinas que facilitan la gelificación se encuentra en mayor cantidad en las frutas verdes que en las maduras. Por eso, un truco para lograr mermeladas con cuerpo es combinar las frutas maduras (que por su sabor y aromas característicos son ideales) con las que recién comenzaron su proceso de maduración (de menos sabor, pero más ricas en pectinas).

La precocción de la fruta es otro buen truco para espesar la mermelada, ya que -por acción del calor- se rompen las membranas de la células, liberándose entonces pectinas naturales. Ese proceso se ve favorecido en un medio ácido por lo que, en frutas pobres en pectinas, se recomienda añadir algo de limón. En esta etapa lo que se intenta es reducir el contenido de agua de manera considerable, algo que contribuirá a la conservación posterior (ver “Vida que ya no es vida”) y facilitará la gelificación.

Luego del pesado de ingredientes, se añade azúcar en forma de lluvia, revolviendo permanentemente para evitar la formación de grumos. Y aquí viene la verdadera magia química, la cocción, que transformará la fruta en un gel brillante y de color que, en condiciones adecuadas, podrá conservarse durante varios meses. Por acción del calor, se solubiliza el azúcar y se logra la unión física de todos los elementos (ácido, azúcar, pectina), lo que nos lleva a hablar de la tercera paradoja.

Vida que ya no es vida

Tercera paradoja. Agua, oxígeno, luz solar y nutrientes son los sustentos básicos de la vida humana. Sin embargo, también lo son de nuestros enemigos invisibles: las bacterias patógenas causantes de enfermedades humanas.

Precisamente, mediante el proceso de cocción los microorganismos se eliminaron, ya que en general no pueden sobrevivir a altas temperaturas. Por añadidura, en esta instancia también se evaporó buena parte del agua que la fruta contiene. Y como dice el famoso principio, “sin agua no hay vida”: los microbios no pueden reproducirse.

Estudiantes de la UNNOBA elaboran mermeladas desde el Programa de Alimentos que depende del Campo Experimental

Sin embargo, ahí no terminó el cuento, ya que pueden proliferar nuevos microorganismos si no se realiza el envasado de manera apropiada. Porque el tiempo que deseamos que duren nuestras deliciosas creaciones en un envase, es también el tiempo que los microbios necesitan para organizarse y reproducirse nuevamente. Así que esta guerra tiene lugar por la interferencia del plano temporal.

Frente a ello, el azúcar y el ácido vuelven a ser nuestros aliados: el azúcar, porque, además de extraer el agua de la fruta, también la extrae de las células de los microbios enemigos (y, por lo tanto, no los deja vivir); y el ácido, porque la mayoría de las bacterias patógenas proliferan en medios neutros o alcalinos y no pueden hacerlo cuando el pH es menor a 4,4 (como suele ser el pH de mermeladas y almíbares).

Para rematarlos, entonces, necesitamos que el envasado este hecho de manera correcta en la lucha por evitar que estos microbios obtengan otro elemento crucial para su supervivencia: el oxígeno.

"Sabores UNNOBA" es el nombre de la marca de la Universidad, productos elaborados con estudiantes que pertenecen al Programa de Alimentos

Antes que nada, es preciso asegurarse que los frascos y tapas hayan sido esterilizados previamente, para evitar que nuevos microorganismos contaminen el producto elaborado con empeño. Esto puede lograrse enjuagando los frascos ya limpios en una solución que contenga lavandina en cierto porcentaje, o bien, hervirlos en una olla con agua durante diez minutos (separados por un lienzo, para evitar que se rompan). Las tapas, en tanto, pueden esterilizarse con alcohol.

Un punto clave del envasado es hacerlo con la mermelada en caliente, para evitar que al enfriarse puedan arribar nuevos microorganismos, quienes, como se ha dicho, no pueden sobrevivir a altas temperaturas. Inmediatamente el frasco se tapa y se dispone boca abajo por un minuto.
Ahora sí hemos ganado la guerra. Y podemos rememorar en cualquier otro momento del año el sabor fresco de la fruta del jardín.


Fuente: Manual para producción de mermeladas y almíbares, Programa de Alimentos, Campo Experimental de la UNNOBA.

Agradecimientos: al Programa de Alimentos (coordinado por el ingeniero Agustín Sola) que depende de la Dirección del Campo Experimiental de la UNNOBA (dirigido por el ingeniero Leandro Fariña). Este programa está integrado por graduados y estudiantes: Constanza Rebichini, Marina Calviño, Luciana Barrionuevo, Leonardo Paccela, Camila Mena, Agustina Draghi, Enrique López, Belen Giaccardi, Clara Rodríguez, Carolina Pereyra, Alejandra Bonzi, María Florencia Romero, Romina Ferrarese, Jonathan García, Melani Roldan, Carolina Terrusi, Estefanía Palomino, María Victoria Lousa, Estefanía Tobal, Milagro Carapelli.


Esta nota es de libre uso. Si desea utilizarla, deberá citar el medio e incluir el correspondiente enlace.


El poder del amaranto

Por Ana L. Sagastume

“Tomá yogur y disminuí tu colesterol”, “Comé estas galletitas y controlá tu presión arterial” son algunas de las muchas promesas de los denominados alimentos funcionales que permiten imaginar un futuro en el que, como resultado de la investigación y desarrollo tecnológico, existan productos capaces de enfrentar padecimientos humanos diversos de manera simple y sin “efectos secundarios”.

La doctora María Cristina Añón, investigadora superior del Conicet, los define: “Son alimentos funcionales porque, además de aportar energía y elementos esenciales, cumplen determinada función biológica. Por ejemplo, pueden reducir la presión arterial, disminuir el colesterol en sangre, moderar el sistema inmunológico, ejercer una función antioxidante. En pocas palabras, su ingesta ayuda a reducir el riesgo de contraer enfermedades crónicas no transmisibles”.

El poder de atracción que ejercen los alimentos funcionales quizás pueda explicarse porque su descubrimiento se inscribe en relatos ancestrales de la cultura, como la “fuente de la vida” o el “elixir de la eterna juventud”, a partir de los cuales los seres humanos pretendieron soñar una vida sin sufrimiento, ni deterioro. Pero más allá de esta visión colectiva, la ciencia y la tecnología se encuentran trabajando para responder a este antiguo anhelo. Puntualmente, Añón estudia a las proteínas del grano de amaranto y su posible capacidad para disminuir la presión arterial, morigerar las alergias y disminuir el poder oxidativo que causa daño celular.

"Hay un problema con los alimentos funcionales en Argentina que es la regulación, porque siempre va detrás del desarrollo científico. Uno podría vender una galletita que reduzca la presión arterial pero no la puede propagandizar"

Pariente de la quinoa y de la chía, el amaranto es un grano que estaba muy extendido entre ciertas culturas precolombinas de América y que fue prohibido durante la conquista española por considerarse “pagano”, al ser empleado en ceremonias religiosas de mayas y aztecas. “Estos granos fueron reemplazados por los cultivos que hoy conocemos. Sin embargo tienen proteínas muy valiosas desde el punto de vista nutricional, tienen ventajas comparativas respecto de los cereales que consumimos habitualmente. Hay que aclarar que estos cultivos no se dan de forma extensiva y no han sido mejorados genéticamente”, aclara Añón, doctora en Ciencias Bioquímicas.

FOTO: Inta https://inta.gob.ar/documentos/amaranthus-palmeri-manejo-integrado-para-su-control

De acuerdo a las investigaciones realizadas, el amaranto posee varios componentes funcionales: “Hemos comprobado, por ejemplo, que galletitas elaboradas con harina de amaranto poseen actividad funcional. Como resultado de la actividad gastrointestinal el organismo libera lo que se conoce como péptidos bioactivos, en este caso con actividad antihipertensiva y antitrombótica”.

Los péptidos bioactivos a los que Añón se refiere forman parte de la proteína. “El péptido bioactivo es una secuencia de aminoácidos que está incluida en la secuencia de una proteína mayor que, recién cuando se libera de esa proteína, tiene actividad. Mientras está en la secuencia de la 'proteína madre' no es activo”, explica.

De esta manera, solo “al ser liberados” los péptidos son capaces de ejercer su función, lo cual puede concretarse de forma “exógena”, o de forma natural, es decir, en el mismo proceso de digestión. “Desde la boca hasta que el alimento ingresa a nuestro sistema hay un una serie de enzimas que hidrolizan proteínas, en el estómago y en el intestino. A partir de una proteína grande el mismo sistema la va cortando y pueden liberarse péptidos con actividad funcional. Otra cosa es aislar un péptido y adicionarlo a un alimento”, explica Añón, quien estuvo en la sede Junín de la UNNOBA en el marco del Primer Congreso Multidisciplinario.

Lo que Añón y su equipo pudieron comprobar es que, efectivamente, las proteínas del grano de amaranto, al ser degradadas en el proceso de digestión, liberaban péptidos bioactivos que reducían, por ejemplo, la presión arterial. “Además de hallar péptidos que inhiben una enzima central del sistema de regulación de la presión arterial, hemos identificado péptidos que regulan el sistema inmune, siendo capaz de disminuir la sensibilidad en ratones a la alergia a proteínas de la leche, péptidos con actividad antioxidantes, entre otros”, añade la científica, directora del Centro de Investigación y Desarrollo de Criotecnología de Alimentos (Conicet-La Plata).

En este momento, la investigación relacionada con efectos sobre el sistema inmune está dirigida a determinar los mecanismos por los que uno de los péptidos identificados ejercen una función que inhibe el proceso inflamatorio. “Mediante el consumo de ese péptido se podría disminuir la sensibilidad a una alergia que es muy común en Argentina, sobre todo en chicos, como es la alergia a la leche vacuna”, augura Añón.

En esta línea, la investigadora advierte una dificultad al momento de promocionar los alimentos funcionales: “Hay un problema con los alimentos funcionales en Argentina que es la regulación, porque siempre va detrás del desarrollo científico. En Argentina no están definidos los protocolos que deben seguirse para hacer alegatos de salud. Uno podría vender una galletita que reduzca la presión arterial pero no la puede propagandizar con el alegato de salud. Hasta que no se avance en el Código Alimentario todavía hay cosas que no pueden incluirse en el rótulo de un alimento”.

Sin embargo, no es tan simple como identificar el componente y adicionarlo a un alimento: “Puede existir un yogur, por ejemplo, que tenga un componente que reduzca el colesterol. Lo que ocurre, es que cuando el yogur ingresa al medio interno sufre una serie de transformaciones. Entonces hay que comprobar que siga manteniendo la actividad. El tenerlo en el envase no asegura que mantenga la actividad in situ”.

Para lograrlo, la ciencia de los alimentos realiza simulaciones del proceso de digestión gastrointestinal y ensayos in vitro, o experimenta con sistemas animales modelos, como ratones o peces, antes de pasar a la fase de experimentación con humanos: “Simulamos qué pasa en la boca, en el estómago, en el intestino y al final de todo estudiamos si el péptido ejerce actividad funcional. Lo hacemos in vitro. Posteriormente se recurre a los ensayos in vivo”.

Otra matriz que el equipo de la doctora Añón ha estudiado son las emulsiones: agua a base de hidrolizados proteicos de amaranto, los cuales se obtienen luego de moler el grano, hacer una harina, sacarle la materia grasa y tratarlos con una enzima proteolítica. “Hemos estudiado si, efectivamente, el hidrolizado y las emulsiones formuladas reducen la presión arterial en ratas hipertensas. Hemos comprobado que sí lo hacen, tanto los hidrolizados como las emulsiones”.

No obstante Añón advierte sobre el riesgo de equiparar estos desarrollos de la ciencia de los alimentos con medicamentos: “Una ingesta continua de determinados alimentos puede reducir el riesgo de contraer determinadas enfermedades, pero debemos tener presente que los alimentos no son medicamentos”.


Por Ana L. Sagastume